Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen

Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen (1620–1711)

Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.


Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)

Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)

Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)

Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt

Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)

Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)

Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi

Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae

Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina

Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria

Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit

Articulus II: De essentia theologiae

Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia

Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat

Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur

Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum

Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae

Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae

Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica

Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis

Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus

Tres son en la presente cuestión los puntos que han de resolverse. 1. Si las conclusiones teológicas y el asentimiento que se les presta es más cierto que el asentimiento que uno ofrece a las ciencias naturales y evidentes. 2. Si el asentimiento teológico tiene la misma certeza que el asentimiento de la fe. 3. Si el acto y hábito teológicos son más dignos que las ciencias naturales.

Nótese 1. La certeza suele ser distinguida por los Filósofos de un triple modo: de objeto, de sujeto y de motivo. La certeza de objeto es la inmovilidad e invariabilidad de la cosa en sí; ésta es doble: a saber, la inmutabilidad de la esencia y de la existencia, que compete sólo a Dios, y la invariabilidad de la proposición esencial, que es una conexión necesaria del predicado con el sujeto. Ésta, a su vez, es o Metafísica, por la cual ni siquiera divinamente la cosa puede ser de otro modo, v. g. el hombre es ciertamente animal racional; o Física, por la cual al menos naturalmente la proposición es siempre verdadera, v. g. todo fuego quema. La certeza subjetiva es la firme adherencia del entendimiento a algún objeto conocido, que se supone verdadero aunque no lo sea; de tal suerte que algunos se adhieren con más firmeza y tenacidad a una proposición falsa, que creen verdadera, v. gr. los herejes, que otros a una verdadera. De donde Arist., 7 Ethic., 3 dice: Hay quienes no creen menos en su opinión, que aquéllos en su ciencia. Pero esto debe llamarse más bien pertinacia que certeza. Finalmente, la certeza de motivo es la conexión infalible del medio conocido con la cosa que se conoce. Esta conexión aparece o por la experiencia, cual es la certeza que tenemos de que todo fuego es caliente; o por la evidencia de la luz natural, cual es la certeza acerca de los primeros principios; o por la debida ilación a partir de principios evidentes, cual es la certeza de la conclusión debidamente inferida de premisas evidentes; o finalmente, por la revelación de alguno veraz, cual es la certeza de la fe, que se apoya en la veracidad de Dios que revela.

Nótese 2. según Aureolo nuestro, q. 2. del Prólogo, art. 2., se hace un triple procedimiento e inferencia en la Teología: pues a veces se procede hacia una conclusión conocida de otra fuente, como cuando se pregunta si Dios es uno e infinito, pues esto consta por la Metafísica; a veces, en cambio, se procede hacia una conclusión que ha de creerse, sobre la cual aún no está determinado qué debe creerse, como cuando se pregunta si el Espíritu Santo se distinguiría del Hijo, si no procediera de él; y a veces hacia una conclusión ya creída y determinada, como cuando se pregunta si el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, cuya verdad la Iglesia ya determinó en los Concilios generales.

Nótese 3. Del mismo, en el mismo lugar, que el segundo modo de inferir y proceder puede hacerse de cuatro maneras. 1. En efecto, la conclusión puede inferirse de una proposición creída y otra necesaria: v. g. Cristo es hombre, pero el hombre es animal racional: luego Cristo es animal racional; la primera proposición es creída, y la segunda es necesaria. 2. De ambas creídas, v. g. Cristo es bienaventurado, pero el bienaventurado ve a Dios cara a cara: luego, etc. 3. De una proposición creída y otra probable; v. gr. Cristo tiene verdadero cuerpo, pero el cuerpo verdadero tiene una forma sustancial distinta del alma racional: luego, etc. Pues la primera proposión consta por la fe; mas la segunda es discutida y debatida por ambas partes entre los Escotistas, que la afirman, y los Tomistas, que la niegan y sostienen que en el cuerpo humano, además del alma racional, no hay otra forma que la del cadáver.

  1. De ambas probables, v. gr.: La esencia de la cantidad consiste en la extensión de las partes según el orden a sí: pero Cristo en la Eucaristía tiene cantidad: luego también la extensión de las partes según el orden a sí. Luego, etc. Es cierto, empero, que de dos probables, o de una creída y otra probable, sólo se forma y engendra opinión; porque la conclusión sigue la suerte de las premisas, y muy especialmente la vicisitud de la premisa más débil; pues la causa no puede atribuir a su efecto alguna perfección que ella misma no tiene; de donde, siendo las premisas causa de la conclusión, tal será la conclusión cual la premisa menos cierta y perfecta. Pero si de dos proposiciones creídas, o de una creída y otra necesaria, se genera la fe sobrenatural, como quiere allí mismo Aureolo; o si más bien se genera un hábito teológico medio entre la fe y la ciencia, que sea más cierto que la ciencia y menos cierto que la fe, como afirma el Doctor en 3. d. 24. n. 20., he ahí lo que ha de resolverse.

Conclusión primera. — La conclusión teológica, que se deduce o de dos premisas reveladas y creídas, o de una necesaria y otra revelada, es más cierta, por la certeza de objeto y de motivo, que cualquier ciencia natural; pero no por la certeza de sujeto. Esta conclusión tiene dos partes, de las cuales

Prueba de la primera. Aquel conocimiento es más cierto, por la certeza de objeto y de motivo, que se dirige hacia un objeto más inmutable, y por un motivo más firme y seguro: pero la Teología versa acerca de Dios, quien tiene mayor certeza e inmutabilidad y necesidad de ser que los objetos de las ciencias naturales; hacia él tiende también mediante un medio y motivo más firmes que los motivos de las ciencias naturales; puesto que aquélla se apoya en principios revelados y creídos por divina fe, que ciertamente tienen mucha mayor certeza que los principios conocidos por la luz natural, con los cuales se sostienen las ciencias naturales; pues dice Cristo, Lucas 21: El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán. Luego, etc. De aquí Agustín 7. Confess. cap. 10: Lo oí, como se oye en el corazón, y no hubo en absoluto de dónde dudar: antes dudaría más fácilmente de que yo vivo, que de que no existe la verdad.

Segundo. La certeza sobrenatural y divina es mucho mayor que cualquier certeza natural: pero el conocimiento teológico tiene certeza divina y sobrenatural por parte del objeto y del motivo; mientras que las ciencias naturales sólo tienen certeza natural, y proveniente de causas puramente naturales. Luego aquélla es más cierta que éstas.

Tercero. Lo que se apoya en la verdad primera y esencial es más cierto que lo que sólo se funda en la verdad participada: pero la Teología se apoya en la verdad primera, a saber, en la revelación de Dios; mientras que las ciencias naturales se apoyan en las criaturas, que tienen sólo verdad participada: luego, etc.

Cuarto. La certeza absoluta y necesaria es mayor y más excelente que la certeza contingente e hipotética: pero la certeza de la Teología es absoluta y necesaria por parte del objeto, que es imposible que cambie; y del motivo, al cual repugna que le subyazca lo falso; mientras que la certeza de las ciencias naturales es hipotética y contingente, ya que su existencia y entidad dependen enteramente de la libre ordenación de Dios. Luego, etc.

También es evidente la segunda parte. Primero. Aquella certeza es mayor por razón del sujeto, con la cual el entendimiento excluye todo movimiento de duda: pero la experiencia consta de que el entendimiento excluye toda duda absolutamente cuando asiente a la conclusión evidentemente deducida de un principio evidentemente conocido, cual es este, v. gr. El todo es mayor que su parte; mientras que, al asentir a la conclusión deducida de principios revelados, a veces padece duda y ansiedad. Pues no puede ser mayor la firmeza del entendimiento que asiente a una conclusión teológica, que cuando asiente por la fe a una proposición inmediatamente revelada; pero cuando asiente por la fe, a veces no excluye toda duda; pues dice el Doctor en 3. d. 23. n. 15: La fe no excluye toda duda, sino la duda que arrastra hacia lo contrario de lo creíble. Lo cual también lo indica Cristo Señor al reprender a los Discípulos, Matth. 8, diciendo: ¿Por qué sois tímidos, hombres de poca fe? Y en el cap. 14, dirigiéndose a Pedro: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Luego por razón del sujeto, la Teología es menos cierta que las ciencias naturales.

Segundo. Aquella certeza es mayor por parte del sujeto, la cual más apacigua y afirma al entendimiento, y le es connatural y proporcionada: pero la certeza de las ciencias naturales, como tiene añadida la evidencia, más apacigua y sacia al entendimiento, y es más connatural a su modo de operar, que la certeza de la fe, la cual trasciende las fuerzas del entendimiento y tiene añadida la oscuridad. De donde sucede que el entendimiento debe despojarse de su modo natural de conocer, y como ser privado y desnudado de sus privilegios nativos cuando presta asenso a una proposición revelada. Por eso S. Pablo llama cautiverio del entendimiento a aquel asenso, 2. Corinth. 10: Reduciendo todo entendimiento a cautiverio en obsequio de Cristo. Luego, etc.

Objetarás 1. contra la primera parte: El hábito que es cierto por todas partes debe decirse simplemente más cierto, que aquel que por alguna parte de sí padece incertidumbre: pero el hábito de la ciencia natural es cierto por todas partes, ciertamente por parte del objeto, del sujeto y del motivo; mas el hábito de la Teología siempre es cierto por parte del objeto y del motivo; muy a menudo, sin embargo, incierto por parte del sujeto: luego este es menos cierto que aquel.

Distingo la mayor. es más cuanto a sí, niego; cuanto a nosotros, concedo. Así pues, la certeza del hábito (como se dijo) puede considerarse de dos maneras; o respecto de sí mismo y según la infalibilidad del objeto y del motivo; o respecto de nosotros y según la facilidad y firmeza del asenso al cual inclina a nuestro entendimiento. Del primer modo, el hábito es tanto más cierto y firme cuanto más infalibles y necesarios son el objeto y el motivo. Pero del segundo modo, además de la infalibilidad del objeto, se requiere también que tal certeza sea más proporcionada y connatural a nuestro entendimiento, y que en él se apacigue más en aquel asenso y excluya la duda y vacilación natural; lo cual ciertamente se hace mediante el hábito científico a causa de su evidencia natural. De donde este hábito es más cierto que el hábito teológico respecto de nosotros, por la debilidad de nuestro entendimiento, que se adhiere más a la proposición evidente, y por el motivo natural antes que por el sobrenatural; no porque este sea menos cierto que aquel, sino porque no es igualmente connatural.

Dirás 2. Que aquello que es causa de la certeza de la conclusión teológica es más cierto que la misma conclusión: pero los principios naturales, y las conclusiones de las ciencias naturales son a menudo causas de la certeza de la conclusión teológica: luego aquellas son más ciertas. La mayor es evidente por aquella máxima filosófica: Aquello por lo cual algo es tal, es más tal aún. La menor también es evidente, pues en la demostración teológica a menudo una de las premisas es científica y conocida solo por la luz natural.

Distingo la mayor. Causa adecuada, concedo; inadecuada, niego; y distinguida igualmente la menor, niego la consecuencia. Pues la premisa natural es tan solo causa inadecuada de la conclusión teológica; y deviene causa adecuada de ella en cuanto se junta con la otra premisa revelada, la cual, siendo más cierta que toda conclusión científica, confiere también a la conclusión teológica mayor certeza de la que conferiría aquella premisa científica y natural.

Insistirás. Por lo dicho en la prueba de la conclusión precedente, y por el axioma común de los Dialécticos, La conclusión sigue siempre a la premisa más débil: luego donde una premisa en el discurso teológico es natural, también la certeza de la conclusión debe ser natural, y por consiguiente no es más cierta que las ciencias naturales; antes bien, menos cierta, pues carece de evidencia.

Responden comúnmente los Autores a esta instancia que el citado axioma es verdadero cuando las dos premisas son del mismo orden e influyen igualmente en el asenso a la conclusión; pero en el discurso teológico, dicen, solo la premisa revelada es causa del asenso a la conclusión; pues a ella sola se resuelve la conclusión; y la premisa natural parece ser tan solo condición aplicativa y explicativa de la premisa revelada y del principio sobrenatural, para que el entendimiento preste con mayor facilidad su asenso a la conclusión.

Mas puesto que de esta réplica parecería seguirse que una premisa opinativa y probable, junto con otra premisa de fe, tendría certeza sobrenatural; así como que el asenso a la conclusión teológica sería idéntico al asenso a la proposición de fe, cosa abiertamente falsa, como demostrará la siguiente conclusión, por ello responden otros que la conclusión sigue a la parte más débil en aquellas premisas que excluyen el consorcio de la otra, de suerte que si una proposición es negativa, también la conclusión debe ser negativa, porque no puede ser en parte afirmativa y en parte negativa; semejantemente, si una premisa es particular, también la conclusión debe ser particular, porque no puede ser a la vez particular y universal, ya que lo particular y lo universal repugnan entre sí, y uno no admite el consorcio del otro. En cambio, en aquellas premisas que no excluyen el consorcio de la otra, la conclusión no debe participar más de la proposición más débil que de la más cierta y válida, de las cuales se extrae; pero consta que la luz natural no excluye el consorcio de la luz de la fe en orden a causar la conclusión teológica: luego no es necesario que la conclusión teológica siga a la proposición menos cierta.

Respondo. con nuestro Smising. qu. 1. n. 115., que para la verdad del citado axioma basta que la conclusión no iguale en perfección a la premisa más noble y válida, pero no es necesario que la conclusión sea igualmente imperfecta que la premisa de menor perfección. Pues así como en las cosas naturales la mula, engendrada del caballo y de la asna, es ciertamente más imperfecta que el caballo, aunque más perfecta que la asna; así (si es lícito dibujar lo espiritual por estas sombras más groseras) podemos decir que el asenso teológico causado por una premisa revelada y por otra evidente es ciertamente menos cierto que la revelada; pero por su consorcio con la revelada, es más cierto que la premisa natural evidente; y así la conclusión teológica deducida de ellas es más cierta que cualquier ciencia natural.

Dirás 3. La certeza de la conclusión teológica no surge inmediatamente de la premisa revelada, sino solo mediando el discurso racional, mediante el cual se deduce de tal premisa: ahora bien, el discurso no es más cierto en la Teología que en las ciencias naturales, puesto que se apoya en la misma luz natural y en las mismas reglas del silogismo; luego tampoco la conclusión teológica será más cierta que las otras.

Distingo la menor. El discurso teológico es idéntico al científico en cuanto a la forma y al método, concedo; en cuanto a la materia y a las cosas de que trata, niego: pues como la materia del discurso teológico es mucho más cierta que la materia de las ciencias naturales a causa de las premisas reveladas, de ahí resulta que la conclusión teológica sea también más cierta que las otras; del mismo modo que entre las propias ciencias, aunque sea idéntico el modo de discurrir, sin embargo, como la materia de una ciencia es más cierta y más necesaria que la de otra, se sigue también que una ciencia es más cierta que otra.

Dirás 4. Si la noticia teológica es más cierta que las ciencias naturales, se sigue igualmente que ella es más cierta que el asentimiento a los primeros principios, máximamente a este: Todo ente es o no es, y al otro: La primera verdad ni puede engañar ni ser engañada; pero esto no puede decirse, pues las premisas reveladas se apoyan en estos dos principios, y por consiguiente son menos ciertas que ellos, porque aquello por lo que algo es tal, es más tal que ello.

Niego la menor. Pues las premisas reveladas, en cuanto reveladas, son más ciertas que cualquier primer principio, ni se sustentan en discurso alguno: hay que saber, en efecto, que por el mismo acto por el cual alguien asiente a una proposición por la fe, por ese mismo disiente de la proposición opuesta; y así, por eso mismo por lo que algo se propone como es, por ese mismo se propone que su opuesto no es; por lo cual esta proposición: Todo ente es o no es, está contenida en las proposiciones reveladas, y es virtualmente revelada en aquellos artículos que se proponen como siendo.

Semejantemente, la misma fe que nos mueve a creer algo por la primera verdad infalible mueve, en consecuencia, a creer que se da una primera verdad infalible.

Conclusión segunda. — El asentimiento teológico es menos cierto que el asentimiento de la fe.

Esta es la doctrina del Doctor en varios lugares, especialmente en la distinción 3, cuestión única, n. 16 y 20.

Se prueba primero. Por Aristóteles, libro 1 de los Segundos Analíticos, la certeza del asentimiento a la conclusión nunca iguala la certeza de las premisas, porque aquello por lo que algo es tal, es más tal que ello; pero la conclusión teológica solo es cierta por unas premisas de las cuales una es de fe; luego las premisas de la conclusión teológica son más ciertas que ella.

Segundo. No es igual el motivo de certeza en el asentimiento teológico que en el asentimiento de la fe; luego éste es más cierto que aquél. Se prueba el antecedente: el motivo del asentimiento de la fe es la pura e inmediata revelación divina sin discurso alguno; mas el motivo para asentir a la conclusión teológica es solo la revelación mediata, virtual y compleja, o que envuelve consigo el discurso natural; ora la revelación pura e inmediata es mucho más cierta que la que solo se conoce mediatamente mediante el discurso. Ergo, etc.

Tercero. Ninguno de los Teólogos presta un asentimiento tan firme a las conclusiones teológicas como a las proposiciones de fe, como a cada uno le consta; luego ambos asentimientos no son de igual certeza.

Cuarto. El asenso teológico no puede ser de igual certeza que el asenso de la fe, a no ser que proceda del hábito de la fe; pero de él no procede: luego no es de igual certeza con él. La mayor es cierta: pues o el hábito de la fe debería poder mover a este asenso igualmente cierto, o algún otro hábito que tuviera la misma o igual certeza que el hábito de la fe; pero no se da tal otro hábito que sea de igual certeza con el hábito de la fe: luego sería necesario que el asenso teológico procediera del hábito de la fe. La menor se prueba: el hábito teológico es distinto del hábito de la fe: luego el asenso teológico no procede del hábito de la fe. La consecuencia es evidente, porque el asenso teológico no se produce sino por el entendimiento informado por el hábito teológico.

La antecedente se prueba por la autoridad de San Agustín en el libro 14. De Trinit. cap. 1., donde, habiendo dicho que por el hábito teológico la fe se engendra, se nutre, se defiende y se robustece, añade:

Con esa ciencia no sobresalen muchísimos fieles, aunque sobremanera posean la misma fe: pues una cosa es saber solamente qué debe creer el hombre para alcanzar la vida bienaventurada, la cual no es sino eterna; y otra cosa es saber cómo esta misma se auxilia con los piadosos y se defiende contra los impíos.

De donde el Doctor, en el lugar citado n. 20., ponderando estas palabras de San Agustín, dice:

Digo que los sencillos creen todo lo que la Iglesia, implícitamente, ni saben explicar la fe ni defenderla; lo mismo aquellos que no saben, tienen un hábito distinto de la fe, pero no con otra luz distinta de la que es la fe: Ni aquel hábito se apoya en principios evidentemente notorios en alguna luz: Sin embargo, con ese hábito no sobresalen muchísimos fieles, porque ese hábito es distinto de la fe; no obstante no es ciencia como la describe el Filósofo.

Por esto es evidente cuán erróneamente algunos afirman que el Doctor sostiene que el hábito de la fe es el mismo que el Teológico.

Dirás 1. Aquella proposición es de igual certeza con la fe, y quien la niega es hereje; pero quien niega una proposición deducida de los principios de la fe es hereje: luego etc. Se prueba la menor: Por eso los monotelitas fueron condenados en el sexto Síncodo porque negaban que en Cristo hubiese dos voluntades; pero que en Cristo hay dos voluntades se colige tan sólo y consta por este discurso teológico: Donde hay dos naturalezas intelectuales, hay dos voluntades; pero en Cristo hay dos naturalezas intelectuales, a saber, divina y humana: luego también dos voluntades. Y por consiguiente quien niega la conclusión teológica es hereje.

Distingo la menor. Quien niega la conclusión teológica precisamente en cuanto teológica, o en cuanto es inferida por el discurso teológico, es hereje, niego; en cuanto aquella proposición que niega es también inmediatamente revelada, concedo. A la prueba, empero, digo que es igualmente inmediatamente revelado que en Cristo haya dos voluntades, como fue inmediatamente revelado que en él haya dos naturalezas, divina y humana; porque es imposible que la naturaleza intelectual sea separada de su entendimiento y de su voluntad, ya que se llama intelectual y libre por su entendimiento y su voluntad.

De donde con razón los monotelitas fueron condenados como herejes, no porque negaban la conclusión teológica; sino porque rehusaban admitir una proposición inmediatamente revelada al menos implícitamente.

Para que, empero, con más fácil tarea se resuelvan todas aquellas cosas que pueden objetarse contra esta conclusión

Advierte 1. Con nuestro Smising., q. 1, n. 16, la conclusión teológica puede considerarse: o en cuanto es inferida por el discurso, y así no es de fe, ni quien la negara sería hereje; o en cuanto ha sido también revelada inmediatamente, y así debe llamarse proposición de fe, pero no conclusión teológica; o en cuanto está contenida en una proposición revelada, de modo que se aprehende como totalmente idéntica a ella; v. gr., si alguien, al oír este silogismo: Todo supuesto dotado de doble naturaleza espiritual tiene dos voluntades; mas el supuesto de Cristo tiene doble naturaleza espiritual: luego tiene dos voluntades —si alguien (digo) aprehende estas dos proposiciones, tener doble naturaleza y tener dos voluntades, a manera de un solo conexo, y atribuye ese conexo a Cristo, creerá que en Cristo hay dos voluntades con la misma fe con que cree que en él hay dos naturalezas, aunque la conexión de aquellas dos propuestas le aparezca mediante el discurso. Pero si juzga que esas proposiciones son distintas, y concibe que otra cosa es tener dos naturalezas y otra tener dos voluntades, e infiere esta proposición de aquélla tan sólo por la luz del discurso natural, entonces, si la negare, no será hereje, pues considera aquella proposición no como inmediatamente revelada, sino sólo como inferida de una revelada.

Advierte 2. Una proposición puede deducirse de los antecedentes de dos maneras: 1. A modo de suasión, cuando el discurso no es tanto ilativo cuanto expositivo de los términos. V. g., si alguien infiriera que Cristo es verdadero hombre, consecuentemente es animal racional, de este modo: Todo hombre es animal racional; Cristo es hombre: luego es animal racional; puesto que hombre y animal racional son formaliter lo mismo, esta conclusión no se estima tanto inferencia cuanto exposición de los términos. 2. A modo de ilación, cuando de la conexión ordenada de las premisas se infiere la conclusión. V. g., si alguien infiriera que Cristo es risible porque es hombre, y todo hombre es risible; pues aunque la risibilidad se identifica realiter con el hombre, no se identifica sin embargo formaliter; es una propiedad formalmente distinta de la esencia del hombre. La primera conclusión sería de fe; no así la segunda.

Conclusión tercera. — Nuestra Teología es más digna que cualquier ciencia natural.

Esta Conclusión se muestra claramente: primero, porque la Teología mira un objeto más excelente, a saber, las cosas divinas y sobrenaturales, que por su dignidad trascienden la razón; las demás ciencias, en cambio, versan sobre cosas naturales y sobre aquello que está sometido a la razón; después, porque posee mayor certeza, pues las demás ciencias toman prestada su certidumbre de la sola luz natural, que a menudo está expuesta al error, mientras que la Teología se apoya en la primera verdad, que ni puede engañarse ni engañar; finalmente, porque las demás ciencias le sirven cual criadas, y ella las emplea para abrir, confirmar y persuadir sus verdades. De ahí que en Proverbios 9 se dice de esta divina sabiduría que envió sus criadas a llamar a la ciudadela.

Dirás 1. La evidencia es perfección de la ciencia; por tanto, cuanto más evidentes sean las ciencias, tanto más perfectas serán: mas las ciencias naturales son más evidentes que la Teología; luego también más perfectas.

Distingo la mayor. La evidencia es perfección de la ciencia según algo (secundum quid) y en orden a mayor perfección: concedo; simpliciter y absolutamente: niego. Pues la evidencia se ordena a la certidumbre, que es la máxima perfección de la ciencia; de donde, cuanto más cierta sea una ciencia, tanto más perfecta será; mas consta que la Teología es más cierta que las demás ciencias; luego también más excelente.

Dirás 2. Es más excelente aquella ciencia que alcanza su objeto de modo más perfecto; pero las ciencias naturales alcanzan su objeto de modo más perfecto que la Teología, pues aquellas descubren y desvelan la naturaleza de su objeto y todas sus partes y propiedades, mientras que ésta apenas percibe algo de la naturaleza de su objeto; luego ésta es menos perfecta que aquéllas.

Distingo la mayor. Si contempla un objeto más excelente o igualmente digno: concedo; si menos perfecto: niego. Ahora bien, la Teología considera un objeto más excelso que las ciencias naturales. Es más noble, empero, alcanzar poco acerca de sujetos más nobles que mucho acerca de otros, como refiere el Doctor ex Aristóteles 2 De animalibus, en 3 dist. 23, al final. Le concuerda el Sto. Tomás, quaest. 1 del Prólogo, artículo 5, diciendo: Lo mínimo que puede tenerse de conocimiento de las cosas altísimas es más deseable que la certísima cognición que se tiene de las cosas mínimas.

O bien digo con el mismo Doctor en el mismo lugar, que la dignidad del acto puede considerarse o absolutamente y en sí, o respectivamente y según la capacidad de alcance (attingentia) del objeto sobre el que versa. Del primer modo, la cognición teológica es más noble que la filosófica, porque nace de principios más sublimes y se ocupa de un objeto más noble; pero del segundo modo, las noticias filosóficas pueden llamarse más perfectas, porque alcanzan y comprenden su objeto de manera más perfecta. Así, v. g., la visión del sol por parte del Águila se dice en sí más perfecta que la visión de la vela por mi ojo, porque aquélla procede de una potencia más perfecta y aguda y versa sobre un objeto más excelsio; pero ésta se dice más perfecta según la capacidad de alcance, porque mi ojo está más proporcionado a su objeto, a saber, la vela, y comprende mejor visualmente el objeto, que el ojo del águila al sol.

Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva

Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit

Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio

Tractatus I: De Deo in se subsistente

Disputatio I: De existentia et essentia Dei

Articulus I: De existentia Dei

Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere

Quaestio II: An Deum existere sit per se notum

Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere

Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere

Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum

Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei

Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri

Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant

Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens

Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae

Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis

Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei

Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi

Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia

Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones

Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant

Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione

Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa

Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur

Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis

Articulus I: De simplicitate divina

Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas

Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat

Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat

Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat

Articulus II: De infinitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum

Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat

Articulus III: De immensitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique

Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione

Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis

Articulus IV: De aeternitate Dei

Quaestio I: Quid, et qualis sit aeternitas

Quaestio II: An, et quomodo aeternitas Deo conveniat

Quaestio III: Quomodo Deus ratione aeternitatis creaturae coexistat, et creatura Deo

Articulus V: De immutabilitate Dei

Quaestio I: An Deus sit omnino immutabilis

Quaestio II: An Deus sit immutabilis extrinsece

Articulus VI: De ineffabilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit ineffabilis

Quaestio II: Quae, et quomodo nomina Deo conveniant

Articulus VII: De invisibilitate, et visibilitate Dei tam respectu Viatorum, quam Beatorum

§ I: De possibilitate, et existentia intuitivae visionis Dei

Quaestio I: An Deus sit invisibilis, vel visibilis naturaliter creaturae iam existenti, aut alicui creabili

Quaestio II: An Deus saltem supernaturaliter visibilis sit oculo mentis, et corporis

Quaestio III: An possibilitas divinae visionis intuitivae ratione naturali probari possit

Quaestio IV: An Deus visus fuerit intuitive ab aliquo hac in mortali vita degente

Quaestio V: An viri sancti statim post mortem Deum intuitive videant: et quae fuerit hac de re sanctorum Patrum, et Millenariorum sententia

§ II: De principiis productivis visionis beatificae

Quaestio I: An species impressa Dei sit possibilis, etc.

Quaestio II: An, quid, et quale sit lumen gloriae

Quaestio III: An, et quomodo intellectus concurrat ad formandam visionem beatificam

§ III: De obiecto visionis beatificae

Quaestio I: Quodnam sit obiectum primarium beatae visionis, et quomodo Deus videatur a beatis

Quaestio II: An, et quomodo Beati videant in Deo creaturas

§ IV: Quot, et quae sint beatae visionis proprietates

Quaestio I: An beata visio sit notitia simplex directa, et permanens

Quaestio II: An visiones beatificae sint inaequales, et unde inaequalitas oriatur

Articulus VIII: De incomprehensibilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit incomprehensibilis

Disputatio IV: De divinis perfectionibus affirmantibus, seu de attributis Dei positivis

Quaestio I: An, et quomodo Unitas Deo conveniat

Quaestio II: Quid, et qualis sit entitativa Dei Veritas

Quaestio III: An, et qualiter Bonitas Deo conveniat

Quaestio IV: An, et quae sit Dei Pulchritudo

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