Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente
Claude Frassen (1620–1711)
Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.
Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)
Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)
Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)
Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt
Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)
Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)
Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi
Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae
Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina
Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria
Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit
Articulus II: De essentia theologiae
Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia
Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat
Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur
Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum
Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae
Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae
Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica
Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis
Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus
Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva
Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit
Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio
Tractatus I: De Deo in se subsistente
Disputatio I: De existentia et essentia Dei
Articulus I: De existentia Dei
Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere
Quaestio II: An Deum existere sit per se notum
Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere
Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere
Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum
Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei
Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri
Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant
Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens
Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae
Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis
Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei
Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi
Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia
Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones
Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant
Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione
Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa
Acerca de la resolución de la presente Cuestión fue variada, y del todo opuesta, la sentencia de algunos Teólogos. Pues algunos juzgaron que entre la esencia y los atributos mediaba una distinción real adecuada; como se refiere de cierto Gualtero por Nifo, lib. 12. Metafís., Disput. 13. cap. 3. y Jacobo de Vitry: sentencia que se atribuye igualmente a Gilberto de la Porrée, Obispo de Poitiers. Los Nominales, en cambio, fueron a una sentencia enteramente opuesta, quienes, con su Príncipe Ockham, en 1. dist. 2. cuest. 2., no admiten distinción alguna a parte rei en Dios: sino que quieren que los atributos sean sola diversidad y variedad de nombres, originada de la diversa connotación y del respecto de la esencia divina a las criaturas; de modo que la misma simplísima esencia divina, al connotar, v. gr. la miseria que debe socorrerse, se llame misericordia; al connotar verdades clara y ciertamente cognoscibles, se llame sabiduría, etc. Pero para que, manteniéndonos entre estas sentencias y escollos, sigamos un camino más seguro, abriremos evidentemente qué ha de juzgarse más verdadero.
Nótese 1. Estas tres voces, división, distinción, y no identidad, difieren entre sí según lo más y lo menos, y como lo superior y lo inferior: pues toda división es distinción, y no identidad; pero no a la inversa: porque la división, puesto que sigue a la materia y a la cantidad, puede hallarse solo en las cosas corporales extensas; mas la distinción, como propiedad del ente, se encuentra en todos los entes, tanto espirituales como corporales: de donde sucede que en los Ángeles hay ciertamente distinción, pero no división. Semejantemente, distinción y no identidad difieren según lo superior y lo inferior; pues toda distinción es no identidad, pero no a la inversa; porque como la distinción es propiedad del ente, solo se encuentra entre entes y extremos positivos: de donde entre ente y no ente, entre la forma y su privación no hay distinción, sino no identidad. Y si a veces los Doctores y Filósofos dicen que la forma y la privación, el ente y el no ente, se distinguen entre sí, esta distinción debe entenderse negativamente, esto es, que son no idénticos; pues todas las cosas que se distinguen son no idénticas, pero no todas las que son no idénticas deben llamarse propiamente distintas.
Nótese 2. Con nuestro Mayronis, en 1. dist. 8. cuest. 1., cuádruple es el género de distinción de las cosas a parte rei, e independientemente de la operación del entendimiento. La primera, dice, es la distinción esencial, por la cual una esencia existente se distingue de otra esencia existente, v. gr. Dios de la criatura. La segunda real, por la cual una cosa se distingue de otra cosa, o de la cual es producida, como el Hijo del Padre, o de la cual puede separarse, como la blancura del muro, o sin la cual puede existir, como el fundamento sin la relación. La tercera es formal, por la cual el concepto quiditativo de una, v. gr. sabiduría, no es el concepto quiditativo de otra, v. gr. omnipotencia. La cuarta, modal, que es entre la quiddidad y el modo o grado de ella, v. gr. entre la sabiduría y su finitud o infinitud.
Nótese 3. De todas estas distinciones la máxima es la esencial: pues las cosas que difieren esencialmente entre sí discrepan más que las que se apartan por otras distinciones: a ésta sigue la real, por ser la que media entre entidades realmente existentes, de las cuales una o produce a la otra, o es separable de ella, o puede existir sin ella: la formal ocupa el tercer lugar, por ser medio entre la real y la modal, y media entre dos formalidades o conceptos objetivos conceptualmente separados: la modal es la mínima de todas: pues el modo no varía la razón formal de la cosa, sino que la aumenta o disminuye dentro de la misma razón formal; pues la blancura intensa al doble no se distingue formalmente de sí misma, ni es esencialmente diversa en cuanto tiene ocho grados; aunque no sea la misma modalmente. De donde la distinción modal sigue la suerte de la distinción formal; de suerte que si los atributos se distinguen a parte rei formalmente entre sí, y de la esencia divina, también las perfecciones modales se distingan acto modalmente.
Conclusión primera. — Entre la esencia y los atributos no media distinción esencial ni real. Ésta parece de Fe: pues en el Concilio Lateranense cap. Firmiter se define que la sustancia divina es indivisible, por ser del todo simple: pero no sería del todo simple, si constase de atributos realmente y esencialmente distintos de ella: luego los atributos no discrepan así de la esencia divina. — Además, en el mismo Concilio se determina que debe creerse por fe que en Dios hay solamente Trinidad, y no cuaternidad; porque cada una de las tres Personas es aquella cosa, a saber, la sustancia, esencia o naturaleza divina: pero si los atributos se distinguiesen realmente de la esencia, habría en Dios no menos cuaternidad que si las Personas divinas realmente discripasen de ella; pues dondequiera hay distinción real, allí paritamente hay multiplicidad de cosas: de donde, siendo los atributos varios, si realmente se distinguesen de la esencia divina, no sólo debería admitirse en Dios cuaternidad, sino también centenidad, si tantos fuesen los atributos, como con razón recoge san Bernardo, lib. 5. De la Consideración, cap. 7.: Muchas cosas, dice, se dicen que hay en Dios, y en verdad sana y católicamente: pero muchas cosas son una; de otro modo, si las juzgásemos diversas, no tendrías cuaternidad, sino centenidad. Tercero decimos grande, justo, e innumerables cosas tales: pero si no consideras todas como una en Dios, tendrás un Dios múltiple. Además, en los Concilios Toledano undécimo y Florentino se define que en las cosas divinas todo es uno, donde no se opone la oposición de la relación: pero entre la esencia y los atributos no media oposición alguna de relación: luego tampoco entre aquéllos hay distinción real. Finalmente, san Bernardo, en la Sermonación 8 sobre el Cántico, afirma que en el Concilio de Reims fue condenada aquella exposición de Gilberto de la Porrée, con la cual interpretaba así los libros de Boecio De la santa Trinidad: El Padre es verdad, esto es, verdadero; el Hijo es verdad, esto es, verdadero, etc. De donde exclama Bernardo: ¡Oh explicación oscura y perversa; la cual, más verdadera y más sensatamente, por el contrario, habría sido dicha así: El Padre es verdadero, esto es, verdad; el Hijo es verdadero, esto es, verdad! etc. Y en el mismo lugar: Escríbase, dice, con estilo de hierro en uña de adamantina, o escúlpase en sílex: que la Esencia Divina, Forma, Naturaleza, Deidad, Bondad, Sabiduría, Virtud, Potencia, Magnitud, verdaderamente es Dios. Mas esta definición no podría sostenerse, si la bondad, magnitud, etc., se distinguiesen realmente de la Esencia divina; pues así como v. gr. el muro no se llama blancura, sino blanco, porque la blancura no se identifica con él; así tampoco el Padre y el Hijo pueden llamarse verdad, ni Dios se dice rectamente bondad, magnitud, etc., si entre ellos hay distinción real: luego según la mente tanto de san Bernardo como del Concilio de Reims, los atributos divinos no se distinguen realmente de la esencia.
Lo mismo prueba con triple razón nuestro Bassolis en 1. dist. 22. q. 2. al 4. artículo. Primero ciertamente así: Todo infinito se identifica consigo todas aquellas cosas que le son composibles: pero la Esencia divina es infinita, pues es, dice san Dámaso, cierto océano infinito de sustancia: luego se identifica consigo todas aquellas cosas que le son composibles; y ciertamente las perfecciones tanto atributales como modales son composibles con la Esencia divina, pues la afectan y perfeccionan: luego se identifican con ella. La menor es evidente, pues si el infinito no se identificase consigo aquellas cosas que le son composibles, aquéllas deberían unirse con él por composición de partes: mas el infinito no puede ser perfeccionado ni constituido de partes; porque toda parte, en razón de parte, es limitada y finita, pues no envuelve aquello que abraza la otra comparada consigo; de otro modo no serían diversas: pero el infinito no puede componerse de parte finita, pues tal es el todo por sí, cuales son las partes que lo componen; luego si las partes fuesen infinitas, también el todo por sí constituido de aquellas partes será infinito: luego como la Esencia divina es infinita, es necesario que se identifique realmente consigo todas sus perfecciones, y consecuentemente entre la esencia y los atributos no puede mediar distinción real alguna. — Segundo: Aquéllas son realmente idénticas, de las cuales una se predica de otra en abstracto: pero los atributos divinos se predican entre sí, y de la Esencia divina, en abstracto; pues, como habla san Agustín, 15. De Trinitate, cap. 5., Dios no percibe sabiduría, por la cual sea sabio, sino que él mismo es sabiduría. Y san Gregorio Nacianceno, en la Oración 2. Sobre la paz, n. 24., dice: La Trinidad es verdadera y verdad; y el Espíritu de la verdad, santo y santidad misma. Finalmente, san Anselmo, En el Proslogion, c. 18. hablando a Dios, dice: Ciertamente es Vida, es Sabiduría, es Verdad, es Bienaventuranza, es Eternidad, y toda Verdad, Bien es; muchas son estas cosas, mi estrecho entendimiento no puede verlas todas de una vez en una sola intuición, para deleitarse con todas ellas. — Tercero: Si la esencia y los atributos no fuesen realmente idénticos, se seguiría que la esencia con los atributos sería algo más perfecto según entidad que la esencia sola: pero esto es falso; de otro modo la esencia no sería ente infinito, pues no envolvería toda entidad absolutamente: luego no son realmente distintas entre sí.
Dirás 1. Lo realmente idéntico no se contiene en sí mismo; de otro modo sería idéntico y no idéntico: pero los atributos se contienen realmente en la esencia divina: luego se distinguen realmente de ella. — Distingue la mayor Bassolis: Lo idéntico según la misma razón no se contiene en sí mismo, concede; pues no puede ser continente y contenido según la misma absolutamente idéntica razón: que no se contiene en sí mismo según otra y otra razón, lo niega; de donde, así como el hombre, en cuanto animal, puede decirse contenido en sí mismo en cuanto es hombre, porque el animal se contiene en el hombre casi como parte en el todo: así, aunque los atributos sean realmente idénticos con la esencia, sin embargo, como de ella formalmente discrepan, pueden decirse contenidos en ella realmente, del modo como las propiedades se contienen en la esencia. — O más clara y brevemente distingo la mayor: Lo idéntico no se contiene en sí mismo por verdadera contención, que importa distinción real entre lo continente y lo contenido, concedo; por identificación real de una formalidad con la entidad de otra, niego. Semejantemente distingo la menor: Los atributos se contienen en la Esencia divina por verdadera contención, niego: por identificación real con la entidad de la Esencia divina, concedo. De donde se dicen más recta y verdaderamente ser, que contenerse, en la Esencia divina.
Dirás 2. Cuando algunas cosas son realmente idénticas, multiplicado lo uno, se multiplica también lo otro: luego si los atributos y la esencia fuesen realmente idénticos, así como los atributos son múltiples, también múltiple será la esencia. Distingo el antecedente: Multiplicado lo uno según entidad real, también lo otro debe multiplicarse según entidad, concedo: multiplicado según formalidad, lo otro debe multiplicarse según entidad, niego; pero los atributos son varios tan solo según la formalidad, no ciertamente según la entidad real: luego para su multiplicación no debe multiplicarse la entidad y esencia divinas.
Dirás 3. Lo perfectible y lo perfectivo se distinguen realmente: pero los atributos divinos son perfecciones de la Esencia divina: luego deben distinguirse realmente de ella. La mayor es evidente, pues nada es perfectivo de sí mismo; luego debe ser perfectivo de otro. — Distingo la menor: Si lo perfectivo se comporte a modo de forma informante del sujeto, o de parte componente de algún todo, como v. gr. la blancura informa y hace blanco el muro, y el alma con el cuerpo constituye un viviente, concedo: si sea tan solo formalidad que afecta al sujeto que se perfecciona, a modo de propiedad y perfección intrínseca, niego: pero los atributos no perfeccionan a la Esencia divina a modo de forma informante, o de parte componente, sino tan solo a modo de formalidad y perfección intrínseca que determina y perfecciona a la Esencia divina de este o aquel modo, v. gr. la sabiduría en razón del sabio, etc.: luego no deben distinguirse realmente de ella.
Dirás 4. Las cosas que pertenecen a diversas categorías, y bajo diversos predicamentos se colocan, se distinguen realmente: pero la Esencia divina y los atributos se colocan bajo diversos predicamentos, aquellos ciertamente bajo el predicamento de la sustancia, éstos empero bajo el predicamento de la calidad. Puede probarse con varias sentencias de los santos Padres, especialmente de san Agustín, lib. 15. De la Trinidad cap. 5., donde dice: Si decimos eterno, inmortal, incorruptible, inmutable, vivo, sabio, poderoso, hermoso, justo, bueno, bienaventurado, espíritu, de todo esto lo último que he puesto parece significar la sustancia; mas las demás, cualidades de esta sustancia. Luego juzga que la esencia divina pertenece al predicamento de la sustancia, y los atributos al de la calidad. — Niego la menor: Pues por lo que se ha de decir De la simplicidad divina, constará abiertamente que Dios no es comprendido en modo alguno bajo alguna de las categorías. Ni tampoco tal fue la mente de Agustín, pues en las palabras antedichas habla ciertamente del concepto que podemos formar de los predicados convenientes a la criatura, no de los predicados que atañen a Dios, añade en efecto: Pero no así es en aquella naturaleza inefable y simple; porque todo cuanto allí parece decirse según cualidades, debe entenderse según la sustancia o esencia: lejos de nosotros que Dios se diga espíritu según la sustancia, y bueno según la calidad, sino ambas cosas según la sustancia: luego está tan lejos de que este gravísimo error oscureciese el genio de Agustín, hasta pensar que la esencia divina fuese ciertamente sustancial, y las perfecciones divinas debieran computarse entre los accidentes, que antes confiesa abiertamente que en Dios nada se halla sino sustancia.
Dirás 5. Aquellas cosas de las que pueden verificarse predicados contradictorios se distinguen realmente: pero de la esencia divina y de los atributos, y máximamente de las relaciones divinas, se verifican predicados contradictorios. Pues la esencia es raíz y fuente de los atributos y de las relaciones; pero los atributos y las relaciones no son entre sí fuentes de su propio manar, ni a su vez emana la esencia de ellos, como de aquélla fluyen éstos. Además, la esencia se comunica a las tres Personas, no así las relaciones personales, etc. Luego entre ellas debe admitirse distinción real. — Niego la menor: pues para salvar y resolver todas estas contradicciones basta con que entre la esencia y los atributos y relaciones medie una distinción formal, como abriremos evidentemente en la siguiente Cuestión. Las demás cosas que o el mismo Gilberto propuso en defensa de su sentencia, o que otros suelen objetar en su favor, dado que máximamente se extraen del Tratado de la Trinidad, por eso juzgamos que su discusión debe remitirse al mismo tratado, para que cada cosa coherzca mutuamente en un orden conveniente.
Preguntarás, sin embargo, aquí de paso, si verdaderamente Gilberto Porretano sostuvo que media distinción real entre la Esencia y los Atributos.
Respondo que no hay duda de que así juzgó acerca de la Esencia y de las relaciones constitutivas de las divinas personas, como consta por sus comentarios sobre el libro De Trinitate de Boecio, lo cual probaremos deliberadamente en la siguiente Cuestión al resolver las objeciones. Pero que no afirmó una distinción paralela entre la esencia y los atributos, puede colegirse de varios textos del citado comentario, con los cuales parece establecer la identidad real de la esencia divina con sus atributos; pues en el libro 1. § Sed haec, escribe así: Cuando se dice que el hombre es justo, no se dice que es justo con todo aquello que él mismo es; sino que sólo con la justicia se dice que es justo, ni esta locución deja absolutamente nada de aquello por lo que él mismo es, pues Dios es lo mismo que lo justo, esto es, por aquello mismo por lo que es Dios es justo. No juzga, pues, que la justicia esté realísticamente distinta de la Deidad; pues ¿cómo podría suceder que Dios fuese justo por aquello mismo por lo que es Dios, si la justicia divina estuviera realísticamente distinta de la Deidad? En efecto, la pared, v. g., no se dice blanca por aquello por lo que es pared, sino por aquello por lo que tiene blancura, pues podría ser pared y no ser blanca, ya que como la blancura está realísticamente distinta de ella, también puede separarse de ella. Hallarás más locuciones semejantes en el mismo comentario, y para que conste que ésta fue su genuino pensamiento; Del mismo modo habla en el comentario sobre el libro del mismo Boecio De Hebdomad., regla 7.: No pensamos, dice, que a partir de la esencia con la que predicamos que él existe, su potencia o sabiduría sean distintas en aquella razón. Confiesa, pues, que la potencia y la sabiduría (lo mismo debe decirse de los demás atributos) no están realísticamente distinguidas de la esencia divina, e incluso, según parece pensar, tampoco por la razón. — Y no obsta que, según refiere san Bernardo, negase que Dios sea la verdad, como si distinguiese realísticamente la verdad de la Deidad. Porque bajo el nombre de Dios entendía a la persona poseedora de la Deidad. De donde, como contendería que las personalidades se distinguen realísticamente de la esencia, afirmaba también que están realísticamente distintas incluso de los atributos. De ahí decía: El Padre es verdadero, y no verdad, como arriba anotamos ex san Bernardo. Por eso aquel varón, doctísimo además en otras materias, cayó en este gravísimo error porque, demasiado entregado a los preceptos filosóficos, pesaba los misterios de nuestra fe en la balanza de la razón natural, y no podía concebir cómo las relaciones divinas eran realísticamente idénticas a la esencia divina y, sin embargo, se distinguían realísticamente entre sí, contra aquel principio dialéctico: Las cosas que son lo mismo respecto de un tercero, son lo mismo entre sí, principio que examinaremos en el Tratado de la Trinidad.
Conclusión segunda. — Los atributos divinos no se distinguen entre sí, ni de la esencia divina, sino por sola la variedad de los nombres. Ésta es la doctrina de todos los Teólogos contra los Nominales, como Ockham en 1. q. 2; Gregorio de Rimini allí mismo d. 8. q. 2. a. 1; Mayronis q. 1; Gabriel d. 2. q. 1., los cuales sostienen que los atributos divinos no se distinguen ni siquiera por el intelecto, ni entre sí ni de la esencia, sino que son sólo nombres diversos de la misma cosa, significándola bajo una misma razón intrínseca del todo común, discrepando entre sí solamente por la connotación de diversos efectos o perfecciones o imperfecciones de las criaturas, con las cuales Dios es comparado por nuestro intelecto, y es significado diversamente por nombre comparativo o connotativo, de suerte que la misma esencia divina, formalmente simple, se dice misericordia por orden al efecto de perdonar y compadecerse; justicia por orden al efecto de castigar; sabiduría, bondad y omnipotencia, por comparación a las perfecciones creadas, v. gr. de sabiduría, bondad moral y potencia múltiple de las criaturas, a las cuales Dios supereminente infinitamente. Semejantemente se dice inmortal, inmutable, por negación de la mutabilidad y defectibilidad que se encuentran en las criaturas. Empero, como merecidamente nota Suárez, lib. 7. De Trinitate, cap. 1. n. 1., esta opinión, si disiente en la cosa misma de la sentencia común, es más que falsa; si en cambio sólo en el modo de hablar, es impertinente y sin fundamento, y apenas nos permite usar palabras aptas para explicar el misterio de la Trinidad. Así pues, se prueba la conclusión: Primeramente por la autoridad de la Sagrada Escritura, que habla muchas veces de la esencia y de los atributos divinos como de muchos: luego indica que éstos se distinguen entre sí y de la esencia; pues las cosas que son muchas son distintas, y donde hay multitud allí también hay distinción. La consecuencia es clara: pues del mismo modo debe decirse que la Escritura usa voces en plural para significar varias cosas, como usa voces en singular para expresar una única; pero mientras usa voces en singular, expresa tan sólo una única, como nota san Pablo a los Gálatas 3. con estas palabras: A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dijo: Y a las simientes, como en muchas: sino como en uno, y a tu simiente, que es Cristo: luego mientras usa voces en plural designa varias cosas. El antecedente se prueba con estos y semejantes lugares de la Escritura: Romanos primero: Las cosas invisibles de Dios se ven claramente, siendo entendidas por las cosas que fueron hechas, también su eterna virtud y divinidad, con las cuales el Apóstol designa tres cosas, a saber: atributos, operaciones y la esencia divina: luego juzga que éstas se distinguen de algún modo entre sí. Y allí mismo, cap. 11. exclama: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios, cuán incomprehensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Igualmente Juan 16. el mismo Cristo habla de los atributos divinos y de la esencia comunicados a sí como Hijo por el Padre como de muchos: Todas las cosas, dice, cuantas tiene el Padre, mías son. Estas palabras las explica así el Concilio Florentino en la última Sesión: Todas las cosas que son del Padre, el mismo Padre se las dio a su Hijo unigénito engendrándole, excepto el ser Padre. Juzga, pues, el Concilio que en el Padre hay varias cosas además de la paternidad: pero éstas no son sino la esencia y sus perfecciones, ya atributales, ya modales, como también lo explica san Hilario, lib. 5. De Trinitate, donde, ponderando las antedichas palabras de Juan, dice: Dios muestra que deben entenderse aquí las cosas suyas en la virtud, en la eternidad, en la providencia, en la potencia.
Segundo: los Concilios no sólo hablan de los atributos y de la esencia como de muchos; sino que también afirman que entre ellos media alguna distinción. Así la 6. Sinodo, en la acción 8. dice: Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no tienen nada común en la Encarnación sino la benignísima misericordia y la voluntad, como si dijese que hay algo en el Hijo común con el Padre y el Espíritu Santo, según cuanto no se une inmediatamente a la humanidad, y algo propio, según cuanto está unido inmediatamente personalmente a esa humanidad: y por consiguiente que hay alguna distinción entre la esencia divina común a las tres Personas, la cual no se encarna inmediatamente, y la persona del Hijo, que asumió inmediatamente la naturaleza humana: pues es imposible que uno y lo mismo, indistinto en la realidad y en la razón, se encarnara al mismo tiempo y no se encarnara; de otro modo se afirmarían de lo mismo según lo mismo dos verdaderos contradictorios, tales como encarnarse y no encarnarse: imposible igualmente es que si la esencia divina y la relación de filiación difiriesen tan sólo en los nombres, pudiera algo verificarse verdaderamente de la personalidad del Hijo que no se afirmase verdaderamente de la esencia divina; así como, v. g., por hipótesis, si espada y gladio difiriesen tan sólo en el nombre, todo lo que se afirma verdaderamente del gladio se predica también verdaderamente de la espada: y por consiguiente, así como verdaderamente se dice que el Hijo asumió inmediatamente la naturaleza humana, así también será verdadero decir que la esencia divina asumió inmediatamente la naturaleza humana, y se unió a ella: cosa ajena a la vez de la verdad y de la fe, como testifican los Concilios Toledanos 6. y 11., afirmando que el Hijo asumió la humanidad en aquello que es propio del Hijo, no en aquello que es común a la Trinidad. Van en la misma sentencia todos los santos Padres, dignos de alabanza en la siguiente Cuestión, pues las mismas razones y sentencias con que establecerán la distinción formal entre la esencia y los atributos, destruirán y combatirán radicalmente la sentencia de los nominalistas. Sin embargo, la conclusión también se prueba por la razón: aquellas cosas de las cuales pueden verificarse contradictorios se distinguen entre sí; pues los contradictorios no pueden ser ambos verdaderos de lo mismo según lo mismo: pero de los atributos divinos y de la esencia y de las relaciones personales se verifican dos contradictorios; ciertamente el Hijo es engendrado por el entendimiento, no por la voluntad; mas el Espíritu Santo es producido por la voluntad, no por el entendimiento; y como el entendimiento engendra, la voluntad no engendra; la voluntad sopla, el entendimiento no sopla; la esencia divina ni engendra ni es engendrada, ni sopla ni es soplada. Igualmente la esencia se comunica a las tres Personas, mas las relaciones personales no se comunican: la hipóstasis del Verbo se une inmediatamente a la humanidad, no así la esencia: luego entre ellas es necesaria alguna distinción, de otro modo se verificarían dos contradictorios de lo mismo según lo mismo; lo cual implica contradicción. — Además, si la paternidad, v. g., y la esencia fueran absolutamente lo mismo y en absoluto distintas, será tan verdadero decir: la filiación es realísticamente paternidad, como: la filiación es realísticamente esencia; pues en ambas proposiciones se concebiría y afirmaría absolutamente lo mismo: semejantemente sería tan verdadero decir que la esencia engendra y es engendrada, produce y es producida, como que el Padre engendra y el Hijo es engendrado: semejantemente podrá el Hijo verdaderamente decirse producido por la voluntad, igual que el Espíritu Santo, si la voluntad y el entendimiento difirieran sólo de nombre; pues las cosas que discrepan tan sólo en el nombre, como espada y gladio, o Deus y Θεός, todo lo que de una se afirma, semejantemente puede afirmarse de la otra. Mas todas estas consecuencias militan contra la fe.
Objetan los Nominales: varias autoridades de los santos Padres, según las cuales se dice de Dios que no tanto tiene cuanto es toda su perfección. Así, san Anselmo in Monologio, cap. 25.: La suprema naturaleza, dice, no se propiamente llama justa porque tenga justicia: sino porque existe como justicia. Semejantemente san Agustín, 6. De Trinitate, cap. 7.: Dios, dice, ciertamente se dice de múltiples maneras grande, bueno, sabio, bienaventurado, verdadero; y cualquier otra cosa que no parezca indignamente dicha; pero la misma magnitud suya es sabiduría, y la misma bondad que sabiduría y magnitud. Luego ni la esencia discrepa de los atributos, ni los atributos entre sí en modo alguno. — Distingo el consiguiente: En absoluto discrepan realísticamente, concedo; pues no son cosas existentes en existencias reales distintas; que no discrepan formalmente, y como formalidades diversas y conceptos objetivos diversos concebibles de modos diversos, niego. Así pues, mientras los santos Padres afirman que Dios es todo aquello que es, y que una perfección divina es otra, hablan de la identidad real, por la cual, mediante la infinitud, todas las cosas que hay en Dios son absolutamente lo mismo y realísticamente indistintas; pero no hablan de la identidad o distinción formal; de otro modo se contradirían a sí mismos, como se verá por sus sentencias, que asignaremos en la siguiente Cuestión.
Insisten los Nominales: Los santos Padres a veces afirman que las perfecciones divinas no difieren en absoluto entre sí, y niegan que una añada algo a otra. Así san Agustín lib. 15. De Trinit. cap. 5.: ¿Acaso la bondad y la justicia, dice, difieren entre sí en la naturaleza de Dios como en sus obras, como si fuesen dos diversas cualidades de Dios, una la bondad, otra la justicia? En absoluto; sino que la justicia es la misma bondad, y la bondad la misma bienaventuranza. Igualmente cap. 6.: Ni como nosotros percibimos de otro su sabiduría, así Dios de alguien; sino que suya es la misma sabiduría, porque no es una cosa la sabiduría suya y otra la esencia, cuyo ser es ser sabio. Semejantemente san Gregorio Niseno, lib. ad Ablavium, hacia el final: La divina naturaleza simple e ignorante de variación rechaza toda diversidad alrededor de la esencia. Igualmente san Bernardo, lib. 5. De Consider. cap. 6.: Esto es para él existir, que todas estas cosas existen; y aunque añadas cien tales cosas, no te has alejado del ser; lo cual es manifiesto indicio de que en realidad no media ningún discrimen entre la esencia y los atributos. — Niego la consecuencia: Pues los antedichos Padres quieren tan sólo apartar de Dios la distinción real entre la esencia y los atributos, y remover toda composición de Dios, para no detraer de su simplicidad e infinitud divinas: puesto que la simplicidad y la infinitud identifican realísticamente absolutamente todas las cosas que hay en Dios, esencialia y atributalia, es verdadero decir que una perfección es realísticamente otra, y que nada real distinto se añade a la otra; mas no niegan que ellas sean varias formalidades, realísticamente ciertamente identificadas entre sí y con la esencia, pero formalmente distintas.
Urgen los Nominales: Los santos Padres también afirman que la pluralidad de nombres con los que significamos las perfecciones divinas nace sólo de nuestros conceptos imperfectos, con los cuales aprehendemos a Dios a manera de las criaturas, o le comparamos con las criaturas de varios modos; pero que en Dios nada hay variado y múltiple, sino sólo la diversa denominación de los nombres. Así san Bernardo, lib. 5. De Consider. cap. 13., después de haber dicho que Dios es longitud, latitud, sublimidad y profundidad, añade: He parecido haber aducido muchas cosas, pero uno es, un solo Dios ha sido señalado para nuestra capacidad, no por su estado. Dividido está este nuestro concepto, no aquel Dios; voces diversas, senderos muchos; pero por ellas una cosa se significa, uno es buscado. Igualmente san Cirilo, lib. 11. del Tesoro, dice: Que la sustancia de Dios es perfecta por sí misma, pero que sin embargo nosotros somos obligados a veces a concebir a manera de accidentes, entendiendo que antes de la creación del mundo fue Dios creador, pero no en acto, mas creado el mundo ser creador también en acto. Luego los atributos son tan sólo nombres varios, ni importan ninguna distinción de parte de la cosa en Dios. — Niego la consecuencia: Pues o los santos Padres hablan tan sólo de las denominaciones y relaciones extrínsecas, como Creador, Redentor, Santificador, Autor, etc., las cuales, en cuanto importan y significan el acto, no infieren ciertamente en Dios nueva perfección intrínseca que no tuviese desde la eternidad; sino que son tan sólo nueva denominación, extrínsecamente adventicia; mas los santos Padres no hablan de las perfecciones divinas, que en realidad, prescindiendo de cualquier concepto del entendimiento, afectan y perfeccionan la esencia divina; o los santos Padres quieren que la diversidad de los nombres no designe en Dios variación de cosas, sino que la esencia divina, con sus perfecciones y atributos, es ciertamente una cosa absolutamente simple realísticamente, pero formalmente diversa, y significada por varios nombres.
Objecen 2. Los Nominales aquel argumento suyo solemne: Donde no hay uno y otro, no puede uno concebirse sin otro: pero en la cosa simple, cual es Dios, no hay uno y otro: luego uno no es concebible sin otro, y por consiguiente nada en él es distinto. — Niego la menor: Pues la esencia y los atributos se distinguen entre sí formalmente, como se verá en la sigte. Cuest. Además podría retorcerse y urgirse contra ellos el argumento: Donde no hay uno y otro, no puede uno producir o ser producido, generar o ser generado, soplar o ser soplado, comunicarse o unirse sin otro: pero en la esencia divina no hay uno y otro, semejantemente y en la Persona divina, que es ente simplicísimo, no hay uno y otro, como quieren los Nominales: luego la esencia divina no puede comunicarse al Hijo sin que se comunique la Paternidad, ni podría el Hijo decirse más bien generado por el entendimiento que por la voluntad, ni más bien soplar la voluntad que el entendimiento; consecuencias éstas y semejantes absurdas y heréticas: luego, etc.