La evolución homogénea del dogma católico

Francisco Marín-Sola

La evolución homogénea del dogma católico

Francisco Marín-Sola (1873–1932)

First published 1923

Francisco Marín-Sola, O.P.'s La evolución homogénea del dogma católico (Madrid–Valencia, 1923) is a large Spanish Dominican account of how Catholic doctrine can develop without becoming a different faith. Drawing on Aquinas and the wider scholastic tradition, it distinguishes homogeneous doctrinal growth from modernist or merely historical change and analyzes the role of theological inference, ecclesial teaching, and controversies about grace. The work became an important reference point in twentieth-century Thomist discussions of doctrinal development and remains a key primary witness to Spanish neo-scholastic theology. Schola presents Spanish and English texts from its documented source and translation arrangement; the copyrighted Sauras introductory essay is not included.


Introducción

Capitulum I: Las diversas especies y grados de evolución

§ I: La evolución en general

§ II: Los tres grados de evolución doctrinal

§ III: La evolución en los diversos géneros de ciencias

§ IV: La evolución mediante el raciocinio o paso de la esencia a sus propiedades

§ V: La evolución mediante el raciocinio o paso de la causa a sus efectos

Capitulum II: La evolución del dogma y la virtualidad implícita del dato revelado

§ I: El punto de partida de la evolución dogmática

§ II: Origen histórico de la confusión moderna sobre la verdadera virtualidad revelada

§ III: Clasificación de las diversas teorías católicas sobre esta materia

§ IV: La virtualidad físico-conexiva no es verdadera virtualidad revelada ni teológica

§ V: La verdadera virtualidad revelada y teológica es la virtualidad implícita o metafísico-inclusiva

§ VI: La virtualidad metafísico-inclusiva es realmente homogénea con el dato revelado

110. LA CONTEXTURA DEL VERDADERO RACIOCINIO TEOLÓGICO.—De lo dicho hasta aquí se desprende ya con bastante claridad que la verdadera conclusión teológica, esto es, la conclusión metafísico-inclusiva, está verdaderamente implícita en la premisa revelada o dato revelado, de donde nuestra razón no hace sino deducirla. Pero como esa implicitud o continencia objetiva es el verdadero fundamento o requisito de su définibilidad de fe divina, y, por lo tanto, de la evolución dogmática homogénea, vamos a confirmarla de nuevo por otra vía, examinando la verdadera contextura del racioc

dadera y propia teología, pero raciocinio hecho según todas las condiciones exigidas por la doctrina de Santo Tomás.

Estas condiciones son cuatro: Primera, que una, al menos, de las premisas sea de fe. Segunda, que la otra premisa, si es de razón natural, sea de identidad real o inclusiva, pero de distinción virtual, esto es, que ni sea puramente nominal ni tampoco de pura conexión física. Tercera, que esta premisa de razón inclusiva sea evidentemente demostrada y no dudosa ni probable. Cuarta, que el raciocinio esté bien hecho, esto es, que la conclusión esté bien deducida de las premisas.

La primera de esas condiciones se requiere porque los verdaderos principios de la teología son las verdades de fe. Por eso, si ninguna de las premisas es de fe, el raciocinio no es teológico, sino filosófico.

La segunda condición se requiere porque, si la menor fuera solamente nominal, sin distinción virtual, el raciocinio sería impropio (27), y si fuese de pura conexión física, sin inclusión real, el raciocinio no sería de certeza teológica ni aun metafísica, sino física (37). «Oportet in divinis versari intellectualiter... De uno in aliud secundum rationem: non de una re in aliam, quod est proprium naturalis scientiae... Theologia est maxime intellectualis». En esta segunda condición va ya incluida, como se ve, aquella otra condición que muchos suelen poner, esto es, que el raciocinio sea propio y no impropio, pues, en habiendo distinción virtual y no solamente nominal, el raciocinio ya no es impropio, sino propio y propísimo.

La tercera condición se requiere porque de nada sirve que una cosa sea muy cierta en sí misma si para nosotros es dudosa, por no poder demostrarla con evidencia. La Trinidad está certísimamente incluida en la Divinidad; pero para nuestra razón natural es como si no lo estuviera, por no poder demostrar esa inclusión. Para que quepa ciencia no basta

que la inclusión exista, sino también que esa inclusión pueda verse o demostrarse sin nueva revelación.

La cuarta condición se requiere porque aun con premisas ciertas y evidentes se puede raciocinar mal, sacando una conclusión que no está en las premisas o sacándola con más extensión que la que las premisas exigen.

De esas cuatro condiciones, la tercera y la cuarta son comunes a toda ciencia. La segunda es propia de las ciencias suprafísicas o de certeza objetiva absoluta, esto es, de las ciencias matemáticas, metafísicas y teológicas. La primera es característica y exclusiva de la sagrada teología.

Por lo tanto, en toda definición de la verdadera y rigurosa conclusión teológica deben entrar o deben sobrentenderse esas cuatro condiciones. La tercera y cuarta, como género remoto; la segunda, como género o cuasi-género próximo; la primera, como última diferencia. Cualquiera de ellas que falte, no hay rigurosa conclusión teológica, por faltarle algo esencial.

111. MODELO DE RACIOCINIO INCLUSIVO.—Pongamos un modelo en el cual supongamos que se reúnen estas cuatro condiciones. Sea el siguiente:

Dios es omnímodamente inmutable (mayor de fe). Lo omnímodamente inmutable es eterno (menor de razón). Luego Dios es eterno (conclusión teológica).

Repetimos que suponemos: 1.º Que la mayor es de fe. 2.º Que la menor sea de pura razón, esto es, que nada nos haya dicho la revelación sobre eternidad ni sobre qué relaciones unen a la eternidad con la inmutabilidad; o más sencillo: supongamos que toda la revelación divina, que toda la Santa Biblia y Tradición se redujeron a decirnos Dios las cuatro palabras de la proposición mayor y ni una palabra más. 3.º Que la menor sea inclusiva y demostrada. 4.º Que el raciocinio esté bien hecho.

En estas cuatro suposiciones, necesarias, según Santo Tomás, para que haya verdadera conclusión teológica y verdadera ciencia teológica, examinemos cuál es la naturaleza y el valor de esa conclusión y de esa teología.

112. OBSERVACIÓN PRELIMINAR.—Nótese, ante todo, cómo el sujeto de la conclusión es el sujeto mismo de la premisa de fe. Esto, expresa o tácitamente, tiene que verificarse siempre. La razón es porque el sujeto de la conclusión o ciencia tiene que ser el sujeto mismo de los principios de la ciencia, pues no es la ciencia o conclusión otra cosa que sacar actualmente en la conclusión la virtualidad contenida en sus principios. Y como los verdaderos principios de la teología son las verdades de fe, de la premisa de fe y no de la de razón, tiene que tomar la conclusión teológica su sujeto.

Esta observación, aunque no absolutamente necesaria para la demostración de lo que tratamos, es útil para fijarse en que la conclusión teológica tiene siempre por objeto descubrir algo en la mayor revelada y no en la menor de razón, que es la premisa de razón la que debe servir para descubrir lo que hay en la premisa de fe, y no la premisa de fe para hallar lo que hay en la de razón; que la premisa de fe y la de razón no entran, por lo tanto, ex aequo en el razonamiento teológico, sino que la premisa de razón entra como auxiliar (ancilla) de la fe o como auxiliar de la razón humana, por no ser ésta capaz de ver de un golpe y en un solo acto todo lo que hay en la premisa de fe, y necesita para ello de un auxiliar (la premisa de razón), tanto porque ésa es la condición y debilidad de nuestra razón en cuanto razón, pues no es simplemente inteligencia, como también porque las verdades de fe son realidades verdades divinas, de fecundidad inagotable, y que al encerrarse en lenguaje hu-

super illam particulam ex causis) como prueba de que hay verdadero raciocinio y verdadera ciencia y verdadera deducción de effectus ex causa, y proprietatis ex essentia, cuando se procede en teología, o metafísica, o matemáticas per causam intrinsecam o virtualem (53). El lector puede escoger cualquier otro ejemplo que más le agrade en las cuarenta y tres cuestiones del tratado De Deo o de cualquier otro tratado de la Summa Theologica.

mano no pueden expresar toda su implicitud, que allá está y revelada y divina es, pero que está prensada, oculta, profunda, mediata, bajo el sentido explícito y somero del enunciado humano del divino, bajo el formal e inmediato revelado

113. LA PREMISA DE FE.—Nótese, en segundo lugar, que una de las premisas es de fe. ¿Qué significa ser de fe? Significa en la doctrina de Santo Tomás, y debe significar en toda filosofía o teología cristianas, que en esa mayor de fe tenemos divinamente revelados, no dos puros nombres (Dios e inmutabilidad) ni dos puros conceptos subjetivos unidos nominalmente por el verbo ser; no dos símbolos de una realidad agnóstica o de alguna experiencia subjetiva o de alguna actitud pragmatista; todo eso es filosofía kantiano-bergsoniana, eso es la base y el punto de partida de todas las variadas formas del modernismo. Para Santo Tomás, esa mayor de fe significa que en esos dos nombres del sujeto y predicado tenemos divinamente reveladas dos ideas objetivas y que esas dos ideas son expresión auténtica y fiel de la realidad, realidad expresada por un verbo real, y trascendente al humano y al divino por el verbo ser.

Significa para Santo Tomás que el teólogo, por la premisa de fe, se halla en posesión de dos ideas objetivo-reales; dos ideas de verdad y realidad divinas; dos ideas de consistencia incondicional y absoluta; dos ideas cuya realidad y unión, afirmadas por la palabra misma divina, dan más certeza a la razón humana que toda la evidencia metafísica y brillan a los ojos de la fe con una luz no tan clara, pero mil veces más intensa, firme y segura que la luz misma de los principios primeros de razón.

No lo olvide el lector: el teólogo, en el primer jalón y punto de partida de su razonamiento, se halla en posesión de dos ideas divinas, las ideas del sujeto y predicado, cuya objetividad y verdad absoluta están garantidas por la autoridad misma de Dios e iluminadas por luz divina, por la luz divina de la fe.

LA MENOR DE RAZÓN.—Nótese, en tercer lugar, que la menor de razón es una menor que es, o suponemos que es, inclusiva. Esto significa para Santo Tomás que el predicado eternidad, aunque exprese un aspecto intelectual distinto del sujeto inmutabilidad omnímoda, es realmente idéntico con él; que no son dos objetos, o dos realidades, o dos cosas distintas unidas con lazo físico distinto, sino una misma y única e idéntica realidad objetiva, un mismo objeto, una misma

cosa bajo dos aspectos o expresiones intelectuales, y sólo intelectualmente distintas. In divinis oportet procedere intellectualiter... per causam intrinsecam... de uno in aliud secundum rationem quod non est aliud secundum rem.

COROLARIO INOLVIDABLE.—El predicado de la premisa de razón es la misma realidad, u objeto, o cosa que el sujeto: es la esencia misma del sujeto.

EL TÉRMINO MEDIO.—Nótese, en cuarto lugar (y esto unido con él corolario anterior forma lo esencial, lo grande, lo sublime, lo divino de la teología); que el sujeto de la menor es el predicado mismo de la mayor, el predicado mismo de la verdad de fe, una de las dos ideas formalmente reveladas; que el término medio de la teología es formalmente revelado e iluminado por luz revelada; que ¡es de fe!

Para cualquiera que sepa lo que término medio significa en el razonamiento, para cualquiera que sepa lo que es homogeneidad objetiva, no hacía falta añadir una palabra más.

EL TÉRMINO MENOR (o predicado de la menor, que es el predicado mismo de la conclusión y, por lo tanto, que es la conclusión y la ciencia teológica) se identifica realmente con el término medio, y el término medio es la idea misma revelada.

114. LO SUBLIME Y LO DIVINO DE LA TEOLOGÍA.—Al leer con detención la inmortal cuestión preliminar de la Summa Theologica, en que Santo Tomás examina la esencia, objeto y procedimiento de la teología, se experimenta una impresión profunda de respeto hacia la ciencia sagrada, ante las grandiosas frases con que aquella inteligencia, que pesaba la exactitud de sus palabras como oro, emplea para designar el término medio, el ratio sciendi, el ratio sub qua de la ciencia teológica.

Para que los lectores no acostumbrados a la lectura del santo Doctor y de sus príncipes comentaristas perciban todo el alcance de los textos que vamos a citar, advertiremos que las frases revelación divina y luz divina o luz de la divina revelación tienen dos sentidos, como se verá. Del verbo revelar salen dos substantivos verbales con un solo nombre y distinto significado: 1.º Revelación o acto de revelar; ésta es la revelación en sentido activo. 2.º Revelación o verdad revelada; ésta es la revelación en sentido objetivo. Ambas cosas se llaman la divina revelación (divina revelatio). Por lo

mismo, la frase de luz de la divina revelación tiene también dos sentidos: 1.º La luz divina que acompaña el acto transéunte de la revelación (lumen infundens, Cayetano). 2.º La luz permanente de que está circundado el objeto revelado y que está despidiendo luz divina (lumen revelans, Cayetano) sobre la inteligencia creyente, con mucha más razón que cuando decimos que tal verdad matemática o metafísica derrama mucha luz sobre esto o sobre lo otro.

Del acto de revelar (primer sentido de revelatio divina) y de la luz divina que acompaña transeúntemente a ese acto (primer sentido del lumen divinae revelationis) trata el Santo en las cuestiones De Prophetia, mientras que aquí, en la cuestión primera de la Summa Theologica, trata del objeto de la teología. Siempre, pues, que aquí el santo Doctor y sus comentaristas hablen de divina revelatio o lumen divinae revelationis, se entiende en el segundo sentido, en sentido objetivo, en el sentido de la verdad misma revelada (revelatio) y la luz divina misma de esa verdad revelada (lumen divinae revelationis).

Por eso mismo que aquí revelatio es lo mismo que revelatum u objeto revelado, por revelabile no vaya a entenderse lo revelable por Dios, o sea lo que Dios no ha revelado aún y puede revelar, pues lo revelable por Dios en ese sentido, mal puede ser objeto de ciencia mientras Dios no lo revele, sino lo revelable por el objeto mismo revelado, o sea lo cognoscible (amotio velaminis-revelatio) en la luz divina misma del objeto revelado y no por nada distinto de él; revelabile, id est, cognoscibile lumine divinae revelationis (Capreolo). Y como en el término medio es donde se conocen y por lo que se conocen todas las conclusiones y toda la ciencia, si el término medio no es nada distinto del objeto revelado y de su luz objetiva (revelatio divina, lumen divinae revelationis), sino real y esencialmente el mismo objeto o verdad revelada, se puede decir, y se dice con exactitud y realismo matemático, que el término medio, que la ratio sub qua, que el medium demonstrationis de la teología es la divina revelación, la luz divina; que la ciencia teológica se adquiere por revelación divina, por luz divina.

Medite ahora el lector los textos siguientes: “Diversa ratio cognoscibilis diversitatem scientiarum inducit. Eamdem enim conclusionem demonstrat astrologus et naturalis: puta quod terra est rotunda. Sed astrologus per medium mathematicum, id est, a materia abstractum; naturalis autem per medium circa materiam consideratum. Unde nihil prohibet de eisdem rebus de quibus philosophicae scientiae tractant secundum quod sunt cognoscibilia lumine rationis

naturalis, etiam aliam scientiam tractare secundum quod cognoscuntur lumine divinae revelationis" "Ratio sciendi in theologia est lumen divinae revelationis" "Medium divino lumine fulgens scibile theologicum constituit" "Lumen divinum revelans est ratio sub qua theologiae nostrae" "Omnia quaecumque sunt divinitus revelabilia communicant in ratione formalis obiecti huius scientiae" "Sacra doctrina una existens se extendit ad ea que pertinent ad diversas scientias philosophicas propter rationem formalem communem quam in diversis attendit; scilicet prout sunt divino lumine cognoscibilia" "Et propterea unitas theologiae infertur in littera ex unitate divini luminis ut ex ratio formalis sub qua"

"Ista scientia omnes alias transcendit tam speculativas quam practicas. Manifestum est secundum omnem modum eam esse digniorem aliis" "Maxime est sapientia inter omnes sapientias humanas, non quidem in aliquo genere tantum, sed simpliciter" Propria autem huius scientiae cognitio est qua est per revelationem, non autem per naturalem rationem: et ideo non pertinet ad eam probare principia aliarum scientiarum, sed solum iudicare de eis. Quidquid enim in aliis scientiis invenitur veritati huius scientiae repugnans, totum condemnatur ut falsum", etc.

El lector comprenderá en seguida que si el término medio del razonamiento teológico es la esencia misma (procedimiento inclusivo) de la idea o realidad revelada, la luz misma revelada por Dios, y revelante a su vez para nuestra inteligencia, todas esas frases del santo Doctor y de sus principales comentaristas tienen sentido formalísimo; póngase por término medio una conexión física-distinta, que es cosa realmente distinta de la realidad o idea revelada, que es cosa no revelada, que es cosa contingente y falible, y toda la teología y todas esas frases del santo Doctor se convierten en humo.

115. CONFIRMACIÓN.—Pongámosle al alcance de todos en una simple fórmula matemática. Llamemos A al sentido del término mayor, que es revelado. Llamemos B al sentido del término medio, que es también revelado. Llamemos C al sentido del término menor, que es el predicado de la conclusión o predicado teológico. Tendremos el valor del raciocinio inclusivo expresado en la fórmula siguiente: A = B (mayor de fe) pero B = C (menor inclusiva) luego A = C (conclusión teológica)

La primera identidad está garantida por Dios. La segunda la suponemos, pues suponemos que la menor es inclusiva o de identidad entre el predicado y el sujeto. Luego A = C, esto es, lo significado por el dato revelado, es lo mismo que lo significado por el predicado teológico. Es progreso, pero in eodem sensu: progreso homogéneo.

Fíjese, además, el lector en que B, que es el término medio, tiene que tener el mismo sentido en la mayor y en la menor, pues de otra manera habría cuatro términos en el raciocinio. Ahora bien: ¿dónde ve nuestra razón a C, que es el predicado teológico? Lo ve en B, pues suponemos que la menor es analítica o inclusiva. Esto es, lo ve en lo revelado formal, en la luz misma de la divina revelación objetiva.

He aquí el verdadero sentido de aquella frase de Santo Tomás: “Cognoscuntur (conclusiones theologicae) lumine divinae revelationis”. Y de aquella otra de Cayetano: “Medium divino lumine fulgens scibile theologicum constituit”. Bien podían decirlo, hablando, como hablaban, de conclusiones inclusivas.

116. LA TEOLOGÍA DE VIRTUAL NO INCLUSIVO.—Cuando se acaba de oír a Santo Tomás o a sus comentaristas príncipes, apenas si se puede tomar en sério lo de la virtualidad no inclusiva o físico-conexiva, como constitutivo de la conclusión teológica propiamente dicha. Con tal virtualidad, no solamente no se puede construir una sapientia, cual es la teología, pero ni siquiera una ciencia que, en certeza, o abstracción, o dignidad, se eleve una pulgada sobre el Physicorum de Aristóteles.

Pero, en fin, examinemos, siquiera ligeramente, esa virtualidad físico-conexiva. Ya sabe el lector en qué consiste la virtualidad o conclusión físico-conexiva o del tipo cuarto (45): en deducir de la revelación de la esencia pura sus propiedades físico-distintas, tomando por término medio del raciocinio el lazo de conexión física que existe entre toda naturaleza y sus propiedades físicas o actuales, realmente distintas de la naturaleza misma.

Así, si se me ha revelado que N. es verdadero hombre, y yo deduzco luego es física o actualmente risible, eso es deducir la propiedad físico-distinta, y ésa es la conclusión teológica propiamente tal, ésa es la verdadera teología en la innovación de Suárez, hoy corriente en los manuales.

Pongamos un modelo de conclusión teológica puramente conexiva, como lo hicimos con la conclusión teológica inclusiva.

Lo curioso y casi cómico es que no podemos poner ningún ejemplo sobre Dios. Sobre Dios no cabe raciocinio de pura conexión, sino de inclusión, por la razón bien sencilla de que, entre sus atributos y su esencia o entre sus atributos entre sí, no hay distinción real, sino virtual. De modo que, por crudo que parezca decirlo, con la idea que de la teología, propia y rigurosamente dicha, dan Suárez y Lugo, y la mayoría de los manualistas modernos, no hay teología ni conclusión teológica propiamente tales sobre Dios. ¡Y Dios es para Santo Tomás el sujeto de la teología, que tiene que tratar principalmente de Dios, y de nada puede tratar si no es en orden a Dios! Esto sólo debiera bastar para que jamás volviera a hablarse de tal virtual puramente conexivo.

Si no podemos poner ejemplo sobre Dios, lo pondremos sobre cualquier otra cosa. He aquí el mismo de los autores: N. es verdaderamente hombre (mayor que suponemos de fe). El hombre es actualmente risible (menor de razón). Luego N. es actualmente risible (¡conclusión teológica!).

¿Cuál es la dignidad, abstracción, certeza y altura de esa clase de argumentos teológicos? Exactamente las mismas que las del siguiente: Los accidentes eucarísticos son verdaderos accidentes (mayor que suponemos de fe). El accidente tiene inherencia actual en su sujeto (menor de razón). Luego los accidentes eucarísticos tienen inherencia actual en su sujeto (¡conclusión teológica!).

¿Qué dice a esta verdadera conclusión teológica... de virtual conexivo cualquier estudiante de teología? Pues que es un sofisma. ¿Y cómo puede ser un sofisma en teología lo que en física sería y es concluyente? Oigamos a Santo Tomás: “Non est definitio accidentis, ens in subiecto; sed quidditati sive essentiae accidentis competit habere esse in subiecto... In hoc ergo sacramento non datur accidentibus quod ex vi suae essentiae non sint in subiecto... nec separatur ab eis definitio accidentis quae est accidentis aptituto ad subiectum, quae semper manet in eis, non actualis inhaerentia, etc.

Que quiere decir, en plata, para el que sepa leer: Ese argumento y todos esos argumentos fallan o no son teológicos, porque no se arguye por essentia, por quidditas, por defini-

tio, por aptitud o propiedad metafísica, sino por inherencia actual; inherencia o propiedad actual que aquí falla, que en absoluto puede fallar siempre, y, cuando se trate del orden sobrenatural, falla a menudo. Y teología que pueda fallar una sola vez, conclusión teológica que pueda ser falsa, como puede ser falsa toda conclusión de virtual conexivo, eso no es teología, sino física (98).

Tómese en el orden natural como medio de demostración la esencia o las propiedades inclusivas del sér, y se tendrá la sublime sapientia metafísica; pero tómese como medio las propiedades de conexión físico-real, y se tendrá la pobre, falible ciencia física.

Tómese asimismo en el orden sobrenatural como medio de demostración la esencia o las propiedades inclusivas del sér revelado, de la verdadera fe, y se tendrá la sublime sapientia inter sapientias, la divina teología; pero tómense como medio las propiedades físico-distintas, y se tendrá la físico-teológica, exactísimamente de la misma consistencia, abstracción y certeza que la física natural.

Y mientras que en la conclusión teológica de Santo Tomás se toma como medio algo inclusivo-ídéntico con el revelado, la esencia del revelado formal, para sacar de sus entrañas el revelado implícito virtual, el sagrado revelabile o teológico; en la conclusión teológica de virtual conexivo se toma como medio una conexión físico-distinta, algo objetivamente distinto de lo revelado, algo que no es implícitamente revelado; y lo que tiene que dar por resultado o conclusión es una conclusión físico-contingente, nada de esencia divina, nada de esencia teológica.

§ VII: Dos concepciones opuestas sobre la virtualidad revelada o sagrada teología

Capitulum III: La evolución del dogma y la autoridad de la Iglesia

§ I: La virtualidad revelada antes de la definición de la Iglesia

§ II: La virtualidad revelada después de la definición de la Iglesia

§ III: El lugar orgánico de la autoridad de la Iglesia en nuestra fe divina

§ IV: Si la Iglesia convierte la revelación mediata o virtual en inmediata

§ V: La autoridad de la Iglesia comparada con la de Dios y la de los Apóstoles

§ VI: Dos funciones de la autoridad de la Iglesia respecto al depósito revelado

§ VII: Si la evolución dogmática después de los Apóstoles es subjetiva u objetiva

§ VIII: Si las definiciones de la Iglesia completan o perfeccionan el depósito

Capitulum IV: Las diferentes vías de la evolución del dogma

§ I: La evolución dogmática por vía especulativa

§ II: Ejemplos históricos de evolución dogmática por vía especulativa

§ III: Más ejemplos de lo mismo

§ IV: Si cabe evolución dogmática por vía de asimilación

§ V: La evolución dogmática por vía afectiva o experimental

§ VI: Otras observaciones sobre la vía afectiva

§ VII: Las analogías o imágenes de la evolución dogmática

Capitulum V: La extensión de la evolución dogmática y refutación de la llamada fe eclesiástica

§ I: Origen y sentido de la moderna fe eclesiástica

§ II: La fe eclesiástica y las conclusiones teológicas

§ III: La fe eclesiástica y los hechos dogmáticos

§ IV: La fe eclesiástica y la canonización de los santos

Capitulum VI: Solución de las objeciones contra la evolución del dogma

§ I: Objeciones contra la evolución dogmática en general

§ II: Más objeciones contra lo mismo

§ III: Objeciones contra la identificación de la extensión de la evolución del dogma con la extensión de la infalibilidad

§ IV: Objeciones contra una de las pruebas principales de la evolución del dogma

Capitulum VII: La evolución del dogma y la opinión tradicional

§ I: La opinión de los Santos Padres

§ II: La opinión de Santo Tomás

§ III: Desde Santo Tomás a Molina

§ IV: Desde Molina a nuestros días

§ V: La mente de Melchor Cano

§ VI: Respuesta a un estudio histórico

§ VII: Examen de una obra novísima

Epílogo

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