De visione Dei

Nicholas of Cusa

De visione Dei

Nicholas of Cusa (1401–1464)

De visione Dei sive de icona

De visione Dei, or De icona (On the Vision of God, 1453), addressed to the Benedictines of Tegernsee: seeing God through the icon that gazes on all. Latin transcribed from the 1514 Paris Opera; English translation new.


Epistola ad abbatem et fratres Tegernseos

Praefatio

Capitulum I: Perfectio apparentiae verificari de deo perfectissimo

Capitulum II: Visus absolutus complectitur omnes modos

Capitulum III: Quae de deo dicuntur realiter non differunt

Capitulum IV: Visio dei: prouidentia, gratia, et vita dicit aeterna

Capitulum V: O magna multitudo dulcedinis tuae

¡Oh, cuán grande es la multitud de tu dulzura, la que escondiste para los que te temen! Pues es un tesoro inexplicable, llenísimo de gozo y alegría. Pues gustar tu misma dulzura es aprehender, por contacto experimental, la suavidad de todas las cosas deleitables en su principio. Es alcanzar la razón de todas las cosas deseables en tu sabiduría. Ver, por tanto, la razón absoluta, que es la razón de todas las cosas, no es otra cosa que gustarte a ti, Dios, con la mente, puesto que eres la misma suavidad del ser, de la vida y del entendimiento. ¿Qué otra cosa es, Señor, tu ver, cuando me miras con ojo de piedad, sino el ser tú visto por mí? Al verme, me das el ser visto por mí, tú que eres el Dios escondido. Nadie puede verte sino en cuanto tú le das el verte. Ni el ser tú visto es otra cosa que el que tú veas al que te ve. Veo en esta imagen tuya que estás inclinado, Señor, a mostrar tu rostro a todos los que te buscan. Pues nunca cierras los ojos; nunca los vuelves a otra parte. Y aunque yo me aparte de ti cuando me vuelvo por entero a otra cosa, tú, sin embargo, por ello no mudas tus ojos ni tu mirada. Si no me miras con ojo de gracia, la causa es mía, porque estoy dividido de ti por la aversión y por la conversión a otra cosa que prefiero a ti. Mas ni siquiera entonces te apartas del todo, sino que tu misericordia me sigue, por si alguna vez quiera volver a ti, para ser capaz de la gracia. Pues el que no me mires se debe a que yo no te miro, sino que te rechazo y te desprecio. ¡Oh, piedad infinita: cuán infeliz es todo pecador que abandona a ti, vida verdadera, y te busca no en ti, sino en aquello que en sí mismo es nada y habría permanecido nada si tú no lo hubieses llamado de la nada! ¡Cuán insensato es el que te busca a ti, que eres la bondad, y, al buscarte, se aparta de ti y desvía los ojos! Todo el que busca, pues, no busca sino el bien; y todo el que busca el bien y se aparta de ti se aparta de aquello que busca. Todo pecador, pues, yerra lejos de ti y se aleja más. Mas cuando vuelve a ti, sin tardanza sales a su encuentro. Y antes de que él te mire, con afecto de padre posas sobre él los ojos de la misericordia. Ni tu compadecerte es otra cosa que tu ver. Tu misericordia, por tanto, sigue a todo hombre mientras vive, adondequiera que vaya, del mismo modo que tu mirada no abandona a nadie. Mientras, pues, el hombre vive, no cesas de seguirle y de incitarle con dulce e interior amonestación a que cese del error y se convierta a ti para vivir felizmente. Tú, Señor, eres el compañero de mi peregrinación. Adondequiera que vaya, tus ojos están siempre sobre mí. Mas tu ver es tu mover. Te mueves, pues, conmigo, y nunca cesas del movimiento mientras yo me muevo. Si descanso, también tú estás conmigo; si subo, subes; si bajo, bajas. Adondequiera que me vuelva, estás presente. Ni me abandonas en el tiempo de la tribulación. Cuantas veces te invoco, estás cerca. Pues invocarte es convertirme a ti. No puedes faltar a quien se convierte a ti. Ni nadie puede convertirse a ti si antes no estás presente. Estás presente antes de que yo me convierta a ti. Pues si no estuvieras presente y me solicitaras, te ignoraría por completo. Y, ignorándote, ¿hacia quién me convertiría?

Tú, pues, eres mi Dios, que ves todas las cosas. Y tu ver es tu obrar. Todo, pues, lo obras. No a nosotros, pues, Señor, no a nosotros, sino a tu gran nombre, que es THEOS, canto gloria sempiterna. Pues nada tengo que tú no me des. Ni retendría lo que me diste si tú mismo no lo conservaras. Tú, pues, me suministras todas las cosas. Tú eres el Señor potente y piadoso, que das todas las cosas. Tú eres el ministro que sirve todas las cosas. Tú eres el proveedor, y tienes cuidado, y el conservador. Y todas estas cosas las obras con tu única y simplicísima mirada, tú que eres bendito por los siglos.

Capitulum VI: De visione faciali

Capitulum VII: Quis fructus facialis visionis

Capitulum VIII: Quomodo visio dei est amare

Capitulum IX: Quomodo est uniuersalis pariter et particularis

Capitulum X: Quomodo videtur deus ultra coincidentiam contradictoriorum

Capitulum XI: Quomodo videtur in deo successio sine successione

Capitulum XII: Ubi inuisibilis videtur, increatus creatur

Capitulum XIII: Deus videtur absoluta infinitas

Capitulum XIV: Quomodo deus omnia complicat sine alteritate

Capitulum XV: Quomodo actualis infinitas est unitas

Capitulum XVI: Nisi deus esset infinitus non esset finis desiderii

Capitulum XVII: Deus non nisi unitrinus videri perfecte potest

Capitulum XVIII: Nisi deus trinus esset non esset felicitas

Capitulum XIX: Quomodo IESUS est unio dei et hominis

Capitulum XX: Quomodo intelligitur IESUS copulatio

Capitulum XXI: Sine IESU non sit possibilis felicitas

Capitulum XXII: Quomodo IESUS videat et operatus sit

Capitulum XXIII: Quomodo IESUS mortuus fuit, unione cum vita manente

Capitulum XXIV: Quomodo IESUS sit verbum vitae

Capitulum XXV: Quomodo IESUS sit consummatio

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