Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[37] Sócrates: ¿Pero es con razón?, ¿no hay necesidad de examinar, si hay o no motivo para hablar así?
Protarco: Opino que debe examinarse.
Sócrates: Expliquemos de una manera más clara lo que acabamos de decir con motivo del placer y de la opinión. Formarse una opinión, ¿no es cosa que pasa en nosotros?
Protarco: Sí.
Sócrates: ¿Y disfrutar un placer?
Protarco: Igualmente.
Sócrates: El objeto de la opinión, ¿no es también alguna cosa?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: ¿Así como el objeto del placer que se siente? [75]
Protarco: Seguramente.
Sócrates: ¿No es cierto, que el que forma una opinión, sea fundada o infundada, no por eso deja de formarla?
Protarco: ¿Cómo no?
Sócrates: En igual forma, ¿no es evidente, que el que goza de una alegría, haya o no motivo para regocijarse, no por eso deja de regocijarse realmente?
Protarco: Sin duda, y así sucede.
Sócrates: ¿Cómo es posible, que estemos sujetos a tener opiniones, tan pronto verdaderas como falsas, y que nuestros placeres sean siempre verdaderos, mientras que el acto de formarse una opinión y la de regocijarse existen real e igualmente en uno y en otro caso?
Protarco: Eso es lo que es preciso averiguar.
Sócrates: Es decir, que la mentira y la verdad acompañan a la opinión, de suerte que no es simplemente una opinión sino tal o cual opinión, sea verdadera o falsa. ¿Es esto lo que tú quieres averiguar?
Protarco: Sí.
Sócrates: Además, ¿no es preciso examinar igualmente, si mientras que otras cosas están dotadas de ciertas cualidades, el placer y el dolor son únicamente lo que son, sin tener ninguna cualidad que los distinga?
Protarco: Evidentemente; es preciso examinarlo. [76]
Sócrates: Pero no me parece difícil percibir que el placer y el dolor se ven igualmente afectados de ciertas cualidades. Porque ya va rato que dijimos, que son el uno y el otro grandes y pequeños, fuertes y débiles.
Protarco: Convengo en ello.
Sócrates: Si lo malo, Protarco, se une a alguna de estas cosas, ¿no diremos entonces que la opinión se hace mala, y lo mismo del placer?
Protarco: ¿Por qué no?, Sócrates.
Sócrates: ¡Pero qué!, ¿si la rectitud o lo contrario de ella llegan a unirse, no diremos que la opinión es recta en el primer caso, y que lo mismo sucede con el placer?
Protarco: Necesariamente.
Sócrates: Y si la opinión se separa de lo verdadero, ¿no será preciso convenir en que la opinión, que camina a lo falso, no es recta?
Protarco: ¿Cómo podría serlo?
Sócrates: ¿Y qué sucederá, si descubrimos en igual forma algún sentimiento de dolor o de placer, que sea engañoso con relación a su objeto? ¿Daremos entonces a este sentimiento el nombre de recto, de bueno o cualquiera otra cualidad semejante?
Protarco: Eso no puede ser, si es cierto que el placer puede engañarse. [77]
Sócrates: Me parece, sin embargo, que muchas veces el placer nace en nosotros como resultado, no de una opinión verdadera, sino de una falsa.