Scholastica commentaria in Primam Partem Summae Theologicae

Domingo Báñez

Scholastica commentaria in Primam Partem Summae Theologicae

Domingo Báñez (1528–1604)

First published 1584

Dominicus Báñez, O.P.'s Scholastica commentaria in primam partem Summae Theologiae is a Salamanca-school commentary on the opening part of Aquinas's Summa. The first printing appeared at Salamanca in 1584, after Báñez's teaching at the Dominican studium and University of Salamanca; later editions and editorial continuations helped make the work a major witness to late sixteenth-century Thomism. Its close exegesis of Aquinas intersects the debates over divine grace, human freedom, predestination, and physical premotion that defined the de auxiliis controversy. Schola presents the Latin text from a 1934 Urbano edition; the catalogue's 1584 year identifies the original work, not the modern reprint.

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Prologus auctoris ad lectorem

In D. Thomae prooemium meditatio

Quaestio I: De sacra doctrina, qualis sit et ad quae se extendat

Articulus I: Si es necesario que además de la Filosofía haya otra doctrina

Comentario

Duda 1ª: Si es necesaria para la salvación una doctrina revelada

Duda 2ª: Si es necesaria la revelación en cuanto a las verdades naturales

Articulus II: Si la Sagrada doctrina es ciencia

Commentarium

La principal duda se refiere a la primera conclusión, es decir, si la Sagrada doctrina es verdadera y propiamente una ciencia.

Primera conclusión (texto latino sin traducción española)

Duda 1ª (continuación)

Duda 2ª: Si la Teología es una ciencia subalternada a la ciencia divina y a la de los bienaventurados

Duda 3ª: Si la Teología permanece en el cielo

Articulus III: Si la Sagrada doctrina es una única ciencia

Comentario

Duda 1ª: Si la revelación divina es la razón formal de la unidad

Duda 1ª (continuación)

Articulus IV: Si la Sagrada doctrina es ciencia práctica

Comentario

Duda 1ª: Objeciones

Duda 1ª: Comentario

Duda 1ª: Respuestas

Articulus V: Si la sagrada doctrina es más digna que las otras ciencias

Comentario

Dubium 1 (textus Latinus sine versione Hispanica)

Duda 1ª: Si la sagrada doctrina es la más cierta de todas las ciencias

Articulus VI: Utrum haec doctrina sit sapientia

Commentarium

Duda 1ª: Si la sagrada doctrina en grado máximo es sabiduría entre todas las sabidurías humanas

Articulus VII: Utrum Deus sit subiectum huius scientiae

Comentario

Duda 1ª: Si Dios es el sujeto de esta ciencia

Texto de san Agustín

Articulus VIII: Utrum sacra doctrina sit argumentativa

Comentario

Duda 1ª: Si la Teología es una ciencia argumentativa

Duda 2ª: si la sagrada doctrina no argumenta para probar sus principios

Duda 3ª: Si la sagrada Escritura está inspirada por Espíritu Santo

Duda 4ª: Si la sagrada Escritura inspirada se halla en la Iglesia Católica

Duda 5ª: Qué fuerza tiene la autoridad de los santos

Duda 6ª: Si los teólogos escolásticos tienen autoridad

Articulus IX: Utrum Sacra Scriptura debeat uti metaphoris

Commentarium

Duda 1ª: Si la Teología debe usar metáforas

Articulus X: Utrum Sacra Scriptura sub una littera habeat plures sensus

Primera conclusión: la Sagrada Escritura, bajo un único escrito, contiene varios sentidos, a saber: literal y espiritual o místico. La razón de esto es que Dios es autor de la Sagrada Escritura, y en su potestad está el que los hechos que se narran sean asumidos para significar otras cosas.

Segunda conclusión: el sentido místico o espiritual es triple, a saber alegórico –que sucede cuando las cosas acaecidas en la Antigua Ley significan lo que ha de acontecer en la Nueva Ley–;el moral –cuando lo que ha sucedido en Cristo cabeza, o en lo que significa a Cristo, son signos de lo que debemos hacer–; y el tercero es el anagógico –es decir, cuando mediante hechos acontecidos en el tiempo se significan las cosas que tendrán lugar en la vida futura–.

Tercera conclusión: no hay inconveniente en que, también según el sentido literal, en un único escrito haya varios sentidos. La razón de esto es que el autor de la Sagrada Escritura es Dios, que abraza todas las cosas simultáneamente con su intelecto.

La cuarta conclusión se encuentra en la solución a lo primero: solo del sentido literal se puede extraer, en Teología, un argumento cierto.

La quinta conclusión se encuentra en la solución a lo tercero: el sentido parabólico se contiene bajo el literal. La razón es que mediante un discurso se significa algo no solo en sentido propio, sino también figurativo, como cuando la Escritura menciona el brazo de Dios, su sentido literal no es que Dios tenga tal miembro, sino que tiene la fuerza de obrar.

Comentario

Si ahora tuviéramos que tratar, según la dignidad del asunto, sobre los sentidos de la Sagrada Escritura, se necesitaría escribir un libro entero y no pequeño. Pero ya que ha sido ya asumida por muchos varones muy doctos y diligentes esta tarea de discutir y escrutar en el estudio y observancia de los dogmas de los santos Padres, y se ha tratado de ello de manera muy amplia, me ha parecido vano redactar un tratado sobre tales sentidos de la Escritura sagrada, entre comentarios escolásticos, que sea más prolijo de lo que requiere el método escolástico. Sin embargo, para que los teólogos escolásticos empiecen a tener una cierta inteligencia de la sagrada Escritura, trataré y definiré aquellas cosas de entre las cuales algunos dogmas capitales se presenten como principios introductorios para una lectura más completa de las sagradas Escrituras. Por lo demás, quien desee conocer todo esto con mayor exactitud, lea a Driedo, todo el libro segundo de De los dogmas eclesiásticos, y todo el libro tercero sobre las reglas abreviadas para entender las sagradas Escrituras. Lea también el libro único de la Isagoge a las sagradas Escrituras de Sanctes Pagnino, natural de Lucca, de la Orden de Predicadores y, de él mismo, los dieciocho libros introductorios a los sentidos místicos de la Sagrada Escritura; hay otros muchos modernos que se han ocupado de clarificar, y no sin utilidad, este tema. Están las 234 reglas para entender las sagradas Escrituras recogidas de los santos Padres por el Reverendo Padre Fray Francisco Ruiz, de Valladolid, que fue abad de San Facundo, que están impresas en Lyon en el año del Señor 1546. Tienes también el libro Hypotyposeon: Introducción a las cuestiones teológicas o de las reglas para entender las Escrituras divinas, compuesto por Martín Martínez de Cantalapiedra, maestro salmantino de Sagrada Teología profesor de lengua hebrea; este libro, aunque fuera temporalmente prohibido por mandato de los padres inquisidores por maldad herética antes de la muerte del autor, a causa de algunas aserciones menos acertadas, finalmente sin embargo volvió a salir a la luz –no sin utilidad para los teólogos– tras la muerte del autor, corregido por mandato de la santa Inquisición y en parte por obra mía.

Paso ya a tratar con el método escolástico este tema.

Duda 1ª: Si la Sagrada Escritura contiene diversos sentidos

Se plantea en primer lugar la duda de si es cierto, según la fe católica, que la Sagrada Escritura contiene varios sentidos bajo una única redacción.

Se responde con brevedad a esta duda, y es la primera conclusión: es cierto según la fe católica, que la Sagrada Escritura tiene, bajo una única redacción, dos sentidos.

Se demuestra, en primer lugar, por el común consentimiento de los santos Padres que, sin excepción, han interpretado las sagradas Escrituras tanto en sentido literal como en sentido místico.

En segundo lugar, se prueba por testimonios de la Escritura misma, en los que en sentido literal se afirma que otros pasajes de la misma Escritura se han de entender en sentido místico. Pongamos un ejemplo: en Juan 19 se dice: “como se acercasen a Jesús, no le partieron las piernas para que se cumpliera la Escritura que dice: no quebrantaréis un hueso suyo”; estas palabras se contienen originalmente en Éxodo 12, y según su sentido literal contenía un precepto legal sobre el rito del sacrificio del cordero pascual, para que de ningún modo se quebrantaran sus huesos; pero, ya que por ese cordero pascual se significaba a Cristo que había de ser inmolado, dice Juan “para que se cumpliera la Escritura”; ciertamente, ya antes se cumplía en sentido literal según la ley, pero todavía no se había cumplido en sentido místico, hasta que muriera el cordero de Dios, que había de ser inmolado como Pascua del Nuevo Testamento, y no fueran quebrantados de ningún modo sus huesos.

Además, Pablo en la carta a los Gálatas 4, dice: “está escrito que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la libre y otro de la esclava; lo cual fue dicho por alegoría, pues estas son los dos testamentos, etc.”, como si dijera: por esos dos hijos de Abrahán se significan los dos testamentos. Y en la primera carta a los Corintios 9, dice: “está escrito en la ley de Moisés: no atarás la boca del buey que trilla; ¿acaso Dios se preocupa de los bueyes, o dice esto por nosotros?”; aquí el Apóstol dice que la ceremonia legal que antes se cumplía por los judíos a la letra, significa a los predicadores del Evangelio, por los cuales se ha de administrar lo necesario para la vida a los fieles.

Además, el mismo Apóstol en la epístola a los Hebreos, desde el capítulo 7 hasta el 10 enseña que muchas de las cosas que se cumplían en la historia a la letra sobre le tabernáculo de la antigua ley, su sacerdocio y sus sacrificios, eran figura de las que suceden en el Nuevo Testamento; y en la primera carta a los Corintios 10 dice: “no quiero que ignoréis, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube, y todos atravesaron el mar etc.”, y añade: “todo esto sucedió en figura de nosotros”, y poco más adelante: “todo esto les acontecía en figura”; donde se ve que el Apóstol traslada algunas cosas al sentido místico mediante la figura.

Además, en la primera carta de Pedro 3, afirma que el Arca de Noé, en la que pocas almas se salvaron, fue figura del bautismo de la Nueva Ley; “el cual bautismo –dice– os salva ahora de manera semejante”; y finalmente Cristo señor mismo en Juan 3 dice: “como Moisés levantó una serpiente en el desierto, así conviene que sea levantado el Hijo del hombre”, donde se desprende que la serpiente levantada en el desierto era figura de Cristo, ya que antes, en Sabiduría 16, se había dicho: “el que sea sanado, no era sanado por lo que veía, sino por ti, salvador de todos”. También en Mateo 12 dice Cristo: “como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo durante tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra, etc.”

Segunda conclusión: Es cierto según la fe católica que los cuatro sentidos señalados antes se encuentran en la Sagrada Escritura, y no han sido producidos por los santos Padres. Sobre el sentido literal la cosa está clarísima, pues hay muchas historias que están narradas con simplicidad en las sagradas Escrituras.

También hay dogmas de fe que nos son propuestos con sus propias palabras. Sobre los otros tres sentidos, se demuestra: y en primer lugar del sentido alegórico, por el pasaje citado de Gálatas 4: “lo cual ha sido dicho por alegoría, pues estos son los dos Testamentos”. Advierte aquí de paso el teólogo que hay una doble alegoría, como enseña Agustín en el libro 15 de De Trinitate, capítulo 9: una en cuanto a las palabras, y otra en cuanto a las realidades. La alegoría en las palabras no es otra cosa que cierta larga y continuada metáfora; un ejemplo se encuentra en la primera carta a los Romanos 13: “ya es hora de despertarnos del sueño, etc.”, y esta alegoría pertenece al sentido literal, como también la oración parabólica, como enseña santo Tomás en la solución a la tercera objeción; hay otra alegoría que se encuentra en las cosas mismas realizadas y significadas literalmente, cuando la misma cosa significada y realizada significa además otra, por institución divina: y tal alegoría pertenece al sentido místico.

Pero no han faltado, también en nuestro tiempo, los que han negado que se encuentre este sentido alegórico en las sagradas Escrituras, y cuando se les objetaba el testimonio del Apóstol en la carta a los Gálatas 4, que afirma: “las cuales cosas han sido dichas por alegoría”, respondían que el Apóstol en este lugar había hablado impropiamente, y esto lo confirmaban por el Crisóstomo, que dice, acerca de este este mismo lugar, que el Apóstol habla simbólicamente, y pensaban que los dos hijos de Abrahán no le fueron dados por Dios para que significaran los dos Testamentos, sino que el Apóstol recordaba esa historia para, por una cierta comparación y alusión, enseñar la diferencia entre el Nuevo y el Antiguo Testamento.

Pero tal doctrina me ha parecido siempre a mí errónea, además porque va contra el modo de entender común de los santos, pues ni el Crisóstomo nos es contrario, incluso si dijera que el Apóstol habló simbólicamente, pues no niega que los dos hijos de Abrahán eran figura de los dos Testamentos, sino que, ya que el Apóstol dijo: “estas cosas son los dos Testamentos” habló simbólicamente en cuanto a que tomó las cosas que hacían de figura por las figuradas; hablaría no simbólicamente si dijera: “estos dos hijos de Abrahán fueron figura de los dos Testamentos”; pero como dijo que “estas cosas son los dos Testamentos” en esta oración habló simbólicamente y de modo impropio.

Además, cuando el Apóstol recuerda la historia de los dos hijos de Abrahán tomada del Antiguo Testamento, claramente pretende confirmar el Nuevo a partir del Antiguo Testamento; en caso contrario, si solamente hablara por una cierta alusión, no aportaría nada el recordar una historia del Antiguo Testamento: tales alusiones se pueden hacer también con historias profanas o fábulas, lo cual hace de modo elegante, aunque por una cierta antífrasis, el santísimo León en el Sermón 1 Sobre el nacimiento de los Apóstoles Pedro y Pablo, donde compara a Pedro y Pablo con Remo y Rómulo, fundadores de la Urbe. Además, Pablo hablaba de tal modo que lo que decía, Cristo mismo, el Espíritu Santo mismo, lo decía a través de él; entonces pregunto: si Cristo nos dijera que Abrahán tuvo dos hijos, etc., y estos dos hijos son los dos Testamentos, todos entenderíamos que Cristo, autor de las Escrituras, entendía y enseñaba de esta manera que los dos hijos de Abrahán fueron constituidos como figura de los dos Testamentos. Además, por una razón semejante dirían los que así opinan que todo lo que Pablo, en la epístola a los Hebreos capítulo 9, recuerda sobre el ornato del tabernáculo, no fue instituido por Dios como figura de lo que sucede en el Nuevo Testamento, sino que son unas ciertas alusiones y comparaciones que hace el Apóstol, prudentemente, entre el Nuevo y el Antiguo Testamento: y afirmar esto lo considero, no solo erróneo, sino herético. Quien lea atentamente lo que el Apóstol enseña en la epístola a los Hebreos, capítulos 8 y 9, estará de acuerdo conmigo.

Pero volvamos al punto de donde hemos empezado la digresión, y demostremos que hay un sentido anagógico en las sagradas Escrituras, a base de la misma epístola a los Hebreos, donde el Apóstol ensaña que ese tabernáculo hecho a mano fue un ejemplar del verdadero tabernáculo que plantó Dios, no el hombre, en el que entró una sola vez por su propia sangre Cristo, una vez realizada la redención eterna. A este sentido lo llamamos anagógico, como quien conduce la inteligencia a lo alto.

Sobre el sentido moral, todos concuerdan en que se encuentra en las sagradas Escrituras, y se desprende de lo que Cristo dijo en Juan 3: “como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así conviene que el hijo del hombre sea levantado, para que todo el que cree en Él no perezca sino que tenga vida eterna”; aquí parece que se enseña abiertamente que del mismo modo que en la antigüedad los que habían sido afectados por las serpientes, vueltos a la serpiente de bronce sanaban, así también nosotros, vueltos a Cristo crucificado que en figura de serpiente, esto es, de pecador, colgaba en la cruz, siendo su hipóstasis Dios fuerte, alcanzáramos la salvación del mordisco del pestífero pecado. Esto había sido prefigurado, y pertenece a nuestras costumbres, porque se dice que un sentido moral se contiene en esa historia del Antiguo Testamento, cuando Moisés levantó la serpiente en el desierto. Pero no se ha de decir que todo lo que en las sagradas Escrituras se orienta a nuestro comportamiento se contiene bajo un sentido moral, como cuando Cristo decía: “amad a vuestros enemigos”: este sentido es solamente literal; sino que se llama sentido moral cuando lo que atañe a nuestro comportamiento se insinúa bajo la figura de hechos acontecidos, al modo en que Gregorio compuso, de manera muy piadosa, los Moralia, basándose en la historia de Job.

Se ha de observar, sin embargo, sobre las anteriores conclusiones, que la manera de entender las palabras con las que se explican esos cuatro sentidos, no es la misma en todos los santos Padres y Doctores, sino que muchas veces esos nombres se confunden. La razón de esto es que las palabras mismas, a saber “alegoría”, “anagogía” o “tropología”, poco se diferencian según su etimología, pues se dice “alegoría” como “dicho bajo otro”; “anagogía” como “llevar por debajo” o “llevar encima”, de tal modo que la mente es llevada a algo más alto de lo que dicen las palabras; “tropología” es lo mismo que una locución figurada o locución bajo una figura. Por este motivo los santos Padres a veces daban estas tres palabras el sentido de “cualquier otro sentido distinto del literal”. Así habla también Orígenes en la Homilía 11 sobre los Números, y los antiguos Padres Basilio y Gregorio Nacianceno; e incluso san Agustín, en el libro a Honorato, capítulo 3 y en el libro único Sobre el Génesis inacabado, capítulo 2, plantea un cuádruple modo de explicar la Sagrada Escritura, a saber históricamente cuando se narran los hechos acontecidos; alegóricamente cuando se entienden como bajo figura lo que está escrito; anagógicamente, cuando se demuestra la concordancia entre el Nuevo y el Antiguo Testamento; y según la etimología cuando se da la causa de dichos o hechos. Esto es lo que dice él. Sin embargo no vayas a pensar que por este cuádruple modo de explicar las sagradas Escrituras haya querido dar a entender el cuádruple sentido sobre el que hemos hablado en el presente artículo, sino que hizo expresa mención del sentido literal al decir que la Sagrada Escritura se explica históricamente; los otros tres sentidos místicos que nosotros hemos distinguido los incluyó en lo que dijo, que las sagradas Escrituras se explican alegóricamente. Por otra parte, en los otros dos modos, a saber analógicamente y según la etimología, no se hace variación alguna de los citados sentidos, pues el que se demuestre que el Nuevo Testamento no contradice al Antiguo, se puede hacer en sentido literal; y el que se dé la causa de los hechos y los dichos en las sagradas Escrituras, es algo extrínseco que no varía el sentido de la Escritura sagrada. He aquí por dónde san Agustín entendía los tres sentidos místicos bajo el solo nombre de “alegoría”. Enseña también lo mismo en el libro 15 de De la Trinidad, capítulo 9, donde al enseñar que hay una doble alegoría, una de palabras y otra de cosas, pone como ejemplo de alegoría de palabras el tomado de Isaías, capitulo 11: “habitará el lobo con el cordero y el leopardo con el cabrito”, lo cual no es otra cosa que una cierta metáfora, que pertenece al sentido literal, pues en caso contrario sería falsa la profecía; pues no se verifica de otro modo que en cuanto el lobo y el leopardo se toman por las naciones feroces que habrían de convertirse en ovejas de Cristo. Por lo tanto por alegoría entendía cuando las mismas cosas acontecidas o que se habían de hacer, son signo de otras cosas, es decir de Cristo, o del alma fiel, o de la gloria. A esta alegoría muchas veces llama san Jerónimo en sus comentarios “tropología”, y a veces “anagogía”, no distinguiendo como distinguimos los modernos cada una de las palabras por cada sentido. Pero en cambio el uso de los escolásticos ha conseguido, para evitar la confusión, que se apropie a cada palabra su sentido místico particular, y el mismo san Jerónimo nos alienta en la última cuestión de su Carta a Hedivia, donde hace la división de un sentido triple de la Escritura, a saber: según la historia, según la tropología y según el entendimiento espiritual, pues dice que se explica tropológicamente la Escritura cuando, lo que ha sucedido carnalmente en un pueblo carnal, interpretamos el pasaje según la moral y lo dirigimos hacia el beneficio de nuestra alma; toma “sentido espiritual”, o “teoría”, por aquello que nosotros entendemos por sentido anagógico. Está a nuestro favor el óptimo ejemplo en el mismo san Jerónimo, sobre el capítulo 16 de Ezequiel, donde enseña que con el nombre de Jerusalén según el sentido literal se ha de entender esa ciudad terrestre; pero según el sentido alegórico entendemos la Iglesia militante, y según el moral, el alma del hombre cristiano; finalmente, según el sentido anagógico se ha de entender la patria celestial. De esta distinción de cosas y palabras hace uso santo Tomás en este artículo. Y sobre estos cuatro sentidos, ya se signifiquen con estos estos nombres o con otros, hemos dicho que según la fe es cierto que se encuentran en las sagradas Escrituras.

Duda 2ª: Si todos los hechos del Antiguo Testamento se deben explicar según el sentido místico.

En segundo lugar, se plantea la duda de si todos los hechos acontecidos en el Antiguo Testamento han de ser explicados según algún sentido místico; y la razón de dudar es que el Apóstol dice en la primera carta a los Corintios 10: “Todo les acontecía en figura”.

Se debe responder con brevedad a esto a partir de la doctrina de san Agustín, en el libro 16 De la Ciudad de Dios, capítulo 2, donde dice que no todos los hechos que se narran en una historia profética han de considerarse que significan algo, pero por aquellas cosas que significan algo se entrelazan también las que no significan nada. Enseña lo mismo el Crisóstomo sobre el sentido parabólico en la Homilía 65 sobre Mateo, pues dice que en las parábolas, no conviene angustiarse con un cuidado excesivo para que todo tenga un significado; y pone un ejemplo, en la parábola del padre de familia que salió a primera hora de la mañana para contratar obreros: en ella no hace falta que la igualdad del denario signifique la igualdad del premio, sino que ha de percibirse la intención del que habla, la cual ciertamente era mostrar que el Señor nos llama gratuitamente y, en cuanto señor de todo, hace lo que quiere con lo suyo.

En cuanto al testimonio del Apóstol, se responde que él dice que “estas cosas han sido hechas como figura de nosotros para que no apetezcamos cosas malas como las apetecieron ellos”; y luego dice nuevamente: “y no tentemos a Cristo, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Y no murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron por obra del exterminador.

Todo esto les acontecía en figura, pues ha sido escrito para nuestra corrección”. He aquí, por los antecedentes y por lo que sigue, el sentido literal del Apóstol, pues entiende por “todo esto” los suplicios a causa de los pecados de los judíos; y dice que esto les sucedió en figura, es decir para ejemplo nuestro, para que experimentemos el peligro en cabeza ajena, pues de otro modo, como aquellos que fueron desagradecidos por los beneficios recibidos de Dios fueron duramente castigados, también nosotros seremos castigados con mayor justicia si fuéramos ingratos por beneficios mayores recibidos de Dios. Por lo demás, es piadoso, y muy útil para la edificación de la Iglesia, que todas las cosas que se narran como acontecidas en el Antiguo Testamento, si pueden ser dirigidas bien y razonablemente hacia un sentido místico, los doctores de la Iglesia, y sobre todo los predicadores de la palabra divina, se esfuercen por explicarlo místicamente. También de esto hay muchísimos ejemplos entre los santos doctores: consulta también a santo Tomás en la I-II, cuestión 102, artículo 2. Pero los predicadores han de estar atentos para que no se ejerciten con demasiado esfuerzo, y a veces ridículamente, en tales sentidos místicos; yo he oído a un predicador, que por otro lado era un varón docto y muy bien recibido por el pueblo, que afirmaba, para alabanza de la cruz de Cristo, que todas las cosas hechas con madera de las que se hace mención en el Antiguo Testamento eran figura de la cruz de Cristo, incluso el hasta de Saúl que estaba junto con el botijo que David robó mientras dormían los siervos de Saúl. Es necesario por tanto, que los predicadores de la palabra de Dios sigan, en tales sentidos místicos, las huellas de los santos Padres, y si alguien encuentra otro sentido místico, esté atento, para decir cosas verosímiles y concordes con la razón.

Duda 3ª: Si en el Nuevo Testamento se pueden distinguir los cuatros sentidos

Se plantea en tercer lugar la duda de si en el Nuevo Testamento se pueden distinguir los cuatro sentidos que santo Tomás distingue en este artículo.

Sobre esto, el Abulense, en la cuestión 28 en el capítulo 13 Sobre Mateo responde que en el Nuevo Testamento solamente no se encuentra el alegórico. Y lo demuestra: porque el sentido alegórico se da cuando las cosas acontecidas significan algo que pertenece a la Iglesia militante o a Cristo; pero en el Nuevo Testamento no se narra cosa alguna acontecida que sea figura de la Iglesia: luego no hay sentido alegórico. Y lo confirma por san Agustín, en el libro Sobre la utilidad de creer, capítulo 3, donde enseña que el Antiguo Testamento se explica de cuatro maneras; luego ese cuádruple sentido no pertenece al Nuevo Testamento.

Sin embargo, para nosotros es cierta esta conclusión: el Nuevo Testamento se puede explicar también según un cuádruple sentido. Y se demuestra en la historia que es narrada en Mateo 21 sobre la entrada de Cristo Señor en Jerusalén. En este hecho, además del sentido literal, captamos, por la doctrina de los santos Padres, los otros tres que son significados de modo místico; pues dice el Crisóstomo, tratando de este mismo pasaje de Mateo, que el Señor cumplía las profecías de manera tal que Él mismo daba inicio a otra profecía: lo que iba a suceder había de ser significado por los hechos mismos; y luego dice: “a mí me parece que no solo se sentó sobre una asna, sino que también nos educaba en una filosofía de vida, pues nos da una regla para que no busquemos más de lo que pida la necesidad habitual”. Y san Jerónimo explica que la acción de los Apóstoles, que pusieron sus vestidos sobre el jumento, significa que los dogmas eclesiásticos son necesarios para que Cristo se siente sobre el alma. Sobre este asunto, consulta a Tomás Waldensis en el prólogo al libro De los Sacramentales. Y finalmente san Jerónimo, Remigio y Orígenes dicen que ese hecho de Cristo fue figura de la entrada de Cristo en el cielo. En muchos lugares los santos Padres explican muchos milagros y hechos de Cristo de manera alegórica, sobre la distinción del pueblo de los judíos y el pueblo de los gentiles, o sobre la conversión de estos.

Por lo demás, a lo de Agustín en el libro De la utilidad de creer, se responde que no dice que solamente el Antiguo Testamento puede explicarse según el cuádruple sentido. Es verdad sin embargo que la alegoría es más frecuente en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. Pero siendo Cristo cabeza de ambos pueblos, el de los judíos y el de los gentiles, con sus hechos y milagros no sólo cumplía las cosas antiguas, sino que también figuraba las cosas que habían de suceder en la Iglesia; por lo que con bastante facilidad los santos explican alegóricamente muchas acciones de Cristo.

Duda 4ª: Sobre la regla cierta para discernir el sentido literal

Se plantea, en cuarto lugar, la duda sobre cuál es para nosotros la regla cierta para discernir en las sagradas Escrituras el sentido literal. Sobre este tema consulta al maestro Cano en el libro 7 de De los lugares del que puedes extraer con brevedad estas tres enseñanzas:

La primera es que el sentido literal es el aceptado por todos los santos.

La segunda enseñanza es que será sentido literal el que, por necesidad, según el contexto, se extrae de lo precedente y de lo que sigue.

La tercera enseñanza es que será sentido literal el que se asigna ex professo por un concilio o por el sumo Pontífice. Además, nota que hay muchos pasajes en las sagradas Escrituras tan oscuros que hay varias opiniones de teólogos, e incluso de santos Padres, sobre su sentido literal.

Duda 5ª: Si las locuciones hay que recibirlas como Sagrada Escritura

En quinto lugar, se plantea la duda de si las locuciones que se atribuyen en las Sagradas Escrituras, a personas santas, a profetas o a personas movidas por el Espíritu Santo, tales locuciones digo, hay que recibirlas como Sagrada Escritura.

A esto se responde que basta para la verdad de la Escritura que sea verdad lo que el autor mismo afirma, por impulso del Espíritu Santo. Por lo demás, otras personas que se presenten hablando no tienen mayor firmeza y autoridad en sus palabras de las que les atribuya el autor sagrado, o las cosas mismas que ellos dicen la tengan por otro motivo. Y esto se demuestra: pues la Escritura a veces presenta a malos que hablan, como en Sabiduría 2: “dijeron los impíos entre sí pensando no rectamente”; y en el Salmo 13, “dijo el necio en su corazón: no hay Dios”; sus palabras mendaces son blasfemas. La Escritura además presenta a los amigos de Job, que dicen muchas cosas que son verdaderas y sin embargo se equivocan en la conclusión, pues pretendían concluir que Dios no aflige a los justos en esta vida; por lo tanto, las sentencias de estos que son verdaderas, son verdaderas por otro motivo, y no porque se contengan en el libro de Job tienen automáticamente la autoridad de la Sagrada Escritura; y si a veces son citadas por los santos tales dichos, tendrán la autoridad que los santos mismos les atribuyen al entender en ellos la verdad. Por lo demás, la Escritura presenta a Caifás que dice: “conviene que un solo hombre muera”; estas palabras en cuanto dichas por Caifás, no tendrían ninguna autoridad si el Evangelista no hubiese añadido: “siendo Pontífice ese año profetizó, sin saber lo que decía”. Presenta además la Escritura sagrada a varones santos y llenos de Espíritu Santo, que hablan, como en Hechos 6 y 7 se presenta a Esteban “lleno de gracia y de Espíritu Santo”, y sin embargo en el discurso hecho a los judíos parece narrar algunas cosas de la historia del Antiguo Testamento que no coinciden del todo con la Escritura sagrada. Algunos quieren resolver esta dificultad diciendo que el escritor sagrado, que fue Lucas, afirma solamente que Esteban dijo tales cosas, pero no dice que las palabras de Esteban fuesen verdaderas en todo, pues Esteban pudo olvidarse de detalles mínimos, o hablar según la opinión del vulgo; pero en cambio no se equivocaba en la principal intención de su doctrina, en cuanto estaba lleno del Espíritu Santo. Así lo explica el maestro Cano en el libro 2 de De los lugares, capítulo último, y dice que es la sentencia de Beda y de Rábano. Pero a mí siempre tal sentencia me ha parecido difícil de aceptar, pues al dar testimonio el escritor sagrado de que Esteban, lleno del Espíritu Santo, dijo estas cosas, parece que confirmaba que su discurso procedía del Espíritu Santo. Por este motivo otros varios muy doctos buscan y manifiestan la consonancia de lo dicho por san Esteban con la historia del Antiguo Testamento.

Finalmente, ten en cuenta que cuando el mismo escritor sagrado se menciona a sí mismo habla de modo diverso, como hace Pablo en la epístola a los Gálatas 2, que se menciona a sí mismo hablando a Pedro y llamándole la atención, se ha de considerar atentamente por las circunstancias que preceden y que siguen, si lo que dice que dijo, o que le parece que dijo, lo confirma con su escrito. Yo anotaría esto porque algunos que defienden la causa de Pedro –es decir que no pecó ni siquiera venialmente, al retirarse y apartarse de los gentiles–, cuando se les dice que el mismo Pablo dice que era digno de reprensión, y que no caminaba con rectitud para con la verdad del Evangelio, responden que tales palabras no las dijo san Pablo en cuanto escritor sagrado, sino que las dijo sobre sí mismo, que en otro tiempo había hablado así y así lo había pensado.

Sin embargo, sea lo que sea de la cuestión principal, si Pedro había pecado venialmente o no (yo prefiero excusar a Pedro de pecado; sobre este asunto, si quieres, consulta lo que dijimos al comentar la II-II, cuestión 1, artículo 7, cerca del final del comentario), sin embargo ahora de ningún modo aceptaré que Pablo, al presentarse hablando o llamando la atención, pecó en alguna cosa o fue falso; pues si alguien considera atentamente la secuencia del segundo capítulo de la carta a los Gálatas, confirma todo lo dicho en cuanto escritor sagrado, pues aprueba lo que dijo e hizo con respecto a Pedro al hablar de todo ello para confirmar la verdad que intenta dejar patente, es decir que los [preceptos] legales no han de ser conservados con el Evangelio. Parecería que Pablo es blasfemo si, para confirmar la verdad usara un error suyo o una mentira, y que no le asistiera el Espíritu Santo en ese discurso; y por tanto me parece un error intolerable el afirmar que lo que Pablo escribe en este capítulo que él dijo, no tenga la autoridad de la Sagrada Escritura.

Duda 6ª: Si es lícito a cualquier cristiano buscar un sentido nuevo en las Sagradas Escrituras

En sexto lugar se plantea la duda de si en los pasajes oscuros de las Sagradas Escrituras, o incluso en los claros, es lícito a cualquier doctor cristiano buscar un sentido nuevo.

Se responde a esto con brevedad que es lícito a un doctor cristiano buscar un sentido nuevo en las sagradas Escrituras, con tal de que sea útil al fin de la caridad y no sea disconforme con la exposición común de los santos; y decimos “un sentido nuevo” que esté fundamentado sin embargo en la antigua fe y en la razón. Esta doctrina se puede desprender de san Agustín en el libro 3 de De la doctrina cristiana, capítulo 27, donde dice que todo sentido que edifica la caridad y que no es contrario al contexto, fue previsto por el Espíritu Santo. Y santo Tomás, en De potencia, cuestión 4, artículo 1, dice que no es increíble que también al escritor sagrado le haya sido revelado por Dios que sucedería que tal sentido nuevo se presentara a un lector; y aunque esto no fuera así, al menos el Espíritu Santo entendió que así había de suceder. Esto es lo que dice santo Tomás. Traigo el ejemplo de un sentido nuevo que, sobre aquello de Lucas 1 (“¿De qué modo se hará esto ya que no conozco varón?”), oí a un cierto predicador, doctísimo en Teología escolástica: este explicó la pregunta de la Virgen como que mediante esa [pregunta] examinara al ángel, más que pretender aprender algo de él, pues entendiendo la Santísima Virgen, por iluminación del Espíritu Santo, los escritos de todos los profetas, sabía perfectamente no menos que los profetas que la Virgen que había de concebir al Hijo de Dios no perdería la virginidad, sino que había de engendrar por virtud del Espíritu Santo, y había de dar a luz, como se desprende de santo Tomás en la III parte, cuestión 27, artículo 5, respuesta a la tercera objeción; luego no preguntaba para aprender, sino más bien para examinar con prudencia si el anuncio del ángel concordaba con los vaticinios de los profetas. Por tanto, como este sentido es útil para ensalzar la dignidad de la Virgen, y se funda de manera óptima en la razón teológica, no contiene una novedad viciosa, sino más bien digna de alabanza. Otro ejemplo es el de Juan 20, donde el Señor dice a María Magdalena: “no me toques, todavía no he subido a mi Padre”; este pasaje parece oscuro, y san Agustín lo explica en el Tratado 121 sobre Juan: “todavía no soy en tu corazón y en tu fe igual al Padre”. Pero algunos modernos lo explican así, como se contiene en la Biblia de Vatablo: es como si el Señor dijera: “no te ocupes en tocarme, pues todavía no me voy, pues cada uno de los cuarenta días estaré con vosotros, en los que podréis tocarme tranquilamente y abrazarme; en cambio, apresúrate a ir donde los Apóstoles, etc.”. Este sentido parece muy literal, y veo que a todos los modernos católicos les gusta, con razón. Y no se ha de pensar que es contrario a la exposición común de los santos, algunos de los cuales han interpretado místicamente ese pasaje. Y advierte que una cosa es que un sentido sea contrario, y otra que sea distinto, pues ni san Agustín, en el lugar citado antes, nos cierra el camino a nuevos sentidos, si son buenos; es más, él mismo en el libro 1 de Sobre el Génesis a la letra, capítulo 18, dice: “si leemos algunas cosas, en la Escritura divina, en materias oscuras que pueden, salvando la fe, interpretarse con unas u otras sentencias, no nos inclinemos hacia ninguna de ellas con una afirmación precipitada de manera que, si sucediera que una verdad más atentamente discernida la haga vacilar con razón, nosotros nos vengamos abajo; luchando de tal manera, no por una sentencia de las divinas Escrituras, sino por una nuestra, que queramos que sea de las Escrituras la que es nuestra, cuando deberíamos más bien querer que la que es de las Escrituras sea nuestra”. Esto dice Agustín. Y así, cuando los santos dilucidan con alguna interpretación, con modestia y paso a paso, un pasaje oscuro, no cierran a los que vengan detrás el camino para interpretar ese mismo pasaje con nueva atención, pero con veneración a los antiguos padres. Pero cuando todos los santos afirman con firmeza que un determinado pasaje se ha de interpretar así o de otra manera, sería más que temerario no concordar con ellos, y mucho más rechazarlo. Y esto es lo que en los decretos de los concilios Trullano, canon 11, Lateranense bajo León X, acción 11, Tridentino, sesión 4, se estableció: que nadie interprete las sagradas Escrituras contra el sentir de los santos Padres. Sobre este asunto, consulta Cano, libro 7 de De los lugares, capítulo 3, donde enseña hasta qué punto pueden los doctores cristianos modernos interpretar las sagradas Escrituras, pues hay algunos [pasajes] que no han sido explicados por los santos, otros por pocos, otros han sido explicados bajo una cierta oscuridad y duda. Por tanto, nos es lícito, siguiendo las huellas de los santos, recoger algunas espigas que escaparon a las manos de los cosecheros; lo cual antiguamente fue permitido a Ruth la Moabita. Quizás, caminando por esta vía con humildad, seamos dignos del tálamo regio de Cristo, como ella fue unida en matrimonio con Booz.

Duda 7ª: Si la Sagrada Escritura contiene varios sentidos literales

En séptimo lugar, se plantea la duda de si es cierto que la Sagrada Escritura en un único escrito contiene varios sentidos literales, de modo que lo contrario sea un error contra la fe.

Se argumenta en primer lugar a favor de la respuesta negativa: porque difícilmente se podrá presentar un pasaje –o quizás ninguno– en el que, según la fe católica, captemos dos sentidos literales.

En segundo lugar, se argumenta así: porque los principios de la Teología no han de ser equívocos; pero si se diera un pasaje de la Escritura que tuviera un doble sentido literal, el principio teológico sería equívoco, y por tanto la Teología procedería de modo confuso.

En tercer lugar, se argumenta: si algún pasaje se puede interpretar doblemente en sentido literal, se hace inútil para convencer a los herejes, pues cuando la Teología usa ese pasaje en uno de los sentidos, el hereje dirá que el otro es el sentido literal.

En cuarto lugar, se argumenta basándose en la doctrina de santo Tomás en la solución a la primera objeción, donde dice que la multiplicidad de sentidos no crea equivocidad, ya que estos sentidos no se multiplican porque una palabra signifique muchas cosas, sino porque las cosas significadas mediante las palabras pueden ser signos de otras cosas; todos los sentidos se fundan sobre un único sentido literal. Luego ningún pasaje tiene un doble sentido literal, o bien santo Tomás se contradice a sí mismo.

En quinto lugar, se argumenta contra la razón presentada por santo Tomás, pues si en un texto pueden contenerse varios sentidos literales porque el autor de la Sagrada Escritura es Dios, que abarca todo al mismo tiempo con su intelecto, de igual modo podríamos decir que es único el sentido de toda la Sagrada Escritura, porque toda la Sagrada Escritura nos explica el único concepto y el intelecto de Dios.

Para solucionar esta dificultad hemos de aclarar qué entendemos por sentido literal. Y si seguimos en este punto la doctrina de santo Tomás, el sentido literal, hablando con propiedad, es el que inmediatamente, por sus mismas palabras o escritos, quiso significar el Espíritu Santo, ya sea que los modos de decir se tomen propiamente sin ninguna metáfora o figura gramatical que las voces mismas, ya sea que los modos de decir lleven de su significado propio a un significado o acepción impropios. Pues, como santo Tomás enseña en el Comentario a la Epístola a los Gálatas, 4, lección 7 (consulta este pasaje para cada uno de estos cuatro sentidos), no importa si se toman estas palabras con propiedad o impropiamente, y en el presente artículo dice que el sentido parabólico se contiene bajo el literal. Pero cuando las cosas mismas acontecidas y significadas por las palabras, se vuelven a tomar para significar otras cosas, a éste se le llama sentido místico.

Con este presupuesto, se extrae la primera conclusión. Son raros los pasajes en la Sagrada Escritura que hasta ahora sean interpretados, por parte de los doctores, como teniendo un doble sentido literal. Esta conclusión se puede probar inductivamente. Se trae a colación el pasaje de Génesis 1: “En el principio Dios creó el cielo y la tierra”; de este pasaje hay un sentido: “en el principio”, es decir en el inicio del tiempo. Hay otro sentido: “en el principio”, es decir, antes de que hiciera cualquier cosa. Por el primer sentido se combate el error de los que dicen que el mundo existió desde la eternidad. Por el segundo sentido, se refuta el error de los griegos que afirmaban que los ángeles han sido creados antes que el mundo corpóreo. Un tercer sentido es: “en el principio”, esto es “en el Hijo”, como dice Agustín en el libro 11 de La Ciudad de Dios, capítulo 9, y Ambrosio en el libro 1 del Hexamerón, capítulo 4, ya que todo ha sido hecho por el Hijo. Hay otro pasaje, en el Salmo 2: “tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado”; este pasaje los santos lo interpretan tanto de la generación eterna como de la generación temporal; y el Apóstol en Hechos 13 parece que lo explica aplicándolo a la resurrección de Cristo, cuando dice: “resucitando a Jesús, como está escrito en el Salmo 2: tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado”. Se presenta también un tercer pasaje, del Salmo 8: “¿qué es el hombre, que te acuerdas de él, o el hijo del hombre, ya que lo visitas? Lo has hecho poco menor que los ángeles, lo coronaste con gloria y majestad etc. Todo lo pusiste bajo sus pies”. Este salmo, a la letra, parece significar a Adán, a quien Dios había sometido todas las cosas, todas las ovejas y los bueyes, etc. Y, además, a la letra, parece que se aplica a Cristo por parte del Apóstol en la carta a los Hebreos 2, cuando dice: “todavía no vemos todas las cosas sometidas a Él. Vemos a Jesús, al que hizo poco menor que los ángeles, coronado de gloria y honor por haber sufrido la muerte”. Hay además otro pasaje, Isaías 53: “¿Quién describirá su generación?”. Este pasaje lo interpretan algunos referido a la generación eterna, otros a la temporal. Ahora no recuerdo otro pasaje que haya que explicar, en sentido literal propio, de varias maneras; pero en sentido literal parabólico y metafórico quizás se encontrarán varios pasajes que se han de explicar de varios modos. Razón de esto es que las palabras están más determinadas a un significado que las cosas, por lo que las parábolas evangélicas son explicadas de varios modos por los santos, y esto en su sentido literal, como por ejemplo la parábola del padre de familia que salió muy de mañana a contratar obreros, es interpretada por algunos diciendo que Dios, desde el principio del mundo, en las diversas edades del género humano, llamó a los hombres a la fe; para otros les parece que significa que Dios a algunos hombres llama muy de mañana, cuando llegan al uso de razón, a otros en la juventud, etc. Igualmente, esa famosa parábola: “bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, etc.”, que fue planteada por Cristo para significar que cualquier hombre de cualquier nación, a quien podamos tratar con misericordia, ha de ser considerado prójimo. Y, sin embargo, los teólogos comúnmente exponen que ese samaritano que pasaba es Cristo salvador, y el hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó es el género humano que, por el pecado de los primeros padres, ha caído desde un estado feliz a Jericó, esto es, al defecto y a la muerte.

Segunda conclusión: no parece que haya sido bien establecido el que sea cierto, según la fe, que algún pasaje de la Escritura haya de entenderse necesariamente en un doble sentido literal. Esta conclusión parece contra el Abulense, en el lugar citado anteriormente, quien piensa que es cierto según la fe que algunos pasajes de la Escritura han de entenderse en un doble sentido literal. Pero se apoya en un fundamento falso, pues piensa que el sentido espiritual querido por al Espíritu Santo, es literal. De este modo, también nosotros hemos mostrado antes que es cierto según la fe que hay un doble sentido bajo una sola escritura, pero ya dijimos que el sentido espiritual no se llama propiamente literal. Luego se demuestra la conclusión: porque todos los pasajes que hemos aducido, tienen solución de manera que a quien haya opinado lo opuesto no se le condena por error en la fe, aunque merezca otra censura, como diremos enseguida. Pues el pasaje de Génesis: “Al principio Dios creó”, quizás bajo un único sentido significa dos cosas, a saber “en el principio del tiempo” y “antes de que hiciera cualquier cosa”, pues esto es totalmente en el principio. Y por eso varios y doctísimos teólogos no se atreven a condenar como error en la fe la sentencia de los griegos que afirman que los ángeles fueron creados antes del mundo corpóreo, como diremos más adelante en el comentario a la cuestión 61, artículo 3. Que san Agustín y san Ambrosio expliquen: “en el principio”, esto es, en el Hijo, no establece algo seguro según la fe. Por lo tanto, lo que se dice en el Salmo 2: “te he engendrado hoy”, algunos dicen que no fue aducido por san Pablo para probar con ello la resurrección de Cristo, sino para probar que es Hijo de Dios, lo cual había indicado antes; así opinaba el doctísimo Cano. Sobre la generación temporal no necesitamos testimonios para que comprobemos que, según la fe, ese es el sentido literal.

Además, lo que se dice en el Salmo 2, si alguien dice que el Apóstol lo aduce en sentido espiritual porque Adán fue forma y figura del segundo Adán, que es Cristo, no está lejos de la finalidad. Y entonces, ciertamente hemos de sostener según la fe que ese Salmo fue escrito referido a Cristo Señor en sentido espiritual. Y finalmente el pasaje de Isaías, capítulo 53 “¿Quién narrará su generación?”, tiene varias explicaciones, pero no es necesario afirmar que todas ellas son ciertas según la fe.

En todo caso, se hace una tercera conclusión: es temerario negar que en las sagradas Escrituras hay algún pasaje que puede entenderse de doble manera en sentido literal. Esta conclusión es contra Adam en el Comentario a Juan, al principio. Pero se demuestra: porque el sentir común de los teólogos escolásticos es que un doble sentido literal, o más, se puede encontrar bajo un único escrito de la Sagrada Escritura. Así lo enseña santo Tomás en este artículo, y comúnmente todos los escolásticos de nuestro tiempo juzgan como una cierta temeridad el negar que ese pasaje del Génesis, “en el principio creó”, tenga un doble sentido literal, porque en el capítulo Firmiter sobre la suprema Trinidad del concilio Lateranense, a partir de ese texto se insinúa que se ha de condenar un doble error. Pero de este asunto hablaremos más adelante, comentando la cuestión 61. Por ahora, si a alguien le parece que nuestra sentencia es más agria de lo que convendría, yo, dejando a salvo la fe y la salud de la doctrina, con facilidad renuncio al rigor de censurar sobre la opinión de los teólogos; pero ahora afirmo, o así me parece, que la aserción de Adam tiene algo de temeridad.

Pero ya hemos de responder a los argumentos contrarios.

Al primer argumento, la respuesta está clara por lo dicho.

Al segundo argumento, muchos tienen miedo de conceder que hay equivocidad en la Sagrada Escritura. Y, sin embargo, no sé cómo pueden responder si conceden que hay varios sentidos literales, porque equivocidad es cuando una palabra ofrece sus significados a diversos conceptos. Y no se puede responder que esos varios sentidos están subordinados unos a otros, y uno de ellos es el principal, pues si esta subordinación es unívoca bajo una única razón formal, habrá un único sentido que se distingue materialmente en varios, como cuando dices “todo animal es sensitivo”, entiendes que todo hombre es sensitivo y que todo caballo, etc. Pero si un único sentido es el principal y querido de por sí, y todos los demás lo son por alguna semejanza, entonces esta equivocidad será una cierta equivocidad analógica. Además, ni santo Tomás negó alguna vez que la equivocidad se diera en un múltiple sentido literal, sino en el literal y místico. Por lo tanto, hay que decir, al argumento, que del mismo modo que palabras, nombres y proposiciones que se encuentran en las sagradas Escrituras no decimos que sean sinónimos, aunque nos signifiquen el sentido de Dios que es único en sí, porque el mismo Dios nos habla mediante signos impuestos por nosotros, que nos significan por varios conceptos, así tampoco hay que negar que haya equivocidad si una oración nos significa varias cosas como distintas. Dios habla al modo de los hombres mediante los conceptos y palabras del escritor; y sin embargo tal equivocidad no genera confusión en las sagradas Escrituras, ya que según los dos sentidos se podrá hacer un argumento teológico más o menos seguro según la necesidad de la comprensión de la letra.

Al tercer argumento se responde que, si constara, sobre algún pasaje de la Escritura, que tiene un doble sentido literal, a partir de ambos se podría convencer al hereje, como piensan algunos que el concilio Lateranense, a partir del doble sentido de aquello de “en el principio creó, etc.”, condenó dos errores. Por otra parte, si el sentido literal no fuera necesario sino probable, podría aprovechar para edificación de los fieles, aunque no sea útil para convencer al hereje.

A lo cuarto se responde que santo Tomás habla allí sobre los sentidos místicos, que se fundan todos en algún único sentido literal, de manera tal que cualquier sentido místico se funda sobre algún único sentido literal.

A lo quinto se responde que esa razón de santo Tomás no concluye que Dios unívocamente nos signifique un doble sentido literal, sino que siendo Él el autor de la Escritura y de nuestras intelecciones, pudo querer que se nos presentaran varios sentidos literales, y por eso habló de ese modo mediante los escritores sagrados para que en algunos pasajes la Escritura quedara indeterminada, de manera que pudiéramos entenderla de múltiples modos. Lo cual suele suceder cuando un amigo al enviar cartas a otro, escribe ex professo algunas sentencias equívocas que pueden ser entendidas de muchas maneras, según la ley de la amistad, para que el amigo se esfuerce con ellas, entretenido por una suave equivocidad.

Duda 8ª: Sobre cuál es el sentido más importante

En octavo lugar se plantea la duda de cuál es el sentido más importante, el literal o el espiritual.

Respondo con brevedad a esto, y se enuncia una primera conclusión: todo sentido literal es más seguro para nosotros que el espiritual. Se demuestra: porque solamente a partir del sentido literal podemos argumentar, como diremos dentro de poco.

Segunda conclusión: el sentido literal que tiene unido simultáneamente un sentido místico, por lo general es de menor dignidad que el espiritual. Esto se demuestra por aquello de la 1ª carta a los Corintios 9: “¿Acaso Dios se preocupa de los bueyes, o más bien por nosotros ha sido dicho, etc.?”, donde claramente se significa que antes, en ese pasaje, Dios quería más bien que los Apóstoles, predicadores del Evangelio, fueran alimentados por el pueblo. Además, Orígenes, en el libro 4 del Periarchón, capítulo 2, dice que el sentido espiritual es como el alma, y el literal como el cuerpo. Y lo mismo dice san Cirilo al comentar el Levítico, en el prólogo. Sin embargo yo diría “por lo general”, pues si el sentido literal contiene alguna acción particular de Cristo, mediante la cual Cristo significa que hemos de imitarle, como por ejemplo cuando entró en Jerusalén sentado en un humilde pollino, no me atrevería a decir, ni me parece que se ha de decir, que el sentido espiritual, que es el moral, sea más importante que el literal, ya que la acción misma de Cristo agradaba a Dios infinitamente más que todas las acciones nuestras.

Tercera conclusión: un sentido literal cierto, que trata sobre el mismo asunto sobre el cual en otro lugar hay un sentido espiritual, es más importante que el espiritual, tanto en cuanto a certeza como en utilidad, aunque el espiritual sea más gustoso en cuando se entiende bajo figuras de hechos acontecidos.

Cuarta conclusión: cuando en la Sagrada Escritura se dice en sentido literal que cierto otro pasaje que está escrito en otro lugar hay que entenderlo espiritualmente, la certeza de ese pasaje espiritual pertenece a la letra. De donde, se ha de actuar en consecuencia.

Duda 9ª: Si sobre el sentido literal puede hacerse un argumento seguro

Por último, se plantea la duda de si solo en base al sentido literal puede hacerse un argumento seguro para confirmar cosas de fe.

Se responde, y se enuncia una primera conclusión:

Solamente por el sentido espiritual no se elabora un argumento cierto a partir de las sagradas Escrituras. Se demuestra por Agustín, en la Epístola 48 contra Vicente Donatista, texto que cita santo Tomás en este artículo 10, respuesta a la primera objeción, y por Dionisio en el Comentario a la carta a Tito, donde dice que la Teología simbólica, esto es mística, no es argumentativa. Enseña lo mismo Jerónimo en el Comentario de Mateo capítulo 13.

Segunda conclusión: cuando el sentido espiritual es seguro por otro pasaje literal de la Escritura, entonces desde él puede extraerse un argumento cierto, porque ya tiene certeza por el sentido literal, como por ejemplo a partir de aquello del Deuteronomio 25: “no atarás la boca al buey que trilla”; y que este lugar por necesidad se ha de entender espiritualmente lo sabemos por el Apóstol en la 1ª carta a los Corintios 9.

Tercera conclusión: si todos los santos están de acuerdo en la exposición de un cierto pasaje según el sentido místico, entonces, por la autoridad común de los santos, se puede fundar por ese pasaje un argumento tan fuerte que lo opuesto no se puede sostener sin gran temeridad.

Finalmente, sobre la solución al tercer argumento y la conclusión que allí hemos anotado, ten en cuenta que a partir de san Agustín, en el libro 8 de Sobre el Génesis a la letra, capítulo 7, no es necesario que haya algo verdadero en una locución parabólica, y otras cosas allí contenidas se tomen según la historia – como por ejemplo en esa parábola: “un cierto hombre bajaba de Jerusalén a Jericó”– incluso si según la historia existió verdaderamente Jerusalén y existió Jericó, no estamos sin embargo obligados a creer que lo demás que allí se narra haya sucedido históricamente. Pienso que hay varias narraciones de este tipo en el Cantar de los Cantares de Salomón, en donde puedes encontrar algunas cosas que según la historia se pueden comprobar; pero otras han sido añadidas, las cuales por ninguna razón pueden verificarse a la letra según el sentido literal propio, sino que se verifican o según en sentido literal metafórico o con seguridad en sentido místico que va más allá de la metáfora. Pero sobre esto en otro lugar quizás, si Dios quiere, diremos muchas cosas con mayor detenimiento. Pero ya es bastante lo dicho hasta aquí, para los escolásticos, sobre los sentidos de la Sagrada Escritura, y por tanto sobre la primera e importantísima cuestión.

Quaestio II: De Deo, an Deus sit

Articulus I: Utrum Deum esse sit per se notum

Articulus II: Utrum Deum esse sit demonstrabile

Articulus III: Utrum Deus sit

Quaestio III: De Dei simplicitate

Articulus I: Utrum Deus sit corpus

Articulus II: Utrum in Deo sit compositio formae et materiae

Articulus III: Utrum sit idem Deus quod sua essentia, vel natura

Articulus IV: Utrum in Deo sit idem essentia et esse

Articulus V: Utrum Deus sit in genere aliquo

Articulus VI: Utrum in Deo sint aliqua accidentia

Articulus VII: Utrum Deus sit omnino simplex

Articulus VIII: Utrum Deus in compositionem aliorum veniat

Quaestio IV: De Dei perfectione

Articulus I: Utrum Deus sit perfectus

Articulus II: Utrum in Deo sint perfectiones omnium rerum

Articulus III: Utrum aliqua creatura possit esse similis Deo

Quaestio V: De bono in communi

Articulus I: Utrum bonum differat secundum rem ab ente

Articulus II: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam ens

Articulus III: Utrum omne ens sit bonum

Articulus IV: Utrum bonum habeat rationem causae finalis

Articulus V: Utrum ratio boni consistat in modo, specie et ordine

Articulus VI: Utrum convenienter dividatur bonum per honestum, utile et delectabile

Quaestio VI: De bonitate Dei

Articulus I: Utrum esse bonum Deo conveniat

Articulus II: Utrum Deus sit summum bonum

Articulus III: Utrum esse bonum per essentiam sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum omnia sit bona bonitate divina

Quaestio VII: De Infinitate Dei

Articulus I: Utrum Deus sit infinitus

Articulus II: Utrum aliquid aliud quam Deus possit esse infinitum per essentiam

Articulus III: Utrum possit esse aliquid infinitum actu secundum magnitudinem

Articulus IV: Utrum possit esse infinitum in rebus secundum multitudinem

Quaestio VIII: De existentia Dei in rebus

Articulus I: Utrum Deus sit in omnibus rebus

Articulus II: Utrum Deus sit ubique

Articulus III: Utrum Deus sit ubique per essentiam, praesentiam et potentiam

Articulus IV: Utrum esse ubique sit proprium Dei

Quaestio IX: De Dei immutabilitate

Articulus I: Utrum Deus sit omnino immutabilis

Articulus II: Utrum esse inmutabile sit Dei proprium

Quaestio X: De Dei Aeternitate

Articulus I: Utrum convenienter definiatur aeternitas, quod est interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio

Articulus II: Utrum Deus sit aeternus

Articulus III: Utrum esse aeternum sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum aeternitas differat a tempore

Articulus V: De differentia aevi et temporis

Articulus VI: Utrum sit unum aevum tantum

Quaestio XI: De unitate Dei

Articulus I: Utrum unum addat aliquid supra ens

Articulus II: Utrum unum et multa opponantur

Articulus III: Utrum Deus sit unus

Articulus IV: Utrum Deus sit maxime unus

Quaestio XII: Quomodo Deus cognoscatur a nobis

Articulus I: Utrum aliquis intellectus creatus possit Deum videre per essentiam

Articulus II: Utrum essentia Dei ab intellectu creato per aliquam similitudinem videatur

Articulus III: Utrum Essentia Dei videri possit oculis corporalibus

Articulus IV: Utrum aliquis intellectus per sua naturalia Divinam Essentiam videre possit

Articulus V: Utrum intellectus creatus ad videndum Dei Essentiam aliquo creato lumine indigeat

Articulus VI: Utrum videntium Dei Essentiam unus alio perfectius videat

Articulus VII: Utrum videntes Deum per Essentiam, ipsum comprehendant

Articulus VIII: Utrum videntes Deum per Essentiam, omnia in Deo videant

Articulus IX: Utrum ea quae videntur in Deo a videntibus Divinam Essentiam, videantur per aliquas similitudines creatas

Articulus X: Utrum videntes Deum per Essentiam, simul videant omnia quae in ipso vident

Articulus XI: Utrum aliquis in hac vita possit videre Deum per Essentiam

Articulus XII: Utrum per rationem naturalem Deum in hac vita cognoscere possimus

Articulus XIII: Utrum per gratiam habeatur altior cognitio Dei quam ea, quae habetur per rationem naturalem

Quaestio XIII: De nominibus Dei

Articulus I: Utrum aliquod nomen Deo conveniat

Articulus II: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo substantialiter

Articulus III: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo proprie

Articulus IV: Utrum nomina dicta de Deo sint nomina synonyma

Articulus V: Utrum nomina, quae de Deo dicuntur et creaturis, univoce dicantur de ipsis

Articulus VI: Utrum nomina per prius dicantur de creaturis quam de Deo

Articulus VII: Utrum nomina quae important relationem ad creaturas, dicantur de Deo ex tempore

Articulus VIII: Utrum hoc nomen Deus sit nomen naturae

Articulus IX: Utrum hoc nomen Deus sit incommunicabile

Articulus X: Utrum hoc nomen Deus dictum de Deo per participationem, secundum naturam, et secundum opinionem

Articulus XI: Utrum hoc nomen Qui est sit maxime Dei proprium

Articulus XII: Utrum propositiones affirmativae possint formari de Deo

Quaestio XIV: De scientia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit scientia

Articulus II: Utrum Deus intelligat se

Articulus III: Utrum Deus comprehendat seipsum

Articulus IV: Utrum ipsum intelligere Dei sit eius substantia

Articulus V: Utrum Deus cognoscat alia a se

Articulus VI: Utrum Deus cognoscat alia a se propria cognitione

Articulus VII: Utrum scientia Dei sit discursiva

Articulus VIII: Utrum scientia Dei sit causa rerum

Articulus IX: Utrum Deus habeat scientiam non entium

Articulus X: Utrum Deus cognoscat mala

Articulus XI: Utrum Deus cognoscat singularia

Articulus XII: Utrum Deus possit cognoscere infinita

Articulus XIII: Utrum scientia Dei sit futurorum contingentium

Articulus XIV: Utrum Deus cognoscat enuntiabilia

Articulus XV: Utrum scientia Dei sit variabilis

Articulus XVI: Utrum Deus habeat de rebus scientiam speculativam

Quaestio XV: De Ideis

Articulus I: Utrum ideae sint

Articulus II: Utrum sint plures ideae

Articulus III: Utrum omnium quae cognoscit Deus, sint ideae

Quaestio XVI: De Veritate

Articulus I: Utrum veritas sit tantum in intellectu

Articulus II: Utrum veritas sit in intellectu componente et dividente

Articulus III: Utrum verum et ens convertantur

Articulus IV: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam verum

Articulus V: Utrum Deus sit veritas

Articulus VI: Utrum sit una sola veritas, secundum quam omnia sunt vera

Articulus VII: Utrum veritas creata sit aeterna

Articulus VIII: Utrum veritas sit immutabilis

Quaestio XVII: De Falsitate

Articulus I: Utrum falsitas sit in rebus

Articulus II: Utrum in sensu sit falsitas

Articulus III: Utrum falsitas sit in intellectu

Articulus IV: Utrum verum et falsum sint contraria

Quaestio XVIII: De vita Dei

Articulus I: Utrum omnium naturalium rerum sit vivere

Articulus II: Utrum vita sit quaedam operatio

Articulus III: Utrum Deo conveniat vita

Articulus IV: Utrum omnia sint vita in Deo

Quaestio XIX: De voluntate Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit voluntas

Articulus II: Utrum Deus velit alia a se

Articulus III: Utrum quicquid Deus vult, ex necessitate velit

Articulus IV: Utrum voluntas Dei sit causa rerum

Articulus V: Utrum voluntatis divinae sit assignare aliquam causam

Articulus VI: Utrum voluntas Dei semper impleatur

Articulus VII: Utrum voluntas Dei sit mutabilis

Articulus VIII: Utrum voluntas Dei necessitatem rebus volitis imponat

Articulus IX: Utrum voluntas Dei sit malorum

Articulus X: Utrum Deus habeat liberum arbitrium

Articulus XI: Utrum sit distinguenda in Deo voluntas signi

Articulus XII: Utrum convenienter circa divinam voluntatem ponantur quinque signa

Quaestio XX: De amore Dei

Articulus I: Utrum amor sit in Deo

Articulus II: Utrum Deus omnia amet

Articulus III: Utrum Deus aequaliter diligat omnia

Articulus IV: Utrum Deus semper magis diligat meliora

Quaestio XXI: De iustitia et misericordia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit iustitia

Articulus II: Utrum iustitia Dei sit veritas

Articulus III: Utrum misericordia competat Deo

Articulus IV: Utrum in omnibus operibus Dei sit misericordia et iustitia

Quaestio XXII: De Providentia Dei

Articulus I: Utrum providentia Deo conveniat

Articulus II: Utrum omnia sint subiecta divinae providentiae

Articulus III: Utrum Deus immediate omnibus provideat

Articulus IV: Utrum providentia rebus provisis necessitatem imponat

Quaestio XXIII: De Praedestinatione

Articulus I: Utrum homines praedestinentur a Deo

Articulus II: Utrum praedestinatio aliquid ponat in praedestinato

Articulus III: Utrum Deus aliquem hominem reprobet

Articulus IV: Utrum praedestinati eligantur a Deo

Articulus V: Utrum praescientia meritorum sit causa praedestinationis

Articulus VI: Utrum praedestinatio sit certa

Articulus VII: Utrum numerus praedestinatorum sit certus

Articulus VIII: Utrum praedestinatio possit iuvari precibus sanctorum

Quaestio XXIV: De Libro vitae

Articulus I: Utrum liber vitae sit idem quod praedestinatio

Articulus II: Utrum liber vitae sit solum respectu vitae gloriae praedestinatorum

Articulus III: Utrum aliquis deleatur de libro vitae

Quaestio XXV: De potentia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit potentia

Articulus II: Utrum potentia Dei sit infinita

Articulus III: Utrum Deus sit omnipotens

Articulus IV: Utrum Deus possit facere quod praeterita non fuerint

Articulus V: Utrum Deus possit facere quae non facit

Articulus VI: Utrum Deus possit facere meliora ea quae facit

Quaestio XXVI: De Divina beatitudine

Articulus I: Utrum beatitudo Deo competat

Articulus II: Utrum Deus dicatur beatus secundum intellectum

Articulus III: Utrum Deus sit beatitudo cuiuslibet beati

Articulus IV: Utrum in Dei beatitudine omnis beatitudo includatur

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