Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen

Scotus Academicus, Tomus primus: De Deo in se subsistente

Claude Frassen (1620–1711)

Scotus Academicus, seu universae Doctoris Subtilis theologica dogmata. Tomus primus. De Deo in se subsistente.


Dedicatio I: Reverendissimo Patri Aloysio Lauer ... (dedicatio editoris)

Praefatio I: Editor ad lectorem (praefatio editoris editionis 1900)

Praefatio II: Lectori studioso (Frassenii praefatio)

A ti, Lector studioso, te presento la Academia celebrada en todo el orbe de la tierra del Doctor Sutil, príncipe fácilmente entre los Teólogos Escolásticos, en la cual —si mi opinión no me engaña— podrás no sólo sin dificultad alguna libar cuanto jamás manó de aquel ubérrimo Manantial de todas las ciencias de sabiduría sublime y sutil, sino incluso sorberlo con pleno pecho.

Pues he dispuesto todos los dogmas Teológicos del mismo, en cuanto lo ha permitido la pequeñez de mi ingenio, según la nítida methodo docente de la Academia Parisiense, de modo que en comparar la doctrina del mismo Sutil no te parezca quedar labor alguno, ni deba retraerte ni retardarte de su estudio la molestia de aquella pretendida oscuridad.

Mas para emprender obra tan ardua no he tenido un solo estímulo, sino múltiple. Urgíanme ante todo algunos Varones insignes de nuestro Orden Seráfico, para que a los dogmas Filosóficos del mismo Doctor, que yo había compuesto y confiado de nuevo al prelo, dedicase también los mismos afanes en los Teológicos; a fin de que los Estudiantes más jóvenes de una y otra Escuela quedasen exentos de la onerosa carga de una escritura asidua; no fuese caso que sus cuerpos, ya casi quebrantados por la aspereza del sustento y vestido, y por otras austeridades diurnas y nocturnas de nuestra estrecha Religión Seráfica, se viniesen del todo abajo bajo tan repetidamente repetido peso del continuo escribir, y se les apartase el ánimo anhelante de escudriñar los penetrales de la sagrada Teología. Porque el cuerpo que se corrompe agrava el alma y deprime el sentido que muchas cosas medita.

Se quejaban asimismo muchísimos Extranjeros de que, entre tantos eximios y eruditísimos Ilustradores e Intérpretes del Doctor Sutil, todavía parecía no haber salido a luz nadie que hubiese explicado su doctrina ardua y sutil con tal orden y con tanta perspicuidad y ubertad, que ni la brevedad de las palabras embotase la sutileza; ni la promiscua e indigesta variedad de cosas menos necesarias, junto con las necesarias, ensombeciese la verdad. Salen a luz, en efecto —decían ellos— casi todos los años muchísimas lucubraciones sutiles de varios Autores sobre el Doctor Sutil; pero algunas están constreñidas con una brevedad tan compendiosa, que de este inmenso Océano de Sabiduría no sacan sino unas cuantas gotitas para libarlas tan sólo con el extremo labio: otras redundan con tal exceso de palabras y de cosas fútiles, y explican la Teología Sutil con un aparato tan multiplicado y enorme de volúmenes, que apenas basta un curso íntegro de vida para desenvolverlos. Deseaban, pues, que saliese finalmente alguna vez de la escuela de los Sutiles alguno que explicase los dogmas Teológicos del Doctor Sutil con aquella methodo y con aquel orden, que ni la brevedad compendiosa hiciera el ánimo ayuno y vacío; ni la excesiva prolijidad fastidioso y repugnante.

Tampoco faltaron Varones conspicuos por piedad y doctrina, que reconvenían contra los Escritores Recientes, porque proponían a sus lectores una Teología árida y macilenta —decían ellos—, es a saber, provista de ningunos oráculos de los santos Padres, enriquecida con ninguna explicación de las célebres Controversias Eclesiásticas, y robustecida con ningún testimonio, o por extremo raramente, de las sagradas Páginas; cosas sobre las cuales, sin embargo, se estabiliza la Teología absoluta y perfecta como sobre sólidos y firmísimos fundamentos. Parecía, pues, digno de deseo que alguien escribiera así sobre toda la Teología, que en la misma obra tuviesen los Estudiantes qué proponen sutilmente y replantean en las Cátedras; qué proclaman en los Púlpitos, haciendo al pueblo sagradas palabras, sobre cada verdad Teológica, del fecundo almacén de los santos Padres; con qué, finalmente, en amable consorcio saciaría y recrearía ubérrimamente al codicioso de las Historias Eclesiásticas. Obra ciertamente grande y digna de celebrarse con memoria eterna, ¡si hallara Autor digno! Pero ¿qué mortal bastará plenamente a labor tan inmensa?

No soy yo, pues, de los que estimen que seré tenido por igual a llenar tan grande oficio. Empero, puesto que también en empresas arduas bastante es haberlo intentado, y glorioso es haber precedido a otros en las grandes cosas, aun a costa de la vida; nadie debe maravillarse si, aunque consciente de mi pequeñez, no obstante he juzgado que debe delinearse labor tan grande, para que acaso otro, si Dios algún tiempo lo concediere, lo lleve a cabo con todas sus circunstancias. Tiende, pues, mi labor a esto único: que, hecho para con todos todo, al menos en parte, ponga y explique ante nuestros estudiosos de Teología no sólo aquella que llaman Teología Escolástica, sacándola del mismo despensa del Doctor Sutil, sino también aquella que dicen Positiva, integrada según la oportunidad de la materia por los mismos oráculos de las sagradas Escrituras, de los Concilios y de los santos Padres; lo cual, si en algo lo hubiere conseguido, tú mismo lo juzgarás en el decurso de esta obra, Lector.

Quiero, además, advertirte de motu proprio una u otra cosa: a saber, que al escribir sigo una vía media; no con estilo más difuso, ciertamente, como algunos; ni más ceñido, como todos los demás, aunque doctamente igualmente que ingeniosamente. Tal fue, en efecto, mi consejo en la elaboración de esta obra: no tender a los tirones un saber compendioso y ayuno, ni ofrecer a los doctos y peritos uno difuso y casi hasta la náusea fastidioso. Por donde transcribir una larga serie de opiniones y aprobar las razones en que se fundan, gustoso lo omito como oficio ajeno: pues en modo alguno me parece digna de aprobación la costumbre de algunos que, mientras abrazan a veces una misma aserción con otros, sin embargo impugnan y rechazan las razones de éstos como flacas y débiles, para establecer finalmente la suya, frecuentemente mucho más flaca que aquellas que desecharon; con lo cual dejan todas las dudas e incertidumbres, y van a la ruina aquellas ciencias que habían emprendido adornar o explicar.

Y como estoy de todo ánimo enteramente entregado a defender la sentencia del Doctor Sutil, será necesario —confieso— apartarme muchas veces de la mente del Doctor verdaderamente Angélico, e impugnar a veces su doctrina y a sus Intérpretes; mas lejos estará siempre de mí toda injuria verbal, y me será cosa sagrada que la mutua contienda por alcanzar la verdad no deshaga el estrecho vínculo de la caridad fraterna, con el cual los Dominicanos Angélicos están unidos con perpetuo foedus con los Franciscanos Seráficos.

Aunque he puesto todo empeño en que cualquiera lea mis escritos más fácilmente de lo que los entienda; no niego, sin embargo, que quizá algunas cosas parecerán a algunos tan abstrusas, que padezcan un poquito en alcanzar su sentido; a quienes respondo con san Agustín, Libro I. De Trinitate:

Quienquiera, pues, que al leer dice: esto no está bien dicho, porque no lo entiendo; reprenda mi locución, no la fe: y quizá pudo decirse más claramente; sin embargo, ningún hombre ha habido jamás de suerte que en todo fuese entendido de todos. Mire, pues, quien de mi discurso se desagrada, si entiende a otros versados en tales materias y cuestiones, mientras no me entiende a mí, y dedique mejor su esfuerzo y tiempo a aquellos a quienes entiende. No piense, sin embargo, que por eso yo debí callar, porque no pude expresarme tan expedita y luminosamente como aquellos a quienes él entiende. Pues no todas las cosas que por todos se escriben llegan a manos de todos; y puede acontecer que algunos, que tienen ardiente deseo de entender aun estas nuestras obras, no encuentren aquellos libros más claros y tropiecen al menos con estos. Es útil, por tanto, que muchos libros sean hechos por muchos con diverso estilo, no diversa fe, aun sobre las mismas cuestiones, para que la cosa misma llegue a muchísimos: así a unos, así a otros.

Mas si aquel que se lamenta de no haberse entendido así nunca pudo entender disputas diligentemente hechas y agudas sobre tales materias, obre consigo mismo con votos y estudios para aprovechar, no conmigo con querellas o injurias para que calle.

Además, si algo —que no lo haya— en el decurso de esta obra resultare menos conforme a la doctrina de la santa Iglesia Romana y al juicio de la sagrada Facultad Parisiense, quiero que todo ello sea borrado y retractado de corazón.

Index I: Index haereticorum, qui veritates catholicas et theologicas saeculo quovis impugnarunt

Approbatio I: Approbationes (Facultatis Parisiensis et Ordinis Fratrum Minorum)

Praefatio III: Divinae Sapientiae ... dignitas et natura in prooemiali tractatu delineata (praefatio)

Introductio I: Disputatio prooemialis. De Theologia in communi

Articulus I: De necessitate et existentia theologicae doctrinae

Quaestio I: An admittenda sit aliqua theologica et supernaturalis doctrina

Quaestio II: An theologia positiva sit utilis et necessaria

Quaestio III: An, et qualiter theologia scholastica Ecclesiae Dei prosit

Articulus II: De essentia theologiae

Quaestio I: An theologia Dei et Beatorum sit proprie dicenda scientia

Quaestio II: An theologia Viatorum perfectae scientiae characteres habeat

Quaestio III: An theologia nostra perfectae sapientiae titulo glorietur

Quaestio IV: An theologia nostra subalternetur scientiae Dei, et Beatorum

Quaestio V: Quodnam sit obiectum theologiae nostrae

Articulus III: De proprietatibus, et praecipuis characteribus nostrae theologiae

Quaestio I: An theologia nostra sit speculativa, vel practica

Quaestio II: An theologia nostra sit habitus supernaturalis

Quaestio III: An theologia nostra certior sit, et dignior scientiis naturalibus

Quaestio IV: An theologia nostra sit argumentativa, et adhaesiva

Quaestio V: Quinam sint loci ex quibus theologia argumenta sua depromit

Introductio II: Primi libri Sententiarum methodica explanatio

Tractatus I: De Deo in se subsistente

Disputatio I: De existentia et essentia Dei

Articulus I: De existentia Dei

Quaestio I: An, et quomodo nobis constet Deum existere

Quaestio II: An Deum existere sit per se notum

Quaestio III: An et quomodo demonstrari possit Deum existere

Quaestio IV: Quibus rationibus demonstrari possit Deum existere

Quaestio V: An et quomodo probari possit unicum esse Deum

Articulus II: De essentia, seu de praedicatis quidditativis Dei

Quaestio I: An et quomodo Deus possit definiri

Quaestio II: An rationes Entis, et Existentiae essentialiter Deo competant

Quaestio III: An Deus sit substantia completa, spiritualis, vivens

Articulus III: De ratione formali constitutiva, et ultimo distinctiva essentiae divinae

Quaestio I: An essentia divina ultimo constituatur, et distinguatur per Aseitatem, et Intellectionem, alterutro ex tribus modis statim assignatis

Quaestio II: Quaenam sit ratio formalis ultimo constitutiva, et distinctiva Dei

Disputatio II: De perfectionibus divinis in communi

Articulus I: De divinarum perfectionum conceptu, numero, et praecellentia

Quaestio I: Quot, et quae sint divinae essentiae perfectiones

Quaestio II: Quot, et qualiter divinae perfectiones essentiae divinae competant

Articulus II: De divinarum perfectionum identitate, et distinctione

Quaestio I: An divina attributa idem sint realiter cum essentia divina, an solo nomine ab ea diversa

Quaestio II: An attributa divina tum inter se, tum ab essentia formaliter, et actu distinguantur

Disputatio III: De perfectionibus modificantibus divinam essentiam, seu de attributis negativis

Articulus I: De simplicitate divina

Quaestio I: An Deus sit omnino simplex, et in quo formaliter consistat eius divina simplicitas

Quaestio II: An Deus omnem compositionem realem excludat

Quaestio III: An Deus omnem compositionem metaphysicam excludat

Quaestio IV: An summa simplicitas soli Deo conveniat

Articulus II: De infinitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse infinitum

Quaestio II: An, et quomodo Deus ratione suae infinitatis omnes omnino perfectiones contineat

Articulus III: De immensitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo probari possit Deum esse immensum, et ubique

Quaestio II: An recte inferatur Dei praesentia secundum essentiam in omnibus rebus ex illius in ipsis operatione

Quaestio III: An Deus ratione suae immensitatis realiter sit extra mundum, et in spatiis imaginariis

Articulus IV: De aeternitate Dei

Quaestio I: Quid, et qualis sit aeternitas

Quaestio II: An, et quomodo aeternitas Deo conveniat

Quaestio III: Quomodo Deus ratione aeternitatis creaturae coexistat, et creatura Deo

Articulus V: De immutabilitate Dei

Quaestio I: An Deus sit omnino immutabilis

Quaestio II: An Deus sit immutabilis extrinsece

Articulus VI: De ineffabilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit ineffabilis

Quaestio II: Quae, et quomodo nomina Deo conveniant

Articulus VII: De invisibilitate, et visibilitate Dei tam respectu Viatorum, quam Beatorum

§ I: De possibilitate, et existentia intuitivae visionis Dei

Quaestio I: An Deus sit invisibilis, vel visibilis naturaliter creaturae iam existenti, aut alicui creabili

Quaestio II: An Deus saltem supernaturaliter visibilis sit oculo mentis, et corporis

Quaestio III: An possibilitas divinae visionis intuitivae ratione naturali probari possit

Quaestio IV: An Deus visus fuerit intuitive ab aliquo hac in mortali vita degente

Quaestio V: An viri sancti statim post mortem Deum intuitive videant: et quae fuerit hac de re sanctorum Patrum, et Millenariorum sententia

§ II: De principiis productivis visionis beatificae

Quaestio I: An species impressa Dei sit possibilis, etc.

Quaestio II: An, quid, et quale sit lumen gloriae

Quaestio III: An, et quomodo intellectus concurrat ad formandam visionem beatificam

§ III: De obiecto visionis beatificae

Quaestio I: Quodnam sit obiectum primarium beatae visionis, et quomodo Deus videatur a beatis

Quaestio II: An, et quomodo Beati videant in Deo creaturas

§ IV: Quot, et quae sint beatae visionis proprietates

Quaestio I: An beata visio sit notitia simplex directa, et permanens

Quaestio II: An visiones beatificae sint inaequales, et unde inaequalitas oriatur

Articulus VIII: De incomprehensibilitate Dei

Quaestio I: An, et quomodo Deus sit incomprehensibilis

Disputatio IV: De divinis perfectionibus affirmantibus, seu de attributis Dei positivis

Quaestio I: An, et quomodo Unitas Deo conveniat

Quaestio II: Quid, et qualis sit entitativa Dei Veritas

Quaestio III: An, et qualiter Bonitas Deo conveniat

Quaestio IV: An, et quae sit Dei Pulchritudo

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