Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[42] Sócrates: Pero, con relación a la vista, la distancia demasiado grande o demasiado pequeña impide conocer la verdad de los objetos, y nos obliga a juzgar falsamente; ¿no sucede lo mismo respecto al placer y al dolor?
Protarco: Mucho más aún, Sócrates.
Sócrates: En este caso sucede todo lo contrario de lo que decíamos antes.
Protarco: ¿De qué hablas? [87]
Sócrates: Más arriba eran las opiniones las que, siendo en sí mismas falsas o verdaderas, comunicaban estas cualidades a los dolores y a los placeres.
Protarco: Es muy cierto.
Sócrates: Ahora son los dolores y los placeres los que vistos de lejos o de cerca en sus alternativas continuas y puestos al mismo tiempo en paralelo, nos parecen los placeres más grandes y más fuertes que lo que son frente a frente del dolor, y los dolores, por el contrario, más pequeños y más débiles al lado de los placeres.
Protarco: Es necesario que así sea.
Sócrates: Si, pues, en proporción que los unos y los otros parecen más grandes o más pequeños que lo que son verdaderamente, quitas del placer y del dolor lo que no es más que aparente, y que no tiene nada de real; y nunca tendrás el atrevimiento de sostener, que estas apariencias son una cosa real, ni que la porción de placer o de dolor que resulta de ellas es legítima y positiva.
Protarco: No, sin duda.
Sócrates: Acto continuo, descubriremos por el mismo método placeres y dolores más falsos aún que estos dolores y que estos placeres aparentes, que experimentan los seres animados.
Protarco: ¿Cuáles son esos placeres y esos dolores, y cómo lo entiendes?
Sócrates: Hemos dicho muchas veces, que cuando la naturaleza [88] del animal se altera por concreciones y disoluciones, repleciones y evacuaciones, aumentos y disminuciones, se sienten dolores, sufrimientos, penas y todo lo que tiene este nombre.
Protarco: Sí, esto se ha dicho muchas veces.
Sócrates: Y cuando se restablece a su primer estado, estamos de acuerdo en que este restablecimiento va acompañado de un sentimiento de placer.
Protarco: Muy bien.
Sócrates: ¿Pero qué diremos, cuando nuestro cuerpo no experimenta nada semejante?
Protarco: ¿Cuándo puede suceder eso?, Sócrates.
Sócrates: La cuestión que provocas, Protarco, no afecta a nuestro objeto.
Protarco: ¿Por qué?
Sócrates: Porque no puedes impedirme que te haga yo de nuevo la misma pregunta.
Protarco: ¿Qué pregunta?
Sócrates: En caso de que el cuerpo no experimente nada semejante, preguntaré, Protarco, ¿cuál será su resultado necesario?
Protarco: ¿En el caso, dices, de que el cuerpo no se vea afectado de una manera, ni de otra?
Sócrates: Sí. [89]
Protarco: Es evidente, Sócrates que en tal caso no sentiría dolor, ni placer.
Sócrates: Has respondido bien. Pero por lo que yo veo, tú crees que es necesario que experimentemos siempre algo semejante, como pretenden hombres entendidos, porque todo está en movimiento continuo en todos sentidos.
Protarco: Eso es, en efecto, lo que ellos dicen, y sus razones no parecen despreciables.