Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[38] Protarco: Lo confieso, y en este caso, Sócrates, hemos dicho, que la opinión es falsa; pero nadie dirá nunca que el sentimiento del placer lo sea igualmente.
Sócrates: Defiendes con calor, Protarco, el partido del placer.
Protarco: Nada de eso; no hago más que repetir lo que oigo decir.
Sócrates: ¿No encontraremos ninguna diferencia, mi querido amigo, entre el placer unido a una opinión recta y a la ciencia, y el que nace muchas veces en nosotros de la mentira y de la ignorancia?
Protarco: Al parecer la hay muy grande.
Sócrates: Entremos un poco en el examen de esta diferencia.
Protarco: Guíame como quieras.
Sócrates: He aquí por dónde te conduciré.
Protarco: ¿Por dónde?
Sócrates: Nuestras opiniones, decimos nosotros, unas son verdaderas, otras falsas.
Protarco: Sí.
Sócrates: El placer y el dolor, como decíamos antes, les siguen [78] muchas veces, es decir, siguen a la opinión verdadera y a la falsa.
Protarco: Conforme.
Sócrates: La opinión y la acción de formarse una opinión, ¿no toman ordinariamente origen en nosotros en la memoria y en la sensación?
Protarco: Sí.
Sócrates: ¿No debe pensarse que en este punto pasan las cosas de la manera siguiente?
Protarco: ¿De qué manera?
Sócrates: ¿Convienes conmigo en que muchas veces sucede que un hombre, por haber visto de lejos un objeto con poca claridad, quiere juzgar de aquello que él ve?
Protarco: Convengo en ello.
Sócrates: ¿No es cierto, que tal hombre en semejante caso se interrogará a sí mismo en esta forma?
Protarco: ¿Cómo?
Sócrates: «¿Qué es lo que yo percibo allá abajo cerca de la roca, que parece estar en pié bajo de un árbol?» ¿No te parece que es este el lenguaje que debe dirigirse a sí mismo al ver ciertos objetos?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: En seguida este hombre, respondiendo a su [79] pensamiento, ¿no se dirá: «¡aquel es un hombre!», juzgando a la ventura?
Protarco: Sí, ciertamente.
Sócrates: Después este hombre, aproximándose al objeto, se dice a sí mismo, «es una estatua», obra de algún pastor.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Si en aquel momento estuviese alguno con él, y, tomando la palabra, le dijese lo mismo que él se decía a sí mismo interiormente lo que antes llamábamos opinión se convertiría en razonamiento.
Protarco: Sí.
Sócrates: Si está solo, ocupado con este pensamiento, le conserva algunas veces en su cabeza por mucho tiempo.
Protarco: Es cierto.
Sócrates: ¡Pero qué! ¿No te parece lo mismo que a mí?
Protarco: ¿Qué?
Sócrates: En este caso nuestra alma se parece a un libro.
Protarco: ¿Cómo?