Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen

Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen (1620–1711)

Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.


Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)

Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)

Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)

Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt

Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)

Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)

Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi

Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae

Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina

Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria

Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit

Articulus II: De essentia theologiae

Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia

Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat

Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur

Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum

Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae

Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae

Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica

Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis

Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus

Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva

Tres son los puntos que en la presente cuestión se han de resolver. 1. Si la Teología procede de modo filosófico infiriendo y probando conclusiones a partir de premisas. 2. Puesto que la verdad de la conclusión teológica depende de la verdad de las premisas, se pregunta si, cuando aquellos principios son negados, el Teólogo puede probarlos con argumentos: 3. Si el hábito teológico, por el cual se dirige el entendimiento a inferir conclusiones teológicas, hace que se adhiera y preste asentimiento a la conclusión deducida de las premisas, de modo que, concedidas las premisas, el entendimiento no pueda disentir de la conclusión; o bien si este hábito es solo explicativo y declarativo de las verdades de la fe, como quiso Aureolo q. 2. del Prólogo: lo cual se verá más claramente cuando queden expuestos

Nótese 1. Que la Argumentación es aquel discurso en el cual una proposición menos conocida se infiere de otra más conocida; ya sea entretanto aquella proposición conocida por luz natural, ya sea por luz sobrenatural; ya sea evidente, ya solo cierta. En la Argumentación, además, hay tres cosas: 1. El antecedente, que es la proposición de la cual se infiere otra. 2. El consiguiente, que es la proposición que se infiere de la otra. 3. La consecuencia, en la cual se realiza la conexión del antecedente con el consiguiente. Además, la Argumentación requiere un doble juicio del entendimiento: primero, por el cual juzga que el consiguiente tiene necesaria conexión con el antecedente, y se llama juicio del consiguiente; segundo, por el cual juzga que el consiguiente se infiere legítimamente del antecedente según las reglas silogísticas, y se denomina juicio de consecuencia. Ahora bien, la esencia de la argumentación consiste en el primer juicio, no en el segundo, como probamos suficientemente y aun de sobra en nuestra Lógica.

Nótese 2. Que algo pueda probarse de dos maneras: a saber, o por lugar extrínseco, cuando ciertamente el adversario concede alguna proposición, de la cual, concedida ésta, se infiere otra; así, porque los Judíos admiten el Antiguo Testamento y los Calvinistas el Nuevo, el Teólogo prueba desde el Antiguo Testamento la encarnación de Cristo contra los Judíos; y desde el Nuevo prueba que el cuerpo de Cristo está realmente en la Eucaristía contra los Herejes que lo niegan: o por lugar intrínseco; a saber, mediante argumentos tomados de la razón y de la luz natural; lo cual, además, se hace o positivamente, o negativamente. La Prueba Positiva se realiza cuando, por medio de algún supuesto, se muestra la necesaria conexión del predicado con el sujeto en aquello que se afirma; pero la Negativa cuando se descubre y demuestra que no hay contradicción ni repugnancia alguna en aquello que se afirma. Esta última prueba, sin embargo, se dice más propiamente solución de objeciones que exposición de razones.

Concuerdan todos, empero, en que el Teólogo puede probar sus principios por lugar extrínseco, como pronto se dijo. Concuerdan igualmente en que esos principios no pueden probarse positivamente, pues no son conocidos por luz natural, sino que solo se creen por la fe. De donde queda por examinar si al menos pueden probarse negativamente de modo evidente.

Nótese 3. Que las premisas son causas de la conclusión, ya sea en el ser, cuando el término medio es causa de que el predicado convenga al sujeto; así lo racional es causa de que lo risible convenga al hombre; ya sea en el conocer, cuando el medio induce al conocimiento de la unión del predicado con el sujeto; así lo risible indica que lo racional conviene al hombre. Y puesto que toda causa contiene virtualmente su efecto, las premisas envuelven virtualmente la conclusión; de donde sucede que el asentimiento prestado a las premisas incluya virtualmente el asentimiento a la conclusión, de modo que quien prestó asentimiento a las premisas no pueda negárselo a la conclusión, como prueba el Doctor en 1. d. 1. q. 4. n. 16.

Conclusión primera. — Nuestra Teología es argumentativa.

Se prueba primeramente por la autoridad de la Sagrada Escritura, 2. a Timoteo, 3: Toda Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar y argüir; y asimismo a Tito 1: Es necesario que el Obispo sea... abrazador de aquel fiel sermon que es conforme a la doctrina, para que sea poderoso para exhortar con la sana doctrina y arguir a los que contradicen. Además Sab. 8.: el sabio, y el Teólogo, sabe las astucias de los discursos y las soluciones de los argumentos.

En segundo lugar, lo mismo consta por ejemplo; primeramente del de Cristo, príncipe y padre de los Teólogos, quien contra los Escribas y Fariseos que le contradecían argumentó con frecuencia; así Mat. 19. prueba la indisolubilidad del matrimonio con aquello de Gen. 2: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne, de donde infiere: lo que pues Dios ha unido, no lo separe el hombre. Semejantemente cap. 22., de estas palabras del Salmo 109.: Dijo el Señor a mi Señor, infiere que el Mesías no es puro hombre, ni solo hijo de David, sino también Dios, por cuanto David le llama Señor; nombre que los Fariseos concedían era propio de Dios; y cap. 12., del Salmo 8. y 117., prueba que él es el Mesías: pues habiéndose quejado los Fariseos y Sacerdotes de que los niños en el templo le aclamaban bendito del Señor, respondió: ¿Acaso nunca habéis leído que de la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?

Semejantemente los Apóstoles argumentaron con frecuencia, máximamente S. Pablo, el cual en casi todas partes compone argumentos para persuadir las verdades evangélicas, pero especialmente en 1. a los Corintios c. 15., arremetiendo contra los Pseudo-Apóstolos, quienes afirmaban que no habría resurrección de los muertos, así argumenta:

Pero si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, y vana es también vuestra fe; y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra Dios, diciendo que ha resucitado a Cristo, al cual no ha resucitado, si los muertos no resucitan; porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis pues en vuestros pecados; luego también los que durmieron en Cristo perecerán.

En esta argumentación repetida, toma la resurrección de Cristo como medio para probar la resurrección de los demás hombres, por cuanto no se requiere en Dios mayor fuerza y potencia para resucitar a otros muertos que para resucitar a Cristo.

Dirás 1. S. Ambrosio en el lib. 1. De Fide dice: Auferte hinc argumenta ubi fides quaeritur; pero la fe se busca en la Teología para confirmarla y protegerla. Y en el último capítulo de Juan: Haec scripta sunt ut credatis. No dice: para que disputéis y arguyáis. De donde Tertuliano en el lib. De praescript. cap. 7. dice: Nobis curiositate opus non est post Christum, nec inquisitione post Evangelium: cum credimus, nihil ultra desideramus credere.

Respondo. S. Ambrosio allí trata solamente del asentimiento de la fe, el cual no se apoya en la razón humana ni en argumentos naturales, sino en la palabra de Dios, por lo que añade: Non creditur Philosophis, creditur piscatoribus, non creditur Dialecticis, creditur Publicanis. Pues allí disputa contra los arrianos, los cuales con muchas razones naturales impugnaban la divinidad de Cristo Señor nuestro. Pero no juzga que toda argumentación deba ser desechada y apartada de los cristianos, ya que él mismo en el mismo lugar usa contra los arrianos de argumentos tomados de la Sagrada Escritura. Del mismo modo quedan suficientemente explicadas las palabras de Tertuliano, pues él tampoco reprueba la doctrina argumentativa, que emplea en todos sus escritos; sino que solo sostiene que los misterios de la fe no deben medirse e investigarse con razones naturales.

Dirás 2. Si la Teología es argumentativa, o argumentará por autoridad, o por razón: pero nada de esto puede decirse. No por autoridad, porque, según dice Boecio, el lugar tomado de la autoridad es menos eficaz y débil, y por consiguiente no conviene a la dignidad y firmeza de la Teología. Tampoco por razón, porque esta se opone al fin de la Teología; pues anula el mérito de la fe; como dice S. Gregorio: Fides non habet meritum, cui humana ratio praebet experimentum.

Respondo. Que la Teología argumente por autoridad, no ciertamente humana y falible, sino divina y veraz, se apoya en la revelación del mismo Dios, a quien repugna que subyace lo falso; y argumentar por autoridad divina e infalible no desdigna a la Teología en su dignidad y firmeza. Usa asimismo de la razón humana como principio extrínseco, de suerte que la razón natural sirva a la fe y la ilustre cuanto sea posible.

Conclusión segunda. — La Teología puede argumentar, para probar positivamente que sus principios son creíbles: mas no para demostrar que son naturalmente posibles.

Esta conclusión tiene dos partes, de las cuales la primera

Prueba 1. Puede mostrarse como evidentemente creíble aquello que puede mostrarse que no implica contradicción y repugnancia, y que tiene motivos válidos y firmes de credibilidad: así sucede con los principios de la Teología; puesto que pueden resolverse todos los argumentos y todas las contradicciones que suelen objetarse contra los artículos de la fe; como de hecho todos los santos Padres y sagrados Doctores resolvieron las implicancias que los Filósofos objetaron contra la fe. A la vez se suministran muchos motivos por los cuales los artículos de la fe aparecen creíbles, tales como los milagros hechos en confirmación de la fe, la declaración visible de la Iglesia y el consenso universal, la santidad de esa Doctrina y de sus costumbres, el asenso de los más doctos en cada siglo, etc.

Además, por S. Buenaventura quaest. 2. prooemiali: Parati esse debemus omni petenti rationem reddere de ea, quae in nobis est, fide, dice el santo Pedro 1. Epist. cap. 3. Por tanto, puesto que son muchos los que impugnan nuestra fe, es necesario que la afirmemos mediante la razón de modo inquisitivo y argumentativo.

Tercero. Por lo mismo: Las verdades de nuestra fe no están en condición inferior a las demás verdades: pero las demás verdades tienen esto, que pueden defenderse por medio de la razón, del mismo modo que impugnarse: luego lo mismo debe decirse de las verdades de nuestra fe.

Cuarto. Por lo mismo. Nuestra fe no está ahora en peor condición que al principio: y al principio, cuando era atacada mediante los falsos milagros de los Magos, era defendida mediante los verdaderos milagros de los Santos; por tanto, como ahora es atacada mediante los falsos argumentos de los herejes, debe ser defendida mediante los verdaderos argumentos de los Doctores.

También la segunda parte es evidente: puesto que los misterios de la fe exceden la capacidad natural de la mente humana, la razón natural no puede suministrar ningún medio por el cual demuestre que esos misterios son posibles naturalmente, lo cual pruebo así: Las cosas que se demuestran posibles naturalmente están contenidas dentro de los límites de la naturaleza y se demuestran por un medio conocido naturalmente; pero los principios de la Teología no están contenidos dentro de los límites de la naturaleza, pues no pueden ser producidos por agente natural alguno; ni hay medio alguno conocido naturalmente que los recomiende; pues todo medio con el que se demuestra la posibilidad de una cosa debe ser intrínseco a ella, y en consecuencia el medio de una cosa sobrenatural, tales como son los misterios, no puede ser conocido naturalmente.

Dirás 1. Los misterios de la fe, que son los principios de la Teología, pueden probarse positivamente que son creíbles; por tanto, también que son posibles. La consecuencia es clara, pues nada es creíble si no es a la vez posible; porque nada es creíble si no es verdadero, y nada es verdadero si no es posible o existente; pues lo imposible, como no es ente, tampoco es a la vez verdadero, ya que la verdad es propiedad del ente.

Niego la consecuencia. Aunque lo que es creíble sea también posible, no se sigue de ahí que del mismo modo pueda probarse la posibilidad de la cosa: aquella se prueba por medio extrínseco de la cosa creída, por ejemplo por la autoridad del que habla, los milagros, etc.; mas la posibilidad debe probarse por medio intrínseco de la cosa conocida, mediante el cual se pruebe que el predicado puede convenir al sujeto. De donde, aunque haya medios positivos externos con los que se pruebe la credibilidad de los misterios, no se sigue que haya igualmente medios positivos intrínsecos y conocidos naturalmente, con los que se demuestre su posibilidad.

Dirás 2. Los misterios de la fe pueden probarse que no son imposibles; por tanto, pueden probarse que son posibles, pues entre ser posible e imposible no hay término medio; y en consecuencia, si la cosa no es imposible, se sigue que es posible.

Niego la consecuencia. Igualmente niego su prueba, puesto que, como advierte y amonesta el Filósofo, lib. De interpretatione, cap. 3., lo posible y lo imposible no son precisamente contradictorios, porque ambos son afirmativos. Además, aunque quizá por parte de la cosa nada medie entre que la cosa sea posible e imposible; sin embargo, entre poder demostrarse que la cosa es posible y poder demostrarse que es imposible hay término medio, a saber, que no pueda demostrarse posible ni pueda demostrarse imposible, mientras ciertamente no aparezcan razones urgentes con las que se evince la posibilidad o imposibilidad de la cosa. Y por tanto, aunque los misterios de la fe puedan probarse naturalmente que no son imposibles, no se sigue que pueda demostrarse naturalmente que son posibles.

Conclusión tercera. — El hábito teológico no sólo es explicativo de los artículos de la fe; sino también ilativo y adhesivo.

Se prueba primero. Si la Teología fuera solamente explicativa de las Escrituras, como quiere Aureolo, no se llegaría a la ciencia teológica por medio de la fe; antes bien, la misma ciencia llevaría casi de la mano a la fe; pero esto es falso, pues dice San Agustín, serm. 51. De verbis Domini: Así recibid, así creed, para que merezcáis entender: porque la fe debe preceder al entendimiento, para que el entendimiento sea premio de la fe; pues el Profeta (Isaías, cap. I. según la versión de los 70.) dijo clarísimamente: Si no creyereis, no entenderéis.

Segundo. Si la Teología fuera solamente explicativa, cualquier infiel que en modo alguno presta asentimiento a las proposiciones teológicas podría ser Teólogo; pues si tiene pericia de las lenguas, y aplica estudio en leer las Sagradas Escrituras, podrá explicarlas y abrir su sentido recóndito; pero es falso que quien no tiene la fe, ni asiente a las conclusiones teológicas, pueda llamarse Teólogo, como todos confiesan; por tanto, etc.

Tercero. El discurso teológico que procede de premisas creídas, dispuestas debidamente en forma y figura silogística, genera y confirma la conclusión necesaria; por tanto, es necesario que el entendimiento, habiendo prestado asentimiento a las premisas, asienta también a la conclusión; porque, como se dijo en la 3. nota, el asentimiento de la conclusión está contenido virtualmente en el asentimiento de las premisas, de modo que el entendimiento que asiente a las premisas no pueda no consentir a la conclusión; y en consecuencia es necesario que el hábito teológico sea adhesivo, y no sólo declarativo de las Escrituras y expositivo de los misterios de la fe.

Dirás 1. De S. Agustín, lib. 14. De Trinitate, cap. 1., el hábito teológico es aquel por el que la fe se engendra, se alimenta, se defiende, se robustece: pero esto se hace solo mediante la exposición literal de la Sagrada Escritura, y no mediante la ilación o argumentación. Se prueba: Por la noticia de las conclusiones no se engendra la noticia de los principios, ni por ella se defiende, alimenta ni robustece; antes bien, al contrario, la noticia de las conclusiones se engendra y se robustece por la noticia de los principios: luego la fe no se engendra de las conclusiones deducidas; ni por consiguiente la Teología, ordenada a engendrar y alimentar la fe, se ocupa en deducir conclusiones.

Respondo. Ciertamente la Teología no sólo cumple el oficio de la ciencia, deduciendo e infiriendo conclusiones de principios creídos; sino que también a veces ejerce y suple el oficio del hábito de los principios, por cuanto sin duda se ocupa respecto de los misterios de la fe, que son sus principios propios, a saber, para ilustrarlos, explicarlos y defenderlos, parte mediante la noticia explicativa de la Escritura, parte mediante la noticia argumentativa: pero de ahí no se sigue que, después de haber explicado y percibido tales principios, no pueda deducir de ellos conclusiones.

Dirás 2. Toda la Teología de los santos Padres se ocupa en la exposición de la Sagrada Escritura, ya expongan expresamente los libros, ya ocasionalmente extraigan de ella algunos textos al disputar con los herejes, ya declaren el sentido perverso de las Sagradas Escrituras usadas por los herejes: luego el oficio adequado de la Teología es abrir y exponer los misterios de la fe, guardados en la Sagrada Escritura.

Se confirma. Por la autoridad de S. Dionisio, libro De divinis nominibus, cap. 1.: Ninguna (dice) razón permite presuntuosamente decir o pensar algo acerca de la Deidad supersubstancial y secretísima, fuera de aquellas cosas que nos han transmitido las sagradas letras.

Respondo. Ciertamente los santos Padres solían usar de una Teología expositiva, pero no por eso descuidaron la argumentativa e ilativa, como consta de sus escritos, y como lo probamos en la tercera cuestión del primer artículo.

Al S. Dionisio. Digo, que él entiende por sagradas letras, no sólo la Sagrada Escritura, sino también aquello que se ha deducido de las sagradas letras, según tiene otra versión suya.

Es cierto, empero, que la Teología se ocupa ya en exponer la Sagrada Escritura, ya en inferir de ella conclusiones para la más clara inteligencia y persuasión de los misterios.

Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit

Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio

Tractatus I: De Deo in se subsistente

Disputatio I: De existentia et essentia Dei

Articulus I: De existentia Dei

Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere

Quaestio II: An Deum existere sit per se notum

Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere

Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere

Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum

Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei

Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri

Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant

Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens

Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae

Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis

Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei

Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi

Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia

Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones

Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant

Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione

Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa

Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur

Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis

Articulus I: De simplicitate divina

Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas

Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat

Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat

Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat

Articulus II: De infinitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum

Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat

Articulus III: De immensitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique

Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione

Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis

Articulus IV: De aeternitate Dei

Quaestio I: Quid, et qualis sit aeternitas

Quaestio II: An, et quomodo aeternitas Deo conveniat

Quaestio III: Quomodo Deus ratione aeternitatis creaturae coexistat, et creatura Deo

Articulus V: De immutabilitate Dei

Quaestio I: An Deus sit omnino immutabilis

Quaestio II: An Deus sit immutabilis extrinsece

Articulus VI: De ineffabilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit ineffabilis

Quaestio II: Quae, et quomodo nomina Deo conveniant

Articulus VII: De invisibilitate, et visibilitate Dei tam respectu Viatorum, quam Beatorum

§ I: De possibilitate, et existentia intuitivae visionis Dei

Quaestio I: An Deus sit invisibilis, vel visibilis naturaliter creaturae iam existenti, aut alicui creabili

Quaestio II: An Deus saltem supernaturaliter visibilis sit oculo mentis, et corporis

Quaestio III: An possibilitas divinae visionis intuitivae ratione naturali probari possit

Quaestio IV: An Deus visus fuerit intuitive ab aliquo hac in mortali vita degente

Quaestio V: An viri sancti statim post mortem Deum intuitive videant: et quae fuerit hac de re sanctorum Patrum, et Millenariorum sententia

§ II: De principiis productivis visionis beatificae

Quaestio I: An species impressa Dei sit possibilis, etc.

Quaestio II: An, quid, et quale sit lumen gloriae

Quaestio III: An, et quomodo intellectus concurrat ad formandam visionem beatificam

§ III: De obiecto visionis beatificae

Quaestio I: Quodnam sit obiectum primarium beatae visionis, et quomodo Deus videatur a beatis

Quaestio II: An, et quomodo Beati videant in Deo creaturas

§ IV: Quot, et quae sint beatae visionis proprietates

Quaestio I: An beata visio sit notitia simplex directa, et permanens

Quaestio II: An visiones beatificae sint inaequales, et unde inaequalitas oriatur

Articulus VIII: De incomprehensibilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit incomprehensibilis

Disputatio IV: De divinis perfectionibus affirmantibus, seu de attributis Dei positivis

Quaestio I: An, et quomodo Unitas Deo conveniat

Quaestio II: Quid, et qualis sit entitativa Dei Veritas

Quaestio III: An, et qualiter Bonitas Deo conveniat

Quaestio IV: An, et quae sit Dei Pulchritudo

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