Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[34] Sócrates: Pero cuando la afección es común al alma y al cuerpo, y ambos son conmovidos, no te engañarás en dar a este movimiento el nombre de sensación.
Protarco: Nada más cierto.
Sócrates: ¿Comprendes ahora lo que entendemos por sensación?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Pero si se dice que la memoria es la conservación de la sensación, se hablará con exactitud, por lo menos, a juicio mío.
Protarco: Así lo pienso yo.
Sócrates: ¿No decimos que la reminiscencia es diferente de la memoria?
Protarco: Quizá.
Sócrates: ¿Esta diferencia no consiste en lo siguiente?
Protarco: ¿En qué?
Sócrates: Cuando el alma sin el cuerpo y retirada en sí misma, [67] recuerda lo que ha experimentado en otro tiempo con el cuerpo, llamamos a esto reminiscencia. ¿No es así?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Y cuando habiendo perdido el recuerdo, sea de una sensación, sea de un conocimiento, lo reproduce en sí misma, llamamos a todo esto reminiscencia y memoria.
Protarco: Tienes razón.
Sócrates: Lo que nos ha comprometido en todo este pormenor es lo siguiente.
Protarco: ¿Qué?
Sócrates: Es concebir de la manera más perfecta y más clara lo que es el placer, que el alma experimenta sin el cuerpo, y al mismo tiempo lo que es el deseo; porque lo que se acaba de decir nos da a conocer lo uno y lo otro.
Protarco: Veamos, Sócrates, lo que viene detrás.
Sócrates: Según las apariencias, nos veremos obligados a entrar en la indagación de muchas cosas para llegar al origen del placer y a todas las formas que él toma. En efecto, nos es preciso explicar antes lo que es el deseo, y cómo se forma.
Protarco: Examinémoslo, que en ello nada perderemos.
Sócrates: Por el contrario, Protarco, cuando hayamos encontrado lo que buscamos, desaparecerán nuestras dudas sobre estos objetos. [68]
Protarco: Tu réplica es justa, pero sigamos adelante.
Sócrates: Hemos dicho que el hambre, la sed y otras muchas afecciones semejantes son especies de deseos.
Protarco: Seguramente.
Sócrates: ¿Qué vemos de común en estas afecciones tan diferentes entre sí, que nos obliga a darlas el mismo nombre?
Protarco: ¡Por Júpiter!, quizá no es fácil explicarlo, Sócrates; es preciso, sin embargo, decirlo.
Sócrates: Para eso tomemos el punto de partida desde aquí.
Protarco: Si quieres, dime desde dónde.
Sócrates: ¿No se dice ordinariamente que se tiene sed?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Tener sed, ¿no es advertir un vacío?
Protarco: Seguramente.
Sócrates: La sed, ¿no es un deseo?
Protarco: Sí, de bebida.
Sócrates: ¿De bebida, o de verse saciado con la bebida?
Protarco: Sí; de verse saciado, en mi opinión.