Scholastica commentaria in Primam Partem Summae Theologicae
Domingo Báñez (1528–1604)
First published 1584
Dominicus Báñez, O.P.'s Scholastica commentaria in primam partem Summae Theologiae is a Salamanca-school commentary on the opening part of Aquinas's Summa. The first printing appeared at Salamanca in 1584, after Báñez's teaching at the Dominican studium and University of Salamanca; later editions and editorial continuations helped make the work a major witness to late sixteenth-century Thomism. Its close exegesis of Aquinas intersects the debates over divine grace, human freedom, predestination, and physical premotion that defined the de auxiliis controversy. Schola presents the Latin text from a 1934 Urbano edition; the catalogue's 1584 year identifies the original work, not the modern reprint.
✦ This work is being completed — add a section.
Prologus auctoris ad lectorem
In D. Thomae prooemium meditatio
Quaestio I: De sacra doctrina, qualis sit et ad quae se extendat
Articulus I: Si es necesario que además de la Filosofía haya otra doctrina
Comentario
Duda 1ª: Si es necesaria para la salvación una doctrina revelada
Duda 2ª: Si es necesaria la revelación en cuanto a las verdades naturales
Articulus II: Si la Sagrada doctrina es ciencia
Commentarium
La principal duda se refiere a la primera conclusión, es decir, si la Sagrada doctrina es verdadera y propiamente una ciencia.
Primera conclusión (texto latino sin traducción española)
Duda 1ª (continuación)
Duda 2ª: Si la Teología es una ciencia subalternada a la ciencia divina y a la de los bienaventurados
Duda 3ª: Si la Teología permanece en el cielo
Articulus III: Si la Sagrada doctrina es una única ciencia
Comentario
Duda 1ª: Si la revelación divina es la razón formal de la unidad
Duda 1ª (continuación)
Articulus IV: Si la Sagrada doctrina es ciencia práctica
Comentario
En este artículo se plantea una única duda: si la primera conclusión de Santo Tomás es verdadera.
Duda 1ª: Objeciones
Se argumenta en primer lugar en favor de la respuesta negativa. La Teología no puede ser por eminencia (eminenter) práctica y especulativa, ni formalmente (formaliter) de ambos modos; luego de ningún modo. La inferencia es patente, y se demuestra el antecedente. Pues si la Teología fuera por eminencia (eminenter) ambas cosas, esta proposición sería falsa: “la Teología es especulativa”, pues las cosas que se dicen por eminencia de algo, no se predican sin más (simpliciter), como “Dios es por eminencia fuego” y sin embargo no es fuego; “el sol es por eminencia caliente”, y sin embargo no es caliente. Además, se demuestra que la sagrada doctrina no es formalmente (formaliter) ambas cosas, pues lo práctico y lo especulativo son diferencias opuestas que dividen los hábitos y las virtudes, como enseña el Filósofo en el segundo libro de la Metafísica, texto 31, y en el libro 6, c. 12, y en el 3 libro Sobre el alma, texto 493. Pero las diferencias opuestas no pueden convenir a lo mismo, como “racional” y “lo que relincha”, “lo que congrega la vista” y “lo que la disgrega”, ergo.
En segundo lugar, se argumenta así: la Teología de ningún modo es práctica, luego no es simultáneamente práctica y especulativa. La inferencia es patente, y se demuestra el antecedente: el objeto de la Teología no es algo que podamos obrar, siendo Dios mismo; luego la Teología misma no es práctica. La consecuencia es patente, porque la primera condición necesaria para la ciencia práctica es que su objeto pueda ser realizado por nosotros, pues por eso se denomina “práctica”. Y se confirma: la Teología no es el principio y la regla próxima de las operaciones, luego no es práctica; la inferencia es patente, porque el hábito práctico debe ser la regla próxima y el principio de la operación. Se demuestra el antecedente: porque la Teología por sí misma no dirige la acción sabia (studiosa) si no es mediante la prudencia, que es la regla próxima, por parte del intelecto, de dirigir los actos de las virtudes. Y se confirma, en segundo lugar: pues de otro modo el teólogo sería bueno sin más (lo cual, ojalá fuera verdadero); pero la experiencia demuestra lo contrario.
En tercer lugar, se argumenta así: si la Teología es ciencia práctica, lo sería porque dirige el amor al fin último, que es Dios; pero por esta razón no podría ser práctica, porque para el amor al último fin basta por parte del intelecto que se proponga el objeto, mediante el hábito de la fe, a la voluntad misma; luego no se requiere la Teología para que dirija la voluntad al último fin. Y esto se confirma: porque la ciencia natural que se tiene sobre Dios autor de la naturaleza, como es la Metafísica o la Física, es puramente especulativa; luego la ciencia sobrenatural de Dios autor de la gracia no será práctica. Se demuestra la consecuencia por el paralelismo del razonamiento.
En cuarto lugar, se argumenta: la Filosofía moral no es propiamente práctica; luego tampoco lo es la Teología. La inferencia parece buena, porque la Filosofía moral se comporta con respecto a las virtudes morales y naturales, como la Teología con respecto a las virtudes sobrenaturales; y como la Filosofía moral define y distingue las virtudes morales en general (in communi) y muestra sus propiedades, así la Teología versa sobre la quididad y la diferencia de las virtudes sobrenaturales. Se demuestra el antecedente: porque la Filosofía moral no da la facultad al filósofo para que obre bien, sino que necesita adquirir las virtudes.
En quinto lugar, se arguye y se demuestra que la Teología no es especulativa: porque el fin de la Teología es obrar bien y alcanzar el último fin; luego es práctica. Se demuestra la consecuencia. Pues el Filósofo, en los lugares citados, dice que en esto consiste la ciencia práctica: que exista a causa de la obra. El antecedente se demuestra basándonos en 2 a Timoteo, 3: “Toda escritura inspirada por Dios etc., para que el hombre de Dios sea perfecto, preparado para toda obra buena”4. Y se confirma: porque la fe es un hábito práctico, luego también la Teología. El antecedente, aparte de que es de santo Tomás en la II-II, cuestión 4, artículo 25, se demuestra por aquello de la primera carta de Pedro 1: “alcanzando el fin de vuestra fe, la salvación de vuestras almas”6. La consecuencia se demuestra: porque la fe es hábito de los principios de la Teología, luego si el hábito de los principios es práctico también lo será el hábito de las conclusiones que se deducen de esos principios.
Duda 1ª: Comentario
En esta cuestión son diversos los pareceres de los doctores. Algunos dicen que la Teología es formalmente especulativa; otros dicen que es formalmente práctica; finalmente, santo Tomás parece enseñar, en la primera conclusión del artículo, que la Teología es eminentemente (eminenter) especulativa y práctica; pero que lo sea formalmente (formaliter), no lo define expresamente. Durando1, en la cuestión 6 del prólogo2, y Escoto en la cuestión 4 del prólogo3, refieren estas opiniones. Pero dejando de lado opiniones extrañas, sólo pretendemos investigar qué opinaba santo Tomás sobre este asunto.
Para entenderlo se ha de advertir en primer lugar que en este tema han de suponerse como fundamentos principales los que el maestro Soto en su Lógica, cuestión 4 introductoria de la distinción entre ciencia práctica y especulativa, dice: “y omitiendo otras, ha de tenerse muy en cuenta esa diferencia, que es esencial, a saber, que la ciencia especulativa es la regla próxima de la especulación, pero no de la acción, como la ciencia de la rosa dirige el entendimiento al conocimiento científico de la rosa, pero de ningún modo es regla para hacer la rosa. Por otra parte, la ciencia práctica es regla próxima de la acción, pero no dirige hacia la contemplación, como el arte pictórico”4.
En segundo lugar, se ha de notar que lo especulativo y lo práctico se pueden considerar de dos modos. Primero, en cuanto son diferencias opuestas que distinguen los hábitos limitados y de orden inferior. Sobre ellos trata Aristóteles en el libro 3 de Sobre el alma, texto 495, y en el segundo libro de la Metafísica, capítulo 16, y en el libro 6 de la Ética, capítulo 27; y santo Tomás en la I Parte, cuestión 14, último artículo8, y en el Comentario al tercer libro de las Sentencias, distinción 23, cuestión 19, y en De Veritate, cuestión 14, artículo 410. De un segundo modo se pueden tomar “práctico” y “especulativo”, no en cuanto son diferencias determinadas y contrarias, sino quitándoles las imperfecciones por las que se oponen entre sí, en el modo en que concuerdan las ciencias divinas. Pues lo especulativo, en cuanto es de orden inferior, dice perfección, a saber, que se ordena a la contemplación; pero tiene una imperfección añadida, es decir que de ningún modo es regla de la acción. Lo práctico sin embargo dice perfección, es decir que se da a causa de la obra, lo cual es la mayor perfección, pues ser causa efectiva dice perfección; sin embargo, viene mezclada una cierta imperfección, a saber, que de ningún modo se ordena a la contemplación. Luego práctico y especulativo pueden tomarse dejando de lado estas imperfecciones, de modo que no sean diferencias que mutuamente se excluyan. En este sentido, todo hábito que dispone perfectamente a la acción, ya sea regla próxima de la acción ya sea remota, es formalmente práctico, ya lleve consigo una razón especulativa ya la excluya. Y del mismo modo ha de hablarse del hábito especulativo: que será especulativo todo hábito que dispone a la especulación, ya sea regla próxima, ya remota. De la primera manera se toman en cuanto son diferencias que distinguen esencialmente una ciencia finita: dije “finita”, pues como bien dice Cayetano, con respecto a la ciencia infinita lo práctico y lo especulativo no son diferencias esenciales. Y en este sentido especulativo es aquello que es regla próxima e inmediata que dirige a la especulación, de manera que no sea simultáneamente regla próxima que dirige a la acción. Práctico en cambio en este sentido es aquello que de tal manera es regla próxima de la acción que no es simultáneamente regla próxima para la especulación.
En tercer lugar, se ha de notar, con Cayetano al tratar este artículo11, que se dice que una forma contiene varias otras por eminencia (eminenter) porque es de un orden superior y más perfecto; y las cosas que están dispersas en las inferiores, en las superiores tienen unidad; como el ángel supremo conoce varias cosas por un único concepto, las cuales son conocidas mediante varios conceptos por un ángel inferior; y la idea de Cristo Señor, por la que conoce infinitas cosas, equivale a infinitas de orden inferior, como dice de modo muy hermoso Cayetano en el comentario a la III parte, cuestión 10, artículo 312, donde dice que un individuo de orden superior excede a infinitos de orden inferior. Y así, una forma de orden superior hace los efectos de muchas formas de orden inferior con gran perfección, dejando de lado las imperfecciones; lo cual en los inferiores no se haría sino con diferenciación y multiplicidad de formas. Y así, contener algo por eminencia (eminenter) es ser una forma de otro orden, la cual hace los efectos de muchas formas, con gran unidad y sin imperfección.
Por último, advierte con el mismo Cayetano sobre este artículo13, que la Teología es una ciencia y una forma de otro orden, pues todas las ciencias naturales son de orden natural e inferior, la Teología, sin embargo, siendo una cierta participación de la ciencia divina, es ciencia de orden superior, y por tanto contiene por eminencia (eminenter), sin división e imperfección alguna, lo que se alcanza en todas las ciencias inferiores. Y así, santo Tomás en el artículo 3 expresamente enseña que la Teología se comporta con respecto a las otras ciencias como los sentidos comunes con respecto a los sentidos propios, pues, así como el sentido común no se diversifica por las diferencias de los objetos de otros sentidos, sino que contiene, sin división y con la máxima perfección, todo lo que contienen los otros sentidos, ya que es de orden más alto, así se comporta la Teología con respecto a las otras ciencias14.
Con estos presupuestos, se enuncia ya la primera conclusión. La Teología es a la vez práctica y especulativa por eminencia (eminenter), si “práctico” y “especulativo” se toman en el primer modo, en cuanto son diferencias que dividen el hábito de orden inferior. Y así, no implica que las diferencias opuestas convengan a la misma cosa de modo eminente (eminenter). Se demuestra esta conclusión: el objeto de la Teología contiene por eminencia (eminenter) lo práctico y lo especulativo, luego también la Teología misma contiene por eminencia (eminenter) ambos. Se demuestra la consecuencia: pues el hábito alude a la naturaleza del objeto. El antecedente se demuestra, en primer lugar, porque el objeto de la Teología es Dios en cuanto pertenece al orden sobrenatural; y Dios es lo máximo especulable y, por la parte en que es último fin de todos los deseos, guía a la operación. En segundo lugar se demuestra así el antecedente: la fe es eminentemente práctica y especulativa, como enseña santo Tomás en la II-II, en el lugar citado antes15; luego sucederá lo mismo con la Teología; y se confirma: porque la misma fe perfecta exige la reunión con los dones del Espíritu Santo, que pertenecen al intelecto; pero consta que los dones del Espíritu Santo son prácticos; luego la fe misma, según su propia especie, es práctica, y por consiguiente también la ciencia que de por sí procede de tales principios, como es la Teología, será también práctica. En segundo lugar, se demuestra la conclusión: la divina Teología, que es ejemplar de nuestra Teología, es práctica y especulativa a la vez; luego también nuestra Teología, que es impresión de esa ciencia divina. En tercer lugar, se demuestra así: la visión beatífica es eminentemente práctica y especulativa, luego también la Teología misma es eminentemente práctica y especulativa. La consecuencia es patente, pues parece que es la misma la razón sobre la Teología que es de orden sobrenatural y la razón sobre la visión beatífica.
Segunda conclusión: si hablamos de lo práctico y lo especulativo según la segunda acepción, quitadas las imperfecciones, la Teología es especulativa y práctica formalmente (formaliter). Ciertamente, el que sea formalmente especulativa lo conceden todos los teólogos. Que también sea a la vez práctica formalmente (formaliter) en la segunda acepción, se puede demostrar en primer lugar con los argumentos presentados para la primera conclusión. En segundo lugar, se demuestra así: la inteligencia humana con respecto a cosas diversas es formalmente práctico y especulativo, como enseña santo Tomás en la I parte, cuestión 79, artículo 1116; luego también la Teología puede tener esto mismo mucho mejor. Se demuestra la consecuencia: porque es de naturaleza superior y de orden más excelente. En tercer lugar se demuestra: lo práctico y lo especulativo formalmente en esa segunda acepción convienen a la ciencia divina, luego también pueden convenir a la Teología; el antecedente se prueba claramente, pues lo práctico comporta que sea causa agente y regla de operación ad extra [de Dios]; la causa activa dice perfección sin más (simpliciter), luego puede convenir a Dios formalmente; la consecuencia se demuestra pues parece que es totalmente la misma razón, siendo la Teología una cierta participación de la ciencia divina.
Tercera conclusión: la Teología en primer lugar y de por sí es especulativa; secundariamente de por sí es práctica. Santo Tomás enseña esta conclusión en este artículo, cuando dice que la Teología es más especulativa que práctica, porque trata más principalmente de cosas divinas que de los actos humanos, de los que se ocupa en cuanto mediante ellos el hombre se ordena al perfecto conocimiento de Dios, en lo que consiste la felicidad eterna. Y así, según santo Tomás, si la Teología trata de la praxis y la operación, es en orden al conocimiento; luego primariamente y de por sí se ocupa del conocimiento, secundariamente de por sí, de la praxis en cuanto medio necesario para el conocimiento. Luego se demuestra por la razón. El objeto de la Teología, en primer lugar, es lo verdadero divino según es en sí, hablando de modo absoluto; el secundario es Dios mismo en cuanto se refiere al hombre como fin suyo al que ha de llegar mediante las obras; pero la Teología, por la razón por la que es especulativa, contempla a Dios del primer modo; por la razón por la que es práctica lo contempla del segundo modo; luego primariamente y de por sí, es especulativa; secundariamente, en cambio, es práctica. En segundo lugar, se demuestra así: pues lo verdadero práctico siempre es posterior a lo especulativo; pero la Teología es especulativa y práctica; luego antes es especulativa que práctica. Se demuestra la mayor: pues lo verdadero es anterior porque es más simple y más abstracto; pero lo verdadero especulativo es más abstracto que lo verdadero práctico, pues lo verdadero práctico concierne al apetito, y lo especulativo de ninguna manera; luego es más abstracto. Y se confirma: pues el ente es más simple y abstracto, y una realidad más noble que el bien, como enseña santo Tomás más abajo, en esta parte, cuestión 82, artículo 317, porque el bien dice ente concreto, que dice orden al apetito; pero lo verdadero práctico concierne el apetito, en cambio lo verdadero especulativo no dice orden al apetito; luego primariamente y de por sí es especulativo, secundariamente y de por sí, práctico; y por tanto lo mismo sucederá con el hábito que mira a la naturaleza del objeto. En tercer lugar, los dones del Espíritu Santo, como intelecto, ciencia, sabiduría, de por sí son primariamente especulativos, como enseña santo Tomás en II-II, cuestión 8, artículo 318, y cuestión 9, artículo 319, y cuestión 45, artículo 3, respuesta a la tercera objeción20. Luego lo mismo sucederá con la Teología. Y esta razón es la mejor, pues los dones del Espíritu Santo y la Teología y la fe, tratan sobre cosas que han de hacerse en cuanto éstas se refieren a la contemplación y a la visión; luego de por sí primariamente se pretende con estos hábitos la contemplación divina. Y esta es la principal razón de santo Tomás en estos pasajes, y la exposición literal de santo Tomás en este artículo.
Pero alguien puede preguntar: si la Teología es formalmente especulativa, tomando “especulativo” de la primera manera, en cuanto es una diferencia de la ciencia de orden inferior; y digo lo mismo de lo práctico.
Para entender esto, se enuncia una cuarta conclusión. Es probable que la Teología no sea formalmente especulativa, ni formalmente práctica, tomando “especulativo” y “práctico” en cuanto diversifican (differentia) la ciencia finita y de orden inferior. Sostiene expresamente esta sentencia21 Cayetano, al comentar este artículo22, y parece enseñarla santo Tomás en el artículo tercero23, pues dice que la Teología, con respecto a las ciencias de orden inferior, se comporta como el sentido común con respecto a los otros sentidos; pero ningún [rasgo] distintivo (differentia) de los sentidos inferiores compete formalmente al sentido común; luego ningún distintivo de una ciencia de orden inferior puede competer formalmente a la Teología. Se demuestra a continuación por la razón: pues el que algo sea por eminencia tal, no es otra cosa que el que sea tal por la forma de otro orden, como dijimos en lo tercero digno de nota; pero nuestra Teología es por eminencia especulativa; luego es especulativa por una forma de otro orden; luego no le conviene formalmente lo que distingue a la ciencia de orden inferior. En segundo lugar, Dios no es formalmente sabio si se toma “sabiduría” por una potencia de orden inferior, sino solamente es por eminencia sabio, pues la sabiduría de ese modo dice imperfección. Pero “especulativo”, en cuanto es distintivo de una ciencia de orden inferior, dice intrínsecamente imperfección; luego no puede encontrarse formalmente en una ciencia de orden superior como es la Teología. Y se confirma: el sol es por eminencia caliente, y no formalmente, pues es cálido por una forma de orden superior, esto es por la luz, que virtualmente y eminentemente contiene el calor; pero nuestra Teología es práctica y especulativa tomando “práctico” y “especulativo” en cuanto distintivo de una ciencia de orden inferior mediante una forma de orden superior; luego no es formalmente especulativa ni práctica. En último lugar: la Teología no se ordena de por sí a la especulación y a la contemplación de modo tal que de ningún modo se ordene a la operación; luego la Teología no es formalmente especulativa tomando “especulativo” en cuanto es distintivo de una ciencia finita y de orden inferior. La consecuencia es patente, pues lo especulativo en cuanto es distintivo de una ciencia de orden inferior, se ordena de tal manera a la especulación que de ningún modo se ordena a la praxis.
Quinta conclusión: si se toma “especulativo” en cuanto es una diferencia de la ciencia de orden finito e inferior, es probable que la Teología sea formalmente especulativa y sin embargo no formalmente práctica, sino práctica por eminencia (eminenter). Se establece esta conclusión en contra de Cayetano, cuando comenta este artículo24. Para su exposición, ten en cuenta que “especulativo” no excluye toda regla que dirige hacia la acción, sino solamente la regla próxima. Y de modo similar “práctico” solamente excluye la regla próxima de la especulación. Así, nada impide que la ciencia, que formalmente es especulativa, también hablando con propiedad (per se) disponga a la operación, mientras que sin embargo no disponga próximamente. De modo semejante, la ciencia práctica formalmente hablando con propiedad puede ser una disposición remota para la especulación, y en esto difiere esta sentencia de la de Cayetano. Demostramos ahora nuestra conclusión: pues especulativo y práctico no son diferencias opuestas esencialmente sino en razón de que indican una regla próxima, una para regular y la otra para especular; luego no se excluyen mutuamente sino concretamente según esta razón. Suponemos el antecedente por el primer fundamento, pues la ciencia práctica consiste en que sea regla próxima de la acción, y la especulativa en que sea regla próxima de la especulación. Con este supuesto se demuestra la conclusión: la Teología es regla próxima que dirige hacia la especulación de la verdad divina, luego es formalmente especulativa. Se demuestra la consecuencia: porque “especulativo”, que es la diferencia de la ciencia, solamente excluye la regla próxima del obrar, luego es compatible que la Teología sea especulativa y que remotamente pueda dirigir a la acción con tal de que no la dirija directamente. Se demuestra la mayor y la menor: la Teología procede de modo resolutivo por definición y argumentación, no procede de modo constructivo (compositivo); luego es regla próxima de operación y no de la acción. La conclusión es patente, pues el que la ciencia sea regla próxima de especulación procede principalmente, como nota el maestro Soto en la cuestión citada25, porque procede de modo resolutivo, y el que sea regla del obrar nace de que procede de modo constructivo (compositivo). Se demuestra también la menor, –a saber que la Teología no sea regla próxima de la acción, sino solamente remota–, con el tercer argumento hecho al principio de la cuestión con su confirmación, que demuestra con grandísima eficacia, que la Teología no es regla próxima del obrar y en consecuencia que no es formalmente práctica; y así lo expone santo Tomás en este artículo cuando dice que la Teología es más especulativa que práctica, porque hablando de lo práctico y lo especulativo en cuanto son diferencias de la ciencia de orden inferior, la Teología es formalmente especulativa y en cambio no es formalmente práctica, porque es regla próxima de la especulación, no es regla próxima de la acción.
Se demuestra la segunda parte de la conclusión: a la Teología, de por sí, compete dirigir hacia el obrar moral y práctico, pero no dirige hacia el obrar en cuanto regla próxima del obrar sino como razón superior que incluye la razón especulativa, ergo etc. Para entender esta razón, advierte que Dios es el último fin de los hombres en cuanto es un algo verdadero que es infinito y especulable (pues por ahora suponemos que la felicidad esencial consiste en la visión de Dios). Tratando la Teología acerca de Dios en cuanto es un infinito verdadero especulable con una luz divina, se sigue que la Teología mira a Dios según esa razón formal, según la cual es fin último; y ya que del fin se toma toda la razón de los medios, se desprende que, a la Teología, por su propio objeto, le compete dirigir la voluntad en orden a los medios proporcionados al último fin, que son las obras de las virtudes. Y así, en la sagrada Escritura, como se dice sobre la fe que opera y que cumple los mandamientos, así sobre la ciencia divina se dice que obra; por lo que en Proverbios, capítulo 10, se dice sobre la sabiduría divina: “la sabiduría es para el hombre la prudencia”26, pues como dice Aristóteles en el libro 3 de Sobre el alma27 que el intelecto especulativo, por extensión a la acción, se hace práctico, así se dice sobre la sabiduría divina, que es especulativa, que en el hombre que ejerce obras humanas, se extiende a la obra y se hace práctica, pues “prudencia” suena a virtud práctica. Y lo mismo se contiene en muchos otros pasajes; y por ello se demuestra la mayor del argumento principal de este modo: conviene a la Teología, por su objeto formal, dirigir a la obra práctica; luego le conviene de por sí (per se). La consecuencia del argumento principal es evidente, pues lo que se contiene en la razón superior, que se extiende a varias cosas, se contiene de modo eminente (eminenter), como el calor se contiene de modo eminente en el sol, porque la forma del sol es superior al calor mismo y se extiende a varios otros efectos. Por último, se demuestran todas las conclusiones simultáneamente: la Teología se ordena a la visión beatífica como al fin último, al cual de por sí (per se) está proporcionada la Teología porque es del mismo orden, a saber, sobrenatural; pero la visión beatífica es especulativa y práctica; luego la Teología es especulativa y práctica. Se demuestra la consecuencia: porque la razón de especulativo y práctico en las ciencias se toma del fin (esto lo dice Aristóteles en el libro 6 de la Metafísica)28.
Duda 1ª: Respuestas
Queda por responder a los argumentos en favor de lo contrario.
Al primer argumento se responde a partir de la primera conclusión y de lo segundo digno de nota. Confesamos pues, que es sin más verdadero que la Teología es formalmente especulativa y práctica, si es que “práctico” y “especulativo” se toman dejando de lado las imperfecciones, y no en cuanto son diferencias limitadas de las ciencias de orden inferior. Como si dijéramos que el ángel tiene la ciencia matemática formalmente, aunque no la tenga con la diferencia limitada, tal como en nosotros se distingue de la física, sino que, en cambio, conoce formalmente con un único hábito varios objetos de nuestras ciencias, y ese hábito es de la Metafísica y de la Física, porque tiene una razón formal más simple sobre todos estos objetos. En segundo lugar, se responde, según la doctrina de la última conclusión, que la Teología es sin más (simpliciter) especulativa formalmente, pero no es práctica formalmente, sino por eminencia (eminenter).
Al segundo argumento, se responde que para que la ciencia sea práctica en las ciencias inferiores se requiere que el objeto sea operable por nosotros, porque su objeto es una criatura, y no es su último fin. Sin embargo, en una ciencia superior como es la Teología no es necesaria tal condición, porque versa sobre el último fin de todas las acciones humanas, y por tanto el último fin no puede ser una acción humana, pues en caso contrario se daría un proceso al infinito. Bastaría que la Teología verse sobre la consecución del último fin, y dirija la realización de los medios que son proporcionados al fin, a saber, las obras de las virtudes.
A lo que se presentó como primera confirmación, se niega la consecuencia, pues la sindéresis natural es un hábito práctico, y sin embargo no dirige inmediatamente la operación sabia (studiosa), sino mediante la prudencia.
A la segunda confirmación, se niega la consecuencia. Se da una instancia semejante en el ejemplo de la sindéresis, que siendo práctica no hace sin embargo bueno al hombre sin más (simpliciter), porque no dispone a obrar bien inmediatamente, por sí misma, aquí y ahora, y en todo evento, lo cual es lo propio de la virtud sin más (simpliciter). Es más, como enseña Aristóteles en 1 de su Gran Moral, capitulo 11, quien conoce las virtudes no siempre es bueno (studiosus), y sin embargo la ciencia moral se llama práctica ya que reduce sus conclusiones a principios universales prácticos que la sindéresis dicta por naturaleza misma, e inclina en general a obrar según esos principios. Así nuestra Teología se llamará práctica en este sentido, no sólo por parte de quien aprende, que la ha de orientar hacia el amor a Dios (pues también Aristóteles estimaba tanto su ética que no pensaba que un oyente era digno si no estaba adornado con buenas costumbres: 1 de la Ética, capítulo 32) sino que también la Teología es práctica por una luz revelada y por el hábito de la fe del que procede. Y así aún de doble manera: en primer lugar por la fe, que es virtud no solamente especulativa sino que también es como una cierta sindéresis infusa que remuerde por el mal e instiga al bien, lo cual es tarea de la sindéresis natural, como enseña santo Tomás en la I parte, cuestión 29, artículo 123; en segundo lugar también es práctica la Teología por la conjunción de los dones de intelecto, ciencia y sabiduría con la luz misma de la fe, que son sin duda dones prácticos, como enseña santo Tomás en el lugar antes citado de la II- II4, que es conforme con lo que dice san Agustín en el libro 12 de Sobre la Trinidad, capítulo 25, que la razón superior se dirige a contemplar y buscar lo divino. Luego es necesario que la razón superior, en cuanto trata sobre Dios como objeto sobrenatural, contemple y busque de modo más alto lo divino; pero esto lo hace mediante la fe y los dones sobrenaturales. De aquí se sigue que en igualdad de condiciones será más sabio en Teología quien tenga caridad que el que no la tenga, porque sin caridad no se unen tales dones del Espíritu Santo a la fe, que ilumina la mente y da inteligencia a los niños. Por lo que vemos que los egregios Teólogos estaban dotados de una santidad no mediocre.
Al tercer argumento se responde que demuestra que el hombre puede alcanzar el último fin sin que medie la Teología, como alguien puede ser moralmente bueno sin la ciencia de la filosofía moral. Y sin embargo no demuestra que donde está presente la Teología, no pueda ser práctica según los modos que hemos explicado en las conclusiones.
A lo que se presenta como confirmación, se niega la consecuencia, y la disparidad de razón consiste en que la Física y la Metafísica nada contemplan sobre la adquisición del último fin de la felicidad. La Teología en cambio, en buena parte trata sobre los medios por los que la felicidad puede alcanzarse. Aparte de esto, por parte del alumno cualquier ciencia por muy especulativa que sea, puede dirigirse a la alabanza y culto a Dios, pues por esto el Apóstol en la carta a los Romanos 1, reprende vivamente a los filósofos que habiendo conocido a Dios no lo glorificaron como Dios6.
Sobre el cuarto argumento, concedo con facilidad que la Teología concuerda con la Filosofía moral en cuanto a que ambas, en general y no en concreto, dirigen las acciones humanas; y en cuanto a que ambas necesitan de las virtudes para obrar rectamente; es más, también en cuanto a que ambas presuponen principios que, mediante un hábito práctico, son dictados y prescritos en general. Y de este modo ambas son llamadas prácticas. Pero la diferencia está en que se dice que nuestra Teología es aún más práctica que la filosofía moral ya que los principios de la Teología se toman de la fe, que es como una sindéresis sobrenatural y que por su propia especie, si es perfecta, exige la rectitud de la voluntad, según aquello que enseña santo Tomás en la II-II, cuestión 4, artículos 2, 3 y sobre todo en el 5, donde dice: “para que el acto de fe sea perfecto se requiere que la voluntad se ordene infaliblemente al fin último; y que esta perfección se da por la caridad”7. Por lo demás, la sindéresis natural también es perfecta en su especie antes de adquirir las virtudes; y por lo tanto la Teología es más práctica, pues emana de principios tales que según su propia especie no son perfectos sin la caridad.
Al quinto argumento se responde que el fin que de por sí (per se) es primero en la Teología no es el obrar bien, sino más bien el contemplar qué es lo que se sigue de tales principios. Por lo que la Teología no es de por sí (simpliciter) práctica de la manera en que Aristóteles habla de la praxis; pero será práctica por eminencia (eminenter), o incluso formalmente, según los varios modos explicados en las conclusiones mismas. Sin embargo, siempre es más especulativa que práctica, aunque el fin de por sí (per se) secundario es dirigir las acciones en general para alcanzar el fin último. A la cita presentada del Apóstol, se responde en primer lugar que quizás llama “toda obra buena” al ministerio del doctor Evangélico, pues por la expresión “hombre de Dios” se entiende “el ministro de Dios”, a quien corresponde ejercitar los actos que allí había enunciado, es decir enseñar, argüir, corregir e instruir en la justicia. Y si se entiende por “toda obra buena” toda obra de virtud, entonces se responde que es ciertamente útil la ciencia revelada para ejercitar tales obras, aunque no sea el fin de por sí (per se) primeramente intentado de la ciencia teológica.
A lo que se presenta como confirmación, se responde lo que ya ha sido frecuentemente dicho, que accidentalmente (per accidens) es propio de la Teología el que proceda a partir del conocimiento oscuro de los principios; por lo que la consecuencia de esta confirmación no tiene valor.