Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen

Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen (1620–1711)

Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.


Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)

Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)

Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)

Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt

Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)

Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)

Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi

Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae

Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina

Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria

Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit

Notandum 1. La Teología Escolástica recibe este nombre por un triple motivo. Primero, porque es la que principalmente se enseña y se aprende en las Escuelas; mientras que la Positiva se adquiere mediante el estudio propio y la lectura privada y asidua de las Sagradas Escrituras, así como por la ejercitación en los Santos Padres. Segundo, porque a la manera académica y filosófica, partiendo de los principios de la divina fe conocidos inmediata o mediatamente, extrae sus conclusiones mediante un legítimo discurso, para explicar más evidentemente los misterios de la fe, defenderlos valerosamente contra quienes los impugnan, y, resolviendo todas las contradicciones e implicancias que contra ellos pudieran objetarse, persuadir con mayor facilidad lo que ha de creerse. Tercero y finalmente, se llama así por cierta analogía con la Filosofía; pues así como la Filosofía se ocupa de investigar las cosas naturales, así la Teología Escolástica se detiene y ocupa máximamente en torno al derecho divino natural, es decir, en torno a las verdades absolutamente inmutables; tales son no sólo la esencia de Dios, sus perfecciones y la Trinidad de las Personas, sino también el culto que le es debido por sí mismo; e incluso sus divinos preceptos, y todos los medios que conducen a la consecución de Dios; no ciertamente en cuanto existen actualmente —pues así estas cosas son del todo libres, y más bien las considera la Teología Positiva que la Escolástica—, sino en cuanto son posibles, y en cuanto no envuelven contradicción alguna; a saber, para que el Teólogo muestre que no hay repugnancia alguna en las obras de Dios; que la gracia no impide a la naturaleza, antes bien la perfecciona; y que todos los misterios de la fe no son contra la razón natural, aunque no sean conforme a ella.

Notandum 2. Es certísimo que la Teología Positiva o Escolástica, considerada en cada fiel singularmente, no es absolutamente necesaria para la consecución de la salvación. La razón es clara; pues muchos rústicos, completamente rudos e ignorantes de las cosas teológicas, como quienes viven casi siempre en los campos y entre los ganados, creen sin embargo firmísimamente los Artículos de la fe y, fortalecidos con los sagrados sacramentos de la Iglesia, parten felices de esta vida y alcanzan la eterna salvación. Es más, ni siquiera al universo conjunto de los fieles o a toda la Iglesia parece absolutamente necesaria la Teología Escolástica; en efecto, antes de los tiempos del Maestro de las Sentencias, quien hacia el año mil ciento cuarenta redujo la Teología a forma y método académicos, la Iglesia floreció largamente en piedad y doctrina, y fue provista de medios suficientes tanto para instruir a los suyos en las cosas de la fe como para rechazar la violencia de los herejes y eliminar el error.

Notandum 3. Que la Teología Escolástica es necesaria a cada fiel, al menos mediata, y a toda la Iglesia inmediatamente, con necesidad moral, o de máximo beneficio y suma utilidad; pues cada uno de los fieles tiene necesidad de Doctores que hagan creíbles los Artículos de la fe, oscuros y difíciles de suyo, mediante diversas razones propuestas, y que diluyan y disuelvan todas las dudas que puedan ocurrir por el ingenio propio de cada uno, ser sugeridas por el arte del demonio, o finalmente planteadas por la perversidad de los herejes: pues los fieles rudos, expuestos a tantos peligros, si carecieran del auxilio de tales Teólogos, difícilmente subsistirían en la fe. Igualmente la Iglesia, atacada por los dardos de tantos herejes, sería sacudida si no asistieran aquellos sutiles príncipes de la Teología, capaces de destejer las artimañas y falacias de los herejes y de disipar las oscuras tinieblas del error ofuscadas en las mentes de los hombres. Lo cual, desde luego, será demostrado más extensamente y con mayor eficacia

Conclusio unica. — La Teología Escolástica es sumamente útil y necesaria a la Iglesia de Dios. Esta es la sentencia de todos los Sabios contra los herejes, y contra algunos Pseudo-Católicos.

Se prueba primero, en efecto, por el consenso universal de toda la República Cristiana, la cual veneró y abrazó esta Teología metódica tan pronto como salió al mundo, y le erigió amplísimas escuelas para enseñarla y aprenderla; la enriqueció con pingües estipendios para los Profesores y la honró con privilegios honoríficos.

Segundo. Por los oráculos de los Concilios; pues el Constantiense aprobó sobradamente la Teología Escolástica, cuando en la Sesión 8 reprobó y condenó todos los errores de Wiclefo; especialmente aquel por el cual pronunciaba que las universidades, estudios, colegios y magisterios habían sido introducidos con vana vanidad. Semejantemente Clemente V. en el Concilio de Vienne, donde había establecido que el bautismo es necesario para la salvación tanto de los adultos como de los párvulos, añade: Verum, quia quantum ad effectum baptismi reperiuntur Doctores quidam Theologi opiniones contrarias habuisse; quibusdam ex eis dicentibus per virtutem baptismi parvulis quidem culpam remitti, sed gratiam non conferri: aliis e contra asserentibus, quod et culpa eisdem in baptismo remittitur, et virtutes, ac informans gratia infunduntur quoad habitum, etsi non pro illo tempore quoad usum; Nos autem attendentes generalem efficaciam mortis Christi, quia per baptisma applicatur pariter omnibus baptizatis, opinionem secundam quae dicit tam parvulis quam adultis conferri in baptismo informantem gratiam et virtutes, tamquam probabiliorem, et dictis Sanctorum ac Doctorum modernorum Theologiae magis consonam et concordem, sacro approbante Concilio duximus eligendam.

— De donde cuánta autoridad conceda a los Teólogos Escolásticos no sólo tan gran Pontífice, sino también la Iglesia universal, ciertamente aparece claro; pues habiendo querido y decidido en materia de tanta importancia que debe seguirse la opinión probada de varios de ellos, ¿qué si todos hubieran conspirado entre sí con constante consentimiento? No ayuda referir cuánta ayuda y dignidad han aportado los Doctores Escolásticos en los demás Concilios Ecuménicos siguientes, examinando las cuestiones por demás difíciles y discutiéndolas por ambas partes, para que la verdad apareciera más fácilmente y los falsos dogmas de los herejes se derrumbaran y desvanecieran del todo; pues esto sólo puede ignorarlo quien no haya leído los actos de aquellos Concilios. De aquí que el Tridentino sancionara con varios decretos que en todas partes deben instituirse colegios, y que las Academias deben ser donadas con toda clase de gracias y privilegios.

Tercio. Lo mismo aparece de los decretos y sentencia de los Sumos Pontífices: en efecto, Inocencio IV mandó a nuestro Alejandro de Hales (quien, por su suma erudición, era llamado en vida Fons vitae) que consignara la suma de Teología; la cual finalmente Alejandro IV aprobó con Diploma Apostólico. Y dejando de lado los demás decretos de los Pontífices, refiero uno u otro: Primero el de Honorio III; éste, en efecto, en el capítulo Super specula, sobre los maestros, estableció:

Ad Theologiae professionis studium aliqui destinentur, qui cum ducti fuerint in Dei Ecclesia, velut splendor fulgeant firmamenti: et quibus postmodum copia possit haberi Doctorum, qui velut stellae in perpetuas aeternitates mansuri, ad iustitiam caleant plurimos erudire.

Esto mismo recomienda egregiamente Gregorio IX en la Epístola dirigida a los Maestros y Estudiantes de la Academia de París para la restauración de los estudios, fechada en Letrán en el año 5 de dicho Pontífice, mes de abril, donde entre otras alabanzas de esta Academia tiene éstas:

Parens scientiarum Parisius, velut altera Cariath-Sepher, civitas litterarum clara claret: magna quidem, sed de se maiora facit optari docentibus, et discentibus gratiosa. In cruce utique, tamquam in officina sapientiae specialis, habet argentum venarum suarum principia, et auro locus est in quo rite conflatur: ex quibus prudentes, eloquii mystici murenulas aureas vermiculatas argento cudentes, et fabricantes monilia ornata lapidibus pretiosis, imo nulli pretio comparandis, Sponsam Christi decorant.

Cuarto. La utilidad y necesidad de la Teología Escolástica aparece por sus dones y oficios; pues cuatro son sus principales dones: a saber, declarativo, probativo, defensivo y discursivo; los cuales pueden recogerse de San Agustín lib. 11. De Trinitate, cap. 1., donde, hablando de la Teología, a la que llama ciencia y sabiduría, dice: Huic scientiae illud tribuit quo fides saluberrima, quae ad veram beatitudinem ducit, gignitur, nutritur, defenditur, roboratur. Por lo cual la generación y nutrición de la fe contribuye a la utilidad de los fieles; mas la defensa y el vigor, a la expugnación de los infieles. Añade en efecto el santo Agustín:

Ciencia por la cual no sobresalen muchísimos fieles, aunque sobremanera sobresalen en la misma fe; pues otra cosa es saber tan sólo qué debe creer el hombre para alcanzar la vida bienaventurada, que no es sino eterna, y otra saber cómo esto mismo aprovecha a los piadosos y se defiende contra los impíos.

En cuanto a que la Teología Escolástica contribuye sobremanera, mediante sus cuatro oficios, a la generación, nutrición, defensa y fortaleza de la fe, fácilmente se persuade. Pues por la declaración nace la fe; en efecto, por la explicación de la Sagrada Escritura y la propuesta del objeto revelado se genera la fe de modo dispositivo; puesto que la fe viene por el oído, y el oído por la palabra de Dios. Rom. 10. Por la prueba se robustece la fe; pues las razones, semejanzas, motivos y ejemplos con los cuales los Teólogos Escolásticos ilustran los artículos de la fe y demuestran su credibilidad, robustecen y fomentan la fe débil y vacilante de los débiles. Por la defensa la fe se fortifica como con firme escudo, en el cual, como dice san Pablo, Efes. 6., puede apagar todos los dardos encendidos del malvadísimo; pues mientras los Teólogos Escolásticos descubren con la tea de la razón las falaces razones de los herejes y las artimañas y sofismas de los que filosofan mal, y los disuelven en humo, la fe triunfa segura y vencedora. Por el discurso se nutre la fe; pues cuando mediante el discurso teológico aparece que los artículos de la fe no son contra la razón natural, aunque sean fuera de ella y sobre ella, e incluso muy a menudo se demuestran conformes a los principios de la naturaleza, es cierto que el entendimiento se inclina cada vez más a prestarles un asentimiento más firme y más tenaz, de donde resulta que la fe, por así decirlo, se nutre y crece.

Quinto, finalmente, así como nadie hay que no acoja con sumas alabanzas la Teología de los Santos Padres, y no estime que es utilísima y necesaria a la Iglesia de Dios; así tampoco hay nadie que deba juzgar la Teología Escolástica inútil y despreciable: pues tiene el mismo objeto que la Teología de los Santos Padres, se apoya en el mismo principio y apunta al mismo fin, a saber: la explicación de la fe y de los misterios, la extirpación de las herejías, la instrucción de los fieles, etc. Y nada la distingue de aquélla, sino que con mejor método y orden reduce a un solo cuerpo lo que los SS. Padres trataron en diversos lugares, según lo permitía la ocasión, y dispone convenientemente cada cosa en su lugar. De donde, así como nadie en su juicio vitupere a Aristóteles porque ordenó la Filosofía, antes perturbada, indigesta y dispersa, la transmitió con suma arte, la distribuyó en partes a las cuales ordenadamente redujo todo, y en muchos lugares la amplió; así está muy lejos de que los Teólogos Escolásticos sean dignos de injurias, antes bien merecen de todos la suprema alabanza, porque realizaron la misma obra de la Teología, y la ordenaron en el lugar y con el método en que ahora está, y la ampliaron con muchas cuestiones explicativas de los misterios divinos. Pues la Teología Escolástica indaga, pondera y escudriña todos los dogmas de la fe, de modo que casi nada deja intacto e indiscutido: pues diversas dificultades y cuestiones omitidas por los antiguos Padres, o ciertamente apenas rozadas, las concibió con mayor sutileza, propuso con mayor evidencia, explicó con mayor abundancia, y las pesó exactamente conforme a la norma de la fe o al preciso compás de la razón. De donde no sin mérito los Teólogos Escolásticos pueden ser llamados Doctores y Padres de la Iglesia de su tiempo; ciertamente hacen las veces de aquellos antiguos Doctores de la Iglesia naciente, quienes ilustraron con su doctrina los dogmas de Dios y los defendieron acérrimamente de los ataques de los herejes. — Añádanse. Que contra semejante Teología, con la cual se complace todo piadoso y docto, sólo objetan los gramáticos ignorantes, y los herejes y los hombres de partido herético; los primeros no deben ser más escuchados que unos ciegos juzgando sobre los colores; pero a los segundos debe estimárseles tanto cuanto a unos frenéticos que combaten contra el médico y la medicina, a quienes con razón convienen estas palabras de Agustín, lib. 3. De peccatorum meritis et remissione, cap. 6: Porque no eran tales hombres de cuya autoridad debiese yo preocuparme, tuve esto fácilmente entre lo pasado y abolido. — Todo esto lo confirma luminosamente no menos que sabiamente nuestro Sixto V. Pues él, sumo Pontífice de la Iglesia de Dios, en unas letras decretales con las cuales enumera al santo Buenaventura entre los excelentes Doctores y Padres de la Iglesia, después de haber dicho que la Teología Escolástica fue inventada por don divino de varones sapientísimos, añade:

Ciertamente el conocimiento de ciencia tan saludable, que mana de los ubérrimos manantiales de las divinas letras, de los Sumos Pontífices y de los Concilios, pudo siempre aportar a la Iglesia máximo auxilio, ya para leer a los Padres con más seguridad y utilidad, ya para descubrir y refutar los varios errores y herejías, etc.

Objetan los herejes: La Teología Escolástica dista mucho de la gravedad y pericia en el decir de los antiguos Teólogos: con mayor gravedad trataban los divinos misterios los Doctores y primeros Padres de la Iglesia; pues nada decidían sin la autoridad de la Escritura, o la sentencia de los Padres precedentes y la definición de los Concilios; y aquellas fórmulas silogísticas, trampas de débiles, o las ignoraban, o las rehuían y rechazaban como inútiles: mas los Teólogos de este tiempo, omitiendo todo aquello que conviene sobremanera a los fieles, examinan todas las cosas en la balanza y regla de la razón: luego ha de desecharse ésta como inútil. — Niego el antecedente. Pues como se dijo arriba, la Teología Escolástica difiere de la doctrina de los Santos Padres sólo en esto: que aquello que aquéllos disputaron con más amplitud y con estilo oratorio más acomodado a la inteligencia del vulgo, en libros y volúmenes enteros, esto concluye ésta en breve y dialéctico modo de decir, a veces con una sola u otra razonación. Por donde, si hay algo en que la Teología más reciente disienta de la antigua, es ciertamente porque aporta más utilidad y provecho a sus estudiosos, y por eso debe parecer digna de mayor recomendación y celebridad.

Apremian los herejes: Toda novedad debe evitarse, y arrojarse lejos de la Iglesia: luego esta doctrina escolástica, como nuevo invento de los siglos posteriores, debe desterrarse largamente. — Distingo el antecedente. La novedad de dogmas debe temerse y no escucharse, hasta que haya sido ventilada y reprobada por la Iglesia, concedo: que la novedad del método de transmitir la doctrina, máxime si fuere más clara y más fácil, haya de desecharse, niego: antes bien Cristo mismo, alabando al Teólogo, Matth. 13., lo hace semejante a un hombre padre de familia que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo. No porque deba enseñar dogmas nuevos, y opuestos a los viejos: sino porque enseñe y explique los viejos con método nuevo, como amonesta Vicente de Lérins, cap. 27.

Entiéndase, dice, explicado por ti más ilustremente de lo que antes era creído más oscuramente: por ti goce la posteridad de haberlo entendido, lo que la antigüedad veneraba sin entenderlo: enseña así lo mismo que aprendiste, que al decirlo de modo nuevo, no digas cosas nuevas.

Esto ejecuta ante todo con exactitud la Teología Escolástica, pues no entrega dogmas nuevos, sino que lo que dicho por los antiguos, ya con más extensión y abundancia, ya más ligeramente, lo persigue, escruta y explica con mayor agudeza y profundidad.

Objetan 2. La Teología Escolástica consiste toda en discutir vanas cuestiones filosóficas, que nada en absoluto aportan a la salvación y a la ilustración de los dogmas de la fe: luego, como inútil, ha de desterrarse. — Respondo 1. Que el antecedente es del todo falso, consta por la misma experiencia, pues los Teólogos Escolásticos tratan con exactitud y precisión las cosas de la fe a partir de sus mismos principios, a saber: la Sagrada Escritura, la doctrina de los Santos Padres, las sanciones de los Concilios, y otros Santuarios de la verdad Católica, de los cuales extraen mediante legítimo discurso las conclusiones; lo cual confiere sobremanera a la elucidación de los misterios, a la refutación de las herejías y a la instrucción de los fieles; pues como disertamente afirma Melchor Cano loc. 8. cap. 1.: Si apartaras de la Teología la razón, perderás la cosa y el nombre; porque la ciencia no se busca sino por el silogismo... ¿qué importa, en efecto, quitada la razón, no sólo entre el rústico y el Teólogo, sino entre el Teólogo y la bestia, o la piedra o el tronco? — En segundo lugar, si hubiera de rechazarse la Teología Escolástica porque, con motivo y ocasión de tratar las cosas divinas, discute algunas cuestiones Filosóficas que por sí no contribuyen a la salvación, por semejante razón habría de desecharse la sagrada Escritura, puesto que refiere muchas cosas que no conducen a la salvación: v.gr. cuando trata de las historias de los Patriarcas, Jueces y Reyes, de los animales introducidos en el arca de Noé y sacados de ella, del perro de Tobías que meneaba la cola, y otras innumerables, cuyo conocimiento por sí nada aporta a la salvación. — Digo, pues, que todas las contenciones y riñas inútiles entre los Teólogos no deben atribuirse a la Teología, sino al Teólogo que quiere saber más de lo que conviene. ¿Qué? ¿Los herejes abusan de la sagrada Escritura día tras día para perdición de la fe; luego por eso ha de desterrarse? ¿Acaso ha de quemarse y arrancarse la mies, porque a veces entre las espigas de trigo crecen avena y cizaña? De ningún modo, sino que las hierbas inútiles deben arrancarse, y dejarse intacta la mies. Han de prescindirse, confieso, todas aquellas cuestiones vanas: pero han de conservarse y discutirse las que sirven para explicar e ilustrar las cosas Teológicas.

Objetan 3. Los herejes dicen que entre los Teólogos arden perpetuas disidencias, y que sus escritos están completamente repletos de riñas y contenciones; y que no hay entre ellos ningún modo de altercar: nada, por tanto, cierto, nada estable puede hallarse en ellos. — Respondo. Que los Teólogos no disienten entre sí en aquellas cosas que atañen a la fe, sino que están sumamente concordes entre sí; y que discrepen en otras, nada de inconveniente: antes bien de ahí se ilustran sobremanera las varias materias; y la verdad resplandece cada vez más de día en día: pues mientras cada uno defiende su parte, y procura afirmar su sentencia con razones buscadas por doquier, y cultivarla con todo género de erudición, infinitos tesoros de ciencias se acumulan poco a poco para decoro y ornamento de la Iglesia, y todas las disciplinas se restituyen perfectas en su número. — Respondo 2. Injustamente culpan los herejes a los Teólogos la disensión: pues inocente debe ser quien imputa a otro un crimen, no sea que, reprendiendo en otro aquello, se constituya a sí mismo reo de culpa. Mas ¿quién ignora con cuántas riñas y cuán encendidas contenciones luchan entre sí los herejes? Apenas había nacido la secta de los Luteranos, cuando fue diseccionada al punto en tres otras clases, dividida como en tres cabezas en Anabaptistas, Confesionistas y Sacramentarios, y hecha tricípite casi en su misma infancia: mas pronto, cuando creció (como es fecunda madre de monstruos la herejía), protrajo de sí otras y otras cabezas, y en exiguo espacio de tiempo creció hasta treinta y cuatro sectas: ahora verdaderamente se cuentan cerca de cien Religiones diversísimas engendradas de un solo Lutero. Ni disienten sólo en las cosas más leves, sino también en los Artículos principales de la fe, y se graban mutuamente los herejes nombre y nota. Así Lutero, lib. Contra Sacramentarios, llama herejes a éstos y a los Zuinglianos: y en otro lugar dice: Bienaventurado el varón que no anduvo en el Consejo de los Sacramentarios, ni estuvo en la vía de los Zuinglianos, ni se sentó en la cátedra de los de Zurich: ni contento con esto, los llama incluso perdiablatados, superdiablatados y transdiablatatos. Pero aquéllos, para pagarle con la mesma moneda, dicen que la boca de Lutero está llena de diablos, etc. — Y porque cabe inconstante es, una misma secta disiente tanto en los artículos de la fe, que, abandonando los anteriores, forja cada día otros y otros dogmas, que propone a todos para que sean creídos. De aquí que Jorge, Duque de Sajonia, preguntado por los Católicos qué creyeran allí los Luteranos, Lo que ahora creen lo sé, dijo; lo que habrán de creer el año siguiente, del todo lo ignoro: así ciertamente son trasladados de fe en fe, de religión en religión. Por donde santísimo Hilario, lib. a Constantio y Constante Emperadores, aplica oportunísimamente a la materia presente:

Peligroso, decía, nos es y también admirable que existan ahora tantas fes cuantas voluntades: tantas doctrinas para nosotros cuantas costumbres, mientras o así se escribe la fe como queremos: o así como la practicamos se entiende, de suerte que crepitaron tantas fes que no haya ninguna, antes verdaderamente se decreten anuales y mensuales fes acerca de Dios, etc.

Objetan 4. La Teología Escolástica evacúa y extingue el mérito de la fe; luego está muy lejos de que en algo aproveche a la fe, antes perjudica sobremanera. Prueban el antecedente con san Gregorio, hom. 26. in Evang.: La fe no tiene mérito, a la cual la humana razón ofrece experiencia: mas por el discurso teológico la razón natural ofrece experiencia a la fe; pues por él es movido el entendimiento para prestar asentimiento al objeto propuesto: luego ésta evacúa el mérito de la fe. — Distingo el antecedente. Que evacúa el mérito de la fe si a la proposición revelada sólo se creyera por la evidencia de la razón, concedo. Que si se creyera máxime por la autoridad de Dios revelante, niego. Mas el discurso teológico no demuestra evidentemente la proposición revelada; implica, en efecto, que algo es revelado y es por sí evidente en cuanto es revelado; sino que sólo demuestra que tal proposición se contiene, o en la Escritura, o en los Concilios, o en la universal tradición y práctica de la Iglesia. De donde no induce al entendimiento para que le asienta por la evidencia de la razón: sino tan sólo por la cierta e infalible autoridad del que revela.

Insisten. La Teología Escolástica se apoya sobre todo en argucias filosóficas y dialécticas: pero éstas perjudican en gran medida a la Fe y a la verdad cristiana: luego, etc. Prueban la menor con los Apóstoles y los santos Padres, quienes confiesan que la Filosofía es enemiga y adversaria de la fe; pues san Pablo, en el capítulo 2 de la epístola a los Colosenses, amonestaba: Videte ne quis vos decipiat per Philosophiam, et inanem fallaciam; y Tertuliano, en el libro De Anima, capítulo 3, llama a los filósofos animales de gloria y patriarcas de los herejes, y en el capítulo 18 dice que las argumentaciones filosóficas son tormentos de la simplicidad que ha de atormentarse y de la verdad que ha de suspenderse, y en el mismo lugar llama a Platón condimento de los herejes. De ahí que en el libro De praescriptionibus diga: Stulta mundi in confusionem Philosophiae ipsius elegit; ea est enim materia sapientiae secularis et temeraria interpres divinae naturae, et dispositionis: denique haereses a Philosophia subornantur. Quid ergo Athenis et Hierosolymis? quid Academicae et Ecclesiae? quid Haereticis et Christianis? Nobis curiositate opus non est post Christum, nec inquisitione post Evangelium, cum credimus nihil desideramus ultra credere.

De donde san Gregorio Nacianceno, en la oración 26, se duele de que hubieran penetrado furtivamente en la Iglesia sutilezas sofísticas y el perverso artificio del arte aristotélica, y otras cosas de este género, como ciertos lazos egipcios. Asimismo Gregorio de Nisa, en el libro 2 contra Eunomium, reprocha aquella astucia sofística: Ingenue ac sine rubore fatemur, inquit, nos neque orationem aliquam rhetorico elaboratam artificio aut certamen comparasse; neque Dialecticae subtilitatis argutiam ad auxilium contra adversarios praetendere, quae et veritatem in mendacii suspicionem apud imperitos traducit. También Ambrosio, en el libro 1 De Fide, capítulo 3, hablando de los arrianos, dice:

Ponen toda la fuerza de sus venenos en la disputa dialéctica, la cual, según sentencia de los filósofos, se define no por tener fuerza para afirmar, sino empeño en destruir; mas no plugo a Dios salvar a su pueblo en la Dialéctica; porque el reino de Dios está en la sencillez de la fe, no en la contención de la palabra.

Y en el salmo 118.: Nihil nobis cum Philosophia, ne fidem nostram per elementa mundi huius traducat a vero: ne quis assertionem nostram per Philosophiam depraedetur. Pues así conocimos que los arrianos cayeron en la perfidia, al pensar que la generación de Cristo debía colegirse según el uso de este siglo. Abandonaron al Apóstol y siguen a Aristóteles; abandonaron la sabiduría que está junto a Dios y escogieron los lazos de la disputación y las acechanzas de palabras conforme a la disciplina dialéctica: luego la Teología Escolástica es proscrita por los santos Padres, y por consiguiente debe ser rechazada por nosotros. — Distingo la mayor. Se apoya en argucias filosóficas para descubrir los sofismas de los herejes y eliminar sus emboscadas, concedo; para envolver la sencillez de la fe y oscurecer las verdades católicas, niego. A la menor digo que la Filosofía es adversaria de la fe no per se, sino por la malicia perversa de los filósofos, quienes, como dice san Judas, versículo 1: Quaecumque quippe ignorant, blasphemant, quaecumque autem naturaliter tamquam muta animalia norunt, in his corrumpuntur. — Que ésta y no otra es la sentencia de los santos Padres, de ahí se desprende claramente, porque ellos ilustran la Dialéctica con muchos encomios y confiesan que es necesaria para defender la Fe; pues san Clemente Alejandrino, en el libro 2 Stromatum, dice: Dialectica manuducit ad veram aeternamque sapientiam, et ad cognitionem supremae veritatis. San Jerónimo, en el capítulo 25 de Ezequiel: Vere, inquit, quidquid perversorum dogmatum praestatur esse robustum in terrena sapientia, hac Dialectica arte subvertitur, et ad instar incendii in cinerem favillasque dissolvitur. San Agustín inculca lo mismo en varios lugares, pero máximamente en los libros contra Cresconium, quien llamaba burlonamente Dialéctico a Agustín: Sed etiam Apostoli, scilicet Paulus, dialecticus erat, respondió Agustín en el libro 2., et ultro conferre cum Stoicis non timebat, quia non solum acute, sicut illi, sed etiam veraciter, quod non illi. Y añade: Cave ne cuidam Dialecticam pro crimine obiceras, qua usos Apostolos confiteris. Más aún, muestra también que Cristo Señor usó de la Dialéctica: Si autem Christum dixeris Dialecticum, laudabis Dialecticam quam mihi pro crimine obiceras: luego no debe ser tenida por inútil ni importuna la tratación y método de las cosas filosóficas que puede ser útil para explicar mejor o defender más exactamente las cosas de la fe. — Añado. Que los mismos herejes son causa de que los Teólogos Escolásticos discutan algunas cuestiones filosóficas; pues suelen argumentar desde la Filosofía contra los católicos, v. g., que un mismo cuerpo no puede estar simultáneamente en diversos lugares, para impugnar la presencia real del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Así antaño los arrianos usaban argumentos filosóficos, o mejor sofismas, contra el misterio de la Trinidad, para engañar a los católicos; y tenían (dice san Epifanio) trescientos argumentos tomados de la razón natural con los cuales impugnar la divinidad del Hijo. De donde fue necesario que los católicos repelieran con las mismas armas de la Dialéctica con que eran atacados, y, apremiados por los herejes, usurparan la Filosofía en tutela de la fe, a fin de que con su ayuda indagaran y explicaran con mayor evidencia las verdades evangélicas. Pues como dice san Agustín, lib. 16. De Civit. Dei, cap. 2.: Multa ad fidem Catholicam pertinentia, dum Haereticorum callida impugnatione cogitantur, ut adversus eos defendi possint, et considerantur diligentius, et intelliguntur clarius et instantius praedicantur: et ab adversario mota quaestio discendi existit occasio. Y como dice Gregorio Magno, lib. 14. Moral., cap. 12., Cum graviora prodiere hostium certamina, tunc sunt profecto sublimiora sensuum spicula requisita; tunc argumentorum novacula, tunc perplexior indago verborum. Con razón, pues, para refutar las falaces argucias de los herejes y de los filósofos gentiles usaron los Teólogos la Dialéctica, la cual san Basilio, en el segundo capítulo de Isaías, no dudó en decir Muri instar esse sacris dogmatibus, quod eam non sinit facile diripi et quorumlibet incursioni patere. Y Clemente Alejandrino, lib. 6. Stromat., dice que ella es el seto de la viña de Cristo, para que la verdad católica no sea pisoteada por los sofistas.

Objeción 5. Los criminadores de la Teología Escolástica acusan su estilo inculto y sus palabras duras y bárbaras con las cuales expresa sus sentidos, que ciertamente desdoran a hombres sabios y deprimen y oscurecen los augustos misterios de la fe. — En verdad, si con este argumento la Teología Escolástica no agrada a ellos, necesariamente les debe también desagradar la sencillez y el modo inculto de decir de las sagradas Letras. ¿Acaso no saben que bajo el rudo manto suele ocultarse muchas veces el filósofo erudito, y que los montes más ásperos e incultos ocultan a veces riquísimas vetas de oro? La verdad no necesita de ningún halago de palabras para brillar: mejor es expresarla con lenguaje fácil y vulgar que oscurecerla con afectada elegancia; aquella concisión sucinta de la cual usan los Teólogos no puede soportar mayor extensión ni ornamento del discurso, para que, ya gravados por la copia y multitud de las cosas, no sean también oprimidos por la inútil carga de las palabras. Y que use algunos vocablos propios e inauditos e inusitados en otras partes no debe parecer extraño, puesto que cualquier disciplina tiene sus términos desconocidos para las demás e ideados a arbitrio de sus docentes. ¿Qué no le será lícito a la Teología, reina de las ciencias, que sus siervas usurpan de buen grado?

Preguntarás. ¿Por qué sólo en estos últimos siglos los Doctores de la sagrada Teología han usado del método Escolástico, cuando desde los mismos orígenes de la Iglesia fue frecuentada máximamente la Positiva?

Respondo 1. Esto se hizo por muchísimas y gravísimas causas. Primero, porque la Teología Positiva respira más bien el modo platónico de enseñar, ya que usa muchísimo, a manera de Platón, de alegorías y de silogismos oratorios y retóricos; mientras que la Escolástica imita el método aristotélico de enseñar mediante el análisis y silogismos más apretados; y quiso Dios, por justas causas,

que la Filosofía platónica sirviera a los hijos de la Iglesia naciente. Luego porque este modo de filosofar y raciocinar era más frecuente entre los judíos y los gentiles, cuyos errores había que impugnar y combatir con las mismas armas con que eran defendidos. Luego porque la Filosofía platónica era menos pertinaz y más dócil que la dogmática, y asimismo más apta para insinuar las verdades de la fe y persuadir los divinos misterios. Finalmente, porque como florecía y se ilustraba mucho con parábolas y alegorías, con estos envoltorios templaba los rayos de la verdad divina y la proponía, como leche a los niños, al entendimiento aún más débil de los fieles. Pues los hijos de la Iglesia de Oriente eran aún como infantes débiles, de los cuales dice san Pablo a los Hebreos 5.: Facti estis quibus lacte opus sit non solido cibo; omnis enim qui lactis est particeps, expers est sermonis iustitiae, parvulus enim est: perfectorum autem est solidus cibus, eorum qui pro consuetudine exercitatos habent sensus, ad discretionem boni et mali. — Por tanto fue necesario que los hijos de la Iglesia, aún pequeñuelos, recibieran primero las verdades evangélicas atemperadas con alegorías y parábolas y fueran nutridas con ellas como con leche, antes de que, hechos mayores y ejercitados por muchos siglos en esta celestial doctrina, tuvieran discreción del bien y del mal y separaran mediante el análisis los perversos dogmas de los herejes de las verdades católicas.

Segundo: Era indecoroso que, publicado el Evangelio, las verdades cristianas se redujeran a sumas teológicas y se formasen sobre ellas varias cuestiones, las cuales habrían turbado la vacilante fe de los fieles y revelado a los infieles los misterios ocultos. Fue necesario, pues, que la Alegoría precediera al Análisis, y que, accediendo siempre nueva revelación de verdades, con el decurso del tiempo fuera como ensamblado el cuerpo de la doctrina Católica, antes de que fuera dividido y distribuido casi anatómicamente mediante las resoluciones y disputaciones de la Teología Escolástica y las disecciones del Análisis.

Pero cuando el cuerpo de la doctrina evangélica quedó sólidamente constituido en todas sus partes, entonces, para una más fácil inteligencia de las verdades, fue preciso reducirlas a un orden cierto y metódico, y usar del modo aristotélico de filosofar, más contraído y breve, pero más urgente; entonces para que las verdades evangélicas resplandecieran más nítidamente; entonces para que las maquinaciones y sofismas de los herejes se resolvieran y deshicieran más fácilmente. — Añade. Que como Platón está todo vuelto a la contemplación de las cosas divinas, y aprendió de los hebreos en Egipto muchísimas verdades de la fe y algunos misterios, y los escribió en sus escritos, parecía su Filosofía mucho más apta para persuadir esas verdades a los Filósofos y Doctores paganos que la aristotélica, la cual se ocupa totalmente de las cosas naturales y apenas escruta e investiga las divinas. Pero cuando estas verdades divinas fueron suficientemente divulgadas, sembradas en los escritos de los santos Padres y expuestas y probadas con sermón oratorio y silogismos retóricos, entonces hizo falta que los Teólogos usaran del análisis aristotélico y las recogieran en un solo cuerpo, y, a manera de Anatomistas, las dividieran con varias cuestiones y resoluciones, como otras tantas disecciones, para que cada una quedara más propiamente ordenada y apareciera más evidentemente.

No hay, pues, razón para que los herejes obloquen tanto contra esta mutación del método Teológico, y deseen que se frecuente de nuevo la Teología Positiva y Oratoria usada por los santos Padres, la cual, dicen, no criminarían, antes sí recibirían con sumas alabanzas. Empero podemos merecidamente replicarles aquello que el adorable Salvador replicó a los Escribas y Fariseos, Matth. 23.:

Vae vobis Scribae et Pharisaei, qui aedificatis sepulchra Prophetarum, et ornatis monumenta iustorum, et dicitis: si fuissemus in diebus Patrum, non essemus socii eorum in sanguine Prophetarum; itaque testimonium estis vobismetipsis, qui filii estis eorum qui Prophetas occiderunt. ¿Qué otra cosa son los herejes de este tiempo, sino hijos de aquellos herejes que persiguieron a los santos Padres y criminaron su doctrina? Ni ejecutan otra cosa, cuando provocan con palabras y escritos a los Teólogos más modernos, que aquello que los antiguos herejes maquinaban contra los Doctores sagrados de la Iglesia. Estos ciertamente, herederos de Arrio, de Nestorio y de Maniqueo, mientras persiguen a los Teólogos, colman la medida de sus padres, y hacen lo mismo que censuran en otros.

Articulus II: De essentia theologiae

Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia

Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat

Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur

Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum

Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae

Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae

Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica

Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis

Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus

Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva

Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit

Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio

Tractatus I: De Deo in se subsistente

Disputatio I: De existentia et essentia Dei

Articulus I: De existentia Dei

Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere

Quaestio II: An Deum existere sit per se notum

Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere

Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere

Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum

Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei

Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri

Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant

Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens

Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae

Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis

Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei

Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi

Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia

Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones

Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant

Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione

Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa

Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur

Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis

Articulus I: De simplicitate divina

Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas

Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat

Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat

Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat

Articulus II: De infinitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum

Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat

Articulus III: De immensitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique

Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione

Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis

Articulus IV: De aeternitate Dei

Quaestio I: Quid, et qualis sit aeternitas

Quaestio II: An, et quomodo aeternitas Deo conveniat

Quaestio III: Quomodo Deus ratione aeternitatis creaturae coexistat, et creatura Deo

Articulus V: De immutabilitate Dei

Quaestio I: An Deus sit omnino immutabilis

Quaestio II: An Deus sit immutabilis extrinsece

Articulus VI: De ineffabilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit ineffabilis

Quaestio II: Quae, et quomodo nomina Deo conveniant

Articulus VII: De invisibilitate, et visibilitate Dei tam respectu Viatorum, quam Beatorum

§ I: De possibilitate, et existentia intuitivae visionis Dei

Quaestio I: An Deus sit invisibilis, vel visibilis naturaliter creaturae iam existenti, aut alicui creabili

Quaestio II: An Deus saltem supernaturaliter visibilis sit oculo mentis, et corporis

Quaestio III: An possibilitas divinae visionis intuitivae ratione naturali probari possit

Quaestio IV: An Deus visus fuerit intuitive ab aliquo hac in mortali vita degente

Quaestio V: An viri sancti statim post mortem Deum intuitive videant: et quae fuerit hac de re sanctorum Patrum, et Millenariorum sententia

§ II: De principiis productivis visionis beatificae

Quaestio I: An species impressa Dei sit possibilis, etc.

Quaestio II: An, quid, et quale sit lumen gloriae

Quaestio III: An, et quomodo intellectus concurrat ad formandam visionem beatificam

§ III: De obiecto visionis beatificae

Quaestio I: Quodnam sit obiectum primarium beatae visionis, et quomodo Deus videatur a beatis

Quaestio II: An, et quomodo Beati videant in Deo creaturas

§ IV: Quot, et quae sint beatae visionis proprietates

Quaestio I: An beata visio sit notitia simplex directa, et permanens

Quaestio II: An visiones beatificae sint inaequales, et unde inaequalitas oriatur

Articulus VIII: De incomprehensibilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit incomprehensibilis

Disputatio IV: De divinis perfectionibus affirmantibus, seu de attributis Dei positivis

Quaestio I: An, et quomodo Unitas Deo conveniat

Quaestio II: Quid, et qualis sit entitativa Dei Veritas

Quaestio III: An, et qualiter Bonitas Deo conveniat

Quaestio IV: An, et quae sit Dei Pulchritudo

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