Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae
Tommaso de Vio Cajetan (1469–1534)
First published 1507
Cajetan's Commentaria in Primam Partem Summae Theologiae offers an article-by-article exposition of Aquinas's Prima Pars. Its discussions of sacred doctrine, analogy, divine knowledge, and creation became important reference points in the later Thomist tradition. The present digital edition follows the Latin text of the Leonine edition and includes English and Spanish translations. Coverage is currently partial.
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Praefatio ad Oliverium Carrafam
In Prooemium Summae Theologiae
Quaestio I: De sacra doctrina, qualis sit, et ad quae se extendat
Articulus I: Utrum sit necessarium, praeter philosophicas disciplinas, aliam doctrinam haberi
Articulus II: Utrum sacra doctrina sit scientia
Articulus III: Utrum sacra doctrina sit una scientia
Articulus IV: Utrum sacra doctrina sit scientia practica
Articulus V: Utrum sacra doctrina sit dignior aliis scientiis
Articulus VI: Utrum haec doctrina sit sapientia
Articulus VII: Utrum deus sit subiectum huius scientiae
Articulus VIII: Utrum haec doctrina sit argumentativa
Articulus IX: Utrum sacra scriptura debeat uti metaphoris
Articulus X: Utrum sacra scriptura sub una littera habeat plures sensus
Quaestio II: De Deo, an Deus sit
Articulus I: Utrum Deum esse sit per se notum
Articulus II: Utrum Deum esse sit demonstrabile
Articulus III: Utrum Deus sit
Quaestio III: De Dei simplicitate
Articulus I: Utrum Deus sit corpus
Articulus II: Utrum in Deo sit compositio formae et materiae
Articulus III: Utrum sit idem Deus quod sua essentia vel natura
Articulus IV: Utrum in Deo sit idem essentia et esse
Articulus V: Utrum Deus sit in genere aliquo
Articulus VI: Utrum in Deo sint aliqua accidentia
Articulus VII: Utrum Deus sit omnino simplex
Articulus VIII: Utrum Deus in compositionem aliorum veniat
Quaestio IV: De Dei perfectione
Articulus I: Utrum Deus sit perfectus
Articulus II: Utrum in Deo sint perfectiones omnium rerum
Articulus III: Utrum aliqua creatura possit esse similis Deo
Quaestio V: De bono in communi
Articulus I: Utrum bonum differat secundum rem ab ente
Articulus II: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam ens
Articulus III: Utrum omne ens sit bonum
Articulus IV: Utrum bonum habeat rationem causae finalis
Articulus V: Utrum ratio boni consistat in modo, specie et ordine
Articulus VI: Utrum convenienter dividatur bonum per honestum, utile et delectabile
Quaestio VI: De bonitate Dei
Articulus I: Utrum esse bonum Deo conveniat
Articulus II: Utrum Deus sit summum bonum
Articulus III: Utrum esse bonum per essentiam sit proprium Dei
Articulus IV: Utrum omnia sint bona bonitate divina
En el título, advierte, novedosamente, que aquí no se pregunta si todas las cosas son buenas por la bondad divina, sino si todas las cosas son buenas con la bondad divina. De modo que el sentido de la cuestión no es si todas las cosas tienen el ser buenas a partir de la bondad divina, sino que el sentido es si la bondad divina es aquello por lo cual las cosas son denominadas buenas, del mismo modo que son denominadas blancas por la blancura, o situadas por el lugar.
II. En el cuerpo hace cuatro cosas: primero expone dos distinciones, insinuando al mismo tiempo en qué coinciden y en qué difieren los filósofos; segundo, presenta la opinión de Platón1; tercero, la de Aristóteles2; cuarto, responde a la cuestión planteada3.
III. La primera distinción es: algunos nombres significan lo absoluto, y otros la relación. – La segunda es: la denominación es doble, una intrínseca y otra extrínseca. Se llama denominación intrínseca cuando la forma del denominativo está en aquello que es denominado, como blanco, cuantitativo, etc.; denominación extrínseca, en cambio, cuando la forma del denominativo no está en lo denominado, como localizado, medido y semejantes. – Ahora bien, todos convienen en esto: que según los nombres que significan relación puede darse una denominación extrínseca, como es patente en lo localizado y lo medido. La diferencia, en cambio, entre Platón y Aristóteles es si según los nombres que significan lo absoluto puede darse una denominación extrínseca. Y esto pertenece a nuestro propósito: porque bueno es un nombre absoluto, y la bondad divina es extrínseca a las demás cosas.
IV. En cuanto a lo segundo4, allí: Platón, plantea cuatro proposiciones de Platón. La primera es: las especies de las cosas son separadas. La segunda es, que los particulares se denominan a partir de ellas. La tercera es, que se encuentra la idea del ente, del uno y del bien, de modo que esa idea es Dios. La cuarta: todas las cosas se denominan buenas a partir de ella. Y así, según Platón, se responde afirmativamente a la cuestión planteada.
V. En cuanto al tercero5, allí: Y aunque, la posición de Aristóteles en las dos primeras proposiciones discrepa; en la tercera, en cambio, concuerda; de la cuarta nada se dice.
VI. En torno a esta parte surge una duda: de qué modo puede ser verdad que Aristóteles esté de acuerdo con Platón acerca de la idea del bien, cuando expresamente en el libro I de la Ética6 la impugna.
A esto se responde brevemente, con Eustratio y santo Tomás7 en I Ethic., que entre Aristóteles y Platón no hay aquí diferencia alguna salvo verbal. En efecto, Aristóteles reprueba esto, a saber, que el bien por esencia deba ponerse a modo de especie separada, así como el hombre por esencia, etc.8: pero no que no se dé un primer bien por esencia, que es Dios, como se ve en XII Metaphys.9, al final.
VII. En cuanto al cuarto10, la conclusión que responde es única, y consta de dos partes: Todas las cosas son buenas por la bondad divina extrínseca y causalmente; pero buenas por sus bondades propias formal e intrínsecamente. – Se prueba. De lo primero bueno por esencia, cada cosa puede decirse buena por modo de asimilación. Luego cada cosa se dice buena por la bondad divina eficazmente, ejemplarmente y finalmente: mas formalmente, por semejanza de aquella. Luego. – El antecedente se infiere de lo premiso. La consecuencia, en cambio, con los términos ya conocidos, es clara de suyo.
VIII. Pero hay que señalar tres términos. El primero es lo por modo de cierta asimilación. En efecto, sucede de dos maneras que algo sea dicho tal por algo extrínseco. De un modo, de manera que la razón de la denominación sea la misma relación con lo extrínseco; como la orina se dice sana, solo por la relación de signo respecto a la salud. De otro modo, de manera que la razón de la denominación no sea la relación de semejanza, ni cualquier otra, sino la forma que es fundamento de la relación de semejanza hacia aquello extrínseco; como el aire se dice luminoso por la luz solar, en cuanto participa de ella mediante la forma de la luz. Y puesto que donde hay denominación del primer modo, allí hay denominación desde lo extrínseco pura; pero donde hay denominación del segundo modo, allí hay denominación desde lo extrínseco, mas no sola, pues es también desde lo intrínseco, como es patente; y así sucede en nuestro caso: por eso en el texto se dice que a partir del primero bueno por esencia, todas las cosas se dicen buenas por modo de asimilación. De ello se sigue inmediatamente tanto que por denominación extrínseca como intrínseca pueden ser dichas buenas.
El segundo es el como. Nótese que en el texto no se dice absolutamente que cada cosa puede ser dicha buena por la bondad divina mediante denominación extrínseca, sino que se añade el como por principio efectivo, etc. Pues, como ya se ha señalado, la denominación extrínseca es doble: una pura, y otra causal. La pura, ciertamente, es cuando la denominación se produce por la sola relación con la forma denominante; la causal, en cambio, cuando la participación del efecto de la causa extrínseca funda la denominación. Por lo cual, en el presente caso, puesto que cada cosa es dicha buena por la bondad divina extrínsecamente, no de cualquier modo, sino causalmente, por eso se dijo como por principio. – Y si considerares esto más atentamente, hallarás que es imposible que en los absolutos se produzca una denominación extrínseca pura, aunque sí pueda producirse una causal.
El tercero es el ejemplar. La causa ejemplar se distingue de la eficiente, y se coordina entre las formales, porque es como una forma extrínseca de la cosa. Se significa, pues, que Dios no solo hace la bondad de los otros, sino que la produce ejemplarmente a partir de la suya; lo cual no ocurre así cuando se dice que Dios hace un buey o un león, como es patente.