Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[62] Protarco: Me parece bien tomar ese partido.
Sócrates: Supóngase un hombre, que tiene una idea exacta de la justicia, con la facultad de explicarla por el discurso, y provisto de las mismas ventajas en todas las demás cosas.
Protarco: Bien.
Sócrates: ¿Tendría este hombre toda la ciencia necesaria, si, conociendo la naturaleza del círculo divino y de la esfera divina1, ignorase por otra parte lo que son la esfera humana y los círculos reales, e ignorase también que, para la construcción de un edificio o de cualquiera otro artefacto, se necesitan estas reglas y estos círculos reales?
Protarco: Nuestra situación, Sócrates, sería ridícula con estos conocimientos divinos, si no tuviésemos otros.
Sócrates: ¿Qué es lo que dices? entonces será preciso valerse del arte de emplear la regla y el círculo imperfectos, arte que no es sólido, ni puro.
Protarco: Así tiene que ser; y sin esto no hallaríamos ni aun el camino para ir a nuestra casa.
Sócrates: ¿Será preciso también incorporar la música, de la que [131] dijimos más arriba que está llena de conjeturas y de imitación, y falta por lo mismo de pureza?
Protarco: Eso me parece necesario, si ha de ser la vida un tanto soportable.
Sócrates: ¿Quieres que a manera de un portero estrechado y forzado por un tropel de gente ceda yo y abra las puertas de par en par, y deje entrar todas las ciencias y mezclarse las puras con las que no lo son?
Protarco: No veo, Sócrates, qué mal podrá resultar de que un hombre posea todas las ciencias, con tal que tenga las primeras.
Sócrates: Voy, pues, a dejarlas correr todas juntas en el recinto del poético valle de Homero2.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Aquí están sueltas; pueden mezclarse. Es preciso ir hasta el origen de los placeres; porque no hemos podido hacer nuestra mezcla como al principio lo habíamos proyectado, comenzando por lo que hay de verdadero de una y otra parte, sino que la estimación que hacemos de las ciencias, nos ha obligado a admitirlas todas sin distinción, y antes que los placeres.
Protarco: Dices verdad.
Sócrates: Por consiguiente, es tiempo de deliberar con motivo de los placeres, sobre si los dejaremos entrar todos a la vez, o si deberemos soltar por el pronto a los verdaderos. [132]
Protarco: Es más seguro dar desde luego entrada a estos.
Sócrates: Que pasen. Después, ¿qué deberemos hacer? Si hay algunos placeres necesarios, ¿no es preciso que los mezclemos con los otros, como hemos hecho con las ciencias?
Protarco: ¿Por qué no? Los necesarios, se entiende.