Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
Section 11
Section 12
Section 13
Section 14
Section 15
[15] Sócrates: Es, querido mío, cuando este uno no se toma entre las cosas sujetas a la generación y a la corrupción, como son estas de que acabamos de hablar. Porque en tal caso, y cuando se trata de esta especie de unidad, se conviene, como antes dijimos, en que no es preciso refutar a nadie. Pero cuando se supone un hombre en general, un buey, lo bello, lo bueno, sobre estas unidades y otras de la misma naturaleza es sobre lo que se acaloran, disputan y nunca se ponen de acuerdo. [27]
Protarco: ¿Cómo?
Sócrates: En primer lugar, se disputa si debe admitirse esta suerte de unidades, como realmente existentes. Después se pregunta, cómo siendo cada una de ellas siempre la misma, y no siendo susceptible de generación, ni de muerte, puede, a pesar de esto, ser constantemente la misma unidad. En seguida, si es preciso decir que esta unidad existe en los seres sometidos a la generación e infinitos en número, dividida en porciones y hecha muchos; o si está toda entera, si bien fuera de sí misma, en cada uno; lo que al parecer, es la cosa más imposible del mundo, esto es, que una sola y misma unidad exista a la vez en una y muchas cosas. Estas cuestiones, Protarco, sobre la manera de ser uno y muchos, dan origen a los mayores conflictos, cuando se dan falsas soluciones; así como esparcen la mayor claridad, cuando se responde bien a ellas.
Protarco: ¿No es por aquí, Sócrates, por donde debemos entrar en materia?
Sócrates: A mi parecer, sí.
Protarco: Vive persuadido de que todos los que aquí estamos, pensamos como tú en este punto. Respecto a Filebo, es preferible no consultar su dictamen, por temor, como se dice, de no dislocar la idea de bien.
Sócrates: En buen hora. ¿Por dónde comenzamos esta controversia, que tiene muchas ramificaciones y muchas formas?, ¿no es por aquí?
Protarco: ¿Por dónde? [28]
Sócrates: Digo, que estos uno y muchos se encuentra por todas partes y siempre, lo mismo hoy que en todo tiempo, en cada una de las cosas de que se habla1. Jamás dejará de existir, ni es cosa de hoy el haber dado principio a la existencia, sino que, en cuanto yo alcanzo, es una cualidad inherente a nuestros discursos, inmortal e incapaz de envejecer. El joven que emplea por primera vez esta fórmula, se regocija hasta el punto de creer que ha descubierto un tesoro de sabiduría; la alegría le trasporta hasta el entusiasmo, y no hay discurso en que no salga a relucir, tan pronto estrechándolo y confundiéndolo con el uno, como desenvolviéndolo y dividiéndolo en trozos. Se arroja desde luego más que nadie a la dificultad y embaraza a todos los que se le aproximan, más jóvenes o viejos o de la misma edad que él; no da cuartel a padre, ni a madre, ni a ninguno de los que le escuchan; ataca, no sólo a los hombres, sino en cierta manera a los demás seres, y me atrevo a responder, que ni a los bárbaros perdonaría, si pudiera proporcionarse un intérprete.