Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen

Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen (1620–1711)

Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.


Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)

Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)

Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)

Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt

Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)

Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)

Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi

Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae

Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina

Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria

Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit

Articulus II: De essentia theologiae

Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia

Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat

Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur

Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum

Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae

Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae

Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica

Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis

Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus

Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva

Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit

Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio

Tractatus I: De Deo in se subsistente

Disputatio I: De existentia et essentia Dei

Articulus I: De existentia Dei

Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere

Quaestio II: An Deum existere sit per se notum

Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere

Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere

Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum

Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei

Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri

Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant

Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens

Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae

Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis

Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei

Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi

Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia

Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones

Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant

Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione

Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa

Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur

Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis

Articulus I: De simplicitate divina

Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas

Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat

Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat

Como en los apartados anteriores ya hemos señalado que la composición metafísica se realiza de cuatro modos, y que ya basta y sobra lo dicho sobre la distinción formal de los atributos —pues las perfecciones divinas, sean atributales o modificantes, no producen composición alguna en Dios de hecho—, aquí solo queda por resolver si en Dios puede detectarse alguna composición de género y diferencia, y de la Esencia Divina y los supuestos divinos; para que esto se manifieste con mayor evidencia

Nótese 1. Que los grados del género y de la diferencia pueden concebirse de dos maneras. Primero, en cuanto que se distinguen formalmente entre sí de hecho por la naturaleza de la cosa, como prueban todos los escotistas con el Doctor, en 2 dist. 3, quaest. 1, y en otros lugares. Por esta razón se llama grado genérico al que, siendo común a diversas especies e indiferente respecto de ellas, se considera como determinable en potencia a aquellas mediante algún otro grado, llamado diferencia, porque por ella la cosa se constituye y se distingue de cualquier otra. Así, por ejemplo, el principio y la facultad sensitiva se dice concepto genérico común al hombre y al bruto, y ha de determinarse a cada uno mediante otros conceptos expresados con los nombres de racional e irracional. Segundo, en cuanto que ambos grados pueden concebirse como diversos casi solo por la razón, de modo que de parte de la cosa no haya en ella tal distinción de conceptos, sino solo ocasión y fundamento de distinción, por el cual nuestro entendimiento, por su fecundidad natural, efectúa esta distinción y percibe aquellos grados como distintos, aunque en realidad no se distingan de parte de la cosa.

Nótese 2. Que este doble grado puede tomarse o categorialmente o trascendentalmente. Del primer modo, el grado genérico es aquel que, en la línea predicamental de la sustancia o de los accidentes, prescinde de sus especies subjetivas, y es determinado a ellas por diferencias verdaderas y perfectas, divisoras y contractivas del género, y constitutivas y distintivas de la especie; del segundo modo, sin embargo, debe llamarse grado genérico aquel que, prescindiendo de todo ente predicamental, es percibido a modo de cierto concepto común, unívocamente conveniente a Dios y a las criaturas, y determinado a cada uno, sea por diferencias esenciales verdaderas, sea por modos intrínsecos que hacen veces de diferencias. Del primer modo, este doble grado debe extraerse de alguna realidad conocida distintamente por las operaciones o propiedades de la cosa; v. gr., el grado genérico en el hombre se extrae de la facultad sensitiva, que por las sensaciones aparece común al hombre y al bruto; pero el grado diferencial se extrae de la facultad discursiva, propia solo del hombre entre los seres animados; y así este doble grado debe conocerse distintamente, pues sirve para formar la distinción de la cosa, que debe explicar su esencia distintamente por género y diferencia categórica. De otro modo sucede con el género y la diferencia trascendentales, los cuales abren la naturaleza de la cosa no distintamente y por notas realidades, sino confusamente y por conceptos trascendentes. Pero si de alguno de estos dos modos convienen a Dios el grado diferencial y el genérico, eso es lo que aquí hay que resolver.

Conclusión primera. — Dios realmente no se compone de grados de género y diferencia categoriales; mas no es improbable que conste de género y diferencia trascendental. Esta Conclusión tiene dos partes, de las cuales la primera defiende abiertamente el Doctor en 1 dist. 8, q. 3, n. 16, etc.

Se prueba 1. Por las autoridades de los Santos Padres, que sostienen que Dios de ningún modo queda incluido en los predicamentos. Así, ante todos, san Anselmo in Monologion, cap. 26., donde dice: La sustancia divina no queda incluida en tratado común alguno de las sustancias, y toda naturaleza queda excluida de su comunión esencial. — Lo mismo afirma san Bernardo, o quienquiera que sea el autor del libro De vita solitaria, donde, hacia el final, hablando de Dios, dice: Ella misma es la suma sustancia, no sometida a los predicamentos, sino principio causal subsistente de todas las cosas. Similarmente, san Agustín, en el libro De Cognitione verae vitae, cap. 3, dice: Dios queda incluido en los predicamentos toda condición humana, y de todos ellos queda excluido por evidente razón la propiedad de la suma Esencia; de donde concluye merecidamente Evagrio, citado por Sócrates, lib. 3, cap. 7.: Que toda proposición contiene lo que se predica, o el género, o la especie, o la diferencia, o lo propio, o el accidente, o aquello que de ellos se compone; pero nada semejante puede hallarse en la santísima Trinidad.

Se prueba esta misma verdad con la razón del Doctor en el lugar citado. El grado genérico categórico se pide desde una realidad determinable y contrahible, y el diferencial desde una realidad determinativa y contractiva: pero estas realidades distintas no pueden hallarse en Dios: luego tampoco en él debe encontrarse el grado genérico y el diferencial categoriales.

La mayor se ve a simple vista en la propia línea predicamental, tanto de la sustancia como de los accidentes, en la cual línea es cierto que el grado genérico es aquella realidad que parece común a diversas especies, a las cuales es determinado por grados propios y especiales de las mismas; así la sustancia es determinada y contraída a cuerpo por la materialidad, y al espíritu por la inmaterialidad.

La menor se prueba: toda realidad y formalidad que en Dios deba distinguirse es formalmente, o al menos realmente, infinita; pero la formalidad o realidad infinita no es determinable ni contrahible por formalidad o realidad. Se prueba: Todo aquello que es contraído y determinado por otra cosa, también por ella es actuado y perfeccionado; pero la formalidad o realidad infinita no puede ser actuada ni perfeccionada por nada: luego tampoco ser determinada y contraída, ni por consiguiente tener razón de género. La mayor se ve: pues la materia, que es determinada por la forma, también por ella es actuada y perfeccionada. Lo mismo debe decirse del género, que es contraído y perfeccionado, y ennoblecido por la diferencia. La menor igualmente consta: pues aquello se dice infinito que tiene en sí y de sí todas las perfecciones a sí composibles; en efecto, si le faltara alguna perfección, ya no obtendría la razón de infinito; pero el concepto genérico de sí y en sí no induce el concepto de diferencia por la cual es contraído, de lo contrario la diferencia, v. gr. racional, sería superflua para la constitución del hombre, puesto que el hombre por el grado de animal ya sería racional; o se seguiría que es dos veces racional; una vez ciertamente por animal, que contendría de sí lo racional, y otra vez por el grado mismo de racional, que se le añadiría a modo de diferencia; y por consiguiente, como toda realidad o formalidad que está en Dios es infinita, de ella no puede extraerse un concepto genérico distinto que sea verdaderamente categórico. Y así Dios no puede constituirse de grado genérico y diferencial categórico, ni consecuentemente componerse de género y diferencia predicamental.

Se confirma. Es imposible que la esencia simplemente infinita conste, en el género del ente, de género y diferencia categoriales; pero la Esencia divina es simplemente infinita en el género del ente: luego no puede constar de género y diferencia categoriales. La menor consta. La mayor se prueba: Lo que es infinito en algún orden no puede constar de partes finitas en el mismo orden; pero el género y la diferencia categoriales son algo finito y limitado en la razón de ente: luego la Esencia infinita no puede constar de género y diferencia. La mayor es evidente, porque de razones finitas nada más que finito puede hacerse. La menor se prueba: el género y la diferencia son partes metafísicas distintas entre sí, que se excluyen mutuamente de su concepto; pues el género no incluye la diferencia en su concepto, sino que la excluye; mas repugna que dos partes, de las cuales una no incluye a la otra, sean infinitas; en efecto, lo infinito identifica consigo todo aquello que le es componible; el ente infinito se identifica consigo toda perfección del ente; y una línea infinita, si la hubiera, se identificaría consigo cualquier longitud: luego igualmente la realidad infinita debe identificarse toda realidad a sí componible: luego como el género no puede identificarse la diferencia a sí componible en la misma especie, antes bien la excluye de su concepto, se sigue que ninguno de los dos puede ser infinito.

Otras razones que prueban esta misma verdad las omito, por cuanto las hemos examinado en nuestra Lógica, Disputación de la Sustancia predicamental, quaest. 1, concl. 2.

Dirás. Los Santos Padres indican que ciertos predicamentos se encuentran en Dios y se afirman de él verdaderamente. Así san Agustín, en el lib. 5 De Trinitate, caps. 7, 8, 10 y 11, enseña que convienen propiamente a Dios los predicamentos de Sustancia, Relación y Acción; pero los de Cualidad, Cantidad, Situación y Hábito solo impropiamente. Similarmente san Dámaso, en el Elementario, cap. 7, dice: Son especies de la sustancia del género sumísimo y primerísimo, primeramente aquello que carece de cuerpo, y el cuerpo inanimado: es decir, el género de sustancia predicamental se distribuye en sustancia espiritual y corpórea; añade después: La Esencia desprovista de cuerpo comprende a Dios, al Ángel, al Alma, al Demonio. Finalmente Boecio, lib. 1 De Trinitate, dice que solo permanecen en lo divino dos predicamentos, a saber, Sustancia y Relación. Luego sostienen estos Padres que en Dios se encuentra verdaderamente el género categórico, tanto de la Sustancia como de la Relación.

Niego la consecuencia. Pues los Santos Padres solo quieren que el concepto confuso de sustancia y relación pueda acomodarse a Dios más que otros conceptos predicamentales, que del todo desdoran a Dios; de modo que, partiendo de la razón de sustancia y relación increada y creada, pueda prescindirse de algún concepto, al menos confuso, que no se atribuya a Dios propiamente, sino genéricamente por metáfora. Así explica el Doctor Sutil a san Dámaso y a Boecio, y lo recoge de las palabras de Dámaso, que dicen en el c. 8 del Elementario: La sustancia que contiene supersustancialmente a la Deidad increada, pero cognoscitiva y comprensivamente toda criatura, es el género generalísimo. Es decir, dice el Doctor, la sustancia predicamental contiene bajo sí formalmente a la Deidad, así como contiene a la criatura, ni de ambas se predica genéricamente de modo semejante; sino supersustancialmente, esto es, en cuanto el concepto de sustancia acomodado a Dios excluye toda imperfección y limitación que se encuentra en el concepto genérico predicamental.

Lo mismo se colige del propio Boecio, l. 1. De Trinitate, cap. 6., donde, después de haber enumerado los diez predicamentos en que el ente se distribuye genéricamente, añade:

Pero cuando alguien convierta estas cosas a la predicación divina, todo cuanto puede predicarse cambia; y algo, en cambio, no puede predicarse en modo alguno. Pues la sustancia en Él no es verdaderamente sustancia, sino superesencial. Igualmente la cualidad y las demás categorías. Para que el entendimiento de esto sea más amplio, deben ponerse ejemplos. Cuando decimos Dios, ciertamente parece que significamos una sustancia, pero una que está sobre la sustancia. Y cuando decimos justo, ciertamente una cualidad, pero no accidental, sino aquella que pertenece a la sustancia; sino sobre la sustancia.

De donde concluye el Doctor que todos los predicados comunes a Dios y a las criaturas son predicados trascendentales, y prescinden de todos los predicados categóricos, los cuales son finitos y limitados.

La Segunda Parte queda probada por nuestra Metafísica, q. 3. sect. 2., donde mostramos que no es improbable que la razón de Ente, que el Doctor Sutil sostiene ser unívoca respecto de Dios y de las criaturas, tenga igualmente razón de género trascendental; pues Dios conviene con la criatura en el ente, pero difiere de ella esencialmente por la infinitud.

Dirás. Los SS. Padres enseñan que toda razón de género y de diferencia debe excluirse de Dios: luego tampoco puede admitir la razón de género y de diferencia trascendental. Es evidente el antecedente: pues S. Clemente de Alejandría, l. 8. Stromata, dice que Dios no es género, ni diferencia, ni especie, ni número, etc. Y S. Cirilo de Alejandría, lib. 55. Thesaurus, cap. 5., dice que Dios tiene diferencia esencial, por ser simplicísimo; mas la diferencia solo se halla en los compuestos: luego, etc.

Respondo. Que los mencionados Padres y cuantos otros insinúan lo mismo deben entenderse del género y la diferencia predicamentales, los cuales, como importan limitación y composición de realidades, deben apartarse lejos de Dios; pero no del género y la diferencia trascendentales, que no importan ninguna realidad, sino solo diversidad de conceptos, cosa que Rustico Diácono advierte con toda claridad en su Diálogo contra los Acéfalos, cuando al hereje que le objetaba que la Divinidad y la Humanidad tienen un género único y supremo; pues la Substancia es género generalísimo de la divinidad y de la humanidad, que subsiste por sí misma: así responde:

El Ser subsistente por sí, cuando se dice de Dios, significa que para existir no necesita de otro alguno; mas cuando se dice de las criaturas, de ningún modo; pues su ser lo recibieron del Creador. ... Por tanto, aunque el nombre de sustancia es uno, sin embargo no hay una sola realidad: luego no hay un género común de sustancia para la Deidad y la carne, sino solamente un nombre común; mas esto no es un género.

Insistirás. La razón de génerocategórico no puede hallarse en Dios: luego tampoco la trascendental. El antecedente consta por lo dicho. La consecuencia se prueba: Por eso el género categórico no se halla en Dios porque, siendo infinito todo cuanto hay en Él, nada en Él puede tener razón de parte; pues todo entero es mayor que su parte; mas del infinito nada es mayor; pero cualquier género, sea categórico sea trascendental, tiene necesariamente razón de parte, puesto que junto con la diferencia concurre a constituir la esencia. Luego, por la misma razón que el género categórico debe excluirse de Dios, también debe eliminarse el trascendental.

Niego la consecuencia. Y a la mayor prueba de ella digo que no repugna que lo infinito tenga razón de parte, no a modo de realidad, sino a modo de formalidad, la cual no dice adecuadamente toda la esencia de la cosa formalmente; pues es cierto que en el mismo Dios se distingue formalmente la razón de sustancia infinita de la razón de sustancia espiritual infinita. Añade que, si bien los atributos divinos son infinitos, sin embargo parecen tener razón de parte respecto de la misma Esencia Divina: puesto que de ellos y de la esencia divina Dios entero se constituye y como se integra.

— Mas a lo que se dice, que del infinito nada es mayor, respondo: del infinito nada es mayor, realiter, concedo; formaliter, niego. Puede suceder, en efecto, que algo sea mayor que un infinito formalmente, si, siendo ya de suyo una formalidad infinitamente perfecta, tiene añadida otra formalidad también infinitamente perfecta y realiter identificada consigo: así la Esencia divina, p. ej., que de suyo es infinitamente perfecta, prescindiendo de los atributos, puede decirse más perfecta cuando se concibe junto con los mismos atributos también infinitamente perfectos: luego, aunque nada en Dios pueda tener razón de parte a modo de realidad, de donde se tome la razón del género categórico, no obstante no repugna que en Él algo tenga razón de parte a modo de formalidad, de la cual se tome la razón del género trascendental.

Conclusión segunda. — Las Personalidades divinas, aunque formalmente distintas de la Esencia, sin embargo con Ella no hacen verdadera composición alguna. Esta conclusión queda sobrada y ampliamente probada por lo que hemos dicho acerca de los atributos divinos, los cuales, si bien discrepan formalmente de la Esencia divina, demostramos, sin embargo, que con ella no hacen composición alguna. Con todo, la pruebo ulteriormente:

Primeramente, desde la sumísima identidad de Dios: Toda verdadera composición debe hacerse de dos realidades; pero la Personalidad y la Esencia divinas no son dos realidades: luego no hacen composición alguna. La mayor es evidente por el 2. Notable. La menor se prueba por S. Bernardo, lib. 5. De Consideratione ad Eugenium, cap. 8.: Las propiedades de las Personas, dice, no son otra cosa que las Personas, y éstas no son otra cosa que un solo Dios, una sola Substancia divina, una sola Naturaleza divina, una sola divina y sumísima majestad, confiesa la Fe Católica. Lo mismo dice Eulogio Alejandrino, citado por Focio, pag. 457.: Afirmar, dice, algunos que la Hipóstasis es una compleción de la substancia y de las propiedades, lo que claramente parece introducir composición. ¿Y dónde está aquella Divinidad simple en la Trinidad y exenta de composición? Sin duda, si la Personalidad se distingue de la Esencia como realidad de realidad. Esta misma sumísima identidad de la Esencia divina con las Personas indica con palabras expresas S. Cirilo de Alejandría, lib. 10. Tes.:

Como la naturaleza de la Deidad no es compuesta sino simple —dice—, nunca se distinguiría en dos Personas, la del Padre y la del Hijo, por la mera consideración de ellas, si no se hallara cierta diferencia; no según la Esencia, sino según la Relación y como entendida extrínsecamente, es decir, fuera de la Esencia; mediante la cual cada una de ambas Personas queda constituida en su propia hipóstasis, y se contrae a la unidad de la Deidad por razón de su identidad natural, de modo que no haya confusión ni como mezcla alguna del Padre y del Hijo

por las cuales indica claramente que entre las Personas Divinas no media composición alguna, ni tampoco entre éstas y la Esencia Divina, dada evidentemente su suma identidad esencial.

Se prueba la 2. Conclusión por la suma Actualidad de Dios: toda verdadera composición debe hacerse a partir de dos realidades o formalidades, de las cuales una tenga razón de acto y la otra razón de potencia determinable: Dios no puede tener razón de potencia; luego tampoco puede admitir composición. Esto basta y sobra por lo que hemos dicho, tanto al demostrar la Existencia de Dios con el argumento tomado del ente necesario y en acto, como al probar la distinción formal de los atributos respecto de la Esencia Divina.

Dirás. Donde hay unión hay composición; pero entre las Personalidades divinas y la esencia hay unión; luego también composición. La menor la prueban los Santos Padres, los cuales afirman que tanto la naturaleza divina se une con las Personas como las Personas entre sí. Así S. Atanasio, lib. Contra Sabellianos: La Trinidad, existente verdaderamente, está unida sin que nadie la interrumpa, dice. Y S. Gregorio Nacianceno, Oración 23.: Se adora la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, cuya admirable división y admirable unión son, dice. Asimismo S. Agustín, Sermón 189. de tempore, afirma que las tres Personas se dividen por sus propiedades, pero se asocian por su naturaleza.

Respondo 1. Puede negarse la mayor, pues la unión no siempre infiere composición; ya que los entes completos, por ejemplo las piedras, se unen mutuamente en una casa con unidad de agregación, y sin embargo por ello no se componen; la composición, en efecto, es la unión de aquellos entes de los cuales uno tiene razón de acto y otro razón de potencia.

Respondo 2. negando la menor; y respecto de los Santos Padres digo que ellos, al hablar con estos u otros modos semejantes, no pretenden que medie alguna unión perfecta, ni entre las Personas mismas, ni de éstas con la Esencia Divina, sino solamente una perfecta unidad esencial; y que dan a entender que la Divinidad se comunica a tres Personas sin división ni diversidad alguna de sí misma, para no parecer introducir la pluralidad de dioses; de donde repreendían frecuentemente a los arrianos porque, dividiendo la misma Deidad, introducían la pluralidad de dioses: Si variara, dice S. Gregorio Niseno, si la naturaleza fuese diversa en la santa Trinidad, como sospechan engañados por el error, seguirseía que el número se dilatase en multitud de dioses; lo cual acontecería si ellas mismas se dividiesen por diversidad de sustancia. Esto prosigue egregiamente el Cardenal Besarión, lib. De Process. Spiritus sancti:

La sustancia, dice, y la hipóstasis en cada Persona divina son una sola cosa: y tan una, que sólo por la razón se discernen entre sí. Porque si la Persona o hipóstasis y la sustancia difirieran en la realidad misma, así como hay tres Personas en la realidad, habría también tres sustancias; es decir, esencias; mas esto es contrario a la fe.

Insistirás. Donde hay determinable y determinativo hay potencia y acto, y por consiguiente composición; pero la Esencia es determinable y la personalidad determinativa de ella, al constituir con ella la Persona; luego entre la Persona y la Esencia hay composición.

Distingo la mayor. Donde hay determinable y determinativo a modo de materia y forma, o de género y diferencia, allí hay composición, concedo; donde hay determinable no a modo de potencia indiferente a este o aquel acto, como la materia es indiferente a esta o aquella forma, y el género a esta o aquella diferencia, sino a modo de acto constituyente y concurrente con otro acto para constituir una cosa que sea acto puro, niego. Ahora bien, la Esencia divina no es determinable por la personalidad del primer modo, sino del segundo; pues ésta, al ser acto puro, concurre a constituir la Persona divina.

Apurarás. De la unión de acto con acto no resulta ente per se, sino per accidens; luego, o la Persona divina, que se constituye por la Esencia y la Personalidad, no resulta de acto y acto, y así verdaderamente se compone; o no es ente per se, sino per accidens, lo cual sería impío afirmar. — Distingo el antecedente: De la unión de acto con acto no resulta ente per se en lo creado, concedo; pues si las cosas creadas unidas entre sí no coalescen a modo de acto y potencia para constituir un tercero, nada tienen en sí por lo cual puedan identificarse mutuamente; mas en lo divino ocurre otra cosa, porque como la infinitud divina identifique realmente todas aquellas cosas que están en Dios, excepto las Relaciones Personales, las cuales por eso no se dicen infinitas, de aquí sucede que, por la unión de acto con acto en Dios, no resulte ente per accidens, sino per se, por la suma identificación de ambos.

Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat

Articulus II: De infinitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum

Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat

Articulus III: De immensitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique

Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione

Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis

Articulus IV: De aeternitate Dei

Quaestio I: Quid, et qualis sit aeternitas

Quaestio II: An, et quomodo aeternitas Deo conveniat

Quaestio III: Quomodo Deus ratione aeternitatis creaturae coexistat, et creatura Deo

Articulus V: De immutabilitate Dei

Quaestio I: An Deus sit omnino immutabilis

Quaestio II: An Deus sit immutabilis extrinsece

Articulus VI: De ineffabilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit ineffabilis

Quaestio II: Quae, et quomodo nomina Deo conveniant

Articulus VII: De invisibilitate, et visibilitate Dei tam respectu Viatorum, quam Beatorum

§ I: De possibilitate, et existentia intuitivae visionis Dei

Quaestio I: An Deus sit invisibilis, vel visibilis naturaliter creaturae iam existenti, aut alicui creabili

Quaestio II: An Deus saltem supernaturaliter visibilis sit oculo mentis, et corporis

Quaestio III: An possibilitas divinae visionis intuitivae ratione naturali probari possit

Quaestio IV: An Deus visus fuerit intuitive ab aliquo hac in mortali vita degente

Quaestio V: An viri sancti statim post mortem Deum intuitive videant: et quae fuerit hac de re sanctorum Patrum, et Millenariorum sententia

§ II: De principiis productivis visionis beatificae

Quaestio I: An species impressa Dei sit possibilis, etc.

Quaestio II: An, quid, et quale sit lumen gloriae

Quaestio III: An, et quomodo intellectus concurrat ad formandam visionem beatificam

§ III: De obiecto visionis beatificae

Quaestio I: Quodnam sit obiectum primarium beatae visionis, et quomodo Deus videatur a beatis

Quaestio II: An, et quomodo Beati videant in Deo creaturas

§ IV: Quot, et quae sint beatae visionis proprietates

Quaestio I: An beata visio sit notitia simplex directa, et permanens

Quaestio II: An visiones beatificae sint inaequales, et unde inaequalitas oriatur

Articulus VIII: De incomprehensibilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit incomprehensibilis

Disputatio IV: De divinis perfectionibus affirmantibus, seu de attributis Dei positivis

Quaestio I: An, et quomodo Unitas Deo conveniat

Quaestio II: Quid, et qualis sit entitativa Dei Veritas

Quaestio III: An, et qualiter Bonitas Deo conveniat

Quaestio IV: An, et quae sit Dei Pulchritudo

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