Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[35] Sócrates: De manera que desea al parecer lo contrario de lo que [69] experimenta, porque, notando el vacío de la sed, desea que cese este vacío.
Protarco: Es evidente.
Sócrates: ¡Pero qué!, ¿es posible que un hombre, que se encuentra con este vacío por primera vez, llegue, sea por la sensación, sea por la memoria, a llenarlo de una cosa que no experimenta en el acto, y que no ha experimentado antes?
Protarco: ¿Cómo puede suceder eso?
Sócrates: Sin embargo, todo hombre que desea, desea alguna cosa; decimos nosotros.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: No desea lo que el experimenta, porque tiene sed; la sed es un vacío y desea llenarlo.
Protarco: Sí.
Sócrates: Es necesario que aquel que tiene sed, llegue a la repleción o la satisfaga por alguna parte de sí mismo.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Es imposible que sea por el cuerpo, puesto que allí está el vacío.
Protarco: Sí.
Sócrates: Resta, pues, que el alma llegue a la repleción, y esto sucede por la memoria evidentemente. [70]
Protarco: Es claro.
Sócrates: ¿Por qué otro conducto, en efecto, podría conseguirlo?
Protarco: Por ningún otro.
Sócrates: ¿Comprendemos lo que resulta de todo esto?
Protarco: ¿Qué?
Sócrates: Este razonamiento nos hace conocer, que no hay deseo del cuerpo.
Protarco: ¿Cómo?
Sócrates: Esto nos demuestra, que el esfuerzo de todo animal se dirige siempre hacia lo contrario de aquello que el cuerpo experimenta.
Protarco: Eso es cierto.
Sócrates: Este apetito, que le arrastra hacia lo contrario de lo que experimenta, prueba que hay en él una memoria de las cosas opuestas a las afecciones de su cuerpo.
Protarco: Seguramente.
Sócrates: Esta reflexión nos hace ver que la memoria es la que lleva al animal hacia lo que él desea, y nos prueba al mismo tiempo que toda especie de apetito, todo deseo, tiene su principio en el alma, y que ella es la que manda en todo el animal.
Protarco: Muy bien. [71]
Sócrates: La razón no permite en manera alguna que se diga, que nuestro cuerpo tiene sed, tiene hambre, ni que experimenta otra cosa semejante.
Protarco: Nada más cierto.
Sócrates: Hagamos aún sobre el mismo objeto la observación siguiente. Me parece que el presente discurso nos descubre en esto una especie particular de vida.
Protarco: ¿En qué?, ¿y de qué vida hablas?
Sócrates: En el vacío y en la repleción, y en todo aquello que pertenece a la conservación y a la alteración del animal, y cuando encontrándose alguno de nosotros en una o en otra de estas dos situaciones, experimentamos tan pronto dolor como placer, según que se pasa del uno al otro.
Protarco: Así es, en efecto.
Sócrates: Pero qué sucede, cuando se está en una especie de término medio entre estas dos situaciones?
Protarco: ¿Cómo en un término medio?