Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[36] Sócrates: Cuando se siente dolor a causa de la manera con que el cuerpo se ve afectado, y se recuerdan las sensaciones halagüeñas que han tenido lugar, y el dolor cesa, aunque el vacío no se ha llenado aún; ¿no diremos que en tal caso se está en un término medio con relación a tales situaciones?
Protarco: Lo diremos sin dudar. [72]
Sócrates: ¿Es sólo pura alegría? ¿Es sólo puro dolor?
Protarco: No seguramente, pero se siente en cierta manera un dolor doble, en cuanto al cuerpo, por el estado de sufrimiento en que se halla, y en cuanto al alma, por la esperanza y el deseo.
Sócrates: ¿Cómo entiendes este doble dolor?, Protarco. ¿No sucede algunas veces, que, notándose el vacío, se tiene una esperanza cierta de que se llenará, y otras que desespera absolutamente de conseguirlo?
Protarco: Convengo en ello.
Sócrates: ¿No encuentras que el que espera llenar el vacío, tiene un placer mediante la memoria, y que, al mismo tiempo, como el vacío existe, sufre un dolor?
Protarco: Necesariamente.
Sócrates: En este caso, el hombre y los demás animales experimentan a la vez dolor y alegría.
Protarco: Así parece.
Sócrates: Pero cuando, existiendo el vacío, se pierde la esperanza de que se llene, ¿no es entonces cuando se experimenta este doble sentimiento de dolor, que tú has creído, a primera vista, que tenía lugar en uno y en otro caso?
Protarco: Es muy cierto, Sócrates
Sócrates: Apliquemos lo dicho a esta clase de afecciones. [73]
Protarco: ¿Cómo?
Sócrates: ¿Diremos de estos dolores y de estos placeres, que todos son verdaderos o falsos, o que los unos son verdaderos y los otros falsos?
Protarco: ¿Cómo puede suceder, Sócrates, que haya placeres falsos y falsos dolores?
Sócrates: ¿En qué consiste, Protarco, que hay temores verdaderos y temores falsos, esperanzas verdaderas y esperanzas falsas, opiniones verdaderas y opiniones falsas?
Protarco: Lo confieso respecto a opiniones, pero en todo lo demás lo niego.
Sócrates: ¿Cómo dices eso? Si no me engaño, vamos a provocar una cuestión que no es de escasa gravedad.
Protarco: Es cierto.
Sócrates: Pero es preciso ver, hijo de un hombre a quien yo honro, si esta cuestión tiene algún enlace con lo que se ha dicho.
Protarco: En buen hora.
Sócrates: Porque debemos renunciar absolutamente a todos los rodeos y discusiones, que nos separen de nuestro objeto.
Protarco: Muy bien.
Sócrates: Habla pues; porque estoy sorprendido en razón de las dificultades que se acaban de proponer. [74]
Protarco: ¿Qué quieres decir?
Sócrates: ¡Qué! ¿No son unos placeres verdaderos y otros falsos?
Protarco: ¿Cómo puede ser eso?
Sócrates: ¿De manera, que según tu opinión, ninguno en el sueño, ni en la vigilia, ni en la locura, ni en ninguna otra enajenación de espíritu puede imaginarse tener placer, aunque no tenga ninguno, ni sentir dolor, aunque realmente no lo sienta?
Protarco: Es cierto, Sócrates; todos creemos lo que tú dices.