Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae

Tommaso de Vio Cajetan

Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae

Tommaso de Vio Cajetan (1469–1534)

First published 1507

Cajetan's Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae offers an article-by-article exposition of Aquinas's Prima Pars. Its discussions of sacred doctrine, analogy, divine knowledge, and creation became important reference points in the later Thomist tradition. The present digital edition follows the Latin text of the Leonine edition and includes English and Spanish translations. Coverage is currently partial.

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Praefatio ad Oliverium Carrafam

In Prooemium Summae Theologiae

Quaestio I: De sacra doctrina, qualis sit, et ad quae se extendat

Articulus I: Utrum sit necessarium, praeter philosophicas disciplinas, aliam doctrinam haberi

Articulus II: Utrum sacra doctrina sit scientia

Articulus III: Utrum sacra doctrina sit una scientia

Articulus IV: Utrum sacra doctrina sit scientia practica

Articulus V: Utrum sacra doctrina sit dignior aliis scientiis

Articulus VI: Utrum haec doctrina sit sapientia

Articulus VII: Utrum deus sit subiectum huius scientiae

Articulus VIII: Utrum haec doctrina sit argumentativa

Articulus IX: Utrum sacra scriptura debeat uti metaphoris

Articulus X: Utrum sacra scriptura sub una littera habeat plures sensus

Quaestio II: De Deo, an Deus sit

Articulus I: Utrum Deum esse sit per se notum

Articulus II: Utrum Deum esse sit demonstrabile

Articulus III: Utrum Deus sit

Quaestio III: De Dei simplicitate

Articulus I: Utrum Deus sit corpus

Articulus II: Utrum in Deo sit compositio formae et materiae

Articulus III: Utrum sit idem Deus quod sua essentia vel natura

Articulus IV: Utrum in Deo sit idem essentia et esse

Articulus V: Utrum Deus sit in genere aliquo

Articulus VI: Utrum in Deo sint aliqua accidentia

Articulus VII: Utrum Deus sit omnino simplex

Articulus VIII: Utrum Deus in compositionem aliorum veniat

Quaestio IV: De Dei perfectione

Articulus I: Utrum Deus sit perfectus

Articulus II: Utrum in Deo sint perfectiones omnium rerum

Articulus III: Utrum aliqua creatura possit esse similis Deo

Quaestio V: De bono in communi

Articulus I: Utrum bonum differat secundum rem ab ente

Articulus II: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam ens

Articulus III: Utrum omne ens sit bonum

Articulus IV: Utrum bonum habeat rationem causae finalis

Articulus V: Utrum ratio boni consistat in modo, specie et ordine

Articulus VI: Utrum convenienter dividatur bonum per honestum, utile et delectabile

Quaestio VI: De bonitate Dei

Articulus I: Utrum esse bonum Deo conveniat

Articulus II: Utrum Deus sit summum bonum

Articulus III: Utrum esse bonum per essentiam sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum omnia sint bona bonitate divina

Quaestio VII: De infinitate Dei

Articulus I: Utrum Deus sit infinitus

Articulus II: Utrum aliquid aliud quam Deus possit esse infinitum per essentiam

Articulus III: Utrum possit esse aliquid infinitum actu secundum magnitudinem

Articulus IV: Utrum possit esse infinitum in rebus secundum multitudinem

Quaestio VIII: De existentia Dei in rebus

Articulus I: Utrum Deus sit in omnibus rebus

Articulus II: Utrum Deus sit ubique

Articulus III: Utrum Deus sit ubique per essentiam, praesentiam et potentiam

Articulus IV: Utrum esse ubique sit proprium Dei

Quaestio IX: De Dei immutabilitate

Articulus I: Utrum Deus sit omnino immutabilis

Articulus II: Utrum esse immutabile sit Dei proprium

Quaestio X: De Dei aeternitate

Articulus I: Utrum convenienter definiatur aeternitas, quod est interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio

Articulus II: Utrum Deus sit aeternus

Articulus III: Utrum esse aeternum sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum aeternitas differat a tempore

Articulus V: De differentia aevi et temporis

Título claro. - En el cuerpo del artículo hay cuatro partes: primero, responde qué es claro y qué ambiguo en esta cuestión; segundo, examina cierta opinión; tercero, otra; cuarto, la propia, respondiendo a la cuestión.

II. En cuanto a lo primero, es claro que el aevum es medio entre la eternidad y el tiempo: es ambiguo cómo es medio, a causa de la multitud de opiniones.

III. En cuanto a lo segundo, primero se expone la opinión que sostiene que la mediación se atiende según el tener principio y fin. Segundo, se refuta: porque esta mediación es per accidens, como resulta evidente si las cosas eviternas hubieran sido producidas desde la eternidad.

IV. En cuanto al tercero, primero se expone la segunda opinión, que sostiene que la mediación se atiende en el hecho de carecer de innovación y de vetustez, y sin embargo tener antes y después; en cuanto a lo primero conviene con la eternidad, y en lo segundo con el tiempo. — Segundo, se impugna de dos maneras, según el doble entendimiento que puede tener: es decir, o refiriendo ambas condiciones al mismo aevum; o refiriendo la segunda al aevum, y la primera al aeviternum medido por el aevum.

Contra el primer argumento razona así. Lo anterior y lo posterior según la duración no pueden ser simultáneos: por tanto, al retirarse lo anterior, llega de nuevo lo posterior: por tanto, si en el evo hay anterior y posterior, habrá innovación y envejecimiento. — Contra el segundo, así. Lo eviterno no es ni innovable ni envejecible: por tanto, es inmutable: por tanto, su medida carece de anterior y posterior. El antecedente es tuyo. La primera consecuencia es evidente por sí misma, y se prueba por el libro IV de la Física: porque la mutabilidad es causa propia del envejecimiento; por tanto, la inmutabilidad no es causa de envejecimiento, conforme a aquello de si la afirmación es causa de la afirmación etc. La segunda consecuencia, en cambio, se prueba por el libro IV de la Física: porque la mutabilidad de lo medido es causa de lo anterior y lo posterior en la medida; por tanto, la inmutabilidad será causa de la negación de lo anterior y lo posterior en la misma, conforme a la misma raíz.

V. En torno a estas razones, advierte que Escoto, en el Segundo libro, distinción II, cuestión II, no sigue esta opinión; sin embargo, se esfuerza por resolver las razones del texto, defendiendo según el sentido, y pone este ejemplo: si se supusiera una carne que no tuviera parte ni partes bajo la cantidad, entonces en la medida habría partes, pero no en aquello de lo cual sería medida. Y así en nuestro caso, el ser (esse) del ángel es sin innovación, y sin embargo la medida es sucesiva. De donde, a la razón hecha directamente contra esto, responde negando, en el sentido de la sentencia, que la mutabilidad de lo medido sea la causa precisa de la sucesión en la medida.

VI. Pero, en contra, esta respuesta se demuestra fácilmente falsa, tanto ad hominem como simplemente. Ad hominem, en efecto, porque si la sucesión está en la medida junto con la mutación e inmutación del sujeto propio, o sea, de lo medido, entonces argumentar de la sucesión de la medida a la transmutación del sujeto no vale, sino que es un sofisma del Consecuente. Pero el mismo Escoto allí confiesa que ese procedimiento es bueno y va del efecto a la causa. Luego. — Y se confirma: porque Aristóteles usó aquel, ni el procedimiento del texto es otro distinto de aquél; pues si hay sucesión en la medida, decimos, luego también en lo medido, porque la variación de lo medido es causa de la sucesión en la medida. Es muy extraño lo de este hombre, cuando aprueba la misma razón por ser de Aristóteles, y la reprueba por ser de santo Tomás. Y por eso es necesario que niegue o su propia aprobación o su propia reprobación.

Simpliciter, sin embargo, puesto que es imposible que lo indivisible sea certificado por lo divisible a partir de sus propias propiedades: por tanto, es imposible que sea medido por este. — Y la consecuencia se sostiene: porque la medida es la certificación de lo medido. El antecedente, en cambio, resulta evidente en su propio ejemplo: nunca, en efecto, se sabría cuánta sería la magnitud de lo indivisible mediante una cantidad divisible, si esta le perteneciera. De ahí que también de hecho, mediante la cantidad de las especies en la Eucaristía, no se mide el cuerpo de Cristo, porque no está bajo ella de manera divisible. Y el mismo juicio vale para la cantidad de duración. Si esta fuera extensa, nunca será medido lo indivisible e inextenso según la duración: pues ¿cómo podría saberse así su duración natural? Ni siquiera puede fingirse. Es necesario, por tanto, que a la medida extensa corresponda un ente medido extenso, y a lo indivisible lo indivisible, como la letra deduce de Aristóteles.

VII. En cuanto al cuarto punto, la conclusión que responde a la cuestión es: El aevum es un medio entre la eternidad y el tiempo, porque es inmutable, pero está unido a la mutabilidad. Se prueba así. La eternidad es la medida propia del esse totalmente permanente; por tanto, según el alejamiento de la permanencia se atiende el distanciamiento respecto de la eternidad; por tanto, la mutación, o aquello que está sometido a la mutación, es lo que más se aparta de ella; por tanto, lo medio es lo inmutable, aunque anejo a la mutación en acto o en potencia. La segunda consecuencia es evidente: porque la mutación se opone directamente a la permanencia, y la eternidad misma no admite ni mutación ni cosa alguna que de algún modo sea compatible con ella. La última, junto con las demás, se ve claramente.

VIII. En la respuesta a lo primero, adviértase que Escoto argumenta contra cuatro proposiciones. La primera es afirmativa: las operaciones del ángel se miden por el tiempo. La segunda es negativa, incluida virtualmente en la precedente: las operaciones del ángel no se miden por el evo. La tercera es afirmativa: la visión bienaventurada en los ángeles se mide por la eternidad participada. Y todas estas se sostienen en esta respuesta a lo primero, como es patente en el texto. La cuarta, en cambio, también es afirmativa: el esse de las cosas generables se mide por el tiempo: pues esta fue establecida en la respuesta al último artículo del artículo precedente, y además en el cuerpo de la presente, cuando se dijo que tanto aquello que consiste en la transmutación, es decir, el movimiento, como aquello que está sometido a la mutación, que experimentamos ser nuestro esse sustancial, se miden por el tiempo.

IX. Arguye, pues, primero, en el libro II de las Sentencias, distinción II, cuestión IV, contra la segunda proposición, probando su contradictoria, que sostiene como verdadera, a saber: las operaciones del ángel se miden por el evo, de tres maneras. Primero así. El ser (esse) y la operación del ángel tienen un modo uniforme de permanecer mientras permanecen: luego tienen una medida de la misma razón. El antecedente es evidente: porque cada uno es indivisible y, sin embargo, defectible. Se prueba la consecuencia: porque las medidas se proporcionan a los diversos modos de permanecer, como es patente en lo sucesivo y lo permanente. — Segundo así. El acto beatífico se mide por el evo, como consta por Agustín, de la Fe dirigida a Pedro, capítulo XVIII. Luego. — Tercero. La operación del ángel no se mide ni por la eternidad ni por el tiempo: luego por el evo.

X. Para la aclaración de esta dificultad, advierte que Escoto, en el mismo lugar, propone tres medidas de la duración: el tiempo, el evum y la eternidad; de modo que el tiempo mide lo sucesivo; el evum, lo permanente pero defectible; y la eternidad, aquello que es enteramente indefectible. Y por eso sostiene que las cosas a las cuales es imposible el movimiento —ens con esse— y las operaciones angélicas, etc., se miden por sí mismas según el evum. Y toda la raíz de su postura es esa máxima: Cualesquiera cosas que tienen un modo uniforme de permanecer mientras permanecen, tienen como medida algo de la misma razón.

En el presente texto, sin embargo, se distinguen las medidas de la duración según la mutabilidad o inmutabilidad de las cosas. Y así es verdaderamente. Puesto que la medida de la duración es certificativa de la duración natural de una cosa según sí misma, de otro modo sería en vano; pero la duración natural de una cosa nace de su mutabilidad o inmutabilidad. Hablo de lo mutable o inmutable propiamente, es decir, desde lo intrínseco: pues solo de tal mutabilidad depende la duración natural de la cosa. En efecto, nada importa para la duración natural de una cosa que en otro haya potencia destructiva de ella o no, sino únicamente si en ella misma hay aquello por lo cual pueda faltar, o no. Y en esto erró manifiestamente Escoto, diciendo: ni el no ser alguna vez, ni el poder no ser por propia potencia varían la medida de la cosa. Y su fundamento es muy débil, a saber: porque, si un ángel fuera aniquilable, nada menos sería medido por el evo. Es evidente, en efecto, que el no ser naturalmente alguna vez, y asimismo el poder naturalmente no ser, varían la naturaleza de la cosa: porque lo corruptible y lo incorruptible, como se dice en X Metafísica, son sustancia o están en la sustancia. Varían, digo, la naturaleza genéricamente, hasta el punto de que nada les sea unívoco. Por tanto, tampoco su propia medida es la misma. Y de aquí proviene que el ángel aniquilable sea medido por el evo: porque ciertamente la aniquilación no procede de su naturaleza, sino de algo externo; él mismo, en cuanto está de su parte, siempre sería.

Decimos, pues, que la cosa del todo inmutable es medida por la eternidad; lo inmutable en sentido absoluto pero mutable en cierto respecto, por el evo; y lo mutable en sentido absoluto, por el tiempo. Y por eso, como el ángel es inmutable sustancialmente, pero mutable accidentalmente, es medido por el evo. Sus operaciones naturales, sin embargo, como son mutables por naturaleza, no pueden ser medidas por el evo: pues lo medido por el evo es eviterno, y lo eviterno es naturalmente perpetuo; pero nada naturalmente mutable es naturalmente perpetuo.

XI. Pero, respecto del fundamento escotista, debe distinguirse primero aquella proposición. Porque, si se formula in sensu composito, es falsísima. Porque, como se dice en I Periherm., unumquodque necesse est esse dum est; y así todas las cosas permanentes, mientras permanecen, tienen un modo uniforme de ser, porque son necesariamente; y, sin embargo, no tienen la misma medida. Y el argumentante no la establece en este sentido, sino absolute o in sensu diviso. Y entonces se dice que el modo de permanecer puede distinguirse de múltiples maneras: a saber, o bien según lo necesario y lo posible; o bien según lo permanente y lo sucesivo; o bien según lo defectible y lo indefectible. Y, de cualquier modo que se tome, siempre es falsa. Porque no todo lo necesario conviene en una misma medida: sino que una es la medida de lo absolutamente necesario, como la de Dios; y otra la de lo necesario simpliciter, pero posible secundum quid, como son las demás cosas incorruptibles. E igualmente no todas las cosas posibles se miden con una sola medida: porque unas con tiempo continuo, y otras con tiempo discreto, como se dirá. Igualmente no todo lo permanente conviene en una misma medida; como es patente en las cosas superiores e inferiores. Ni tampoco todas las sucesivas: porque una es la medida de las cosas sucesivas con sucesión continua, y otra la de las que se suceden con sucesión discreta, como se dirá. En cuanto a lo defectible y lo indefectible, ya consta que la defectibilidad no es un modo de la cosa, según es tomada por ellos, sino que expresa una potencia extrínseca; y por eso no viene al caso. Y no sería menos falsa, por cuanto no todo lo defectible se determina con una única medida. — Ahora bien, a partir de estas cosas simples, es patente la respuesta a los modos compuestos; por ejemplo, permanente defectible, y otros semejantes.

XII. Por lo tanto, en cuanto a la forma de la proposición, debe decirse que tener un modo uniforme de permanecer intrínseco a la cosa y que se refiere por sí mismo a la duración natural de la cosa, es la razón uniforme o de una misma medida de la duración; y no absolutamente tener un modo uniforme de permanecer. Y por ello es falso el antecedente de aquella consecuencia. Y ya ha sido excluida su prueba.

A lo segundo, se niega el antecedente, como resulta claro en el texto. Y no es verdad que Agustín diga eso, sino solo en el sentido que se explica más abajo al aclararlo, entendiendo, a saber, el aevum como eternidad participada.

A la tercera, se niega el antecedente en su segunda parte: porque la operación del ángel se mide por un ahora de tiempo no continuo, sino discreto.

XIII. Contra la primera proposición, es decir, las operaciones del ángel se miden por el tiempo, argumenta Escoto en el mismo lugar. Pero como sus argumentos militan contra quienes sostienen que aquellas se miden por un tiempo discreto que sea especie de cantidad, y esta proposición no es de santo Tomás (porque entre nosotros el tiempo discreto no es otra cosa que el número del antes y del después en un movimiento discreto; el cual no es otra cosa que la sucesión de una operación espiritual a otra operación espiritual, tales como dos intelecciones sin servicio de fantasmas; pero el número del predicamento de Cantidad sigue a la división del continuo: es necesario, pues, que este tiempo sea un número trascendente, compuesto de unidades trascendentes): porque, digo, así es, juzgué que debía aducirse solo uno de los motivos de Escoto, a saber: porque se ponen muchos tiempos sin necesidad. Es necesario también multiplicar los tiempos, no solo en varios sujetos, sino en el mismo, respecto de los actos del entendimiento y de la voluntad, etc. Estas cosas, empero, parecen inconvenientes. Luego.

XIV. A esto se responde brevemente que es muy necesaria la multiplicación del tiempo en continuo y discreto, a causa de las operaciones espirituales de las sustancias espirituales: de otro modo carecerían de medidas proporcionadas. En efecto, éstas, como se suceden inmediatamente unas a otras y son instantáneas en sí mismas, porque cada una es toda a la vez, se elevan manifiestamente por encima del tiempo continuo y de sus instantes; pero no alcanzan la excelencia del aevo, porque son naturalmente corruptibles. Por tanto, o sería necesario que tan nobles entes quedaran sin medida propia, o bien hay que postular un tiempo discreto, cuyos instantes midan en sí mismas dichas operaciones. Éstas son el mismo movimiento espiritual de los ángeles, cuyo número es el tiempo, mediante el cual dice Agustín mover Dios a la criatura espiritual.

La multiplicación del tiempo discreto en varios ángeles, o en el mismo, a mi juicio, no es necesaria sino materialmente: del mismo modo que también el tiempo continuo, con que se miden los nuestros, se multiplica materialmente en todos los móviles, y el evo en todos los eviternos. Pues parece conforme a la razón que, así como todos los eviternos se miden por el evo simplísimo, que solo es evo formaliter; así toda operación de este género sea medida por la operación simplísima, o por el nunc simplísimo de aquella medida; y semejantemente toda sucesión de operaciones, por la sucesión simplísima. Ahora bien, tal operación y sucesión es aquella que se encuentra en el primer operante temporalmente: el cual consta ser el ángel supremo, en el cual, como se dirá, está también el evo. Y como las operaciones del entendimiento son naturalmente anteriores y más simples que las operaciones de la voluntad, habrá un tiempo único de todos estos temporales; el cual es primeramente medida de las operaciones sucesivas en el entendimiento del primer ángel, y consecuentemente medida de las demás operaciones tanto suyas como de otros espíritus. Con todo esto, sin embargo, como se ha dicho, permanece en pie que tal tiempo se multiplique casi materialmente, según el número de las obras medidas: porque lo uno y lo múltiple, que siguen al ens, se multiplican con las cosas mismas. Dije, empero, casi materialmente: porque no es necesario que se salve unívocamente del todo la proporción de nuestros tiempos respecto del tiempo cuyo sujeto es el primer movimiento, y la proporción de estos tiempos respecto del tiempo simplísimo de ellos; sino que basta si es casi tal.

XV. Contra la tercera proposición, a saber, la operación bienaventurada se mide por la eternidad participada, arguye el mismo en el Libro Cuarto, dist. XLIX, qu. VI. La operación bienaventurada no es más inmutable que lo aeviterno: luego no se mide por la eternidad, sino por el aevum. La consecuencia es clara. Y se prueba el antecedente. En primer lugar, porque la operación bienaventurada es simplemente menos noble que la sustancia del ángel bienaventurado, puesto que la sustancia es más noble que el accidente. En segundo lugar, porque la perfección de la misma operación bienaventurada no es más inmutable que la sustancia de esa misma operación, puesto que lo que inhiera en algo por accidente no es más inmutable que aquello que inhiera por sí: consta, sin embargo, que la sustancia de la operación se mide por el aevum. Luego. - Además, lo eterno, en cuanto se distingue de lo aeviterno, no sólo es todo a la vez, sino que es indefectible, careciendo de potencia para no ser. Pero nada creado es de esta índole. Luego.

XVI. Para la evidencia de esta dificultad, sabe que, aunque el evo no es otra cosa que participación de la eternidad, sin embargo santo Tomás distingue aquí (y en el libro III Contra Gentiles, capítulo LXI, y en IV Sentencias, XLIX, q. I, art. 2, qu³. 3) la eternidad participada del evo; no como lo perfecto de lo menos perfecto en la misma especie, sino como lo más perfecto de lo menos perfecto de órdenes diversos. Pues la eternidad, siendo medida propia del esse divino, la eternidad participada es consecuentemente medida propia del esse del orden divino. Y llamo esse del orden divino a aquel que es imposible que sea connatural a cualquier criatura hecha o factible: de lo cual se hablará más ampliamente en la q. XII. El evo, en cambio, es medida de un esse inmutable ciertamente, pero de un orden natural. Y esta es la diferencia per se primera entre la eternidad participada y el evo: pues de ella fluyen las demás diferencias, y por ella se resuelven todas las dificultades. Porque, como la operación bienaventurada es del orden divino, por eso se dice que es medida por la eternidad participativamente. De aquí surge también la fuerza de la conclusión impugnada por Escoto, a saber: el entendimiento creado no puede por sí mismo pasar a la operación bienaventurada; luego es medido por la eternidad: pues del primer antecedente se sigue, luego es del orden divino; y después, luego es medido por la eternidad.

XVII. Por lo cual, a la primera razón de Escoto se niega el antecedente. Pues la operación bienaventurada, dado que en sí misma no fuera más inmutable que lo aeviterno, es sin embargo de un orden más inmutable, porque divino. Y por eso se dice y es más inmutable según su género. — Dije, sin embargo, dado que no sea etc., porque basta una mutación menor para que no sea la operación del bienaventurado, que para que no sea la sustancia del ángel: pues esta exige la aniquilación, aquella no. Es también, además, más inmutable, porque contiene de manera más inmutable más cosas mutables. En efecto, una sola visión bienaventurada, sin mutación alguna, contiene eminentemente las visiones de todos los que atañen al universo: pero ningún ente aeviterno puede ascender hasta esta inmutabilidad.

En cuanto a la primera prueba, se dice que, así como el acto es simplemente más noble que la potencia, y sin embargo la sustancia es simplemente más noble que el accidente; y por razón de lo primero, el acto de entender es más noble que la materia prima, mientras que por razón de lo segundo, a la inversa: así en nuestro caso, y esto es verdadero, que la sustancia es más noble que el accidente, y asimismo esto otro, que el ser del orden divino es más noble que el ser natural. Y por eso ambos son verdaderos en órdenes diversos. En efecto, la sustancia del ángel es más noble según el ser de la naturaleza: pero la operación bienaventurada lo es según la excelencia de la deidad. Y si queremos hablar con propiedad, parecen compararse equívocamente.

A la segunda prueba, se niega que la sustancia de la operación bienaventurada sea medida por el evo. Pues la sustancia de la operación y su perfección son una sola cosa en número, y por una misma medida ambas se miden. De donde no solo la beatitud de la operación, sino la misma operación bienaventurada es medida por la eternidad participada. — También es falso que la perfección no sea más inmutable que la sustancia de la operación, del modo en que se distinguen. Porque la sustancia de la operación, si estuviera sin la perfección de la beatitud, sería medida por un instante de tiempo discreto. — Pero la perfección de la divinidad introduce la medida de la eternidad, no del modo en que se sobreañade un accidente; sino más bien del modo en que la diferencia que llega al género aporta una naturaleza específica. Y por eso no vale la prueba en contrario, acerca de lo que inhiere por accidente. Es constante, en efecto, que la naturaleza genérica o cuasi genérica, según sí no tal ni de tanta perfección, alcanza por la perfección de la diferencia adveniente —la cual, sin embargo, se concede que acaece al género— una perfección tan grande y de tal índole, que resulte un solo ente perfecto. Y así está en nuestro caso.

XVIII. A la segunda objeción, se responde principalmente que, hablando con propiedad, el bienaventurado como tal carece de potencia para no ser bienaventurado; así como el cielo carece de potencia para no ser redondo. Pues del mismo modo que la materia prima, si recibiera una forma equivalente a todas las formas de los generables y corruptibles, carecería de potencia para no ser de aquella forma; así también el entendimiento que posee el acto bienaventurado carece de potencia para no ser de aquel acto. Porque ese acto es perfecto en todos los bienes, no por agregación, sino por elevación: y por eso hace al bienaventurado beato e inmutablemente bienaventurado. — Tomando, sin embargo, el término en sentido ampliado, como lo usa quien objeta, llamando potencia para no ser a la potencia lógica u objetiva, se dice que lo eterno por esencia debe carecer por completo de potencia para no ser: pero no lo por participación, sino que basta con que se distinga del sempiterno por la diversidad del orden; porque este, ciertamente, es del orden eterno por esencia, mientras que aquel es de orden natural.

XIX. Contra la cuarta proposición argumenta Escoto, en el Segundo, donde arriba, no de otro modo que contra la primera, a saber: El esse sustancial tiene el mismo modo de permanencia mientras es, que el que tiene lo eviterno, porque carece de sucesión, etc.: por tanto. — Pero a esto no hay que responder de otro modo que más arriba: pues las medidas no se distinguen según tener el ens de modo sucesivo o permanente, sino según lo mutable y lo inmutable, como se ha dicho.

XX. Pero advierte aquí que Escoto, en el mismo lugar, se esfuerza por resolver el argumento de santo Tomás, en respuesta a la tercera objeción formulada en el artículo precedente, a saber: que el movimiento es medida no solo del movimiento, sino también del reposo. Dice en efecto que la sustancia del buey se mide absolutamente por el evo, pero su reposo por el tiempo; y que de aquel argumento no se sigue nada más. — Pero esta respuesta no es una evasión suficiente: pues se comprueba en el texto que el tiempo mide no solo el reposo, sino también la cosa que reposa; ya que todo lo que reposa es móvil; y todo lo mutable, en cuanto mutable, se mide por el tiempo. Ahora bien, consta que según la sustancia nosotros somos mutables: luego, según la sustancia, somos temporales. Y aquí está la fuerza del argumento. El movimiento y el reposo tomados sustancialmente, esto es, la mutación sustancial y el reposo bajo el esse sustancial, no solo en acto, sino también en potencia, se miden por el tiempo: luego nuestro ens sustancial se mide por el tiempo. El antecedente es evidente porque el acto y la potencia corresponden a la medida de un mismo orden, como se afirma en I Caeli y IV Physic.. La consecuencia se sostiene porque tal potencia es sustancial, como se dice en X Metaphys..

XXI. En la respuesta a lo segundo, surge una duda acerca de aquella proposición, el evo es un todo simultáneo. Es impugnada, en efecto, por aquella opinión refutada en el texto, así: El evo es continuamente producido por Dios, y por ello puede faltarle el ser; y en consecuencia puede ser aniquilado, y luego creado de nuevo. Por tanto, no es un todo simultáneo. — Y esto lo tienes en Escoto y en Capreolo, en el Segundo Libro de las Sentencias, distinción II, cuestión II.

A esto se responde fácilmente a partir de lo dicho. En efecto, el aevum, o lo aeviterno, no deviene continuamente, hablando con propiedad, sino que es conservado por Dios. Ni puede decaer de su ser (esse) por sí mismo desde dentro; pero Dios puede aniquilarlo. Y por eso no se sigue que por tanto no es todo a la vez. Pues si pudiera por sí mismo ser más o menos, o precisamente solo en cuanto a la duración, entonces no sería todo a la vez; pero del hecho de que Dios pueda hacerlo no se sigue nada respecto de la naturaleza del aevum o de lo aeviterno. La naturaleza de una cosa no debe medirse según las potencias divinas, sino según las propias. — En el caso, sin embargo, de la aniquilación y recreación, se dice que habría sucesión de instantes que medirían la creación, la aniquilación y la recreación; pero no al propio aevum. Pues aquellos instantes no son nada del aevum, sino partes del tiempo discreto, del cual ya hicimos mención. Sería entonces el mismo juicio acerca de aquel ángel que acerca de dos ángeles, de los cuales uno fuera creado antes que el otro: pues aquel único usaría entonces el aevum como si fueran dos.

XXII. En la respuesta al tercero, advierte que allí se distingue el esse del ángulo de dos maneras. De un modo, absoluto: y así no tiene pasado ni futuro, sino que está sometido a la potencia divina, y puede no ser por la potencia en otro. De otro modo, como coexistente con las diferencias del tiempo real o imaginario: y así tiene pasado y futuro. Y así decimos que fue y que será. Y así, en cuanto al futuro está sometido a la potencia divina; no en cuanto al pasado, porque se supone incomposible, como se dice en el texto. - Y nota que la autoridad de Jerónimo a Marcela: solo Dios no conoce pasado ni futuro, y semejantemente la de Agustín: lo presente, si permanece, es eternidad, y otras similares, se entienden según sí mismas y todas las cosas que hay en ellas. Pues el ángulo, según sus afecciones, tiene pasado y futuro: y semejantemente el aevum, según sus adjuntos, no permanece, como se dijo en el artículo presente.

Articulus VI: Utrum sit unum aevum tantum

Quaestio XI: De unitate Dei

Articulus I: Utrum unum addat aliquid supra ens

Articulus II: Utrum unum et multa opponantur

Articulus III: Utrum Deus sit unus

Articulus IV: Utrum Deus sit maxime unus

Quaestio XII: Quomodo Deus a nobis cognoscatur

Articulus I: Utrum aliquis intellectus creatus possit Deum videre per essentiam

Articulus II: Utrum essentia Dei ab intellectu creato per aliquam similitudinem videatur

Articulus III: Utrum essentia Dei videri possit oculis corporalibus

Articulus IV: Utrum aliquis intellectus creatus per sua naturalia divinam essentiam videre possit

Articulus V: Utrum intellectus creatus ad videndum Dei essentiam aliquo creato lumine indigeat

Articulus VI: Utrum videntium essentiam Dei unus alio perfectius videat

Articulus VII: Utrum videntes Deum per essentiam ipsum comprehendant

Articulus VIII: Utrum videntes Deum per essentiam omnia in Deo videant

Articulus IX: Utrum ea quae videntur in Deo a videntibus divinam essentiam per aliquas similitudines videantur

Articulus X: Utrum videntes Deum per essentiam simul videant omnia quae in ipso vident

Articulus XI: Utrum aliquis in hac vita possit videre Deum per essentiam

Articulus XII: Utrum per rationem naturalem Deum in hac vita cognoscere possimus

Articulus XIII: Utrum per gratiam habeatur altior cognitio Dei quam ea quae habetur per rationem naturalem

Quaestio XIII: De nominibus Dei

Articulus I: Utrum aliquod nomen Deo conveniat

Articulus II: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo substantialiter

Articulus III: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo proprie

Articulus IV: Utrum nomina dicta de Deo sint nomina synonyma

Articulus V: Utrum ea quae de Deo dicuntur et creaturis, univoce dicantur de ipsis

Articulus VI: Utrum nomina per prius dicantur de creaturis quam de Deo

Articulus VII: Utrum nomina quae important relationem ad creaturas, dicantur de Deo ex tempore

Articulus VIII: Utrum hoc nomen *Deus* sit nomen naturae

Articulus IX: Utrum hoc nomen *Deus* sit communicabile

Articulus X: Utrum hoc nomen *Deus* univoce dicatur de Deo per participationem, secundum naturam, et secundum opinionem

Articulus XI: Utrum hoc nomen *qui est* sit maxime nomen Dei proprium

Articulus XII: Utrum propositiones affirmativae possint formari de Deo

Quaestio XIV: De scientia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit scientia

Articulus II: Utrum Deus intelligat se

Articulus III: Utrum Deus comprehendat seipsum

Articulus IV: Utrum ipsum intelligere Dei sit eius substantia

Articulus V: Utrum Deus cognoscat alia a se

Articulus VI: Utrum Deus cognoscat alia a se propria cognitione

Articulus VII: Utrum scientia Dei sit discursiva

Articulus VIII: Utrum scientia Dei sit causa rerum

Articulus IX: Utrum Deus habeat scientiam non entium

Articulus X: Utrum Deus cognoscat mala

Articulus XI: Utrum Deus cognoscat singularia

Articulus XII: Utrum Deus possit cognoscere infinita

Articulus XIII: Utrum scientia Dei sit futurorum contingentium

Articulus XIV: Utrum Deus cognoscat enuntiabilia

Articulus XV: Utrum scientia Dei sit variabilis

Articulus XVI: Utrum Deus de rebus habeat scientiam speculativam

Quaestio XV: De ideis

Articulus I: Utrum ideae sint

Articulus II: Utrum sint plures ideae

Articulus III: Utrum omnium quae cognoscit Deus, sint ideae

Quaestio XVI: De veritate

Articulus I: Utrum veritas sit tantum in intellectu

Articulus II: Utrum veritas sit in intellectu componente et dividente

Articulus III: Utrum verum et ens convertantur

Articulus IV: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam verum

Articulus V: Utrum Deus sit veritas

Articulus VI: Utrum sit una sola veritas, secundum quam omnia sunt vera

Articulus VII: Utrum veritas creata sit aeterna

Articulus VIII: Utrum veritas sit imutabilis

Quaestio XVII: De falsitate

Articulus I: Utrum falsitas sit in rebus

Articulus II: Utrum in sensu sit falsitas

Articulus III: Utrum falsitas sit in intellectu

Articulus IV: Utrum verum et falsum sint contraria

Quaestio XVIII: De vita Dei

Articulus I: Utrum omnium naturalium rerum sit vivere

Articulus II: Utrum vita sit quaedam operatio

Articulus III: Utrum Deo conveniat vita

Articulus IV: Utrum omnia sint vita in Deo

Quaestio XIX: De voluntate Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit voluntas

Articulus II: Utrum Deus velit alia a se

Articulus III: Utrum quidquid Deus vult, ex necessitate velit

Articulus IV: Utrum voluntas Dei sit causa rerum

Articulus V: Utrum voluntatis divinae sit assignare aliquam causam

Articulus VI: Utrum voluntas Dei semper impleatur

Articulus VII: Utrum voluntas Dei sit mutabilis

Articulus VIII: Utrum voluntas Dei necessitatem rebus volitis imponat

Articulus IX: Utrum voluntas Dei sit malorum

Articulus X: Utrum Deus habeat liberum arbitrium

Articulus XI: Utrum sit distinguenda in Deo voluntas signi

Articulus XII: Utrum convenienter circa divinam voluntatem ponantur quinque signa

Quaestio XX: De amore Dei

Articulus I: Utrum amor sit in Deo

Articulus II: Utrum Deus omnia amet

Articulus III: Utrum Deus aequaliter diligat omnia

Articulus IV: An Deus semper magis diligat meliora

Quaestio XXI: De iustitia et misericordia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit iustitia

Articulus II: Utrum iustitia Dei sit veritas

Articulus III: Utrum misericordia competat Deo

Articulus IV: Utrum in omnibus operibus Dei sit misericordia et iustitia

Quaestio XXII: De providentia Dei

Articulus I: Utrum providentia Deo conveniat

Articulus II: Utrum omnia sint subiecta divinae providentiae

Articulus III: Utrum Deus immediate omnibus provideat

Articulus IV: Utrum providentia rebus provisis necessitatem imponat

Quaestio XXIII: De praedestinatione

Articulus I: Utrum homines praedestinentur a Deo

Articulus II: Utrum praedestinatio aliquid ponat in praedestinato

Articulus III: Utrum Deus aliquem hominem reprobet

Articulus IV: Utrum praedestinati eligantur a Deo

Articulus V: Utrum praescientia meritorum sit causa praedestinationis

Articulus VI: Utrum praedestinatio sit certa

Articulus VII: Utrum numerus praedestinatorum sit certus

Articulus VIII: Utrum praedestinatio possit iuvari precibus sanctorum

Quaestio XXIV: De libro vitae

Articulus I: Utrum liber vitae sit idem quod praedestinatio

Articulus II: Utrum liber vitae sit solum respectu vitae gloriae praedestinatorum

Articulus III: Utrum aliquis deleatur de libro vitae

Quaestio XXV: De divina potentia

Articulus I: Utrum in Deo sit potentia

Articulus II: Utrum potentia Dei sit infinita

Articulus III: Utrum Deus sit omnipotens

Articulus IV: Utrum Deus possit facere quod praeterita non fuerint

Articulus V: Utrum Deus possit facere quae non facit

Articulus VI: Utrum Deus possit meliora facere ea quae facit

Quaestio XXVI: De divina beatitudine

Articulus I: Utrum beatitudo Deo competat

Articulus II: Utrum Deus dicatur beatus secundum intellectum

Articulus III: Utrum Deus sit beatitudo cuiuslibet beati

Articulus IV: Utrum in Dei beatitudine omnis beatitudo includatur

Quaestio XXVII: De processione divinarum personarum

Articulus I: Utrum processio sit in divinis

Articulus II: Utrum aliqua processio in divinis generatio DICI possit

Articulus III: Utrum sit in divinis alia processio a generatione verbi

Articulus IV: Utrum processio amoris in divinis sit generatio

Articulus V: Utrum sint plures processiones in divinis quam duae

Quaestio XXVIII: De relationibus divinis

Articulus I: Utrum in Deo sint aliquae relationes reales

Articulus II: Utrum relatio in Deo sit idem quod sua essentia

Articulus III: Utrum relationes quae sunt in Deo, realiter ab invicem distinguantur

Articulus IV: Utrum in Deo sint tantum quatuor relationes reales, scilicet paternitas, filiatio, spiratio et processio

Quaestio XXIX: De personis divinis

Articulus I: De definitione personae

Articulus II: Utrum persona sit idem quod hypostasis, subsistentia et essentia

Articulus III: Utrum nomen personae sit ponendum in divinis

Articulus IV: Utrum hoc nomen persona significet relationem

Quaestio XXX: De pluralitate personarum in divinis

Articulus I: Utrum sit ponere plures personas in divinis

Articulus II: Utrum in Deo sint plures personae quam tres

Articulus III: Utrum termini numerales ponant aliquid in divinis

Articulus IV: Utrum hoc nomen persona possit esse commune tribus personis

Quaestio XXXI: De his quae ad unitatem vel pluralitatem pertinent in divinis

Articulus I: Utrum sit Trinitas in divinis

Articulus II: Utrum Filius sit alius a patre

Articulus III: Utrum dictio exclusiva solus sit addenda termino essentiali in divinis

Articulus IV: Utrum dictio exclusiva possit adiungi termino personali

Quaestio XXXII: De divinarum personarum cognitione

Articulus I: Utrum Trinitas divinarum personarum possit per naturalem rationem cognosci

Articulus II: Utrum sint ponendae notiones in divinis

Articulus III: Utrum sint quinque notiones

Articulus IV: Utrum liceat contrarie opinari de notionibus

Quaestio XXXIII: De persona Patris

Articulus I: Utrum competat Patri esse principium

Articulus II: Utrum hoc nomen Pater sit nomen proprie divinae personae

Articulus III: Utrum hoc nomen Pater dicatur in divinis per prius secundum quod personaliter sumitur

Articulus IV: Utrum esse ingenitum sit Patri proprium

Quaestio XXXIV: De persona Filii

Articulus I: Utrum verbum in divinis sit nomen personale

Articulus II: Utrum verbum sit proprium nomen Filii

Articulus III: Utrum in nomine verbi importetur respectus ad creaturam

Quaestio XXXV: De imagine

Articulus I: Utrum imago in divinis dicatur personaliter

Articulus II: Utrum nomen imaginis sit proprium Filii

Quaestio XXXVI: De persona Spiritus Sancti

Articulus I: Utrum hoc nomen Spiritus Sanctus sit proprium nomen alicuius divinae personae

Articulus II: Utrum Spiritus Sanctus procedat a Filio

Articulus III: Utrum Spiritus Sanctus procedat a patre per Filium

Articulus IV: Utrum Pater et Filius sint unum principium Spiritus Sancti

Quaestio XXXVII: De nomine Spiritus Sancti quod est amor

Articulus I: Utrum amor sit proprium nomen Spiritus Sancti

Articulus II: Utrum Pater et Filius diligant se spiritu Sancto

Quaestio XXXVIII: De nomine Spiritus Sancti quod est donum

Articulus I: Utrum donum sit nomen personale

Articulus II: Utrum donum sit proprium nomen Spiritus Sancti

Quaestio XXXIX: De personis ad essentiam relatis

Articulus I: Utrum in divinis essentia sit idem quod persona

Articulus II: Utrum sit dicendum tres personas esse unius essentiae

Articulus III: Utrum nomina essentialia praedicentur singulariter de tribus personis

Articulus IV: Utrum nomina essentialia concreta possint supponere pro persona

Articulus V: Utrum nomina essentialia in abstracto significata possint supponere pro persona

Articulus VI: Utrum personae possint praedicari de nominibus essentialibus

Articulus VII: Utrum nomina essentialia sint approprianda personis

Articulus VIII: Utrum convenienter a sacris doctoribus sint essentialia personis attributa

Quaestio XL: De personis in comparatione ad relationes sive proprietates

Articulus I: Utrum relatio sit idem quod persona

Articulus II: Utrum personae distinguantur per relationes

Articulus III: Utrum, abstractis per intellectum relationibus a personis, adhuc remaneant hypostases

Articulus IV: Utrum actus notionales praeintelligantur proprietatibus

Quaestio XLI: De personis in comparatione ad actus notionales

Articulus I: Utrum actus notionales sint attribuendi personis

Articulus II: Utrum actus notionales sint voluntarii

Articulus III: Utrum actus notionales sint de aliquo

Articulus IV: Utrum in divinis sit potentia respectu actuum notionalium

Articulus V: Utrum potentia generandi significet relationem, et non essentiam

Articulus VI: Utrum actus notionalis ad plures personas terminari possit

Quaestio XLII: De aequalitate et similitudine divinarum personarum ad invicem

Articulus I: Utrum aequalitas locum habeat in divinis

Articulus II: Utrum persona procedens sit coaeterna suo principio, ut Filius Patri

Articulus III: Utrum in divinis personis sit ordo naturae

Articulus IV: Utrum Filius sit aequalis Patri secundum magnitudinem

Articulus V: Utrum Filius sit in patre, et e converso

Articulus VI: Utrum Filius sit aequalis Patri secundum potentiam

Quaestio XLIII: De missione divinarum personarum

Articulus I: Utrum alicui personae divinae conveniat mitti

Articulus II: Utrum missio sit aeterna, vel temporalis tantum

Articulus III: Utrum missio invisibilis divinae personae sit solum secundum donum gratiae gratum facientis

Articulus IV: Utrum Patri conveniat mitti

Articulus V: Utrum Filio conveniat invisibiliter mitti

Articulus VI: Utrum missio invisibilis fiat ad omnes qui sunt participes gratiae

Articulus VII: Utrum Spiritui Sancto conveniat visibiliter mitti

Articulus VIII: Utrum nulla persona divina mittatur nisi ab ea a qua procedit aeternaliter

Quaestio XLIV: De processione creaturarum a Deo, et de omnium entium prima causa

Articulus I: Utrum sit necessarium omne ens esse creatum a Deo

Articulus II: Utrum materia prima sit creata a Deo

Articulus III: Utrum causa exemplaris sit aliquid praeter Deum

Articulus IV: Utrum Deus sit causa finalis omnium

Quaestio XLV: De modo emanationis rerum a primo principio

Articulus I: Utrum creare sit ex nihilo aliquid facere

Articulus II: Utrum Deus possit aliquid creare

Articulus III: Utrum creatio sit aliquid in creatura

Articulus IV: Utrum creari sit proprium compositorum et subsistentium

Articulus V: Utrum solius Dei sit creare

Articulus VI: Utrum creare sit proprium alicuius personae

Articulus VII: Utrum in creaturis sit necesse inveniri vestigium Trinitatis

Articulus VIII: Utrum creatio admisceatur in operibus naturae et artis

Quaestio XLVI: De principio durationis rerum creatarum

Articulus I: Utrum universitas creaturarum semper fuerit

Articulus II: Utrum mundum incoepisse sit articulus fidei

Articulus III: Utrum creatio rerum fuerit in principio temporis

Quaestio XLVII: De distinctione rerum in communi

Articulus I: Utrum rerum multitudo et distinctio sit a Deo

Articulus II: Utrum inaequalitas rerum sit a Deo.

Articulus III: Utrum sit unus mundus tantum

Quaestio XLVIII: De distinctione rerum in speciali

Articulus I: Utrum malum sit natura quaedam

Articulus II: Utrum malum inveniatur in rebus

Articulus III: Utrum malum sit in bono sicut in subiecto

Articulus IV: Utrum malum corrumpat totum bonum

Articulus V: Utrum malum sufficienter dividatur per poenam et culpam

Articulus VI: Utrum habeat plus de ratione mali poena quam culpa

Quaestio XLIX: De causa mali

Articulus I: Utrum bonum possit esse causa mali

Articulus II: Utrum summum bonum, quod est Deus, sit causa mali

Articulus III: Utrum sit unum summum malum, quod sit causa omnis mali

Quaestio L: De substantia angelorum absolute

Articulus I: Utrum angelus sit omnino incorporeus

Articulus II: Utrum angelus sit compositus ex materia et forma

Articulus III: Utrum angeli sint in aliquo magno numero

Articulus IV: Utrum angeli differant specie

Articulus V: Utrum angeli sint incorruptibiles

Quaestio LI: De comparatione angelorum ad corpora

Articulus I: Utrum angeli habeant corpora naturaliter sibi unita

Articulus II: Utrum angeli assumant corpora

Articulus III: Utrum angeli in corporibus assumptis opera vitae exerceant

Quaestio LII: De comparatione angelorum ad loca

Articulus I: Utrum angelus sit in loco

Articulus II: Utrum angelus possit esse in pluribus locis simul

Articulus III: Utrum plures angeli possint simul esse in eodem loco

Quaestio LIII: De motu locali angelorum

Articulus I: Utrum angelus possit moveri localiter

Articulus II: Utrum angelus transeat per medium

Articulus III: Utrum motus angeli sit in instanti

Quaestio LIV: De cognitione angelorum

Articulus I: Utrum intelligere angeli sit eius substantia

Articulus II: Utrum intelligere angeli sit eius esse

Articulus III: Utrum potentia intellectiva angeli sit eius essentia

Articulus IV: Utrum in angelo sit intellectus agens et possibilis

Articulus V: Utrum in angelis sit sola intellectiva cognitio

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