Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[53] Protarco: ¿En cuál nos fijaremos?
Sócrates: Consideremos, si quieres, la blancura.
Protarco: Enhorabuena.
Sócrates: ¿Cómo y en qué consiste la pureza de la blancura?, en la magnitud y en la cantidad?, ¿o consiste en aparecer sin mezcla, sin vestigio alguno de otro color?
Protarco: Es evidente que consiste en estar perfectamente desprendido de toda mezcla. [111]
Sócrates: Muy bien. ¿No diremos, Protarco, que esta blancura es la más verdadera y al mismo tiempo la más bella de todas las blancuras, y no la que es mayor en cantidad y más grande?
Protarco: Con mucha razón, sin duda.
Sócrates: Si sostenemos que un poco de blanco sin mezcla es de hecho más blanco, más bello y más verdadero que mucho blanco mezclado, no diremos más que la pura verdad.
Protarco: Seguramente.
Sócrates: ¡Pero qué! Al parecer no tendremos necesidad de muchos ejemplos semejantes para hacer la aplicación al placer, y basta este, para comprender que todo placer desprendido del dolor, aunque pequeño y en corta cantidad, es más agradable, más verdadero y más bello que otro, aunque sea más vivo y mayor en cantidad.
Protarco: Convengo en ello, y este solo ejemplo es suficiente.
Sócrates: ¿Qué piensas de esto? ¿No hemos oído decir que el placer está, siempre en camino de generación, y nunca en el estado de existencia? Es, en efecto, lo que ciertas personas hábiles intentan demostrarnos; y debernos estarles agradecidos.
Protarco: ¿Por qué razón?
Sócrates: Discutirá este punto contigo, mi querido Protarco, por medio de preguntas.
Protarco: Habla e interroga. [112]
Sócrates: ¿No hay dos clases de cosas, la una la de las que existen por sí mismas y la otra la de las que aspiran sin cesar hacia otra cosa?
Protarco: ¿De qué cosas hablas?
Sócrates: La una es muy noble por su naturaleza; la otra es inferior a aquella en dignidad.
Protarco: Explícate más claramente aún.
Sócrates: Hemos visto, sin duda, hermosos jóvenes, que tenían por amantes a hombres llenos de valor.
Protarco: Sí.
Sócrates: Y bien, busca ahora dos cosas, que se parezcan a estas dos, entre todas aquellas que están unidas entre sí por una relación y que sea expresión de una tercera cosa.
Protarco: Di, Sócrates, con más claridad lo que quieres expresar.
Sócrates: No quiero remontarme, Protarco; pero la discusión parece que tiene gusto en entorpecernos. Quiere hacernos entender, que de estas dos cosas, la una está siempre hecha en vista de alguna otra; y la otra es aquella, en cuya vista se hace ordinariamente lo que es hecho por otra cosa distinta.
Protarco: Yo he tenido mucha dificultad en comprenderlo a fuerza de hacerlo repetir.