Scholastica commentaria in Primam Partem Summae Theologicae

Domingo Báñez

Scholastica commentaria in Primam Partem Summae Theologicae

Domingo Báñez (1528–1604)

First published 1584

Dominicus Báñez, O.P.'s Scholastica commentaria in primam partem Summae Theologiae is a Salamanca-school commentary on the opening part of Aquinas's Summa. The first printing appeared at Salamanca in 1584, after Báñez's teaching at the Dominican studium and University of Salamanca; later editions and editorial continuations helped make the work a major witness to late sixteenth-century Thomism. Its close exegesis of Aquinas intersects the debates over divine grace, human freedom, predestination, and physical premotion that defined the de auxiliis controversy. Schola presents the Latin text from a 1934 Urbano edition; the catalogue's 1584 year identifies the original work, not the modern reprint.

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Prologus auctoris ad lectorem

In D. Thomae prooemium meditatio

Quaestio I: De sacra doctrina, qualis sit et ad quae se extendat

Articulus I: Si es necesario que además de la Filosofía haya otra doctrina

Comentario

Duda 1ª: Si es necesaria para la salvación una doctrina revelada

Duda 2ª: Si es necesaria la revelación en cuanto a las verdades naturales

En segundo lugar se plantea la duda de si la conclusión segunda de santo Tomás es verdadera, y su razonamiento bueno.

En primer lugar, se razona en favor de la parte negativa. Apenas cuando llega el hombre al uso de la razón, conoce suficientemente con la razón natural lo que está obligado a conocer; luego no es necesaria la doctrina revelada para que tienda a un fin que le es natural. El antecedente es patente, porque de otro modo el hombre no pecaría en el primer instante del uso de la razón, incluso si no se dirigiera a alcanzar el bien que está de acuerdo con la razón, lo cual va contra Santo Tomás, en I-II, cuestión 89, artículo 6.

En segundo lugar se argumenta así: la revelación sobrenatural no puede estar en proporción sino con un objeto sobrenatural; luego la verdad que por su naturaleza es de orden natural, no se puede conocer bajo la razón de revelación sobrenatural.

En tercer lugar: un fiel de limitada capacidad intelectual (idiota) no es de mejor condición que un fiel filósofo; pero el fiel filósofo no asiente a esas verdades naturales por revelación divina sino mediante un medio natural; luego el fiel idiota no asiste por la divina revelación La consecuencia resulta patente, pues de otro modo éste sería de mejor condición que aquél.

En cuarto lugar se argumenta así: si alguna verdad natural hubiera que conocerla mediante la divina revelación, habría que hacerlo así sobre todo con ésta: Dios existe; pero esto parece implicar que esta verdad se conoce por revelación divina; ergo… Se prueba la menor: pues si alguien asiente a esta verdad: “Dios existe”, porque el mismo Dios la revela, se presupone el que Dios existe; ya que se presupone que Dios es revelador, y por consiguiente antes de la revelación divina el hombre conoce que Dios existe.

Se arguye finalmente contra el razonamiento de la conclusión, que presupone que la entera salvación del hombre depende del conocimiento de la verdad natural; esto parece falso, porque es posible que la verdad natural sea estudiada mediante la razón natural, y por consiguiente bastaría el conocimiento natural, ya que la entera salvación del hombre depende de ello.

Cayetano sobre esta duda enseña −comentado este pasaje− que esta segunda conclusión hay que entenderla como referente a una necesidad no absoluta (non simpliciter) sino para hacerse bien (de bene esse). Sin embargo, parece que santo Tomás opinaba lo contrario en II-II, cuestión 2, artículo 4, respuesta a la primera objeción, donde enseña expresamente que el conocimiento natural no basta al género humano para el conocimiento de lo divino, incluso de aquello que puede demostrarse con la razón natural; y en el Comentario a las Sentencias, libro 3, distinción 23, artículo 3, cuestión 1, respuesta a la primera objeción, dice que para el conocimiento natural de Dios no se puede proveer suficientemente mediante la naturaleza del hombre; luego no solamente se ha de afirmar que es necesaria la doctrina revelada para hacerse bien (ad bene esse), sino que ésta es necesaria sin más (simpliciter), para conocer tales verdades. Por esto Cayetano, al comentar el pasaje señalado de la II-II, modera la afirmación que aquí había sostenido. Pues −dice− o hablamos del género humano según los hombres singulares, o según el conjunto de ese mismo género humano; si hablamos del primer modo, para muchos es necesaria, sin más, la doctrina revelada, pues hay muchos que por su incapacidad natural o por otras razonables ocupaciones, no pueden estudiar tales verdades con sus propias fuerzas. Pero si hablamos del conjunto mismo del género humano, dice que no es necesaria tal revelación para todos, ya que algunos con sus propias fuerzas pueden conocer esas verdades. Sin embargo tampoco esta matización nos parece que esté de acuerdo con la doctrina de santo Tomás, pues entonces sería verdad que la razón natural es suficiente para conocer esas verdades, pues el que en algunos falte este conocimiento proviene de una causa accidental, y en cambio santo Tomás tal defecto lo atribuye a la naturaleza humana. Finalmente, porque los filósofos mismos no adquirieron tal conocimiento sino después de mucho tiempo y con mezcla de errores, como resulta patente a quien lea las doctrinas de los filósofos.

Por tanto me parece que ha de decirse −y que es una conclusión cierta− que es necesaria la doctrina revelada para que los hombres sean instruidos también en las verdades naturales en lo que es conveniente para que sean adoctrinados en las sobrenaturales, pues la gracia presupone la naturaleza. Y esto se demuestra así; en primer lugar, porque aunque para algunos pueda sea posible que les llegue algún conocimiento de Dios tras largo tiempo, sin embargo de hecho no les alcanza sino con alguna mezcla de error. Por lo que es necesario que la doctrina revelada perfeccione la naturaleza. En segundo lugar: porque la herida de la ignorancia que hemos recibido con el pecado original, no solo se encuentra en la razón práctica sino también en la especulativa, ya que en el estado de naturaleza íntegra el intelecto especulativo tenía un orden perfecto hacia lo verdadero, y no podía ser impedida por la corruptibilidad del cuerpo. Por eso santo Tomás, más abajo, en la cuestión 101, artículo 1, respuesta a la tercera objeción, atribuye a los niños en el estado de inocencia una ciencia suficiente que los gobernaría en las acciones buenas; y sin embargo tras el pecado quedó el hombre con un cuerpo corruptible, que pesa sobre el alma de modo que no pueda tender hacia el bien de modo infalible; y el intelecto mismo, al que es natural el entender mediante la conversión a la imagen, recibió la herida de la ignorancia, de manera que con facilidad se desvía de lo verdadero; ergo, etc. Y finalmente, un conocimiento claro y cierto, sin mezcla de error y adquirido en breve tiempo acerca de las verdades naturales referentes a Dios, que son ciertamente necesarias al hombre, no puede tenerse en el estado de naturaleza caída con las fuerzas naturales; luego es necesaria la doctrina revelada para instruir a los hombres acerca de tales verdades. Por esta doctrina, como dice el Crisóstomo en la Homilía 4 al pueblo, los cristianos conocen más a Dios en un día, incluso los campesinos, que lo que han alcanzado los filósofos durante todo el tiempo de su vida; pues inmediatamente, instruidos mediante la Sagrada doctrina, los rústicos creen que hay un solo Dios, y creen en su providencia, y que ha de ser venerado sobre toda las cosas y adorado. Además, los filósofos, incluso los más graves, han alcanzado tras mucho tiempo algunas verdades con mezcla de errores; pues Platón viajó a Egipto y Italia para aprender la filosofía; Aristóteles trabajó durante veinte años junto a Platón; y estos cayeron en gravísimos errores, pues Platón dijo que la materia es coeterna a Dios y no fue creada por Él, y afirmó la vuelta de las almas a los cuerpos; de igual modo, afirmó que toda alma de los animales es inmortal, y que todos son de la misma especie, y que Dios es el alma del mundo. Aristóteles también dijo que el mundo necesariamente existía desde la eternidad (ab aeterno) y no menciona la felicidad eterna del hombre, y en el libro 7 de la Política afirmó que los hombres que nacen privados de algún miembro, o que son monstruosos por alguna razón, han de ser matados. Allí mismo afirmó que ha de ser aplicado el aborto al menos antes de la animación del feto. Luego, Cicerón negó la providencia de Dios, y para hacer libres a los hombres los hizo sacrílegos; igualmente, como Aristóteles, pensó que la indignación por la prosperidad de los inferiores es una virtud, lo cual es un absurdo según la recta razón; y en el libro 3 De los Oficios enseñó que es justo dañar al inocente, lo cual es contrario a la ley de la naturaleza. Además, Galeno, hombre de grandísimo ingenio, enseñó que el alma es mortal y que es una relación, es decir, la armonía y concordia de los humores. Finalmente Agustín, dotado por la naturaleza del ingenio más excelente, estuvo atrapado en muchos errores de los maniqueos durante nueve años. Luego si hombres de tan gran y excelente ingenio, han errado acerca de cosas naturales, es necesaria la doctrina revelada a todos, para que no haya error en aquellas cosas en las que la ignorancia o el error se oponen a la doctrina católica.

A los argumentos a favor de la tesis contraria se responde.

Se responde al primero que es tan verdadero que apenas cuando el hombre llega al uso de la razón, es ilustrado más que suficientemente con la luz natural mediante el dictado de la sindéresis, para que se dirija a alcanzar el bien según la razón; pero luego no podrá vivir, sin algún error acerca de lo natural, a no ser que sea iluminado con la doctrina revelada.

Al segundo argumento se responde que la doctrina revelada no está en proporción con las verdades naturales en cuanto a que las demuestre por sí misma, tal como son demostrables. Hay sin embargo una proporción en cuanto a que mediante la doctrina revelada el hombre está seguro por una luz de orden superior acerca de esas verdades, que son demostrables por su naturaleza.

Al tercer argumento se responde que no es de mejor condición el fiel de inteligencia limitada, en igualdad de condiciones, que el fiel filósofo. Y para demostrarlo se responde que no está menos seguro el fiel filósofo de que Dios existe que el fiel limitado de inteligencia. Y la razón es que la fe en el filósofo no destruye la demostración de la conclusión sino que además la confirma en cuanto a la certeza, con una certeza sobrenatural; aunque en cuanto a la oscuridad de la fe el filósofo no puede asentir a una conclusión sabida. Pero de esto, ya hemos tratado al comentar la II-II, cuestión 1, artículo 5.

En cuanto al cuarto argumento, niego la menor. A la prueba presentada se responde que simultáneamente y de una sola vez, la revelación divina certifica que Dios existe y que Dios revela, en el acto ejercido (in actu exercito), del mismo modo que simultáneamente y de una sola vez vemos la luz y los colores.

Al último argumento se responde que una cosa es decir que toda salvación del hombre depende del conocimiento de algunas verdades naturales; y otra cosa es decir que su conocimiento es suficiente para la salvación; esto segundo no lo dijo santo Tomás, pero lo primero es verdad. Pero se ha de advertir que tal dependencia es más bien como de una causa material, y de la capacidad de la naturaleza, la cual se presupone para la gracia como se presupone el intelecto y el libre albedrío; así también la fe presupone que no haya error en el intelecto acerca de algunas verdades naturales. Por lo tanto, se dice que [esa afirmación] “Dios existe” es un preámbulo para la fe, más que de por sí pertenezca a la fe.

En tercer lugar se podría plantear una duda acerca de la tercera conclusión que hemos anotado en la solución al segundo argumento: si la Teología y la Metafísica difieren en especie o más bien en su género. Y la razón de esta duda era que ambas se encuentran en el predicamento de la cualidad y en la especie de hábito. Pero la solución a esta duda quedará clara fácilmente en el artículo siguiente. Entre tanto, hay que saber que esta distinción en el género se ha de sopesar según la razón formal de cognoscible, la cual con respecto a la Teología es tan elevada que supera por su abstracción toda razón formal de lo cognoscible naturalmente.

Y finalmente, téngase en cuenta, en cuanto a la solución al segundo argumento, que santo Tomás responde de esa manera como si [fuera] expresamente la consecuencia del argumento, y aporta una razón: porque acerca de un mismo cognoscible natural pueden haber diversas ciencias bajo diversas razones; de ello se sigue lo que Cayetano, junto con Escoto, en vano pretende, porque rechaza esta solución al objetar que mediante ella no se salva la necesidad de la Teología. Nosotros en cambio respondemos que no es necesario para una buena solución el que pruebe la conclusión, sino que [se] defienda de la objeción contraria; y esto lo ofrece con abundancia la solución de santo Tomás.

Articulus II: Si la Sagrada doctrina es ciencia

Commentarium

La principal duda se refiere a la primera conclusión, es decir, si la Sagrada doctrina es verdadera y propiamente una ciencia.

Primera conclusión (texto latino sin traducción española)

Duda 1ª (continuación)

Duda 2ª: Si la Teología es una ciencia subalternada a la ciencia divina y a la de los bienaventurados

Duda 3ª: Si la Teología permanece en el cielo

Articulus III: Si la Sagrada doctrina es una única ciencia

Comentario

Duda 1ª: Si la revelación divina es la razón formal de la unidad

Duda 1ª (continuación)

Articulus IV: Si la Sagrada doctrina es ciencia práctica

Comentario

Duda 1ª: Objeciones

Duda 1ª: Comentario

Duda 1ª: Respuestas

Articulus V: Si la sagrada doctrina es más digna que las otras ciencias

Comentario

Dubium 1 (textus Latinus sine versione Hispanica)

Duda 1ª: Si la sagrada doctrina es la más cierta de todas las ciencias

Articulus VI: Utrum haec doctrina sit sapientia

Commentarium

Duda 1ª: Si la sagrada doctrina en grado máximo es sabiduría entre todas las sabidurías humanas

Articulus VII: Utrum Deus sit subiectum huius scientiae

Comentario

Duda 1ª: Si Dios es el sujeto de esta ciencia

Texto de san Agustín

Articulus VIII: Utrum sacra doctrina sit argumentativa

Comentario

Duda 1ª: Si la Teología es una ciencia argumentativa

Duda 2ª: si la sagrada doctrina no argumenta para probar sus principios

Duda 3ª: Si la sagrada Escritura está inspirada por Espíritu Santo

Duda 4ª: Si la sagrada Escritura inspirada se halla en la Iglesia Católica

Duda 5ª: Qué fuerza tiene la autoridad de los santos

Duda 6ª: Si los teólogos escolásticos tienen autoridad

Articulus IX: Utrum Sacra Scriptura debeat uti metaphoris

Commentarium

Duda 1ª: Si la Teología debe usar metáforas

Articulus X: Utrum Sacra Scriptura sub una littera habeat plures sensus

Comentario

Duda 1ª: Si la Sagrada Escritura contiene diversos sentidos

Duda 2ª: Si todos los hechos del Antiguo Testamento se deben explicar según el sentido místico.

Duda 3ª: Si en el Nuevo Testamento se pueden distinguir los cuatros sentidos

Duda 4ª: Sobre la regla cierta para discernir el sentido literal

Duda 5ª: Si las locuciones hay que recibirlas como Sagrada Escritura

Duda 6ª: Si es lícito a cualquier cristiano buscar un sentido nuevo en las Sagradas Escrituras

Duda 7ª: Si la Sagrada Escritura contiene varios sentidos literales

Duda 8ª: Sobre cuál es el sentido más importante

Duda 9ª: Si sobre el sentido literal puede hacerse un argumento seguro

Quaestio II: De Deo, an Deus sit

Articulus I: Utrum Deum esse sit per se notum

Articulus II: Utrum Deum esse sit demonstrabile

Articulus III: Utrum Deus sit

Quaestio III: De Dei simplicitate

Articulus I: Utrum Deus sit corpus

Articulus II: Utrum in Deo sit compositio formae et materiae

Articulus III: Utrum sit idem Deus quod sua essentia, vel natura

Articulus IV: Utrum in Deo sit idem essentia et esse

Articulus V: Utrum Deus sit in genere aliquo

Articulus VI: Utrum in Deo sint aliqua accidentia

Articulus VII: Utrum Deus sit omnino simplex

Articulus VIII: Utrum Deus in compositionem aliorum veniat

Quaestio IV: De Dei perfectione

Articulus I: Utrum Deus sit perfectus

Articulus II: Utrum in Deo sint perfectiones omnium rerum

Articulus III: Utrum aliqua creatura possit esse similis Deo

Quaestio V: De bono in communi

Articulus I: Utrum bonum differat secundum rem ab ente

Articulus II: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam ens

Articulus III: Utrum omne ens sit bonum

Articulus IV: Utrum bonum habeat rationem causae finalis

Articulus V: Utrum ratio boni consistat in modo, specie et ordine

Articulus VI: Utrum convenienter dividatur bonum per honestum, utile et delectabile

Quaestio VI: De bonitate Dei

Articulus I: Utrum esse bonum Deo conveniat

Articulus II: Utrum Deus sit summum bonum

Articulus III: Utrum esse bonum per essentiam sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum omnia sit bona bonitate divina

Quaestio VII: De Infinitate Dei

Articulus I: Utrum Deus sit infinitus

Articulus II: Utrum aliquid aliud quam Deus possit esse infinitum per essentiam

Articulus III: Utrum possit esse aliquid infinitum actu secundum magnitudinem

Articulus IV: Utrum possit esse infinitum in rebus secundum multitudinem

Quaestio VIII: De existentia Dei in rebus

Articulus I: Utrum Deus sit in omnibus rebus

Articulus II: Utrum Deus sit ubique

Articulus III: Utrum Deus sit ubique per essentiam, praesentiam et potentiam

Articulus IV: Utrum esse ubique sit proprium Dei

Quaestio IX: De Dei immutabilitate

Articulus I: Utrum Deus sit omnino immutabilis

Articulus II: Utrum esse inmutabile sit Dei proprium

Quaestio X: De Dei Aeternitate

Articulus I: Utrum convenienter definiatur aeternitas, quod est interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio

Articulus II: Utrum Deus sit aeternus

Articulus III: Utrum esse aeternum sit proprium Dei

Articulus IV: Utrum aeternitas differat a tempore

Articulus V: De differentia aevi et temporis

Articulus VI: Utrum sit unum aevum tantum

Quaestio XI: De unitate Dei

Articulus I: Utrum unum addat aliquid supra ens

Articulus II: Utrum unum et multa opponantur

Articulus III: Utrum Deus sit unus

Articulus IV: Utrum Deus sit maxime unus

Quaestio XII: Quomodo Deus cognoscatur a nobis

Articulus I: Utrum aliquis intellectus creatus possit Deum videre per essentiam

Articulus II: Utrum essentia Dei ab intellectu creato per aliquam similitudinem videatur

Articulus III: Utrum Essentia Dei videri possit oculis corporalibus

Articulus IV: Utrum aliquis intellectus per sua naturalia Divinam Essentiam videre possit

Articulus V: Utrum intellectus creatus ad videndum Dei Essentiam aliquo creato lumine indigeat

Articulus VI: Utrum videntium Dei Essentiam unus alio perfectius videat

Articulus VII: Utrum videntes Deum per Essentiam, ipsum comprehendant

Articulus VIII: Utrum videntes Deum per Essentiam, omnia in Deo videant

Articulus IX: Utrum ea quae videntur in Deo a videntibus Divinam Essentiam, videantur per aliquas similitudines creatas

Articulus X: Utrum videntes Deum per Essentiam, simul videant omnia quae in ipso vident

Articulus XI: Utrum aliquis in hac vita possit videre Deum per Essentiam

Articulus XII: Utrum per rationem naturalem Deum in hac vita cognoscere possimus

Articulus XIII: Utrum per gratiam habeatur altior cognitio Dei quam ea, quae habetur per rationem naturalem

Quaestio XIII: De nominibus Dei

Articulus I: Utrum aliquod nomen Deo conveniat

Articulus II: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo substantialiter

Articulus III: Utrum aliquod nomen dicatur de Deo proprie

Articulus IV: Utrum nomina dicta de Deo sint nomina synonyma

Articulus V: Utrum nomina, quae de Deo dicuntur et creaturis, univoce dicantur de ipsis

Articulus VI: Utrum nomina per prius dicantur de creaturis quam de Deo

Articulus VII: Utrum nomina quae important relationem ad creaturas, dicantur de Deo ex tempore

Articulus VIII: Utrum hoc nomen Deus sit nomen naturae

Articulus IX: Utrum hoc nomen Deus sit incommunicabile

Articulus X: Utrum hoc nomen Deus dictum de Deo per participationem, secundum naturam, et secundum opinionem

Articulus XI: Utrum hoc nomen Qui est sit maxime Dei proprium

Articulus XII: Utrum propositiones affirmativae possint formari de Deo

Quaestio XIV: De scientia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit scientia

Articulus II: Utrum Deus intelligat se

Articulus III: Utrum Deus comprehendat seipsum

Articulus IV: Utrum ipsum intelligere Dei sit eius substantia

Articulus V: Utrum Deus cognoscat alia a se

Articulus VI: Utrum Deus cognoscat alia a se propria cognitione

Articulus VII: Utrum scientia Dei sit discursiva

Articulus VIII: Utrum scientia Dei sit causa rerum

Articulus IX: Utrum Deus habeat scientiam non entium

Articulus X: Utrum Deus cognoscat mala

Articulus XI: Utrum Deus cognoscat singularia

Articulus XII: Utrum Deus possit cognoscere infinita

Articulus XIII: Utrum scientia Dei sit futurorum contingentium

Articulus XIV: Utrum Deus cognoscat enuntiabilia

Articulus XV: Utrum scientia Dei sit variabilis

Articulus XVI: Utrum Deus habeat de rebus scientiam speculativam

Quaestio XV: De Ideis

Articulus I: Utrum ideae sint

Articulus II: Utrum sint plures ideae

Articulus III: Utrum omnium quae cognoscit Deus, sint ideae

Quaestio XVI: De Veritate

Articulus I: Utrum veritas sit tantum in intellectu

Articulus II: Utrum veritas sit in intellectu componente et dividente

Articulus III: Utrum verum et ens convertantur

Articulus IV: Utrum bonum secundum rationem sit prius quam verum

Articulus V: Utrum Deus sit veritas

Articulus VI: Utrum sit una sola veritas, secundum quam omnia sunt vera

Articulus VII: Utrum veritas creata sit aeterna

Articulus VIII: Utrum veritas sit immutabilis

Quaestio XVII: De Falsitate

Articulus I: Utrum falsitas sit in rebus

Articulus II: Utrum in sensu sit falsitas

Articulus III: Utrum falsitas sit in intellectu

Articulus IV: Utrum verum et falsum sint contraria

Quaestio XVIII: De vita Dei

Articulus I: Utrum omnium naturalium rerum sit vivere

Articulus II: Utrum vita sit quaedam operatio

Articulus III: Utrum Deo conveniat vita

Articulus IV: Utrum omnia sint vita in Deo

Quaestio XIX: De voluntate Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit voluntas

Articulus II: Utrum Deus velit alia a se

Articulus III: Utrum quicquid Deus vult, ex necessitate velit

Articulus IV: Utrum voluntas Dei sit causa rerum

Articulus V: Utrum voluntatis divinae sit assignare aliquam causam

Articulus VI: Utrum voluntas Dei semper impleatur

Articulus VII: Utrum voluntas Dei sit mutabilis

Articulus VIII: Utrum voluntas Dei necessitatem rebus volitis imponat

Articulus IX: Utrum voluntas Dei sit malorum

Articulus X: Utrum Deus habeat liberum arbitrium

Articulus XI: Utrum sit distinguenda in Deo voluntas signi

Articulus XII: Utrum convenienter circa divinam voluntatem ponantur quinque signa

Quaestio XX: De amore Dei

Articulus I: Utrum amor sit in Deo

Articulus II: Utrum Deus omnia amet

Articulus III: Utrum Deus aequaliter diligat omnia

Articulus IV: Utrum Deus semper magis diligat meliora

Quaestio XXI: De iustitia et misericordia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit iustitia

Articulus II: Utrum iustitia Dei sit veritas

Articulus III: Utrum misericordia competat Deo

Articulus IV: Utrum in omnibus operibus Dei sit misericordia et iustitia

Quaestio XXII: De Providentia Dei

Articulus I: Utrum providentia Deo conveniat

Articulus II: Utrum omnia sint subiecta divinae providentiae

Articulus III: Utrum Deus immediate omnibus provideat

Articulus IV: Utrum providentia rebus provisis necessitatem imponat

Quaestio XXIII: De Praedestinatione

Articulus I: Utrum homines praedestinentur a Deo

Articulus II: Utrum praedestinatio aliquid ponat in praedestinato

Articulus III: Utrum Deus aliquem hominem reprobet

Articulus IV: Utrum praedestinati eligantur a Deo

Articulus V: Utrum praescientia meritorum sit causa praedestinationis

Articulus VI: Utrum praedestinatio sit certa

Articulus VII: Utrum numerus praedestinatorum sit certus

Articulus VIII: Utrum praedestinatio possit iuvari precibus sanctorum

Quaestio XXIV: De Libro vitae

Articulus I: Utrum liber vitae sit idem quod praedestinatio

Articulus II: Utrum liber vitae sit solum respectu vitae gloriae praedestinatorum

Articulus III: Utrum aliquis deleatur de libro vitae

Quaestio XXV: De potentia Dei

Articulus I: Utrum in Deo sit potentia

Articulus II: Utrum potentia Dei sit infinita

Articulus III: Utrum Deus sit omnipotens

Articulus IV: Utrum Deus possit facere quod praeterita non fuerint

Articulus V: Utrum Deus possit facere quae non facit

Articulus VI: Utrum Deus possit facere meliora ea quae facit

Quaestio XXVI: De Divina beatitudine

Articulus I: Utrum beatitudo Deo competat

Articulus II: Utrum Deus dicatur beatus secundum intellectum

Articulus III: Utrum Deus sit beatitudo cuiuslibet beati

Articulus IV: Utrum in Dei beatitudine omnis beatitudo includatur

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