Philebus
Plato (428–347 BC)
Plato's Philebus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
Section 11
Section 12
[12] Protarco: Sí.
Sócrates: Y que si este tercer medio se aproxima más a la sabiduría, la sabiduría triunfará del placer, y será este vencido?, ¿estáis de acuerdo conmigo sobre esto?, ¿qué pensáis uno y otro?
Protarco: A mí me parece que sí.
Sócrates: Y a ti, Filebo, ¿qué te parece?
Filebo: Creo y creeré siempre, que la victoria está sin duda del lado del placer. Por lo demás, Protarco, tú mismo juzgarás.
Protarco: Puesto que tú, Filebo, pones en nuestras manos la cuestión, no eres árbitro de conceder o negar nada a Sócrates.
Filebo: Tienes razón, y heme aquí fuera de la disputa; sea de ello testigo la diosa misma del placer.
Protarco: Nosotros seremos ante ella testigos de lo que acabas de decir. Y ahora, Sócrates, tratemos de terminar esta discusión con beneplácito de Filebo, o de cualquiera manera que sea.
Sócrates: Sí, y comencemos por esta misma diosa, a que se refiere Filebo, que es Venus, aunque su verdadero nombre es el Placer.
Protarco: Muy bien. [22]
Sócrates: En todo tiempo, Protarco, mi temor, al pronunciar los nombres de los dioses, no es un temor humano, sino que está por cima de los mayores temores, y por esto doy en este acto a Venus el nombre que más debe agradarle. En cuanto al placer, creo que tiene más de una forma, y como ya he dicho, nos es preciso comenzar por él, examinando cuál es su naturaleza. Al oírle nombrar, como nosotros hacemos, se le tomaría por una cosa simple. Sin embargo, toma formas de toda especie, y en ciertos conceptos desemejantes entre sí. En efecto, fija en ello tu atención. Podemos decir, que el hombre estragado encuentra placer en el libertinaje, y el hombre moderado en la templanza; que el insensato, lleno de opiniones y esperanzas locas, tiene placer, y que el sabio le encuentra igualmente en la sabiduría. Pero si alguno se atreviere a decir que estas dos especies de placer son semejantes entre sí, ¿no pasaría con razón por un extravagante?
Protarco: Es cierto, Sócrates, que estos placeres vienen de orígenes opuestos, pero no por esto se oponen el uno al otro. Porque, ¿cómo el placer puede dejar de ser lo más parecido al placer, es decir, a sí mismo?