Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente
Claude Frassen (1620–1711)
Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.
Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)
Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)
Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)
Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt
Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)
Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)
Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi
Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae
Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina
Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria
Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit
Articulus II: De essentia theologiae
Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia
Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat
Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur
Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum
Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae
Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae
Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica
Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis
Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus
Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva
Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit
Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio
Tractatus I: De Deo in se subsistente
Disputatio I: De existentia et essentia Dei
Articulus I: De existentia Dei
Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere
Quaestio II: An Deum existere sit per se notum
Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere
Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere
Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum
Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei
Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri
Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant
Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens
Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae
Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis
Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei
Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi
Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia
Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones
Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant
Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione
Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa
Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur
Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis
Articulus I: De simplicitate divina
Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas
Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat
Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat
Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat
Articulus II: De infinitate Dei
Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum
Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat
Articulus III: De immensitate Dei
Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique
Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione
Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis
Dos cosas se proponen en la presente Cuestión para resolverse. La primera, si en verdad Dios está contenido dentro del ámbito de este universo, de modo que no exista fuera del mundo; la segunda, si, supuesto que se diga que existe fuera del mundo, pueda por ello decirse verdaderamente presente en el espacio que fingimos e imaginamos más allá de los cielos. Ahora bien, al resolver esta cuestión hay triple sentencia de los Autores. Pues algunos afirman que Dios está verdaderamente presente en los espacios imaginarios. Otros, yendo en sentido contrario, sostienen que Él está contenido dentro del ámbito del universo de tal modo que no debe decirse difuso y presente fuera del mundo. Otros, finalmente, tomando un camino intermedio, afirman que Dios no está verdaderamente presente en los espacios imaginarios, pero que puede decirse derramado fuera de los cielos y no constreñido dentro de los límites del mundo; la cual disputa, para que se dirima con mayor claridad
Nótese 1. No solo entre los Teólogos, sino también entre los antiguos Filósofos, hubo grandísima altercación acerca de la efusión de Dios fuera de los Cielos y de su presencia; pues, como refiere Eusebio, lib. 15. De praeparatione Evangelica, los pitagóricos y los estoicos afirmaban que sobre el Cielo había un cierto espacio vacío, que quisieron que fuese infinito; Aristóteles, en cambio, en el primer libro De Coelo, cap. 3., dice que ni cuerpo puede haber fuera del Cielo, ni lugar, ni vacío, ni tiempo. Platón, empero, en el Fedro introduce a Estesícoro narrando que sobre el Cielo hay una ciertísima región amenísima, cuya hermosura no puede explicarse con palabras: sentencia que Cleomedes impugnó; aunque el mismo afirma que fuera del mundo hay algún espacio vacío, no repleto de cuerpo alguno, sino totalmente inane, carente de cosas, y lo prueba con muchos argumentos, cuya investigación mira más a los Filósofos que a los Teólogos.
Nótese 2. Por espacios imaginarios no se entiende otra cosa que ciertos intervalos vacíos y vanos, que concebimos fuera de los Cielos a modo de lugar repleto por ningún cuerpo; casi del mismo modo en que fingimos que antes de la fabricación del mundo hubo cierta vastedad vana y vacua en el mismo espacio que ahora ocupa el mundo. Pero si Dios está verdaderamente en aquellos espacios ficticios por presencia verdadera y real, esto es lo que ha de resolverse aquí.
Nótese 3. Que Dios puede concebirse existiendo fuera del mundo, de dos maneras: a saber, o negativa o positivamente. En el primer modo se significa que Dios no se limita ni se estrecha dentro del ámbito del universo, por cuanto su infinita sustancia no es circunscrita por límites o términos alguno; en el segundo, en cambio, se designa que Dios esté positiva y del mismo modo difundido por los espacios imaginarios y ficticios fuera de los cielos, como por el universo mundo se difunde y está presente.
Conclusión primera. — Dios verdaderamente no está presente en los espacios imaginarios.
Así Doctor Subtilis in 1. dist. 37, cuestión única1; y con él comúnmente los demás Doctores Escolásticos, tanto antiguos como modernos.
Se prueba: Dios no puede decirse presente a la nada: mas los espacios imaginarios nada son: luego Dios no puede estar presente a ellos. La menor es evidente; pues, como habla Aristóteles en el libro 4. Physicorum cap. 2., Siempre lo que está en algún lugar, y ser ello algo, y otro algo fuera de ello: esto es el lugar en que algo está, debe ser verdaderamente real, y distinto de aquella cosa que contiene: de donde infiere en el cap. 5. Que el mundo no está en algún lugar, pues lo que está en algún lugar, siendo ello algo, conviene que sea otra cierta cosa en que está contenido: pero fuera del universo y del todo nada hay. Pruébase, pues, la menor: aquellos espacios fuera del mundo, o son reales, o enteramente ficticios; mas de ninguna manera pueden decirse reales: o en efecto serían independientes y no producidos por Dios, o producidos por Él desde la eternidad y antes de la creación del mundo; mas afirmar ambas cosas es herético: lo primero, en efecto, lo condena el Símbolo Niceno, afirmando que Dios es Creador y hacedor de todas las cosas visibles e invisibles; lo segundo, además, repugna al Concilio Lateranense, que afirma en el capítulo Firmiter que Dios creó todas las cosas en el tiempo, y así nada fue creado desde la eternidad: luego queda por inferir que aquellos espacios ilimitados, que se conciben fuera del mundo, son enteramente ficticios, ni Dios inhalla en ellos más que en la quimera y en el ciervo-cabra: mas nadie diría que Dios está verdadera y realmente presente a quimeras: luego tampoco a los espacios imaginarios. — Se confirma con la autoridad de los santos Padres, que enseñan unánimemente: que Dios antes de la fabricación del mundo no estaba en algún lugar, sino en sí mismo: así Tertuliano, en el libro contra Praxeam, cap. 5., Antes de todo, dice, era Dios solo, y para sí mismo el mundo, y el lugar, y todo. Asimismo S. Agustín, en el libro De Fide contra Manichaeos, se maravilla de su demencia, porque indagan dónde estaba Dios antes de que se hiciesen el Cielo y la Tierra. Responde en efecto que estaba en sí mismo: pero más abiertamente en el Ps. 12. Antes, dice, de que hiciese Dios el Cielo y la Tierra, ¿dónde habitaba? En sí habitaba, Dios junto a sí habitaba, y junto a sí está Dios: lo mismo Epist. 57. ¿Cómo, dice, en todas partes si en sí mismo? En todas partes, a saber, porque en ninguna parte está ausente: en sí mismo, empero, porque no es contenido por aquellas cosas en que está presente, como quien sin ellas no podría existir. A estos concuerda S. Bernardo, lib. 5. De Consideratione, cap. 6. No hay, dice, que busques más allá dónde estaba Dios: fuera de Él nada había, luego en sí mismo estaba; con las cuales palabras profiere también la razón de la aserción, a saber, que Dios no estuvo en parte alguna antes que el mundo fuese creado, porque evidentemente nada había. A todo esto convienen los antiguos Versículos siguientes que refiere Dionisio Cartujano sobre la primera dist. 37. cuestión 1.: Di dónde entonces estaría, cuando fuera de Él nada había? Allí donde ahora, en sí; puesto que a sí mismo basta. Mas esta existencia de Dios en sí misma ha de entenderse negativamente, no positivamente, como si Él se contuviera a modo de espacio; sino negativamente, de suerte que no haya algún lugar en que Dios inhale fuera del mundo; en aquel sentido en que los santos Padres dicen que Dios es causa de sí, no porque se haya producido a sí mismo, sino porque reconoce ningún productor de sí.
Dirás 1. Aquellos espacios imaginarios son alguna capacidad para recibir cualquier criatura que Dios puede producir fuera del mundo: mas tal capacidad verdaderamente existe, de lo contrario Dios no podría producir alguna criatura fuera del mundo: luego también Dios inhala en ella. — Distingo la mayor: Son capacidad real y realmente existente, niego: ficticia e imaginaria, concedo: pues si aquella capacidad fuese real, o sería algo positivo o negativo: si es algo negativo, ciertamente nada es, ni verdaderamente existe; pues las negaciones y privaciones meras, verdaderamente son no-ente, y decir que ellas existen en acto, es lo mismo que afirmar que el no-ente es, y que lo no existente existe. Si positivo, sería alguna criatura realmente existente, o posible; si lo primero, ya aquellos espacios no serían imaginarios, ni extra-universales, puesto que bajo el nombre de universo se significa la congregación de todas las criaturas; si lo segundo, cierto es que aquellos espacios nada son en acto, ni en cuanto posibles significan otra cosa que no-repugnancia a que Dios produzca algo a modo de lugar fuera del mundo; mas esta posibilidad y no-repugnancia nada importa de real de hecho, y así Dios no puede estarle realmente presente.
Dirás 2. La presencia actual fuera del mundo es posible a Dios: luego la tiene en acto. Pruébase el antecedente: Si fuese imposible, máxime o porque simpliciter repugna, o porque desdice a Dios. No lo primero, porque esta imposibilidad surgiría de que la presencia actual dijera orden esencialmente a espacio actual: mas esto es falso: tanto porque puede darse presencia actual en el vacío terminado v. g. en un salón, si estuviese vacío de aire, y algo se pusiese en su medio. No tampoco lo segundo, pues como la presencia actual en el mundo no desdice a Dios, así tampoco desdice la presencia actual fuera del mundo, si es posible. — Niego el antecedente: A cuya prueba digo que repugna a Dios la presencia fuera del mundo, precisamente, porque fuera del mundo nada hay a quien Dios pueda estar presente; implica, en efecto, que se dé presencia actual de una cosa a otra, sea la presencia algo absoluto o algo respectivo, si no hubiese la otra cosa a que la otra pueda estar presente. A la confirmación digo que no puede darse presencia en el vacío terminado que termine al mismo vacío; aunque quizá pueda darse presencia de alguna cosa por respecto a la circunferencia y partes del mismo salón en que habría el vacío; de suerte que sería verdadero decir que tal cosa está en este salón, mas no en otra parte.
Dirás 3. Eso tiene Dios por razón de su inmensidad y cantidad de virtud, y de mole, que tendría un cuerpo infinito, si se diese, por razón de su cantidad de mole: mas si se diese un cuerpo infinito, tanta sería su cantidad de mole, que de hecho, no solo por el universo mundo se difundiría, sino que también por los espacios imaginarios se extendería; pues si se constriñese dentro de los cancellos del universo, no sería de extensión infinita: luego también tanta es la cantidad de virtud en Dios, que de hecho por todos los espacios imaginarios se difunde sustancialmente. — Distingo la mayor: Eso tiene Dios por razón de cantidad de mole, que tendría un cuerpo infinito por razón de su cantidad de mole, comportándose del mismo modo, en orden al lugar, niego: comportándose de diverso modo, concedo la mayor: pues el cuerpo infinito así se difundiría por el universo, que excluiría a cualesquiera otros cuerpos por su impenetrabilidad; mas Dios, aunque penetra todas las partes del universo, sin embargo a ninguna aparta del lugar ni excluye. Similmente distingo la menor: El cuerpo infinito fuera del universo se difundiría, positivamente, como si tuviese presencia real y verdadera a los espacios imaginarios, niego: negativamente, de suerte que por razón de su infinitud no quedaría tan contenido dentro del mundo que a otro mundo, si se crease, no pudiese también extenderse, concedo. Lo mismo ha de decirse de Dios, y por consiguiente la consecuencia ha de negarse.
Dirás 4. — De nuestra sentencia se siguen varios absurdos y repugnantes a Dios: luego no ha de admitirse. Primero, en efecto, se sigue que Dios puede mudarse: puede, en efecto, producir fuera de este mundo algún cuerpo, y hacerse presente a él: mas si no estuviese en acto en el espacio imaginario en que tal cuerpo se produjese, Dios adquiriría nueva presencia, y comenzaría a estar presente donde antes no estaba: luego verdaderamente se mudaría. Segundo, se seguiría que Dios podría estar como dividido de sí: en efecto, si en los espacios imaginarios produjese dos cuerpos entre sí distantes, entonces o Dios según la sustancia estaría en el medio de aquellos cuerpos, o no; si lo primero, se tiene el intento, porque tal medio, en que estaría, no es real, sino imaginario; si lo segundo, la divina sustancia estaría dividida de sí, y como discontinua, puesto que estaría en aquellos dos cuerpos, mas no estaría en el medio. Tercero, se seguiría que Dios puede moverse per accidens: moverse per accidens, en efecto, no es otra cosa que moverse al movimiento de otro, como el marinero se mueve al movimiento de la nave: mas Dios podría moverse al movimiento de otro; luego podría moverse per accidens. Pruébase la menor: Si Dios produjese algún cuerpo en los espacios imaginarios, tal cuerpo podría moverse en orden al mundo, y el mundo podría moverse a aquel cuerpo: luego, puesto que Dios estaría presente a ambos, también con cualquiera de ellos se movería per accidens, como el alma se mueve per accidens al movimiento del cuerpo, y el cuerpo de Cristo se mueve al movimiento de las especies.
Respondo a la primera. — negando la consecuencia: pues así como Dios no es dicho mudado cuando produjo el mundo y tuvo hacia él una presencia nueva, tampoco se mudaría si de nuevo produjera algún cuerpo en los espacios imaginarios, y se hiciese presente a él; pues toda esta mutación habría de recaer sobre el mismo efecto, no sobre Dios, ya que, permaneciendo en sí mismo, como dice el Sabio cap. 7, renueva todas las cosas.
Ad secundum. — niego la consecuencia: pues si Dios produjese dos cuerpos en un espacio imaginario distantes entre sí, no estaría en acto sino tan sólo en virtud en el espacio que se fingiera interpuesto entre aquellos dos cuerpos; ni por ello sería dicha su sustancia distinta, ni discontinuada, tanto porque realmente no habría medio alguno real entre cada una de sus presencias, sino tan sólo ficticio, cuanto porque, como Dios se hace presente a las cosas, no le adviene a él, sino que hace a éstas presentes a sí educiéndolas de la nada, como atrayéndolas dentro de la vastedad y seno de su inmensidad, y de este modo uniéndose a ellas, por así decirlo, y haciéndolas presentes, no de otra manera que el mar atrae hacia sí todos los ríos y recibe en su seno los mismos; o bien como una esponja en el vastísimo Océano, tal como lo notó excelentemente S. Agustín 1. Confessionum cap. 5.
Te concebía, Señor, decía, rodeándome por todas partes y penetrándome, pero infinito en todo lugar, como si el mar estuviese en todas partes, y por todo lo inmenso e infinito hubiera un solo mar, y tuviese dentro de sí una esponja por grande que fuese, mas finita sin embargo; llena estaría la esponja por todas partes, en toda su parte, del mar inmenso: así pensaba que tú, infinito, llenabas a la criatura finita.
Ad tertium. — niego igualmente la consecuencia: ciertamente, para que algo sea dicho moverse per accidens al movimiento de otro, se requieren dos cosas: primero, que esté circumscriptiva o al menos definitivamente en el cuerpo que se mueve, de modo que no esté en otro del cual es movido; segundo, que al movimiento de uno varíe la distancia que antes tenía respecto del otro. Pero ambas condiciones faltarían en Dios, pues estaría presente a ambos cuerpos, ni sería menos distante mientras un cuerpo se aproximara a otro.
Dirás en último lugar. — Dios puede constituir algún cuerpo más allá del último y supremo cielo, de modo que tenga los pies puestos sobre la esfera de aquel último cielo, mientras las demás partes del cuerpo quedan extendidas y erguidas hacia fuera, o asistentes, como de hecho parece insinuar el Apóstol haber sido elevado el cuerpo de Cristo Señor: dice en efecto a los Efesios, cap. 4: Qui descendit ipse est et qui ascendit super omnes coelos; pero en ese caso aquel cuerpo tendría muchas de sus partes en espacios imaginarios, puesto que sobre la última y suprema esfera no se da otro espacio real, sino tan sólo ficticio. Luego aquel cuerpo, y mucho más Dios, puede estar en espacio imaginario.
Distingo la menor. — Que aquel cuerpo tendría muchas partes presentes en espacio imaginario por presencia verdadera y real, lo niego; por negativa y ficticia, lo concedo. Pues como, según se supone, aquel espacio nada es, tampoco ningún cuerpo, ni ente real alguno puede hacerse presente a él verdadera y realmente.
Conclusio secunda. — Dios está realmente fuera del mundo, no ciertamente positivamente, sino negativamente.
Se prueba la primera parte. — no sólo por la Sagrada Escritura, Job 22: Nonne cogitas, quod Deus excelsior coelo sit, et supra stellarum verticem sublimetur? Y 3 Reyes, cap. 8: Quem coeli coelorum capere non possunt. Lo mismo colegió Cayetano de aquellas palabras de Cristo, Juan 12: Ego lux veni in mundum, esto es, dentro de la universalidad de las criaturas, fuera de la cual antes estaba según la Divinidad. Por semejante razón otros prueban de aquello de Hebreos 1: Cum iterum introduxisset primogenitum in orbem terrarum, como si dijese que antes había estado fuera del orbe de la tierra.
Lo prueban también los santos Padres. Pues S. Dionisio, cap. 9 De Divinis Nominibus: «Dios, dice, extrínsecamente sobre toda magnitud se derrama y sobreexpande.» S. Gregorio Nacianceno, Apologia prima: «Dios está en el universo, y sobre el universo.» Hilario, lib. 1 De Trinit.: «Dios está en el mundo más interior, excede exteriormente.» Agustín, sermón primero De verbis Apostoli: «¿Quién es el Dios omnipotente? ¿qué sino inestimable, inefable, incomprehensible, sobre todas las cosas, extra a todas, más allá de todas?» Y S. Dámaso, Opúsculo 6 De Divina Omnipotentia: «Él, dice, permanece dentro de todas las cosas, él sobre todas, él debajo de todas. Es superior por potencia, e inferior por sustentación, y exterior por magnitud, e interior por sutileza.» — Aténagoras, Oración por los cristianos: «Dios es ingénito, y todas las cosas son suyas; mas al mundo sobresale de tal modo que lo llena por doquier, cualquiera cosa que haya sobre él, sin dejar lugar alguno, sino vacío.» S. Greg., lib. 2 Mor., cap. 12.
Él permanece dentro de todas las cosas y fuera de todas; él sobre todas y debajo de todas; superior por potencia, inferior por sustentación, exterior por magnitud, interior por sutileza; arriba rigiendo, abajo conteniendo, fuera circundando, adentro penetrando; no superior por una parte, inferior por otra, ni exterior por alguna parte, interior por otra; sino uno y el mismo, todo en todas partes presidiendo sustentando, y sustentando presidiendo, circundando penetrando, penetrando circundando.
S. Isidoro lib. 1 De summo bono, cap. 2: «La inmensidad de la divina magnitud es tal, que entendamos que está dentro de todas las cosas, pero no encerrado, fuera de todas, pero no excluido; y así es más íntimo para que contenga todas las cosas», «el mismo más exterior para que, con la majestad incircunscripta de su grandeza, concluya todas las cosas.» Por aquello, pues, que es exterior, se muestra ser creador; por aquello que es interior, se demuestra regir todas las cosas. — Este argumento urge de manera admirable Guillermo de París, libro De Universo, sección 2, parte 2, cap. 68, donde, habiendo reprendido a aquellos que piensan que Dios está circunscrito y terminado por los términos del mundo, añade:
Pero los sabios, y en especial los Doctores de la nación de los cristianos, dicen más bien que debe afirmarse que el mundo está en el Creador, antes que el Creador en el mundo, y que el Creador contiene al mundo, antes que el Creador sea contenido por el mundo. Y, en cuanto a que dicen que el Creador no tiene nada suyo fuera del mundo, no parecen decir la verdad, pues fuera de cada una de las partes del mundo se tiene a sí mismo entero. En efecto, no puede señalarse ninguna parte del cielo fuera de la cual el Creador no se tenga entero. Pues así como está en una parte del cielo, así también está en cualquier otra, etc.
Segunda parte. — queda suficientemente demostrada por la conclusión precedente; puesto que Dios no está positivamente presente en los espacios imaginarios, se sigue que Él sólo está negativamente fuera de los cielos.
Pregunta 1. — si la Inmensidad conviene sólo a Dios. Todos los Doctores lo afirman, ya que no puede haber criatura alguna que exija por su naturaleza, y tenga la fuerza de, hacerse presente en todas partes; pues aunque alguna criatura pudiera ser hecha por la omnipotencia divina presente, mediante la réplica de su presencia, en infinitos lugares, si éstos se dieran, con todo ella no sería tenida por inmensa por eso, porque no exigiría esta ubicuidad de su naturaleza, ni por su virtud innata, del modo como Dios exige aquella ubicuidad por su naturaleza inmensa e ilimitada.
Pregunta 2. — si la Inmensidad es alguna perfección especial de Dios. Afirmando lo contra Smisingo, Tractatus 2. d. 2. n. 1., donde estima que la inmensidad de Dios nace de su infinidad e inmutabilidad, y no discrepa de ellas; cuyo contrario pruebo así: Aquella perfección es distinta de las otras que tiene un efecto diverso de ellas: pero constituir a Dios presente, cuanto a su sustancia, es un efecto formalmente distinto de las demás perfecciones de Dios: luego procede de alguna perfección especial. La mayor consta; la menor se prueba: Si la presencia sustancial de Dios en las cosas procede de alguna otra perfección, máximamente de la infinidad, como el mismo Smisingo confiesa; pero no procede de la infinidad. Pruebo: O bien procedería de la infinidad de los atributos, o bien de la infinidad de la esencia. No de la primera: aunque Dios sea concebido infinitamente sabio, v. gr., bueno, justo, etc., no por ello es concebido presente en todas partes. Tampoco de la segunda: tanto porque la infinitud de la esencia divina nada otro significa ni importa, sino que los predicados competentes a la esencia divina, y que la constituyen, no tienen término ni limitación alguno en la perfección esencial; pero esto no hace a Dios formalmente presente en todas partes: tanto porque si esta presencia procediera de la infinitud de la esencia, máximamente porque, dice Smisingo, que Dios esté presente a las cosas no es otra cosa sino que Él es indistante de ellas, y su presencia no importa otra cosa sino una simple indistancia de las cosas, y consecuentemente nada dice positivo, y es tan sólo una negación, que por ende no infiere perfección especial; pero esto es falso: tanto porque nuestra presencia es algo positivo, ya que es relación adventicia desde fuera: luego también Dios está presente mediante algo positivo, no ciertamente sobreañadido, sino intrínseco a sí mismo: tanto porque una negación especial fundada en repugnancia con el opuesto se sigue necesariamente de algún positivo especial; pues la negación opuesta a la sabiduría, v. gr., compete formalmente a la Esencia divina, porque la Esencia divina es; sino por razón de la sabiduría opuesta a esa negación, la cual negación ciertamente tendría la Esencia divina si no tuviera la sabiduría; pero la distancia, opuesta a la indistancia, no es predicado inmediatamente opuesto por sí formalmente a predicado alguno de la Esencia divina: luego la indistancia y la ubicuidad convienen a Dios precisamente no por razón de la Esencia divina inmediatamente, sino mediante alguna especial perfección divina, que se expresa con el nombre de inmensidad: luego debe ser una perfección especial.
Pregunta 3. — si la presencia de Dios en las cosas es divisible.
Respondo 1. — Que la Presencia virtual, o la fuerza que tiene Dios de estar en todas partes en razón de su infinita e inmensa sustancia, es indivisible; puesto que la Esencia divina es absolutamente simple y espiritual, y no tiene partes ninguna, no puede estar en un lugar divisiblemente, esto es, de aquel modo por el cual los cuerpos tienen algunas de sus partes arriba, otras abajo, otras a la derecha, otras a la izquierda: de donde Isidoro de Sevilla lib. 1. De summo bono, cap. 2.
No parcialmente, dice, llena Dios todas las cosas, ni debe pensarse de modo alguno que Dios está en todas, de suerte que cada cosa lo abarque según la magnitud de su posición, esto es, la mayor más, la menor menos, siendo más bien Él mismo todo entero en todas las cosas, o todas las cosas en Él.
— Concuerda con él S. Dámaso, lib. 1. cap. 14: Debe saberse, dice, que el Divino Númen no tiene partes, y que está todo entero en todas partes, no parte en parte, de modo que se divida a manera de los cuerpos, sino todo entero en todas las cosas, y sobre todo entero. De donde S. Ambrosio lib. De dignitate hominis, cap. 2. constituye la imagen de Dios, con la que está adornada el alma racional, en esto: que así como Dios uno siempre en todas partes todo entero vivifica, mueve y gobierna todas las cosas, como confirma el Apóstol, que en Él vivimos, nos movemos y somos, así el alma en su cuerpo en todas partes toda entera vige, vivificándolo, moviéndolo y gobernándolo. Ni en mayores miembros del cuerpo es mayor, ni en menores menor, sino en los mínimos toda, y en los máximos toda.
Respondo 2. — Que la Presencia actual de Dios es tantas veces múltiple cuantas son las cosas en que Dios inexiste: pues esta inexistencia no es algo real positivo en Dios, sino que es o negación de distancia, o respeto de razón fundado en que las cosas existen dentro del seno de la Divinidad, y de ella están absolutamente indistantes. De donde, como los respetos se multiplican según la multitud de los términos, y las cosas creadas son variadas, respecto de las cuales la sustancia divina es indistante, y respecto de las cuales se concibe que tiene un respeto de razón resultante de la ficción del entendimiento humano, se sigue que hay tantas presencias divinas actuales cuantos tales respetos e indistancias pueden concebirse y fingirse; mas éstas pueden fingirse tantas cuantas son de hecho las criaturas en las cuales Dios inexiste: luego la presencia divina actual es múltiple y divisible.
Por todo esto se manifiesta cómo, en razón de la Inmensidad, se dice que Dios está en todas partes, y que es ilocal e incircunscrito. Se dice que está en todas partes, porque está sustancialmente presente en todo lugar, en todo espacio y en toda absolutamente cosa existente, de modo que no haya cosa alguna, por vil y pequeña que sea, dentro de la cual Dios no esté presente según su esencia. Se dice ilocal, porque no puede ser encerrado en lugar o espacio alguno; por mucho que se piense un espacio máximo, Él lo excede absolutamente. Finalmente se dice incircunscrito, porque no puede ser contenido por circunferencia de lugar alguna. De aquí que san Atanasio, en el rescripto a Liberio, diga que Dios es incomprehensible al lugar, y S. Dámaso lib. 1. De Fide, cap. 16. afirma que Dios es incircunscrito, y no está en el lugar, sino que Él mismo es lugar para sí, puesto que sin duda no es circunscrito ni encerrado por lugar alguno.