La evolución homogénea del dogma católico

Francisco Marín-Sola

La evolución homogénea del dogma católico

Francisco Marín-Sola (1873–1932)

First published 1923

Francisco Marín-Sola, O.P.'s La evolución homogénea del dogma católico (Madrid–Valencia, 1923) is a large Spanish Dominican account of how Catholic doctrine can develop without becoming a different faith. Drawing on Aquinas and the wider scholastic tradition, it distinguishes homogeneous doctrinal growth from modernist or merely historical change and analyzes the role of theological inference, ecclesial teaching, and controversies about grace. The work became an important reference point in twentieth-century Thomist discussions of doctrinal development and remains a key primary witness to Spanish neo-scholastic theology. Schola presents Spanish and English texts from its documented source and translation arrangement; the copyrighted Sauras introductory essay is not included.


Introducción

Capitulum I: Las diversas especies y grados de evolución

§ I: La evolución en general

§ II: Los tres grados de evolución doctrinal

§ III: La evolución en los diversos géneros de ciencias

§ IV: La evolución mediante el raciocinio o paso de la esencia a sus propiedades

§ V: La evolución mediante el raciocinio o paso de la causa a sus efectos

Capitulum II: La evolución del dogma y la virtualidad implícita del dato revelado

§ I: El punto de partida de la evolución dogmática

§ II: Origen histórico de la confusión moderna sobre la verdadera virtualidad revelada

§ III: Clasificación de las diversas teorías católicas sobre esta materia

§ IV: La virtualidad físico-conexiva no es verdadera virtualidad revelada ni teológica

§ V: La verdadera virtualidad revelada y teológica es la virtualidad implícita o metafísico-inclusiva

103. UNA DIFICULTAD.—Si, como acabamos de ver, el virtual físico-conexivo no es verdadero virtual teológico, dedúcese ya claramente que el raciocinio teológico debe ser conexivo-metafísico; debe ser por vía intrínseca y no extrínseca; debe ser "de uno in aliud secundum rationem, quod non est aliud secundum rem"; debe ser, en una palabra, raciocinio puramente conceptual o de aspectos distintos dentro de la misma objetividad del punto de partida.

Pero esto parece que no siempre se verifica o que ofrece una gran dificultad. En efecto, la teología, como la metafísica, no arguyen solamente por causas formales, como las matemáticas o la lógica, sino también por causas eficientes y finales. Así, por ejemplo, la existencia de Dios y la creación del mundo son verdaderas conclusiones metafísicas y teológicas, y, sin embargo, no parecen ser deducidas por vía formal, sino por vía eficiente y final. Ahora bien: todo el mundo sabe que, mientras la causa formal es intrínseca, la causa eficiente y final son causas extrínsecas y realmente distintas del efecto de donde nuestra razón las deduce. Luego puede una conclusión ser verdadera conclusión teológica y ser realmente distinta del depósito revelado y extrínseca a él. Así arguyen muchos por no haberse formado una idea clara del verdadero proceso metafísico ni, por lo tanto, del verdadero proceso teológico .

104. LA TEOLOGÍA USA DE TODO GÉNERO DE ARGUMENTOS.—Comencemos asentando que la Sagrada Teología es una verdadera sapientia, y la suprema entre las sapientias humanas; que es la principal entre todas las ciencias; que se extiende a las materias de todas las otras ciencias; que, por eso mismo, puede usar toda clase de procedimientos.

Por lo tanto, puede argüir por todo género de argumentos: por argumentos probables y por ciertos; entre los ciertos, por argumentos a priori o per causam, y a posteriori o per effectum; entre los argumentos per causam, tanto por la causa formal como por la causa eficiente, ejemplar y final.

Pero aunque la metafísica y la teología usen de toda clase de argumentos, no todos sus argumentos son de igual valor ni todos son rigurosamente metafísicos o teológicos.

En efecto: aun descartando los argumentos probables por no ser rigurosamente científicos, quedan todavía entre los argumentos ciertos tres especies de certeza esencialmente distintas: la certeza moral, la física y la metafísica. Por lo tanto, solamente serán argumentos rigurosamente metafísicos aquellos que tengan certeza metafísica. Y como la teología no es otra cosa que la metafísica aplicada a Dios, solamente serán argumentos rigurosamente teológicos aquellos entre cuya conclusión y cuyas premisas haya una conexión metafísica o absolutamente cierta.

105. LA SAGRADA TEOLOGÍA ES LA METAFÍSICA DEL DEPÓSITO REVELADO.—Toda teología, como dice Santo Tomás, tiene por objeto formal a Dios, y ninguna otra cosa puede considerar sino por orden a Dios.

Como sobre Dios caben dos géneros de conocimiento, conocimiento natural o por medio de las criaturas y conocimiento sobrenatural o por medio de la divina revelación, hay dos géneros de metafísica o de teología. La primera se llama metafísica natural o teología natural o teodicea. La segunda recibe el nombre de metafísica sagrada o sagrada teología.

Como ni en el orden natural ni en el sobrenatural tenemos en esta vida conocimiento de Dios en sí mismo, sino solamente por sus efectos, tanto la teología natural como la sagrada teología toman como medio de demostración no a Dios mismo, sino algún efecto de Dios. La teología natural toma como medio los efectos naturales de Dios que llamamos criaturas. La sagrada teología toma como medio ese efecto sobrenatural de Dios que llamamos divina revelación o depósito revelado. Aplicando a las criaturas los principios metafísicos, resultan las conclusiones que llamamos teología natural o teodicea. Aplicando al depósito revelado esos mismos principios metafísicos, resultan las conclusiones que llamamos sagrada teología. Sólo los principios metafísicos, por ser los únicos análogos y trascendentes, son aplicables a lo divino como a lo humano, a lo sobrenatural o revelado como a lo natural. Sólo los principios metafísicos, por fundarse en el principio de contradicción, y, por lo tanto en el de identidad, son capaces de deducir conclusiones realmente idénticas y homogéneas con sus principios.

Siendo, pues, la teología una verdadera metafísica, vamos a tratar de hacer ver, con toda la claridad que nos sea posible, cómo toda rigurosa conclusión teológica sale del depósito revelado por vía intrínseca, no extrínseca; por vía implícita o inclusiva o analítica, no por vía puramente conexiva o sintética o de adición; por vía de identidad objetiva en el depósito revelado; por vía de perfecta homogeneidad. Y esto, ora el proceso sea por vía de efecto o por vía de causa, ora sea por causa formal, por causa eficiente o final, siempre que sea por proceso verdaderamente metafísico.

106. EL VERDADERO "PROCESSUS" METAFÍSICO-TEOLÓGICO.—En efecto: ¿qué es certeza metafísica? Se llama y es certeza metafísica la certeza absoluta o "in omni eventu"; aquella que jamás puede fallar; aquella cuya negación destruiría el principio mismo de contradicción y, por lo tanto, el de identidad; en una palabra, aquella que se funda en la esencia misma de la cosa, y que por eso es de intellectu de la cosa.

¿Qué es, por lo tanto, proposición metafísica? Aquella que tiene certeza metafísica, aquella que tiene la certeza misma de los principios de contradicción y de identidad, aquella cuyo predicado es de la esencia del sujeto, o viceversa.

¿Qué es raciocinio metafísico? Como la relación entre la conclusión y principio en el raciocinio es la misma que entre el predicado y sujeto en la proposición, aquel es raciocinio metafísico que tiene certeza metafísica, cuya conclusión no puede fallar sin que falle el principio, cuya conclusión, en una palabra, es de la esencia del principio.

Pongamos, para mayor claridad, algunos ejemplos de los raciociníos metafísicos por la causa formal, y luego de raciocinios por las causas eficiente y final.

Cuando digo: Los ángulos de un triángulo equivalen a dos ángulos rectos o lo espiritual es inmortal, ésas son proposiciones de certeza metafísica, absoluta, esencial; son proposiciones de verdad intrínseca, de absoluta inclusión e identidad. En ellas el predicado es de la esencia del sujeto. El predicado y el sujeto son aliud secundum rationem, pero non aliud, sino unum secundum rem.

Cuando raciocinando digo: Es triángulo; luego sus ángulos suman dos rectos, o es espiritual, luego es inmortal, éstos son raciocinios o procesos de certeza metafísica, absoluta esencial; son procesos inclusivos y de perfecta identidad y homogeneidad. ¿Y por qué? Porque la conclusión es de la esencia del principio de donde se deducen, la conclusión y el principio son aliud et aliud secundum rationem; pero no aliud secundum rem.

Y la raíz de todo esto es que el valor y contextura y naturaleza de la argumentación dependen del término medio o proposición menor .

Esto, que es fundamentalísimo, se olvida con frecuencia, fijándose solamente en cuál es la contextura externa del proceso, si per causam o per effectum, cuando debe mirarse cuál es el término medio o proposición menor, pues de eso depende todo. Si esa proposición menor es de certeza metafísica, el proceso y la conclusión son de valor metafísico, intrínseco, idéntico, esencial. Y ¿cuáles son las menores o medios en esos dos raciocinios? Son las siguientes: Los ángulos de un triángulo equivalen a dos ángulos rectos y lo espiritual es inmortal: las mismas proposiciones precisamente que pusimos de modelo metafísico, intrínseco, esencial, de uno in aliud secundum rationem.

Examinemos ahora el proceso metafísico y teológico por causas eficientes, finales y ejemplares, que por llamarse causas extrínsecas han dado lugar a una dificultad arriba expuesta. Tomemos como modelo los dos mismos ejemplos precitados sobre las conclusiones de la existencia de Dios y la creación del mundo.

El proceso o vías por que Santo Tomás y la Filosofía Primera prueban la existencia de Dios son: EX RATIONE motus, EX RATIONE causae efficientis, EX RATIONE entis contingentis, etc., etc.

Comencemos fijándonos en ese EX RATIONE, pues es la clave de todo y sin lo cual el argumento no sería metafísico. La metafísica usa también, como la física, el argumento de causa eficiente de efecto, de motus, de contingens, y reviste así la apariencia de extrinsicidad de la física; pero sólo usa el ratio o essentia de la causalidad, y del efecto, y del movimiento, y de la contingencia; y como nada hay más intrínseco que la esencia, el proceso en apariencia extrínseco resulta tan intrínseco como el de las mismas matemáticas.

Cuando para probar la existencia de Dios en metafísica o teología se dice: Existe el ser mutable, o potencial, o múltiple, o contingente; luego existe Dios, ese raciocinio, en apariencia extrínseco y puramente conexivo, es esencialmente intrínseco o inclusivo; ese proceso, en apariencia de uno in aliud secundum rem, es realmente de uno in aliud secundum rationem. Dios es, seguramente, alia res que el ser mudable; pero la verdad y, por lo tanto, el ser de la conclusión son esenciales para la verdad, y, por lo tanto, para el ser del principio; la mayor o principio no expresa, pero incluye la verdad y el ser de la conclusión.

Cuando del dato de la mayor (existe el ser mudable) la inteligencia pasa a la verdad y ser de la conclusión (existe Dios), el paso no ha sido a algo extrínseco, sino simple desarrollo intelectual de la realidad doble, ya esencialmente incluida en el mismo y único dato. Ese dato de la mayor contiene dos realidades: una que expresa ser mudable; otra que esencialmente implica ser necesario. Para percibir la segunda realidad no necesita la inteligencia añadir en la menor otra realidad nueva, otro dato nuevo, sino simplemente analizar o descomponer la realidad o verdad que en la mayor ya existe, mediante una menor que sea de la esencia de la mayor (ratio motus, ratio contingentiae, etc.); una menor que sea esencialmente inclusiva, que sea la misma esencia o realidad de la mayor; y si nuestra inteligencia fuese suficientemente potente e intuitiva, esa menor sobraba. En la mayor misma veríamos infaliblemente y cuasi a simultáneo (y no se ve con verdad lo que no hay) la verdad y realidad que expresamos en la conclusión. El paso es, pues, no precisamente de la realidad del ser potencial a la realidad de la existencia de Dios, sino el paso de la realidad del ser potencial más la realidad de la existencia de Dios, implícita esencialmente en la palabra potencial, a la realidad de la existencia de Dios, explicitada en la conclusión. El término del proceso es la realidad de la existencia de Dios explicitada; en el principio del proceso esa realidad se hallaba ya esencialmente implicada; el proceso es, pues, de mera explicación intelectual; es, realmente, “de uno in aliud secundum rationem”.

Y esto sucede siempre en todo proceso verdaderamente matemático o metafísico; esto no sucede jamás en ningún proceso físico-conexivo o, como lo llama Santo Tomás, propio de la ciencia natural o física.

CONFIRMACIÓN.—Es indudable que mientras las matemáticas y la lógica no admiten demostraciones sino “per causam formalem”, la metafísica y la teología pueden demostrar, como demuestran también las ciencias físicas, “per causam efficientem et finalem”. “Logicus et mathematicus considerant tantum res secundum principia formalia”. “Res autem quae considerat Divinus sunt separatae, existentes in rerum natura. Tales autem possunt esse principium et finis motus; unde nihil prohibet quod per causam efficientem et finalem demonstret”.

Pero siendo las ciencias metafísicas y teológicas esencialmente distintas de las ciencias físicas, el proceso metafísico “per causam efficientem et finalem” de la metafísica y teología tiene que ser esencialmente distinto del modo como lo emplea la física. “Acceptit enim unaquaeque scientia unam partem entis secundum specialem modum, aliam a modo quo consideratur ens in Metaphysica”. Ese modo con que la metafísica considera a todo ser, y por tanto a la causa final, eficiente y ejemplar, es el considerarlas no en cuanto tales causas o efectos, sino desde un punto de vista esencial o trascendental. “*Metaphysica considerat etiam de singulis entibus non secundum proprias rationes per quas sunt tale vel tale ens, sed secundum quod participat rationem communem entis.

La relación, pues, de causa eficiente y efecto con que de las criaturas se sube a la existencia de Dios, no es relación físico-conexiva o de la ciencia natural, sino esencial-inclusiva o de las ciencias metafísicas. Por eso esa relación es única y la misma en toda criatura. "Omnes enim creaturae sub una specie relationis referentur ad Deum, ut sunt creaturae ipsius". "Mutabilitas ista quae competit omni creaturae non est secundum aliquem motum naturalem, sed secundum dependentiam ad Deum, a quo si desererentur deficerent ab eo a quo sunt. Dependentia autem ista pertinet ad considerationem metaphysicae, potius quam naturalis".

El proceso, pues, por que se pasa de la contingencia del ser a la existencia de Dios o a la necesidad de la creación es proceso por vía de esencia, y, por tanto, por vía formalísima. La conclusión Dios existe o es creador de todo es esencial para el principio de Existe el ser contingente o participado. "Non ergo propter hoc solum requiritur causa agens quia effectus est contingens, sed quia effectus non esset (principio) si causa non esset (conclusión)". "Creaturae continentur sub ordine divino et earum natura est quod dependeant a Deo". Esa relación esencial entre Dios y la criatura, aunque no esté expresada en la definición del ser contingente, va envuelta o implícita en la esencia misma de todo ser contingente. "Licet habitudo ad causam non intret definitionem entis, quod est causatum, consequitur ad ea quae sunt de eius ratione".

Mientras las propiedades físico-actuales en que se funda el proceso físico-conexivo son intrínsecas al sujeto, pero extrínsecas a la existencia del sujeto, pues puede existir en absoluto sin ellas, la existencia de Dios o cualquiera otra cosa deducida por procedimiento metafísico es intrínseca, íntima, inmediatísima no sólo al sujeto, sino a la existencia del sujeto o principio de donde se deduce, por serlo al ser, en cuanto ser, que es lo más íntimo y formalísimo que existe. "Cum Deus sit ipsum esse per essentiam, oportet quod esse creatum sit proprius effectus eius, sicut ignire est proprius effectus ignis. Esse autem est illud quod est magis intimum cuilibet et quod profundius omnibus inest, cum sit formale respectu omnium quae in se sunt; unde oportet quod Deus sit in omnibus rebus et intime". "Ex quibus omnibus aperte colligitur quod Deus est unicuique intimus sicut esse proprium rei est intimum ipsi rei"

Cuando, pues, del dato o principio Existe el ser contingente se pasa por ese proceso a la conclusión Existe Dios, no se ha pasado a una realidad que estuviese fuera del dato o principio, sino a una realidad que estaba ya, aunque no explicitada, dentro del dato mismo. Es, pues, proceso real y esencialmente intrínseco. Es proceso que se mantiene dentro de la misma realidad del dato. Y esto es lo que queremos expresar al tratar de inclusión y homogeneidad por la frase de "uno in aliud secundum rationem"; no el que la realidad de la existencia divina no sea distinta de la realidad del ser contingente, sino que la realidad de la existencia divina es esencialmente requerida para (y está esencialmente incluída en) la realidad o existencia del ser contingente.

Por eso, en fin, que la conclusión o ciencia metafísica es esencialmente intrínseca, no cabe, según Santo Tomás, fe y ciencia metafísicamente cierta respecto a una misma verdad en el mismo sujeto, aunque tal verdad sea conocida por el proceso de causa y efecto, como lo son las verdades de la existencia de Dios y de la creación. Y sabido es que sólo el conocimiento por evidencia intrínseca es incompatible, según Santo Tomás, con la fe. "La razón—dice profundamente Gonet—de que no quepa fe respecto a la existencia de Dios en el que la conoce por ese proceso, aparentemente extrínseco de causa y efecto, es porque la criatura y Dios están esencial o intrínsecamente unidos, y por tanto, el proceso y la evidencia son realmente intrínsecos. "Ratio disparitatis est, quia cum omnis effectus sit, non quidem formaliter, sed virtualiter in sua causa, quaelibet creatura potest dici quoad omnia, quae habet, virtualiter Deo intrinseco". "Licet causa prima, quae Deus est, non intret essentiam rerum creaturarum, tamen esse quod rebus creatis inest, non potest intelligi nisi ut deductus ab esse divino (D. THOMAS, De Potentia, q. 3, a. 5, ad 1). Si la existencia de Dios no fuese "de intellectu" de la existencia de la criatura, la demostración de la existencia de Dios no sería metafísica ni teológica

107. DOS MODOS DE ARGÜIR DE LA CAUSA AL EFECTO.—Contestando, pues, categóricamente a la dificultad propuesta, decimos que tanto la física como la metafísica o teología arguyen por causa (eficiente, final o ejemplar) y por efecto; pero arguyen por proceso esencialmente distinto, porque hay dos maneras esencialmente distintas de considerar toda causa y todo efecto. En todo ser hay dos cosas realmente distintas: 1.ª La esencia, en la cual van incluidas las propiedades metafísicas y las relaciones o conexiones esenciales o trascendentes. 2.ª Las propiedades físicas y las relaciones accidentales o contingentes, que son realmente distintas de la esencia. De ahí resultan dos maneras de argüir, por causa o por efecto: 1.ª Tomando como medio la esencia de la causa o del efecto o, lo que equivale a lo mismo, las propiedades metafísicas o relaciones esenciales de la causa o del efecto. 2.ª Tomando como medio las propiedades físicas o relaciones accidentales de la causa o del efecto. Ambos son procesos por causa o por efecto. Pero en el primer proceso se toma de la causa o del efecto, llamados extrínsecos, lo que tienen de esencialmente intrínseco, la esencia. En el segundo proceso no sólo se emplean el efecto y la causa, sino que se emplea en aquello precisamente en que son extrínsecos: las propiedades o relaciones físico-contingentes. El primer proceso es metafísico, y jamás puede emplearlo la física; el segundo es propio de la física, y jamás por él se puede llegar a la certeza propia de la metafísica o teología: a la certeza absoluta.

Pongamos ejemplos sencillos de ambas clases de procesos: proceso físico per causam o per effectum, y proceso metafísico o teológico per causam o per effectum.

Proceso físico ex causa. El efecto físico del fuego es quemar; la causa física de la quemadura es el fuego. Si arguyo, pues: Hay fuego con todas las condiciones físicas requeridas para quemar, luego hay quemadura o efecto de quemar; ese argumento es verdaderamente per causam, pero no metafísico, sino físico; no de certeza absoluta, sino contingente y falible; y falló realmente en el horno de Babilonia y puede

intrinsecum, saltem ex parte habitudinis quam omnes creaturae dicunt ad primam causam" (JUAN DE SANTO TOMÁS, Cursus Philos., Logica, p. 2.ª, q. 25, a. 2, ed. Vivès, vol. 1, p. 688).

"Tertio dico, duplicem esse consequentiam, unam essentialem et intrinsecam, aliam accidentalem et extrinsecam. Quando sanctus Doctor ait. ex hoc quod aliquid per participationem est ens, sequi illud esse causatum, loquitur de consequentia essentiali et intrinseca: sicut ad esse hominem, sequitur esse animal, quia de ratione entis per participationem est ut sit causatum" (PAULUS NAZARUS, O. P., Disputationes et Commentaria Scholastica in Summam D. Thomae Aquinatis, t. 1, q. 44; a. 1, in fine (Coloniae Agrippinae 1621).

"Existen relaciones, no accidentales sino esenciales, que están implícitas en una esencia determinada. Y el concepto que expresa esta esencia expresa al mismo tiempo las relaciones que contiene" (GARRIGOU-LAGRANGE, Dieu, p. 542).

fallar siempre que a Dios le plazca. Y lo que puede fallar no es metafísico o teológico.

Y ¿por qué no es metafísico, sino físico; por qué no es necesario, sino falible? Porque he tomado como medio o menor una cosa que no es esencial, que no es intrínseca a la esencia: el quemar no es de la esencia del fuego; no es de ratione o de intellectu del fuego.

Pero si en vez de argüir de ese modo hubiésemos argüido así: Hay fuego, luego hay aptitud o exigencia de quemar; entonces el argumento era rigurosamente metafísico y sin posibilidad alguna de fallar. Esa aptitud o exigencia la conservó el fuego en el horno de Babilonia y la conservará siempre y por necesidad absoluta, porque es de la esencia del fuego, es una relación esencial de la causa al efecto.

Veamos ahora ejemplos de demostración, física y metafísica, ex effectu.

Demostración física. Escójase el efecto que se quiera y argúyase así: Existe el efecto N., luego existe su causa inmediata, o física, o segunda. Como, por ejemplo: N. ha curado de tal enfermedad, luego han existido las causas o condiciones físicas de su curación; N. se ha nutrido con la Eucaristía, luego en la Eucaristía existe substancia nutritiva, etc., etc.

Todos estos argumentos en los cuales se arguye de la existencia de un efecto a su causa segunda física son físicos, no metafísicos; conexivos, no inclusivos; contingentes y falibles, no necesarios e infalibles. Y pueden fallar por intervención divina siempre que a Dios le plazca, por la razón sencilla de que la relación de la causa segunda a su efecto o del efecto a su causa segunda o física es accidental, no esencial. Dios puede suplir por sí mismo toda acción o efecto de las causas eficientes segundas, como lo suple en todo milagro, haciendo fallar la llamada demostración o proceso físico, que no es jamás rigurosa demostración, por no ser demostración por esencia o por el quod quid est de la causa o del efecto.

Y téngase presente que esas demostraciones y toda demostración física no son falibles y contingentes porque Dios las hace fallar, sino que Dios puede hacerlas fallar porque son falibles y contingentes, porque son puramente conexivas y no inclusivas, porque son físicas y no metafísicas (92).

En cambio, cuando para demostrar la existencia de Dios digo: Existe el ser potencial o mudable, luego existe Dios; cuando para probar la creación de todo ser fuera de Dios digo: Dios es ser por esencia, luego todo otro ser tiene que proceder de Él; o todo ser fuera de Dios es ser potencial o ser compuesto de esencia y existencia, luego es ser causado; el ser incausado es esencialmente uno, luego todo ser múltiple proviene del ser incausado; todos estos raciocinios, aunque por causa o por efecto son por la esencia de la causa o del efecto, son argumentos metafísicos, no físicos; son absolutamente necesarios, no falibles, porque las esencias son necesarias e inmutables y ni Dios mismo puede jamás hacer fallar la naturaleza de una esencia o de una relación esencial.

Y como las relaciones de las criaturas a Dios como a su primera causa eficiente y ejemplar o como a su último fin son relaciones esenciales, el argumento metafísico por causa eficiente, ejemplar o final o por efecto entre Dios y la criatura, es proceso no extrínseco, sino intrínseco; no puramente conexivo, sino inclusivo; no contingente, sino esencial.

Y como nada hay más formal que la esencia, el argumento entre Dios y la criatura hecho por vía de causa eficiente, final o ejemplar y todo argumento ex ratione causae, finis, exemplaris, effectus, etc., es siempre y en realidad, y a pesar de todas las apariencias extrínsecas, proceso por vía formal.

108. Dos FUENTES DE ILUSIÓN.—La ilusión o apariencia de extrinsicidad en esta clase de argumentos metafísicos o teológicos ex causa efficienti o ex effectu nace de dos puntos:

1.º De que, dividiéndose las causas en material y formal, eficiente, final y ejemplar, llamándose a las dos primeras intrínsecas y a las otras tres extrínsecas, queda uno bajo la impresión de que siempre que se arguya por causa eficiente, final o ejemplar, el proceso es extrínseco y no intrínseco. Sin parar la atención en que esas tres causas, lo mismo que el efecto, pueden tomarse para argüir en un sentido intrínseco (la esencia y las propiedades o relaciones esenciales de causa y efecto), como las toma la metafísica o teología, o solamente en un sentido conexivo-extrínseco (propiedades o relaciones físico-actuales), que es como las toma la física.

2.º De que, diciéndose comúnmente que el procedimiento para ser intrínseco o inclusivo o de uno in aliud secundum rationem debe ser por vía formal, se olvida que formal en un ser no es solamente su forma o causa formal, sino todo lo esencial a ese ser, todo lo que es de ratione o de intellectu del ser; todo aquello sin lo cual res intelligi nequit, que es precisamente una de las definiciones de la esencia.

Cuando digo: A es parte de B, luego es menor que B; cuando digo: A es hijo de B, luego B es padre de A; cuando digo: A tiene materia prima o existe la materia prima, luego A tiene forma substancial o existe la forma substancial; todos estos argumentos o procesos no son realmente extrínsecos, sino intrínsecos; no son puramente conexivos, sino realmente inclusivos; no son de uno in aliud secundum rem, sino de uno in aliud secundum rationem. No porque el todo se identifique con la parte, ni el padre con el hijo, ni la forma con la materia, sino porque la parte, el padre, la forma, están esencialmente incluídos, aunque no expresados en el todo, en el hijo, en la materia prima; porque lo uno es de ratione o de intellectu de lo otro.

Así también cuando digo: Existe el ser contingente, luego existe Dios, o es ser contingente, luego es ser creado, el procedimiento es realmente intrínseco, inclusivo, de uno in aliud secundum rationem. No que Dios, repetimos, sea la misma realidad que el ser contingente ni que la realidad del Creador sea la misma que la de la criatura, sino que la existencia de Dios es esencial a la existencia del ser contingente; la existencia del Creador es esencial a la existencia del ser creado o potencial: lo uno es de ratione o de intellectu de lo otro; lo uno está incluído en lo otro. No hay más diferencia sino que en los raciocinios de todo y parte, de padre e hijo, la implicitud es sencilla y somera (formal implícito), que sólo exige mera explicación de términos, y por eso el raciocinio es impropio y el conocimiento es inmediato o de simple inteligencia, mientras que en los ejemplos de ser contingente y Dios, de materia y forma, de espiritualidad e inmortalidad y de inmutabilidad y eternidad, la implicitud es para la razón humana recóndita y profunda (virtual implícito o inclusivo), que exige combinación de conceptos nuevos, y el raciocinio es propísimo, y el conocimiento es mediato o científico. Pero los conceptos nuevos o menores que la razón humana combina para descubrir esas conclusiones mediatas o científicas no son realidades nuevas, sino la definición misma o esencia de lo contenido en el dato o principio; la definición o esencia de lo contingente y necesario, de materia prima y forma, de causa y efecto, de espiritualidad e inmortalidad, de inmutabilidad y eternidad. El proceso es, pues, por vía de esencia, por vía formal, por vía inclusiva, por vía de perfecta homogeneidad.

109. COROLARIOS.—De lo que venimos diciendo se deducen estos cinco corolarios:

1.° La sagrada teología tiene, además de y sobre el proceso físico-conexivo o de uno in aliud secundum rem propio de la física, otro proceso intrínseco inclusivo, rigurosamente metafísico y teológico, que es proceso formal o de uno in aliud secundum rationem, propio y exclusivo de las ciencias matemático-metafísicas o de abstracción, dignidad y certeza superiores a la física. Esta es la base firme en que se apoya la homogeneidad objetiva, sin que sea necesario que la teología sólo tenga ese proceso o que deduzca todas sus conclusiones por ese proceso. Pero ad abundantiam.

2.º Toda conclusión rigurosamente metafísico-teológica se deduce siempre por proceso de esencia o de relaciones esenciales implícitas en la misma esencia, ora el proceso sea per effectum o per causam, ora sea por las causas material y formal, ora por las causas eficiente, ejemplar o final.

3.º Toda conclusión, pues, rigurosamente metafísico-teológica es por proceso intrínseco e inclusivo, por proceso de identidad objetiva.

4.º Toda conclusión rigurosamente metafísico-teológica es homogénea con el depósito revelado, por estar objetivamente implícita en él.

5.º La teología entera, pues, propia y rigurosamente tal, y las conclusiones teológicas propia y rigurosamente tales, lejos de ser algo extrínseco al depósito revelado, como lo son en la concepción moderna desde Suárez, son, por el contrario, según la concepción de Santo Tomás, algo intrínseco al depósito revelado, de la esencia misma o de intellectu del ser revelado, como la teología natural o metafísica es de la esencia o de intellectu del ser natural (40).

§ VI: La virtualidad metafísico-inclusiva es realmente homogénea con el dato revelado

§ VII: Dos concepciones opuestas sobre la virtualidad revelada o sagrada teología

Capitulum III: La evolución del dogma y la autoridad de la Iglesia

§ I: La virtualidad revelada antes de la definición de la Iglesia

§ II: La virtualidad revelada después de la definición de la Iglesia

§ III: El lugar orgánico de la autoridad de la Iglesia en nuestra fe divina

§ IV: Si la Iglesia convierte la revelación mediata o virtual en inmediata

§ V: La autoridad de la Iglesia comparada con la de Dios y la de los Apóstoles

§ VI: Dos funciones de la autoridad de la Iglesia respecto al depósito revelado

§ VII: Si la evolución dogmática después de los Apóstoles es subjetiva u objetiva

§ VIII: Si las definiciones de la Iglesia completan o perfeccionan el depósito

Capitulum IV: Las diferentes vías de la evolución del dogma

§ I: La evolución dogmática por vía especulativa

§ II: Ejemplos históricos de evolución dogmática por vía especulativa

§ III: Más ejemplos de lo mismo

§ IV: Si cabe evolución dogmática por vía de asimilación

§ V: La evolución dogmática por vía afectiva o experimental

§ VI: Otras observaciones sobre la vía afectiva

§ VII: Las analogías o imágenes de la evolución dogmática

Capitulum V: La extensión de la evolución dogmática y refutación de la llamada fe eclesiástica

§ I: Origen y sentido de la moderna fe eclesiástica

§ II: La fe eclesiástica y las conclusiones teológicas

§ III: La fe eclesiástica y los hechos dogmáticos

§ IV: La fe eclesiástica y la canonización de los santos

Capitulum VI: Solución de las objeciones contra la evolución del dogma

§ I: Objeciones contra la evolución dogmática en general

§ II: Más objeciones contra lo mismo

§ III: Objeciones contra la identificación de la extensión de la evolución del dogma con la extensión de la infalibilidad

§ IV: Objeciones contra una de las pruebas principales de la evolución del dogma

Capitulum VII: La evolución del dogma y la opinión tradicional

§ I: La opinión de los Santos Padres

§ II: La opinión de Santo Tomás

§ III: Desde Santo Tomás a Molina

§ IV: Desde Molina a nuestros días

§ V: La mente de Melchor Cano

§ VI: Respuesta a un estudio histórico

§ VII: Examen de una obra novísima

Epílogo

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