Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[30] Sócrates: Pero esta pregunta reclama otra; ¿qué piensas de esto?
Protarco: Proponla.
Sócrates: ¿No diremos que nuestro cuerpo tiene un alma?
Protarco: Evidentemente lo diremos.
Sócrates: ¿De dónde la ha sacado, mi querido Protarco, si el mismo cuerpo del universo no está animado, y si no tiene las mismas cosas que el nuestro y otras más bellas aún?
Protarco: Es claro, Sócrates, que no ha podido salir de otra parte.
Sócrates: Porque no nos fijamos sin duda, Protarco, en que de estos cuatro géneros, el finito, el infinito, el compuesto de uno y otro, y la causa, este cuarto elemento que se encuentra en todas las cosas, que nos da un alma, que sostiene el cuerpo, que cuando está enfermo lo vuelve la salud, y hace en miles de objetos otras combinaciones y reformas, recibe el nombre de sabiduría absoluta y universal, siempre presente bajo la infinita variedad de sus formas; y que el género más bello y excelente se halla en la extensa región de los cielos, en donde se encuentra todo lo que está [58] en nosotros, pero más en grande y con una belleza y una pureza sin igual.
Protarco: No; eso sería de todo punto inconcebible.
Sócrates: Por lo tanto, puesto que no se puede usar este lenguaje, será mejor decir, siguiendo los mismos principios, lo que hemos dicho muchas veces: que en este universo hay mucho de infinito y una cantidad suficiente de finito, a los que preside una causa, no despreciable, que arregla y ordena los años, las estaciones, los meses y que merece con razón el nombre de sabiduría y de inteligencia.
Protarco: Con mucha razón, seguramente.
Sócrates: Pero no puede haber sabiduría e inteligencia allí donde no hay alma.
Protarco: No, ciertamente.
Sócrates: Así es, que no tendrás reparo en asegurar, que en la naturaleza de Júpiter, en su cualidad de causa, hay una alma real, una inteligencia real, y en los otros otras bellas cualidades que cada uno gusta que se le atribuyan.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: No creas, Protarco, que hayamos hecho este discurso en vano, porque, en primer lugar, tiene por objeto apoyar la opinión de aquellos que en otro tiempo sentaron el principio de que la inteligencia preside siempre a este universo.
Protarco: Es cierto. [59]
Sócrates: En segundo lugar, suministra la respuesta a mi pregunta; a saber: que la inteligencia es de la misma familia que la causa, que es una de las cuatro especies que hemos reconocido. Ahora ya sabes cuál es nuestra respuesta.
Protarco: Sí, lo concibo muy bien; sin embargo, al pronto no me había apercibido de que tú respondieses.
Sócrates: Algunas veces, Protarco, el estilo festivo es un desahogo en las indagaciones serias.
Protarco: Dices bien.