Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[52] Sócrates: Añadamos aún los placeres que acompañan a la ciencia, si creemos que no están unidos a una especie de deseo de aprender y que en todo caso esta sed de ciencia no causa desde el principio ningún dolor.
Protarco: Así lo creo.
Sócrates: ¡Pero qué!, henchida el alma de ciencia, si llega a perderla por el olvido, ¿resulta de esto algún dolor? [109]
Protarco: Ninguno por la naturaleza misma de la cosa; sólo por reflexión, al verse privado de una ciencia, es como cabe afligirse, a causa de la necesidad que de ella se tiene.
Sócrates: Pero, querido mío, nosotros consideramos aquí las afecciones naturales en sí mismas, independientemente de toda reflexión.
Protarco: Siendo así, dices con verdad, que el olvido de las ciencias, a que estamos sometidos, no lleva consigo ningún dolor.
Sócrates: Es preciso decir, por consiguiente, que los placeres ligados a las ciencias están exentos de dolor, y que no están hechos para todo el mundo, sino para un corto número de personas.
Protarco: ¿Cómo no lo hemos de decir?
Sócrates: Ahora que hemos separado ya suficientemente los placeres puros y los que con razón pueden llamarse impuros, añadamos a esta reflexión, que los placeres violentos son desmedidos, y que los otros, por el contrario, son comedidos. Digamos también que los primeros, que son grandes y fuertes, y se hacen sentir, ya muchas, ya raras veces, pertenecen a la especie del infinito, que obra con más o menos vivacidad sobre el cuerpo y sobre el alma; y que los segundos son de la especie finita.
Protarco: Dices muy bien, Sócrates.
Sócrates: Además de esto, hay todavía otra cosa que decidir con relación a ellos. [110]
Protarco: ¿Qué cosa?
Sócrates: ¿Hay más afinidad entre la verdad y lo que es puro y sin mezcla, que entre la verdad y lo que es vivo, grande, considerable, numeroso?
Protarco: ¿Con qué intención haces esta pregunta?, Sócrates.
Sócrates: En lo que de mí dependa, Protarco, no quiero omitir nada en el examen del placer y de la pena, de lo que el uno y la otra pueden tener de puro y de impuro, a fin de que presentándose ambos a ti, a mí y a todos los presentes, desprendidos de todo lo que les es extraño, nos sea más fácil formar nuestro juicio.
Protarco: Muy bien.
Sócrates: Formémonos la idea siguiente de todas las cosas, que llamamos puras, y, antes de pasar adelante, comencemos fijándonos en una.