Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
Section 11
Section 12
Section 13
Section 14
Section 15
Section 16
Section 17
Section 18
Section 19
Section 20
Section 21
[21] Sócrates: Que la sabiduría no entre para nada en la vida del placer, ni el placer en la vida de la sabiduría. Porque si uno de los dos es el bien, es preciso que no haya absolutamente necesidad de nada más, y si uno o el otro nos parece necesitar otra cosa, no es ya el verdadero bien que buscamos.
Protarco: ¿Cómo puede verificarse?
Sócrates: ¿Quieres que hagamos en ti mismo la prueba de ello?
Protarco: Con mucho gusto.
Sócrates: Respóndeme, pues.
Protarco: Habla. [38]
Sócrates: ¿Consentirías, Protarco, en pasar toda tu vida en el goce de los mayores placeres?
Protarco: ¿Por qué no?
Sócrates: Si no te faltase nada por este rumbo, ¿creerías tener aún necesidad de alguna otra cosa?
Protarco: De ninguna.
Sócrates: Examina bien si no tendrías necesidad de pensar, ni de concebir, ni de razonar cuando fuera necesario, ni de nada semejante, ¿qué digo, ni aun de ver?
Protarco: ¿Para qué?, teniendo el sentimiento del placer, lo tendría todo.
Sócrates: ¿No es cierto que viviendo de esta suerte, pasarías los días en medio de los mayores placeres?
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Pero como no tendrías inteligencia, ni memoria, ni ciencia, ni opinión, estarías privado de toda reflexión, y necesariamente ignorarías si tenias placer o no.
Protarco: Eso es cierto.
Sócrates: En igual forma, desprovisto de memoria, es también una consecuencia necesaria que no te acuerdes si has tenido placer en otro tiempo, y que no te quede el menor recuerdo del placer que sientes en el momento presente. Además, no teniendo ninguna opinión verdadera, no crees sentir goce en el momento que lo sientes; y estando [39] destituido de razonamiento, serás incapaz de concluir, que te regocijarás en el porvenir; en una palabra, que tu vida no es la de un hombre sino la de una esponja, o de esa especie de animales marinos que viven encerrados en conchas. ¿Es esto cierto?, ¿ó podemos formarnos otra idea de este estado?
Protarco: ¿Y cómo podría formarse otra idea?
Sócrates: Y bien, ¿es apetecible una vida semejante?
Protarco: Ese razonamiento, Sócrates, me reduce a no saber qué decir.
Sócrates: Aún no hay que desanimarse; pasemos a la vida de la inteligencia y considerémosla.
Protarco: ¿De qué vida hablas?
Sócrates: Cualquiera de nosotros, ¿podría vivir teniendo sabiduría, inteligencia, ciencia, memoria, a condición de no sentir ningún placer, pequeño, ni grande, ni tampoco dolor alguno, y de no experimentar absolutamente sentimientos de esta naturaleza?
Protarco: Ni una ni otra condición, Sócrates, me parecen envidiables, ni creo que puedan aparecer a nadie como tales.