Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente
Claude Frassen (1620–1711)
Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.
Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)
Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)
Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)
Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt
Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)
Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)
Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi
Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae
Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina
Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria
Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit
Articulus II: De essentia theologiae
Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia
Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat
Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur
Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum
Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae
Por la Filosofía se ha comprobado que se llama objeto de una ciencia todo aquello que se ofrece o propone al entendimiento para ser conocido por dicha ciencia: se llama también sujeto, no ciertamente de inhesión, es decir, aquel en el que inhiere algún accidente, sino de atribución, porque todas las cosas de las que trata la ciencia se le atribuyen y a él se refieren, ya como partes, ya como propiedades, ya como especies, si es que tiene alguna.
Háyase notar 1. Primeramente, suele distinguirse un doble objeto, a saber, material y formal. El primero se llama así, no porque sea corpóreo y constituido de materia física, sino por cierta analogía que guarda con la materia; pues así como ésta es indiferente respecto de las varias formas por las que es informada, así aquél es indiferente respecto de las varias ciencias por las que puede ser alcanzado y percibido; así, por ejemplo, el mismo cuerpo humano puede llamarse objeto de la Medicina en cuanto curable, de la Física en cuanto natural, y de la Geometría en cuanto extenso. El segundo, empero, es aquella formalidad que ha de encontrarse en el objeto material, por la cual éste se determina a una ciencia determinada; así la naturalidad determina el cuerpo humano a la Física, la curabilidad a la Medicina, la cantidad a la Geometría, etc. Cada uno de ellos es, a su vez, doble: a saber, adecuado, o total, al cual se refieren todas las cosas que se tratan en la ciencia ya como partes, ya como propiedades, ya como causas, ya como efectos, etc.; e inadecuado o parcial, que es considerado sólo desde una parte de dicha ciencia.
Háyase notar 2. El objeto formal —dejando aparte, por ahora, todas sus otras acepciones y usos— puede distinguirse triple: a saber, especificativo, motivo y terminativo. Especificativo, o quo, es aquella formalidad que ha de hallarse en el objeto material, v. gr. la curabilidad en el cuerpo humano, la cual lo determina a la Medicina, y la especifica y distingue de cualquier otra ciencia. Motivo, o quia, es la razón por la cual se mueve el entendimiento a conocer el objeto, y sin la cual no se dispondría a su conocimiento; así, la luz puede decirse objeto moviente de la vista para percibir el color, y los objetos antes mencionados pueden decirse objetivamente mover al entendimiento a prestar asenso a la conclusión: y puesto que la revelación divina, propuesta objetivamente al entendimiento, lo mueve al asenso de fe, puede decirse objeto formal motivo de dicho asenso. Terminativo, empero, o quod, es el todo compuesto del objeto material y del formal, que termina todos los conocimientos que en la ciencia sobre tal objeto se tienen: así, lo curable puede decirse objeto terminativo de la Medicina, porque es la razón que termina todos los conocimientos y conclusiones de la Medicina. — Añádase a esto la razón formal sub qua, la cual, aunque el entendimiento no la atienda en el objeto mientras por la ciencia se ocupa de dicho objeto, con todo, si ésta no estuviese presente, no tendería al objeto por medio de aquella ciencia. Así, la visibilidad es la razón sub qua el ojo percibe el color; pues aunque quien ve el color no vea la visibilidad, sin embargo, si el color no fuese visible, no sería visto por el ojo. Así también la abstracción de la materia es la razón sub qua la Metafísica considera el ente y sus propiedades; porque aunque el metafísico, al considerar el ente y en él la unidad, bondad, etc., no atienda si éstas prescinden de la materia, con todo, si no prescindieran así de ella, aquéllas
no las consideraría el metafísico, dado que el objeto de la Metafísica debe prescindir de toda materia.
Háyase notar 3. Algo puede decirse revelado de dos maneras. Primero, formal, inmediata y explícitamente; así es revelado que Dios es uno en esencia y trino en personas, que el Verbo divino se hizo carne, etc. Segundo, virtual, mediata e implícitamente, cuando, a saber, en la cosa inmediatamente revelada se contiene otra virtual, intrínseca y necesariamente, o bien se sigue de ella, ya como principio, ya como propiedad, ya como efecto, el cual se deduce de aquella por discurso; de qué manera, en esta proposición inmediatamente revelada: Christus est homo, estas otras son virtual y mediatamente reveladas: Christus est risibilis, discursivus, etc., porque la capacidad de reír y de discurrir son propiedades inseparables del hombre.
Hechas estas preliminares, ha de resolverse cuál sea el objeto tanto material como formal de la Teología: en cuya discusión los Príncipes de la Teología disienten de tal modo, que apenas convienen entre sí. Pero para que se manifieste qué pareció más verdadero al Doctor Sutil, sea
Conclusión primera. — Dios es el objeto adecuado de nuestra Teología.
Así lo afirma el Doctor, q. 3. Prologi, n. 7.; aunque allí hable sólo del objeto de la Teología en sí y en cuanto está en el intelecto divino, sin embargo probaré más abajo que siente lo mismo acerca de la Teología que está en nosotros.
Se prueba, pues, la conclusión. Aquello es objeto adecuado de una ciencia que contiene todas las verdades, y a lo cual se refieren todas las cosas que en ella se tratan: pero Dios contiene virtualmente todas las verdades, y a él se refieren todas las cosas que en la Teología se tratan: luego es su objeto adecuado.
Se prueba la menor. Todo lo que en la Teología se enseña mira a Dios subsistente, operante y productor, ya en el orden de la Divinidad, y ello contiene el Primer libro de las Sentencias; ya en el orden de la naturaleza, creando las cosas, gobernándolas y destinándolas a sus fines por medios convenientes a cada una, y esto contiene el Segundo libro; ya en el orden de la gracia, suministrando a los hombres medios sobrenaturales para alcanzar el fin sobrenatural, y de estos trata el Tercer libro. Finalmente, en el orden de la gloria, decidiendo para cada uno premio o suplicios según sus méritos y deméritos. — O bien, como dice nuestro Aureolo, q. 1. Prologi, art. 4., puesto que la Teología trata de Dios y de lo divino, unas cosas pueden llamarse divinas por esencia, otras por participación; algunas se dicen divinas por asunción, como Cristo y su humanidad; otras, empero, por creación y gubernación, como el universo mundo que comprende toda criatura; otras por precepto y prohibición, como las virtudes y los vicios; otras por institución, como los Sacramentos; otras por dirección última, como la visión y dilección beatíficas; por lo cual consta abiertamente que todas las cosas que se tratan en la Teología se refieren a Dios como a objeto adecuado.
Se confirma. Por la refutación de otras sentencias principales: Primero, ciertamente, el objeto de la Teología no son las cosas y los Signos, como afirma el Maestro de las Sentencias en el libro primero, distinción 1., entendiéndose bajo el nombre de signos las cosas que son símbolos de otros; ya sea que produzcan mientras tanto lo que significan, como los Sacramentos; ya sea que sólo signifiquen y prefiguren, como las figuras del antiguo testamento, que significaban los misterios de la nueva ley. Esta sentencia, digo, es con razón rechazada por todos. Pues las cosas son consideradas en sí mismas por la Física o la Metafísica, a las cuales pertenece indagar la naturaleza y propiedades de las cosas; en cuanto, empero, tienen razón de signo, son consideradas o por la Gramática o por la Lógica, a las cuales pertenece abrir la significación de los nombres y de las cosas: luego las cosas y los signos no son el propio objeto de la Teología. Y porque la Teología, según la etimología del nombre, es habla o conocimiento sobre Dios; y por consiguiente las cosas y los signos no pueden ser su objeto, sino en cuanto se apropian a Dios y se emplean para significar las cosas divinas: y así Dios se establece con mayor propiedad como objeto que las cosas y los signos. — Segundo, tampoco la Obra meritoria ni la Salvación del hombre pueden asignarse convenientemente como objeto de la Teología, como quiso Durando, q. 1. y 5. Prologi. Pues las cosas que se tratan en la Teología no se refieren a la obra meritoria, por ejemplo la unidad de la esencia, la trinidad de las personas, etc.: antes bien, las obras meritorias se ordenan a otra cosa; pues se consideran en cuanto proceden de Dios y tienden a Dios. Y porque aunque no hubiese obra meritoria alguna ni salvación alguna que esperar, con todo podría la Teología permanecer incólume; pues un Ángel, o el hombre viador, sin estar iluminado, podría deducir conclusiones teológicas de los objetos a él revelados: luego, etc. — Tercero, finalmente, tampoco Cristo en cuanto Dios hombre se establece legítimamente como objeto de la Teología, como quiso San Buenaventura, q. 1. Prologi, y muchos otros con él: Pues, como dice el Doctor, si Cristo fuese el objeto adecuado de la Teología, se seguiría que cuatro proposiciones no serían teológicas; a saber, las proposiciones necesarias sobre la Persona del Padre y del Espíritu Santo; tales son: Pater generat, Spiritus Sanctus a Patre et Filio procedit; ni tampoco las verdades contingentes que de ellos se forman, verbigracia: Pater creat cum Filio: Spiritus sanctus temporaliter missus est in Apostolos, et per gratiam infunditur in homines iustificatos. — Igualmente tampoco serían verdaderas las proposiciones necesarias acerca de Dios Trino y Uno; verbigracia, Deus omnipotens, et immensus, etc.; ni las contingentes, verbigracia, Deus creat, ordinat et regit mundum, etc.; lo cual, empero, es absurdo: luego también aquello de donde se sigue. La consecuencia es evidente; pues ninguna verdad pertenece a alguna ciencia, sino porque atañe a su objeto, ya como parte subjetiva de él, ya como parte integral o esencial, ya finalmente como su propiedad. Mas ni el Padre, ni el Espíritu Santo, ni la Trinidad de las personas son Cristo, ni parte subjetiva, esencial o integral de Cristo, ni son sus propiedades: luego las verdades sobre ellos no serían propiamente teológicas si Cristo fuese el objeto adecuado de la Teología. La menor es evidente, porque Cristo en cuanto Dios hombre no se considera que comprenda al Padre y al Espíritu Santo, pues es persona distinta de ellos. — Además, puesto que Cristo envuelve y significa a la vez la naturaleza divina y la humana, si fuese objeto adecuado de la Teología, debiendo ser con esto anterior al menos en naturaleza y concepto a todos los objetos particulares que comprende y que a él se refieren, se seguiría que según la naturaleza humana sería anterior al Padre y al Espíritu Santo: pero afirmar esto ningún Católico debe ni puede. — Finalmente, Cristo en cuanto hombre es considerado por las ciencias naturales; por la Metafísica, ciertamente, en cuanto es ente; por la Física, en cuanto corpóreo, etc.; y por ende no podría establecerse como objeto de la Teología, sino precisamente en cuanto es hombre Dios, y así la Deidad sería la razón principal por la cual se establecería como objeto de la Teología. Ergo no Cristo, sino Dios mismo se asigna legítimamente como objeto adecuado de la Teología.
Responde el de Lincoln: Ciertamente Cristo considerado precisa y solamente según la sola naturaleza divina y la humana, no se asigna rectamente como objeto adecuado de la Teología; pero sí, si se le considera según la triple unidad, ya de esencia, la cual tiene con el Padre y el Espíritu Santo; ya de persona, la cual tiene con la naturaleza divina y la humana; ya de cabeza, la cual tiene con la Iglesia sus miembros: pues nada, dice, se trata en la Teología que no se reduzca a una u otra de aquellas unidades. — Empero tampoco por esta razón puede Cristo asignarse como objeto adecuado de la Teología; puesto que, como se dijo, todas las proposiciones tanto necesarias como contingentes que se hacen acerca del Padre y del Espíritu Santo no serían teológicas por esta razón; ya que no pueden reducirse a Cristo según una u otra de aquellas unidades. Luego de esto se seguiría además que Cristo pueda decirse anterior al Padre; pues el objeto adecuado es anterior por prioridad de concepto a los objetos particulares contenidos bajo sí. Por tanto, la consecuencia es que el mismo Dios sea asignado como objeto adecuado de la Teología.
Dirás 1. En la Teología se tratan muchas cosas que no deben ni pueden reducirse a Dios, como los vicios y los pecados: luego Dios no es el objeto adecuado de la Teología. — Distingo el antecedente. Que no deben reducirse directamente, lo concedo; pues no son medios ordenados para alcanzar a Dios, antes bien apartan de su posesión; que no puedan reducirse indirectamente al menos, lo niego; pues los vicios, aunque no tienen a Dios por autor, porque no tienen causa eficiente, sino deficiente, dado que no son efectos, sino más bien defectos de la libertad humana que se desvía del recto camino, sin embargo se refieren a Dios como causa permisora, ordenadora y castigadora. Porque Dios, por su infinita libertad, y para no coartar nuestra voluntad, permite que los pecados se cometan por sabiduría, los ordena a algún bien por providencia, y los castiga por justicia; pues, como dice San Agustín en el tratado 112 sobre Juan, el Dios bueno usa bien de los malos, y hace bienes de los males, y hace buenos a los que salen de los males, y discierne a los buenos de los malos.
Dirás 2. Toda ciencia supone, pero no prueba, la existencia de su objeto: mas la Teología prueba la existencia de Dios, como se verá abajo: luego Dios no es su objeto. — Distingo la mayor. Que la ciencia no prueba la existencia de su objeto a priori y por medio propio e intrínseco, lo concedo: que no la pruebe a posteriori por medio extrínseco, o por los efectos de aquél, lo niego en la mayor. — Asimismo distingo la menor. Que pruebe la existencia de Dios a priori y por sus propios principios, esto es, por los artículos de la fe, lo niego: que la pruebe a posteriori por los efectos, y por los principios de las demás ciencias naturales, para desvanecer la insanía de los ateos, lo concedo; pues la existencia de Dios, en cuanto ente sobrenatural, tal como la considera la Teología, no se prueba por razón alguna, sino que se cree por la fe.
Conclusión segunda. — El objeto formal quod, o sea el especificativo y terminativo de la Teología, es Dios bajo la razón de Deidad.
Lo prueba el Doctor, cuestión 3 del Prólogo, número 7: Dios es objeto especificativo de la Teología bajo aquella razón bajo la cual contiene virtualmente todas las verdades que en ella se tratan; mas las contiene bajo la razón de Deidad; pues todas las verdades que se enseñan y consideran en la Teología son de necesarias o de contingentes; y todas éstas las contiene Dios virtualmente por la razón formal de Deidad.
— Las necesarias, ciertamente; pues la razón por la cual Dios es uno, trino, infinito, eterno, etc., es la misma Deidad; y por esa Deidad evidentemente conocida puede cualquier Bienaventurado demostrar todo lo que conviene a Dios; pues la misma Deidad es fuente y raíz de todo cuanto hay en Dios, y por consiguiente es también la razón por la cual aquello puede probarse convenirle a Dios. — También las contingentes; en efecto, que Dios sea creador, santificador, glorificador, o cualquiera de aquellas cosas que se atribuyen contingentemente, ora al Padre, ora al Hijo, ora al Espíritu Santo, singularmente, o juntamente a toda la Trinidad, no le convienen por otra razón que por la de la misma Deidad, la cual, siendo la primera y fundamental razón de todo lo que hay en Dios, contiene también virtualmente la verdad y cognoscibilidad de todo aquello que de Dios se afirma.
Segundo. Al hábito nobilísimo debe corresponder el objeto nobilísimo, y bajo la razón nobilísima: mas entre los hábitos del entendimiento, la Teología es nobilísima; entre los objetos cognoscibles, Dios es nobilísimo; y la misma Deidad es excelentísima entre todas las razones divinas, por ser raíz y fundamento de las otras: luego Dios bajo la razón de Deidad es el objeto formal de la Teología.
Tercero. Aquello es objeto formal especificativo por lo cual la Teología se distingue de las demás ciencias que miran a Dios: mas sólo por la razón de Deidad se distingue la Teología de la Metafísica, la cual asimismo considera a Dios, no bajo la razón de Deidad, sino bajo la razón de primera causa, de ente infinito, de fin último, etc., como patece por los libros 1 y 12 de los Metafísicos: luego es necesario que la Teología contemple a Dios bajo la razón de Deidad.
Cuarto. Dios es objeto de la Teología bajo aquella razón bajo la cual se ofrece a la fe y a la visión beatífica; pues la Teología pende de la fe y está ordenada a la visión beatífica, y esas noticias se suceden mutuamente: mas todos confiesan que Dios es objeto de la visión beatífica bajo la razón de Deidad, ya que los bienaventurados ven a Dios tal cual es; y paralelamente es objeto de la fe bajo la misma razón; y esto ora inmediatamente, como en aquellos artículos de la fe que versan inmediatamente sobre el Dios Uno o Trino; ora mediatamente, a saber, en aquellos artículos que atañen a la encarnación, nacimiento, pasión, etc., del Verbo, pues tales artículos no versan sobre un hombre puro, sino sobre el hombre-Dios. Luego Dios bajo la razón de Deidad es objeto de la Teología.
Quinto. Finalmente, aquello es objeto formal especificativo de la Teología puesto el cual ella se pone, y quitado el cual perece, permaneciendo incluso los demás otros: mas aunque Dios no hubiera sido Redentor, ni Creador, ni Glorificador, ni hubiera tenido ninguna de aquellas denominaciones que ostenta en el orden de la naturaleza, de la gracia o de la gloria, no por eso habría sido menos intacta la Teología; pues prescindiendo de éstas, el Teólogo habría podido deducir varias conclusiones acerca de Dios, y probar que Dios es eterno porque es inmutable; infinito porque es ente por esencia; inteligente porque es sustancia espiritual: luego, etc.
Dirás 1. Dios no puede ser conocido por nosotros, Viadores, bajo la razón de Deidad: luego tampoco bajo la misma puede ser objeto especificativo de nuestra Teología. Se prueba el antecedente: Dios no puede conocerse bajo la razón de Deidad si no se conocen sus predicados esenciales; mas éstos no pueden ser conocidos por nosotros, como consta: luego, etc. — Distingo el antecedente. Que Dios no puede ser conocido por nosotros bajo la razón de Deidad, distinta, intuitiva y per se, lo concedo: que pueda conocerlo confusa, abstractiva y por especies extrañas que nos conduzcan al conocimiento de aquella divinidad, lo niego; pues, como habla San Pablo a los Romanos 1, lo invisible de Dios se conoce por lo creado del mundo mediante las cosas hechas, y también su eterna virtud y divinidad. Luego su Deidad y sus atributos pueden ser conocidos por nosotros, Viadores, abstractivamente al menos, mediante las especies de las criaturas. Mas este conocimiento abstractivo basta para la razón de objeto científico; de otro modo no podríamos tener conocimiento científico alguno de la sustancia, no digo ya espiritual, sino ni siquiera corpórea; puesto que, como dice el Doctor, cuestión 1 del Prólogo, número 11, ninguna sustancia conocemos en este estado distintamente y por especie propia, sino sólo confusamente y por relación y orden a algún efecto propio de ella.
Dirás 2. La ciencia debe adecuar y comprender su objeto, y conocerlo tanto cuanto es cognoscible: mas nuestra Teología, siendo finita, no puede adecuar a Dios infinito bajo la razón de Deidad: luego bajo esta razón no es su objeto.
Distingo la mayor. Que la ciencia debe adecuar su objeto con igualdad aritmética, tal como una línea bipedal, por ejemplo, es igual a otra línea bipedal, lo niego: que lo haga con igualdad de proporción, esto es, que conozca el objeto tanto cuanto es cognoscible de este modo y por esta ciencia, lo concedo; así, pues, nuestra Teología adecua a Dios bajo la razón de Deidad: porque le atinge y le conoce en cuanto es cognoscible por los principios revelados. Y que esta igualdad de proporción baste a la ciencia, sin que se requiera igualdad aritmética, es evidente; de otro modo la Metafísica nada conocería científicamente de Dios como ente supremo y primera causa; y aun la ciencia de los Bienaventurados no sería perfecta: pues ni la una ni la otra pueden adecuar a Dios aritméticamente, siendo ambas ciencia creada y finita, y Dios infinito e increado.
Dirás 3. El objeto adecuadamente específico de alguna ciencia debe predicarse de todos los objetos especiales que son considerados por esa ciencia: pero la Deidad no se predica de los Ángeles, del Hombre, de las Leyes, de los Sacramentos, de los Vicios ni de las Virtudes, que son considerados en la Teología: luego esto no es el objeto específico de la Teología.
Distingo la mayor. Debe predicarse o en caso recto u oblicuo, concedo; que siempre en recto, niego. A la menor, digo que la Deidad ciertamente no se predica de todo lo antes dicho en recto; pues es verdad que esas cosas no son Dios; pero se predica en oblicuo; ya que son efectos de Dios, o medios conducentes a Dios como a fin sobrenatural.
Dirás 4. El objeto específico y formal debe ser causa y razón formal de todas las propiedades que se demuestran del objeto: mas la Deidad no es causa ni razón formal de la innascibilidad, v. gr. la que está en el Padre; de otro modo, el Hijo y el Espíritu Santo, puesto que tienen la Deidad, serían formalmente innascibles; lo cual es falso. Luego, etc.
Distingo la mayor. O bien por sí e inmediatamente, o mediante otro en el cual se encuentra y por el cual se determina, concedo; que siempre por sí, niego. Pues la naturalidad, v. gr., que es el objeto formal específico de la Física, es razón y causa formal de todas las propiedades que se demuestran del cuerpo humano; no ciertamente por sí, sino en cuanto se determina a tal cuerpo mediante la humanidad.
Similarmente distingo la menor. Que la Deidad no es razón de que la innascibilidad convenga al Padre por sí y en cuanto precisamente es divinidad, concedo; que mediata y en razón de otro, esto es, en cuanto se determina por la relación de paternidad al primer supósito divino, niego.
Dirás 5. No es objeto formal de la Teología aquello al que solo no conviene la razón formal bajo la cual la Teología considera su objeto. Pero esta razón no compete solo a la Deidad. Se prueba: La razón bajo la cual la Teología considera su objeto es la veracidad de Dios al revelar, como se probará en la conclusión siguiente: mas esta no compete solo a la Deidad, sino también a cualquier ente sobrenatural; pues todo ente sobrenatural es revelable igualmente que la misma Deidad: luego la Deidad no es el objeto formal.
Distingo la mayor. Al que solo no conviene esa razón próxima, pásese; que última y remotamente, niego. Y similarmente distinguida la menor, niego la consecuencia. Pues aunque esta razón puede competir inmediata y próximamente a todo ente sobrenatural, sin embargo es cierto que ella ha de referirse principal y últimamente a la misma Deidad: de donde la misma no sólo es objeto revelable, sino que es también fuente de todos los revelables; y esta es revelable por sí, las demás cosas empero por ella, y en razón de ella.
Dirás 6. Esta conclusión contradice abiertamente al Doctor Sutil: pues enseña q. 3. del Prólogo n. 7. que Dios bajo la razón de Deidad es ciertamente objeto de la Teología en sí, o en cuanto está en el intelecto divino: pero n. 12. afirma que el objeto de nuestra Teología es el ente infinito, dice así:
De nuestra Teología, tal como es nuestra, no es menester que se dé un objeto primero sino primero conocido; del cual conocido se conozcan inmediatamente las primeras verdades. Y ese primero conocido es el ente infinito, porque este es el concepto perfectísimo que podemos tener de él, etc. luego juzga que el Ente infinito es el objeto formal específico de nuestra Teología: y no la misma Deidad.
Distingo la consecuencia. Juzga que el ente infinito es el objeto primeramente específico y cuanto al modo de conocimiento, de modo que Dios sea primero y más fácilmente conocido por nosotros bajo la razón de ente infinito que bajo la razón de su Deidad, concedo; cuanto a la verdad de la cosa y a la razón sustancial del objeto específico, que debe contener de sí virtualmente todas las verdades que en la ciencia se tratan, y al cual deben reducirse todas las cosas que en ella hay, niego.
No quiere pues el Doctor que la razón de ente infinito sea absolutamente el objeto formal de la Teología, ora considerada según sí y en el Intelecto Divino, ora en nuestro intelecto; porque esto antes lo había desaprobado e impugnado en n. 9. diciendo:
Que Dios bajo la razón de ente infinito o necesario no puede legítimamente constituirse objeto de la Teología, porque como tal no puede causar todas las verdades teológicas, ni ser medio para demostrar que ellas competen a Dios; pues la infinitud y necesidad del ser no es razón de que Dios sea Uno y Trino, de que el Hijo sea engendrado, de que el Espíritu Santo sea espirado; de otro modo, puesto que conocemos naturalmente que Dios es ente infinito y necesario, también conoceríamos naturalmente que Dios es Trino, que el Hijo es engendrado, y que el Espíritu Santo procede por espiración; pues conocida la causa, puede conocerse aquello a cuyo conocimiento induce. Mas es falso que podamos conocer naturalmente el misterio de la Trinidad, como todos confiesan.
Pero el Doctor con las antedichas palabras en la objeción sólo intenta, o que la razón de ente infinito sea el concepto principal y más notorio que podemos tener de Dios en este estado; pues como Dios es concebido variamente por nosotros, ahora bajo la razón de primera causa, ahora bajo la razón de ente necesario, ahora bajo la razón de omnipotente, ahora bajo la razón de ente infinito, juzga el Doctor que la razón de ente infinito es la principal y más noble entre todas estas razones bajo las cuales Dios puede ser concebido por nosotros viadores.
O en una palabra: juzga el Doctor que Dios bajo la razón de ente infinito es objeto de nuestra Teología comparativamente respecto del modo de nuestro conocimiento; porque más fácil y evidentemente es conocido por nosotros bajo esta razón que bajo la razón de Deidad; mas no absolutamente y según la razón esencial del objeto formal adecuado, a saber, en cuanto es primera razón y como raíz de todas las verdades que en la Teología se tratan: pues estas competen solo a la Deidad, como quedó probado.
Que esta es la mente del Doctor consta claramente, pues añade a continuación:
Sin embargo, porque nuestra Teología trata de lo necesario y es de los mismos objetos de que trata la Teología en sí, por eso se le asigna como sujeto primero en cuanto a esto, que es contener en sí las verdades: y este mismo es el sujeto de nuestra Teología, que es el sujeto primero de la Teología en sí; pero porque aquello no nos es evidente, por eso no contiene estas verdades como conocidas por nosotros. Y proponiéndose a sí mismo esta objeción: Luego Dios bajo la razón de Deidad no es el primer objeto de nuestra Teología, dice: Respondo: es verdad, no es el sujeto primero que da evidencia, sino el sujeto primero que contiene todas las verdades, y está destinado a dar evidencia si él fuera conocido. Por tanto, habla comparativamente y según nuestro modo de concebir; mas no absolutamente y según la razón sustancial y fundamental del objeto formal adecuado; y en consecuencia ni él nos contradice ni nosotros a él; pues nosotros hablamos del objeto formal adecuadamente considerado en sí mismo; y él, en cambio, del objeto según es alcanzado más evidentemente por nosotros. Así también lo concede Smising, q. 2, n. 58.
Conclusión tercera. — El objeto formal quo, o motivo de nuestra Teología, es la verdad o veracidad de Dios al revelar, en cuanto es aplicada e instruida mediante el discurso teológico.
Se prueba. Nuestra Teología no se apoya en la evidencia de su objeto, sino en el testimonio y revelación de Dios; pues deduce sus conclusiones de los principios y artículos de la fe: pero la autoridad y certeza del testimonio se resuelven en la veracidad del testigo, como en el motivo del asenso que alguien presta al testimonio: luego la veracidad de Dios es el motivo del asenso que prestamos a la conclusión teológica; no ciertamente la veracidad sola, de otro modo el asenso teológico no diferiría del asenso de la fe, que se hace solamente por la veracidad de Dios que revela: sino la veracidad aplicada mediante el discurso teológico.
Segundo. Nuestra Teología debe dirigirse hacia Dios con un cierto motivo especial y razón singular, que no compete a otras ciencias: luego, puesto que la teología de los Bienaventurados se dirige hacia Dios clara y evidentemente, y deduce sus conclusiones de principios evidentes; mientras que la fe se dirige hacia Dios para conocerlo oscuramente y solo por la autoridad del que revela: es necesario que nuestra Teología, como media entre ambas, se dirija hacia Dios por la veracidad de éste al revelar aplicada mediante el discurso, a fin de que por la oscuridad de la revelación difiera de la Teología de los Bienaventurados; y por el discurso se distinga del conocimiento de la fe.
Tercero. Por medio de nuestra Teología conocemos a Dios más cierta y verdaderamente que mediante cualquier ciencia natural, por ejemplo la Física y la Metafísica: pero esta mayor certeza y verdad más firme no procede de otra parte sino de que las ciencias naturales se apoyan solo en la luz de la razón, mientras que la Teología se apoya en el testimonio de Dios, que es mucho más firme y verdadero que cualquier luz natural y de la razón: luego el testimonio de Dios que revela es el objeto motivante de nuestra Teología.
Dirás 1. La razón formal motivante del objeto debe serle intrínseca: pero la veracidad de Dios que revela es extrínseca respecto del objeto de la Teología: luego no es su razón motivante.
Distingo la mayor. En las ciencias naturales, que deducen sus conclusiones de principios evidentes y se dirigen al objeto por su evidencia, concedo: en la Teología, que deduce sus conclusiones de los Artículos de la fe, cuya verdad y certeza penden de la veracidad de Dios que atestigua y revela, niego.
Dirás 2. Aquella veracidad se resuelve en la Deidad, pues precisamente ese testimonio es veraz e infalible porque es divino: luego la misma Deidad es también la razón formal motivante de la Teología.
Distingo el antecedente. Se resuelve en la Deidad como en el motivo último y remoto, concedo: como en el inmediato y próximo, niego: pues el primer motivo por el cual asiento a una proposición revelada es la verdad de Dios al revelar; el mediato, en cambio, es su infinita bondad y sabiduría, por lo cual sucede que no puede ser engañado ni engañar: y el último es la misma Deidad. Pues la conclusión teológica se considera verdadera precisamente porque se deduce de principios revelados por Dios: y estos principios revelados son ciertos precisamente porque Dios es veraz y no puede mentir: y no puede mentir precisamente porque, siendo infinitamente sabio, no puede ser engañado, y siendo infinitamente bueno, no puede engañar: y es infinitamente bueno y sabido precisamente porque es Dios: y así, en la razón de Deidad se resuelve últimamente la verdad y certeza de la conclusión teológica.