Phaedrus
Plato (428–347 BC)
Plato's Phaedrus in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[274] No, Tisias, y en esto puedes creer a hombres más sabios que nosotros, no es a sus compañeros de esclavitud a quienes el hombre dotado de razón debe esforzarse en agradar, como no sea de paso, sino a sus amos celestes y de celeste origen. Cesa, pues, de sorprenderte, si el circuito es grande, porque el término a donde conduce es muy distinto que el que tú imaginas. Por otra parte, la razón nos dice que por un esfuerzo de nuestra libre voluntad podemos aspirar, por la senda que dejamos indicada, a resultado tan magnífico.
Fedro: Muy bien, mi querido Sócrates; pero, ¿será dado a todos tener esta fuerza?
Sócrates: Cuando el fin es sublime, todo lo que se sufre para conseguirlo no lo es menos.
Fedro: Ciertamente.
Sócrates: Basta ya lo dicho sobre el arte y la falta de arte en el discurso.
Fedro: Sea así.
Sócrates: Pero nos resta examinar la conveniencia o inconveniencia que pueda haber en lo escrito. ¿No es cierto?
Fedro: Sin duda.
Sócrates: ¿Sabes cuál es el medio de hacerte más acepto a los ojos de Dios por tus discursos escritos o hablados? [340]
Fedro: No, ¿y tú?
Sócrates: Puedo referirte una tradición de los antiguos, que conocían la verdad. Si nosotros pudiésemos descubrirla por nosotros mismos, ¿nos inquietaríamos aún de que los hombres hayan pensado antes que nosotros?
Fedro: ¡Donosa cuestión! Refiéreme, pues, esa antigua tradición.
Sócrates: Me contaron que cerca de Naucratis1, en Egipto, hubo un Dios, uno de los más antiguos del país, el mismo a que está consagrado el pájaro que los egipcios llaman Ibis. Este Dios se llamaba Teut2. Se dice que inventó los números, el cálculo, la geometría, la astronomía, así como los juegos del ajedrez y de los dados, y, en fin, la escritura. El rey Tamus reinaba entonces en todo aquel país, y habitaba la gran ciudad del alto Egipto, que los griegos llaman Tebas egipcia, y que está, bajo la protección del Dios que ellos llaman Ammon. Teut se presentó al rey y le manifestó las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era extenderlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura: «¡Oh rey!, le dijo Teut, esta invención hará a los [341] egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener3.