Phaedrus
Plato (428–347 BC)
Plato's Phaedrus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[278] Sócrates: Pero supóngase un hombre que piensa que en todo discurso escrito, no importa sobre qué objeto, hay mucho superfluo; que ningún discurso escrito o pronunciado, sea en verso, sea en prosa, debe mirársele como un asunto serio, (a la manera de aquellos trozos que se recitan sin discernimiento y sin animo de instruir y con el solo objeto de agradar), y que, en efecto, los mejores discursos escritos no son más que una ocasión de reminiscencia, para los hombres que ya saben; supóngase que también cree que los discursos destinados a instruir, escritos verdaderamente en el alma, que tienen por objeto lo justo, lo bello, lo bueno, son los únicos donde se encuentran reunidas claridad, perfección y seriedad, y que tales discursos son hijos legítimos de su autor; primero, los que él mismo [347] produce, y luego los hijos o hermanos de los primeros, que nacen en otras almas sin desmentir su origen; y supóngase, en fin, que tal hombre no reconoce más que estos y desecha con desprecio todos los demás; este hombre podrá ser tal, que Fedro y yo desearíamos ser como él.
Fedro: Sí, yo lo deseo, y así lo pido a los dioses.
Sócrates: Basta de diversión sobre el arte de hablar; y tú vas a decir a Lisias, que habiendo bajado al arroyo de las ninfas y al asilo de las musas, hemos oído discursos ordenándonos que fuésemos a decir a Lisias y a todos los autores de discursos, después a Homero y a todos los poetas líricos o no líricos, y, en fin, a Solon y a todos los que han escrito discursos del género político, bajo el nombre de leyes, que si, componiendo estas obras, alguno de ellos está seguro de poseer la verdad, y si es capaz de defender lo que ha dicho, cuando se le someta a un serio examen, y de superar sus escritos con sus palabras, no deberá llamarse autor de discursos, sino tomar su nombre de la ciencia a la que se ha consagrado por completo.
Fedro: ¿Qué nombre quieres darles?
Sócrates: El nombre de sabios, mi querido Fedro, me parece que sólo conviene a Dios mejor les vendría el de amigos de la sabiduría, y estaría más en armonía con la debilidad humana.
Fedro: Lo que dices es muy racional.
Sócrates: Pero el que no tiene cosa mejor que lo que ha escrito y compuesto con despacio, atormentando su pensamiento y añadiendo y quitando sin cesar, nosotros les dejaremos los nombres de poetas, y de autores de leyes y de discursos. [348]
Fedro: Sin duda.
Sócrates: Cuéntaselo todo esto a tu amigo.
Fedro: ¿Pero tú qué piensas hacer?, porque tampoco es justo que te olvides de tu amigo.
Sócrates: ¿De quién hablas?
Fedro: Del precioso Isócrates, ¿qué le dirás?, ¿o qué diremos de él?