Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[64] Y así, ten por amigos nuestros los placeres verdaderos y puros, de que has hecho mención; une a ellos los que acompañan a la salud, la templanza y la virtud, que, formando como el cortejo de una diosa, van en su seguimiento por todas partes, y haz que entren estos en la mezcla. En cuanto a los que son compañeros inseparables de la locura y de los demás vicios, será un absurdo que les asocie a la inteligencia el que se proponga hacer la mezcla más pura, sin temores de trastorno, con animo de descubrir cuál es el verdadero bien del hombre y de todo el universo y qué conjeturas se pueden formar de su esencia.» ¿No diremos, que la inteligencia ha respondido [134] con mucho juicio por lo que toca a sí misma, a la memoria y a la justa opinión?
Protarco: Seguramente.
Sócrates: Pero falta un punto necesario que tratar, y sin el cual nada puede existir.
Protarco: ¿Cuál es?
Sócrates: Toda cosa, en la que no hagamos entrar la verdad, no existirá jamás, ni nunca ha existido de una manera real.
Protarco: ¿Cómo podría existir?
Sócrates: De ningún modo. Ahora, si falta aún algo a esta mezcla, decidlo vosotros, tú y Filebo. Me parece, que este es ya un punto concluido, y que se le puede mirar como una especie de mundo incorpóreo, propio para gobernar, como es debido, un cuerpo animado.
Protarco: Puedes decir con toda seguridad, Sócrates, que soy de tu dictamen.
Sócrates: Si dijéramos que en este momento hemos llegado al vestíbulo y entrada de la estancia del bien, ¿no tendríamos razón?
Protarco: Me parece que sí.
Sócrates: ¿Qué es lo que tenemos por más precioso en esta mezcla y que más contribuye a hacer semejante situación apetecible para todo el mundo? Tan pronto como lo hayamos descubierto, examinaremos con qué tiene más enlace o afinidad, si con el placer o con la inteligencia. [135]
Protarco: Muy bien. Eso nos será de grande utilidad para formar nuestro juicio.
Sócrates: Pero no es difícil apercibir en toda mezcla cuál es la causa, que de hecho la hace digna de estimación, o verdaderamente despreciable.
Protarco: ¿Qué es lo que dices?
Sócrates: No hay nadie que ignore esto.
Protarco: ¿Qué?
Sócrates: Que toda mezcla, cualquiera que sea y de cualquiera manera que se forme, si no entran en ella la medida y la proporción, es una necesidad que perezcan las cosas de que se compone, y la primera la mezcla misma; porque en este caso no es una mezcla, sino una verdadera confusión, que es de ordinario una desgracia real para todo lo que de ella participa.
Protarco: Nada más cierto, Sócrates.
Sócrates: La esencia del bien se nos ha escapado, y ha ido a refugiarse en la esencia de lo bello, porque en todo y por todas partes la justa medida y la proporción son una belleza, una virtud.
Protarco: Es cierto.
Sócrates: Pero hemos dicho igualmente que la verdad entraba con ellas en esta mezcla.
Protarco: Seguramente. [136]