Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[29] Sócrates: ¿Quieres que, uniéndonos a los que han sentado antes [55] que nosotros esta doctrina, sostengamos su certeza, y que, en lugar de limitarnos a exponer sin peligro las opiniones de otro, corramos el mismo riesgo, y participemos del mismo desdén, cuando un hombre hábil pretenda que el desorden reina en el universo?
Protarco: ¿Por qué no he de quererlo?
Sócrates: Pues adelante, y examina la reflexión que sigue.
Protarco: No tienes más que hablar.
Sócrates: Con relación a la naturaleza de los cuerpos de todos los animales, vemos que el fuego, el agua, el aire y la tierra, como dicen los marinos de la tempestad, entran en su composición.
Protarco: Es cierto. Estamos, en efecto, como en medio de una tempestad por el conflicto en que nos pone esta disputa.
Sócrates: Además fórmate la idea siguiente, con motivo de cada uno de los elementos de que nos componemos.
Protarco: ¿Qué idea?
Sócrates: Que no tenemos más que una pequeña y despreciable parte de cada uno, que no es pura en manera alguna ni en ninguno, y que la fuerza que ella despliega en nosotros no responde de ningún modo a su naturaleza. Tomemos un elemento en particular, y lo que de él digamos, apliquémoslo a todos los demás. Por ejemplo, hay fuego en nosotros, y lo hay igualmente en el universo.
Protarco: Sin duda. [56]
Sócrates: El fuego que tenemos nosotros, ¿no es pequeño en cantidad, débil y despreciable, mientras que el del universo es admirable por la cantidad, la belleza y por toda la fuerza natural del fuego?
Protarco: Es muy cierto.
Sócrates: ¡Pero qué!, el fuego del universo es formado, alimentado y dominado por el que está en nosotros, o, por el contrario, mi fuego, el tuyo, el de todos los animales proceden del fuego del universo?
Protarco: Esa pregunta no tiene necesidad de respuesta.
Sócrates: Muy bien. Creo que lo mismo dirás de esta tierra que habitamos, y de que se componen todos los animales, que respecto de la que existe en el universo, así como de todas las demás cosas sobre las que hace un momento te interrogaba. ¿Responderás lo mismo?
Protarco: ¿Pasaría yo por un hombre sensato, si respondiera otra cosa?
Sócrates: No, seguramente. Pero estáme atento a lo que voy a decir. ¿No es a la reunión de todos los elementos de que acabo de hablar, a la que hemos dado el nombre de cuerpo?
Protarco: Sí.
Sócrates: Figúrate, pues, que lo mismo sucede con lo que llamamos universo, porque, componiéndose de iguales elementos, es también por la misma razón un cuerpo. [57]
Protarco: Dices muy bien.
Sócrates: Te pregunto ahora si nuestro cuerpo es nutrido por el del universo, o si este saca del nuestro su nutrimento, y si ha recibido y recibe de él lo que entra, según hemos dicho, en la composición del cuerpo.
Protarco: A esa pregunta, Sócrates, no hay para qué responder.