Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente
Claude Frassen (1620–1711)
Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.
Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)
Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)
Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)
Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt
Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)
Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)
Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi
Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae
Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina
Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria
Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit
Articulus II: De essentia theologiae
Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia
Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat
Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur
Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum
Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae
Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae
Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica
Notandum 1. Se llama ciencia especulativa aquella que descansa en la simple y desnuda contemplación de su objeto, y no se ordena a dirigir otra facultad en cuanto el intelecto elicita sus actos; práctica, en cambio, es aquella por la cual el intelecto se instruye e ilumina para dirigir desde sí otras facultades en sus operaciones, que verdaderamente se llaman praxis. Praxis es, además, vocablo griego que en latín significa lo mismo que operatio: de ahí que, así como hay una doble potencia, a saber, la Efectiva y la Afectiva, del mismo modo se distingue comúnmente una doble praxis. La primera es la operación de la potencia o facultad efectiva y corporal, que puede realizar alguna obra externa y sensible; la posterior, en cambio, es la operación de la facultad apetitiva, que como es doble —una corpórea, que se denomina Apetito sensitivo, y otra espiritual, que se llama Apetito racional o voluntad—, también se dice doble la operación práctica, a saber, Racional y Animal.
Notandum 2. En cuanto a la operación que verdaderamente sea praxis, el Doctor Sutil, q. 4. del Prólogo n. 3, exige tres condiciones. Primero, que sea operación de la facultad apetitiva o efectiva, y no de la intelectiva. Segundo, que aquel acto suponga el conocimiento del objeto al que se ordena. Tercero, que sea dirigible y ordenable al bien moral, si es acto de la facultad apetitiva, o al bien artificial, si es acto de la facultad efectiva. De donde toda noticia se dice práctica que se ordena a dirigir la facultad, ya Afectiva, ya Efectiva.
Notandum 3. Una perfección cualquiera puede hallarse en un sujeto por alguno de estos tres modos: a saber, solo formalmente, como el calor está en el agua caliente; o solo virtualmente, como el calor está en el sol, que aunque no es caliente, es sin embargo calefactor; o formalmente y virtualmente a la vez, como el calor está en el fuego, que por su virtud innata es a la vez caliente y calefactor.
De aquí que la sentencia de los autores más graves acerca de la resolución de la presente cuestión sea principalmente triple; pues algunos, con Santo Tomás 1. p. q. 1. art. 4. juzgan que nuestra Teología es formalmente en parte especulativa y en parte práctica, más especulativa empero que práctica; algunos, con Enrique en la suma art. 9, juzgan que es pura y absolutamente especulativa. Los demás, empero, con el Doctor Sutil, quaest. 4. del Prólogo n. 32, sostienen que es simplemente práctica. Para que abracemos y defendamos esta sentencia, y ataquemos y refutemos las demás, sea
Conclusión primera. — Nuestra Teología no es a la vez especulativa y práctica.
Se prueba. Es imposible que dos diferencias opuestas divisivas de un género, o las propiedades de tales diferencias que hacen sus veces, se encuentren a un mismo tiempo en lo mismo; pero lo especulativo y lo práctico son diferencias esenciales que dividen la ciencia, o al menos propiedades consecuentes de diversas diferencias que dividen la ciencia: luego no pueden hallarse en la misma ciencia. La mayor es patente; pues si las diferencias opuestas, o las propiedades que las siguen, pudieran hallarse en lo mismo, se seguiría que un mismo cuerpo podría ser corpóreo e incorpóreo, corruptible e incorruptible, que un mismo animal podría ser sensitivo e insensitivo, que un mismo hombre podría ser racional e irracional, risible y relinchante, cosas manifiestamente imposibles. La menor es igualmente evidente; puesto que lo especulativo y lo práctico, o son diferencias esenciales que dividen la ciencia, o al menos propiedades que connotan diversas diferencias y de ellas emanan, como conceden los escotistas, y por consiguiente no pueden competir a la misma ciencia, y así la Teología no puede ser en parte especulativa y en parte práctica.
Replican los tomistas modernos, con Cayetano, que lo especulativo y lo práctico no son diferencias divisivas de la ciencia en cuanto tal y en cuanto la ciencia es género supremo respecto de la Teología y de las ciencias naturales, sino que son solo diferencias divisivas de la ciencia natural y en cuanto esta es género subalterno respecto de todas las ciencias naturales, de las cuales abstrae y en las cuales se difunde. De modo que —dice Cayetano—
lo especulativo y lo práctico se han respecto de la ciencia en cuanto tal como el oído y la vista respecto del sentido común y propio; de donde, así como el sentido en cuanto tal se divide primeramente en común y propio, y el propio a su vez se subdividiría en vista, oído, etc., así la ciencia en cuanto tal se divide primeramente en infinita, o la que tiene objeto infinito, cual es la Teología, y finita, o la que tiene objeto finito, cual es la ciencia puramente natural; y esta a su vez se subdivide en especulativa y práctica. De donde, aunque estas no puedan ciertamente darse a la vez en alguna ciencia natural, pueden sin embargo darse a la vez en la Teología. Contra 1. Esto es más bien una evasión furtiva de la dificultad y de la argumentación que una solución sólida de ella; puesto que de este modo se resolverían fácilmente todos los argumentos tomados de la Filosofía contra las realidades sobrenaturales, y no lícito filosofar en absoluto de las realidades naturales hacia las teológicas: fácilmente, en efecto, podrá responder quienquiera que sea el adversario que razones semejantes tienen lugar en las realidades ciertamente filosóficas, pero no en las teológicas y las que pertenecen a un orden más elevado.
Segundo. Ninguna diferencia incluye los predicados de la diferencia a ella opuesta y contradistinta; pero lo finito y lo infinito, según los tomistas, son diferencias que distinguen primeramente la ciencia: luego los predicados de la ciencia finita no pueden competir a la ciencia infinita. Subsumo: pero entre ellos, lo especulativo y lo práctico son diferencias de la ciencia finita: luego no pueden competir a la ciencia infinita. La mayor consta; porque siendo racional e irracional diferencias opuestas, es evidente que lo relinchante, lo rugiente y las demás diferencias que están bajo lo irracional no pueden competir a lo racional; pues a quien se le quita el género y el todo, se le quitan igualmente las especies del género y las partes de aquel todo; lo relinchante, empero, y lo rugiente son especies y partes subjetivas de lo irracional, y por consiguiente repugnan a aquello a lo que repugna lo irracional. La menor es de los mismos tomistas, y asimismo la subsunción.
Tercero. Lo práctico y lo especulativo son opuestos contradictorios: luego no pueden competir a un único y mismo sujeto. Se prueba el antecedente: Noticia práctica es aquella por la que se ordena a la obra, y especulativa la que no se ordena a la obra; pero el estar ordenado a la obra y el no estarlo son contradictorios: luego no pueden competir a un único y mismo sujeto.
Ni el ejemplo del sentido común ayuda en nada. Pues no hay paridad de razón entre el sentido común y los sentidos particulares, y entre la ciencia finita y la infinita. En efecto, o por sentido común se entiende el sentido en común y en cuanto prescinde de todos los sentidos particulares, como lo universal de sus inferiores y lo común de los particulares, según entendió Cayetano; pero así no hay paridad ninguna entre él y la ciencia infinita: pues aquel es género y verdaderamente se predica de los sentidos particulares, y los contiene potencialmente como lo universal contiene a sus inferiores; mas la ciencia infinita no es género respecto de la ciencia finita, que se dice especulativa y práctica, y por consiguiente no contiene ni a ésta ni a sus diferencias en absoluto. O bien por sentido común se entiende la fantasía o aquella facultad interna que es como matriz de los otros sentidos, y así mucho menos hay paridad: pues una cosa es hablar de la facultad que mira actos disparatados solamente, y otra muy distinta del hábito que mira actos contradictoriamente opuestos; el sentido común, empero, es potencia que mira los actos de los sentidos externos, los cuales son disparatados, y que por tanto pueden recibirse en un mismo sujeto; lo especulativo, en cambio, y lo práctico son actos contradictoriamente opuestos, y consecuentemente no pueden inhesar al mismo sujeto. Y así cae y se arruina enteramente el sólido argumento y ejemplo de los adversarios.
Dirás 1. La Teología de Dios es formalmente especulativa y práctica: luego también la nuestra, que es cierta emanación y expresión de aquélla.
Respondo 1. El antecedente puede negarse; pues aunque el Doctor Sutil, en la citada q. 4. n. 36, no determina nada expresamente alrededor de esta dificultad, antes parece problemático, resolviendo las razones de ambas partes, con todo parece inclinarse más hacia aquella sentencia que afirma que la Teología de Dios es especulativa: tanto porque la voluntad divina es primera regla de su acto, y por consiguiente no supone una noticia práctica en el intelecto mediante la cual se rigiera; como porque Dios se ama a sí mismo naturalmente, y por consiguiente su amor no es dirigible, y consecuentemente no tiene noticia práctica directiva de su amor; como porque entre lo dirigente y lo dirigido hay distinción real, porque lo dirigente tiene razón de causa respecto de lo dirigido, de donde la noticia práctica del intelecto se distingue realmente del amor de la voluntad al cual dirige; pero entre el entender y el querer divinos no hay distinción real, y por ende uno no tiene razón de directivo.
Respondo 2. Admitido el antecedente, puede negarse la consecuencia. Pues como la Teología de Dios es infinita, y la nuestra finita, no hay proporción alguna entre ambas, ni se sigue que si la Teología divina es a la vez especulativa y práctica, también la nuestra deba serlo: los mismos tomistas confiesan que Dios, por razón de su infinitud, involucra virtual y formalmente muchas más cosas que en las criaturas finitas y limitadas son incompossibles.
Dirás 2. Dios es formalmente objeto especulable y práctico: luego nuestra Teología, que tiene a Dios por objeto, será práctica y a la vez especulativa.
Respondo 1. Puede negarse el antecedente: pues como en Dios nada hay que no deba conciliar y encender el amor, tampoco hay nada que no sea objeto de la praxis y del amor.
Respondo 2. Admitido el antecedente, debe negarse la consecuencia: pues nuestra Teología no se adecua del todo a su objeto, que es Dios. De donde, aunque Dios fuese a la vez objeto especulable y apetecible, no se seguiría que la Teología pueda alcanzarlo de ambos modos, ya que lo especulativo y lo práctico no pueden convenir a una misma ciencia finita.
Dirás 3. Si nuestra Teología no pudiera ser especulativa y práctica a la vez, máxime porque lo especulativo y lo práctico no pueden inesse simultáneamente en lo mismo: pero esto es falso, tanto porque en un mismo entendimiento hay ciencia especulativa y práctica, como porque Aristóteles dice que el entendimiento especulativo se hace práctico por extensión; y por tanto algo puede ser a la vez práctico y especulativo.
Distingo la menor. Lo especulativo y lo práctico pueden inesse simultáneamente en lo mismo subjetiva o afectivamente, esto es, estar en lo mismo como en su sujeto, o proceder de él como de su causa, concedo; formalmente, o a modo de diferencias o de propiedades que hacen veces de diferencias, niego. Confieso, pues, que un mismo entendimiento puede decirse subjetivamente a la vez práctico por la noticia práctica y especulativo por la noticia especulativa, así como la misma leche es blanca por la blancura y dulce por la dulzura: igualmente, un mismo entendimiento, que concurre efectivamente a producir la noticia práctica, también concurre efectivamente a formar la noticia especulativa; pero de ahí no se sigue que una misma ciencia sea especulativa y práctica: de otro modo también se seguiría que la blancura es dulzura, porque la misma leche es subjetivamente blanca y dulce.
O bien niego la paridad. Pues lo especulativo y lo práctico son diferencias accidentales respecto del entendimiento, y por tanto éste puede recibir ambas; pero son diferencias esenciales respecto de la ciencia, o propiedades que hacen veces de diferencias, y consecuentemente, así como las diferencias opuestas que dividen algo común no pueden convenir a lo mismo bajo aquel común comprendido, así tampoco lo especulativo y lo práctico, al dividir la ciencia, pueden convenir a una misma ciencia.
Dirás 3. Lo que está disperso en los inferiores se une en los superiores, como lo visual y lo auditivo en el sentido común, lo vegetativo y lo sensitivo en el alma racional, etc.: pero la Teología es superior a todas las ciencias naturales, porque versa sobre un objeto infinito y lo alcanza con luz sobrenatural: luego lo especulativo y lo práctico, que son diferencias divisivas de las ciencias naturales, se unen en la Teología y en ella se contienen.
Distingo la mayor. Cuando aquello disperso es tan sólo disparatado, y no opuesto contradictoriamente, concedo; de otro modo, niego. Pero consta por lo dicho que lo especulativo y lo práctico se oponen entre sí contradictoriamente, porque lo práctico se ordena a la obra, mientras que lo especulativo no se ordena; y ordenarse a la obra y no ordenarse son contradictorios, y por tanto no pueden subsistir juntos en ninguno, sea inferior sea superior.
Ni digas con ciertos tomistas que aquellas cosas ciertamente no pueden convenir formalmente a lo mismo, pero sí eminentemente. Pues esta réplica es del todo insulsa y ajena a la verdad; porque los contradictorios pugnan entre sí tan eminentemente como formalmente: así como Dios no puede ser sabio formalmente y no sabio formalmente, tampoco puede ser eminentemente justo y no justo eminente. Además, las propiedades de diferencias opuestas no piden, ni formalmente ni eminentemente, inesse en la diferencia opuesta a la otra: pues el hombre no puede ser ni formalmente ni eminentemente risible y relinchable: pero lo especulativo y lo práctico son propiedades de diversas diferencias que dividen la ciencia: luego ni formalmente ni eminentemente pueden convenir a uno mismo.
Conclusión segunda. — Nuestra Teología no es de ningún modo especulativa, sino simplemente práctica.
Ésta es la sentencia expresa del Doctor en la cuestión 4 del Prólogo, n. 3, y la prueba así:
Primero. Aquella noticia es práctica que se ordena a la volición recta y es naturalmente anterior a ella misma: pero tal es nuestra Teología: luego es práctica. La mayor consta por el 1. notable: pues la volición recta es propiamente praxis. Por tanto, la noticia que le es anterior y es su directiva, verdaderamente es práctica. Se prueba la menor: El objeto primario y adequado de la Teología, que es Dios, es virtualmente conforme a la volición recta: ya que de Él se toman los primeros principios de rectitud en la voluntad, tales como: Deus est amandus, colendus, etc.; y este objeto determina al entendimiento creado a la noticia de la rectitud, antes de que la voluntad creada la quiera: luego aquella noticia debe llamarse práctica.
Segundo. Los principios de nuestra Teología son prácticos: luego también las conclusiones deducidas de ellos son prácticas. La consecuencia es evidente: pues tal es la conclusión como los principios de los cuales se deduce. Se prueba el antecedente: Los principios de la Teología se toman de Dios, que es el último fin: pero los principios tomados del último fin son prácticos, pues se ordenan a la obra y a la aplicación de los medios con que se adquiere el último fin, según aquello de Juan 20.: Haec scripta sunt ut credatis, quia Iesus est Christus Filius Dei, et ut credentes vitam habeatis in nomine eius.
No dice que los divinos misterios, que son los principios de nuestra Teología, hayan sido escritos en letras para que investigásemos más aguda y sutilmente a Dios y sus perfecciones y operaciones, y los explicásemos con más agudeza, sino para que, conociéndole, le amásemos más ardiente y prontamente, y le sirviésemos en todo con más fervor.
Se confirma. Por S. Agustín lib. 1. De Doctrina Christiana cerca del fin: El hábito de la Teología se ordena a dirigir cuatro actos, a saber, creer, esperar, amar y vivir virtuosamente: luego no se ordena a la simple especulación, sino a la praxis.
Tercero. Se prueba por Aureolo art. 3., y esto primeramente a priori, así: Aquel hábito es práctico que se ordena a un objeto operable y alcanzable por un acto y operación más nobles que sea su simple especulación y contemplación: pero la Teología versa sobre Dios, que es objeto alcanzable por actos más nobles que sea su simple especulación: luego es práctica. La maior es clara: pues por eso la Medicina y las demás ciencias prácticas lo son, porque su objeto es operable y alcanzable de modo más noble que su simple especulación: pues es mejor para el hombre tener la salud que saber qué cosa es la salud, e igualmente es mejor tener la virtud que saber qué cosa es la virtud, como enseña Aristóteles 2. Ethic. cap. 2. Se prueba la menor: Más noble es aquel que alcanza a Dios adhiriéndose a Él por la fe, levantándose hacia Él por la esperanza, amándole por la caridad, y conciliándose su amor por el obsequio y culto, que quien sutilmente disputa sobre Él y desvela y expone sus misterios profundísimos. Luego el hábito teológico será de este modo puramente práctico.
Se confirma. Porque cuando el objeto es operable o adquirible mediante operaciones, el hábito que lo mira se ocupa máximamente de las obras con que puede ser alcanzado, como enseña el Filósofo 1. Ethic. cap. 7.: pero esto hace el Teólogo, ya que se ocupa máximamente de mostrar cómo mediante actos de fe, esperanza, dilección y obsequio puede Dios ser alcanzado por nosotros. Luego, etc.
Cuarto. Del mismo se prueba a posteriori: Aquel hábito es práctico que no sólo tiene por fin el acto que elicita, sino el acto que dirige: pero el hábito teológico no tiene por fin el acto que elicita, sino el acto que dirige, sin duda el acto de fe, porque mediante este hábito, según S. Agustín, la fe se defiende y se hace estable contra los incrédulos, se robustece y se hace deleitable respecto de los piadosos, se engendra y se hace capaz respecto de los dubiosos, etc. Luego es práctico. Esta prueba es eficaz, si Aureolo habla de la fe formada por la Caridad y por la conexión de las virtudes, mas no de la fe informe que sólo desvela los misterios de la fe. Pues siendo la fe un acto del entendimiento, no podría decirse práctico su entendimiento o hábito por sola dirección de éste: pues la praxis es operación de otra potencia distinta del entendimiento, y por tanto las operaciones del entendimiento no pueden ser praxes; cuyo contrario enseñó el mismo Aureolo, en esta sentencia, como también en otras muchas, ajeno a la doctrina de Escoto.
Quinto. Finalmente debe decirse práctica aquella ciencia cuya ninguna conclusión hay que no se ordene, ni formal ni virtualmente, a la praxis: pero ninguna conclusión teológica hay que así no se ordene a la praxis.
Pruebo: Si algunas conclusiones teológicas hay que no sean ordenables a la praxis, máximamente aquellas que por sí y formalmente parecen especulativas, v.g.: Deus est Trinus, Pater generat Verbum dictione, etc. Pero éstas son virtualmente prácticas. La primera, en efecto, dice el Doctor n. 32., incluye virtualmente la noticia de la rectitud de la dilección tendente a tres Personas, de modo que si el acto de dilección se elicitase acerca de una sola excluyendo las otras, como el infiel elicitase, sería un acto no recto. La segunda incluye la noticia de la rectitud en cuanto que el acto es acerca de dos Personas, una de las cuales es así respecto de la otra. Es decir, toda cognición de la Divinidad y de las divinas Personas, por especulativa que parezca, sin embargo, como esa cognición representa a las divinas Personas en cuanto son Personas divinas, y por ende en cuanto poseen formal y esencialmente la Deidad, y consecuentemente en cuanto son el sumo bien del hombre y su último fin, de ahí resulta que esa cognición provoca y enciende el amor y honor hacia aquellas divinas Personas: y así esa noticia es virtualmente al menos práctica.
Dirás 1. Si la Teología debe decirse práctica, porque ninguna de sus conclusiones hay que al menos virtual y remotamente no pueda ordenarse a la praxis, todas las demás ciencias igualmente deberán decirse prácticas; pues ninguna hay que no pueda ordenarse virtualmente a Dios para amarle o venerarle, y así ninguna habrá perfectamente especulativa: pero lo consecuente es absurdo: luego también aquello de donde se sigue.
Niego la consecuencia. Y la razón de la disparidad es, que las ciencias naturales especulativas de ningún modo se ordenan a la praxis, ni formal ni virtualmente, mientras miran su propio objeto, de donde no podrían de manera alguna hacerse prácticas sino vagando y extendiéndose más allá de sus propios límites y de la consideración de su objeto, y así además ya no serían las mismas ciencias: pues la ciencia varía con la variación del objeto: pero la Teología no vaga fuera de sus límites, ni muda el objeto, cuando las noticias suyas que parecen especulativas se ordenan virtualmente a regular los actos de la voluntad acerca de ese mismo objeto que considera.
Insistirás. Luego por esta razón al menos la Metafísica podrá decirse práctica: puesto que ella considera a Dios como objeto de atribución, no vagará fuera de sus límites, ni contemplará objeto ajeno, cuando ordene sus noticias a venerarle y amarle: pero es falso que la Metafísica pueda decirse práctica: pues es la máxima de todas las ciencias especulativas, al ser su princesa: luego por igual razón la Teología no debe decirse práctica.
Niego la paridad. Y la razón de la disparidad es: 1. que aunque la Metafísica contempla a Dios como objeto de atribución, y el principal entre sus objetos especiales, sin embargo no considera a Dios como objeto total y adequado; pues así considera al ente en cuanto ente, es decir, en cuanto prescinde de todas sus especies; y contempla a Dios precisamente porque es la especie nobilísima del ente. Pero, puesto que el conocimiento del objeto total no debe ordenarse al objeto menos principal, antes bien el conocimiento del objeto menos principal debe ordenarse al objeto total, de ahí resulta que no todas las conclusiones de la Metafísica pueden ordenarse a Dios.
- La Metafísica no considera a Dios de modo práctico, sino solamente especulativo; pues no le considera como apetecible y fruible, ni tampoco los filósofos conocieron que nosotros estamos ordenados a la fruición de Dios y que nuestro apetito ha de saciarse con su posesión: sino que la Metafísica considera a Dios tan solo en cuanto es la especie nobilísima del ente; consideración que no induce a la práctica. De ahí que los filósofos sostuvieran que Dios es objeto ciertamente de nuestro entendimiento, pero no de la voluntad. Los teólogos, empero, puesto que conocen que Dios es objeto de nuestra voluntad, la cual solo puede saciarse y colmarse en su posesión, de ahí resulta que todo conocimiento teológico puede hacerse práctico y ordenarse a excitar y regir el amor hacia Dios.
Dirás 2. Aquella ciencia no debe llamarse en general práctica, cuando la mayor parte de sus conclusiones versa sobre un objeto especulable: pero la mayor parte de las conclusiones teológicas versa sobre un objeto puramente especulable. Se prueba: la Teología versa máximamente sobre las Personas divinas y sobre los Notacionales, y no sobre lo Esencial, porque esto puede ser conocido por nosotros con la luz natural mediante la Metafísica; pues en la Metafísica los filósofos transmitieron muchas cosas acerca de Dios y de sus atributos, mas nada acerca de las personas, que no se conocen sino por la Teología y la Fe: pero lo personal en Dios no es apetecible, porque formalmente no dice ninguna perfección, ni termina el acto de nuestra dilección, que termina en lo esencial solamente. Luego, etc.
Niego la menor. y el Doctor distingue la menor de aquella prueba: que lo esencial por sí solo puede terminar el acto de la dilección, como razón por la cual, concede; como razón que es, niega. Es decir, lo esencial es ciertamente razón por la cual Dios ha de ser amado, venerado, etc.: pues la paternidad, v. g., no es la razón formal por la cual el Padre eterno ha de ser amado, sino la Deidad: de modo que sea amado por nosotros no precisamente en cuanto es Padre, sino en cuanto es Padre divino. De ahí que lo personal junto con lo esencial, v. g. la relación de paternidad unida con la Deidad, puede terminar el acto práctico de nuestra dilección como objeto que.
Dirás 3. Dios no es objeto de la Teología, ni es considerado por ella en cuanto es fin último, sino bajo la razón de Deidad, como se dijo. Luego, por esta razón, la Teología no puede ser llamada práctica.
Distingo el antecedente. que no es objeto de la Teología en cuanto es fin último formalmente y respectivamente, concedo; en cuanto es fin último absoluta y simplemente, niego; pues la razón de fin último en Dios se funda en su Deidad y esencia, de la cual sola son tomados precisamente los principios prácticos, como habla el Doctor, pero no de la precisa razón de fin; pues Dios no ha de ser amado o venerado precisamente porque es fin, sino porque es Dios, y en cuanto es sumo bien y sumo Señor y Gobernador de todas las cosas.
Dirás 1. Si la Teología fuese práctica, los teólogos más peritos serían más santos, y producirían obras más excelentes del culto divino y actos de amor; pues los artesanos más peritos realizan obras más excelentes del arte: pero lo contrario se ve a menudo; pues los más doctos no rara vez devienen peores.
Distingo la menor. Los más doctos devienen peores por defecto de la ciencia teológica, como si ella misma allanase y abriese el camino a la malicia, niego; por defecto del teólogo, que abusa de la ciencia para mayor perdición y condenación de sí mismo, concedo.
Dirás 5. La Teología, siendo Príncipe y Reina de las ciencias, ha de ser colocada entre las ciencias más nobles: pero las ciencias especulativas, siendo por sí mismas y no estando ordenadas a la obra, son más nobles que las prácticas: luego la Teología más bien debe ser nombrada especulativa que práctica.
Distingo la menor. La ciencia especulativa es más excelente que la práctica, cuando las operaciones a cuya regulación se ordena la práctica no son más nobles que la simple y desnuda especulación, concedo; de otro modo, niego. Pero amar a Dios, venerarle y merecer su posesión con obras meritorias es mucho más excelente que conocerle y meramente especularle: ya que el conocimiento solo se apoya en la fe, mientras que la operación del amor y de la virtud nace de la caridad, por la cual es más excelente y perfecta que la fe: luego más noble es la Teología práctica y directiva de aquellas operaciones, de lo que sería si meramente especulara a Dios. De aquí infiere con razón Aureolo art. 3. §. 2.:
Que la Filosofía moral es más noble que la Geometría, pues aunque la Geometría sea especulativa y proceda de un modo más cierto, sin embargo la Moral versa sobre un mejor sujeto, a saber, sobre el hombre y sobre los actos humanos. Y además la certeza de la elección a la cual la Moral está ordenada —pues en la moral no se pondera el acto, sino la elección, como se dice en 3. Ethic.— esta certeza y esta misma elección es más noble que cualquier especulación, porque es acto de una potencia más alta, a saber, de la voluntad.