Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
Section 11
Section 12
Section 13
Section 14
Section 15
Section 16
Section 17
[17] Después de la unidad pasan de repente al infinito, y los números intermedios se les escapan. Sin embargo, estos números intermedios son los que hacen la discusión clara y conforme a las leyes de la dialéctica, y que la diferencian de la que no es más que una disputa.
Protarco: Me parece, Sócrates, que comprendo una parte de lo que dices; pero sobre algunos puntos tengo necesidad de una explicación más clara.
Sócrates: Lo que he dicho, Protarco, se concibe claramente, aplicándolo a las letras; atiende, pues, a lo que te han enseñado desde la infancia.
Protarco: ¿De qué manera?
Sócrates: La voz, que sale de la boca, es una y al mismo tiempo infinita en número para todos y para cada uno.
Protarco: Sin contradicción.
Sócrates: No somos por esto sabios; ni porque reconozcamos que la voz es infinita, ni porque reconozcamos que es una. Pero saber cuántos son los elementos distintos de cada una y cuáles son, es lo que nos hace gramáticos. [31]
Protarco: Eso es muy cierto.
Sócrates: Lo mismo sucede con el músico.
Protarco: ¿Cómo?
Sócrates: La voz considerada con relación a este arte es una.
Protarco: Sin duda.
Sócrates: Podemos considerarla de dos maneras: la una grave, la otra aguda y una tercera de tono uniforme, ¿no es así?
Protarco: Sí.
Sócrates: Si no sabes más que esto, no serás por eso hábil en la música; y si lo ignoras, no eres, por decirlo así, capaz de nada en este asunto.
Protarco: No, seguramente.
Sócrates: Pero, mi querido amigo, sólo cuando has aprendido a conocer el número de los intervalos de la voz, tanto para el sonido agudo como para el grave, la cualidad y los límites de estos intervalos, y los sistemas que de ellos resultan, que los antiguos han descubierto y trasmitídolos a los que marchamos sobre sus huellas con el nombre de armonías; y que nos han enseñado las propiedades semejantes que se encuentran en el movimiento de los cuerpos, que, estando medidos por los números, deben llamarse ritmos y medidas; y al mismo tiempo cuando te hayas hecho cargo reflexivamente de que es preciso proceder de esta manera en todo lo que es uno y muchos; cuando hayas comprendido todo esto, entonces podrás [32] llamarte sabio. Y cuando, siguiendo el mismo método, has llegado a conocer cualquiera otra cosa, sea la que sea, entonces has adquirido la inteligencia de esta cosa. Pero la infinidad de los individuos y la multitud que se encuentra en ellos es causa de que estés por lo ordinario desprovisto de esta inteligencia de las cosas, y que no merezcas que se te estime ni que se te tenga por un hombre hábil, porque nunca te has fijado en ninguna cosa.
Protarco: Me parece, Filebo, que lo que acaba de decir Sócrates está perfectamente dicho.