Laches
Plato (428–347 BC)
Plato's Laches in the Greek text edited by John Burnet.
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[196] Nicias: ¿A quién? al que yo di, o, mi querido Laques, al hombre valiente; porque, el oficio de un adivino es conocer sólo los signos de las cosas que deben suceder, como muertes, enfermedades, pérdida de bienes, derrotas, victorias, ya sea en la guerra, ya en otras luchas; ¿pero crees tú, que conviene más a un adivino que a otro hombre el juzgar cuáles de estos accidentes son más o menos ventajosos?
Laques: En verdad, Sócrates, no comprendo lo que quiere decir; porque para él no hay ni adivino, ni médico, ni otro hombre a quien el nombre de valiente pueda convenir. Es preciso ir en busca de un Dios. Pero si he de decirte lo que pienso, Nicias no tiene valor para confesar que no sabe lo que dice; no hace más que bregar y retorcerse para ocultar su embarazo. Otro tanto pudimos hacer tú y yo, Sócrates, si sólo nos hubiéramos propuesto ocultar las contradicciones en que incurrimos. Si habláramos delante [290] de jueces, esta conducta tendría disculpa, pero en una conversación como la nuestra ¿qué significa querer triunfar con vanos discursos?
Sócrates: Indudablemente eso a nada conduciría, pero veamos bien si lo que pretende decir Nicias tiene algún valor, y si tú no tienes razón al acusarle de que todo es un hablar por hablar. Supliquémosle que nos explique más claramente su pensamiento, y si vemos que está la razón de su parte, seguiremos sus principios; si no lo está, trataremos de instruirle.
Laques: Interrógale tú mismo, Sócrates, si quieres; yo bastante le he preguntado.
Sócrates: Sea así; le interrogaré por ti y por mí.
Laques: Como quieras.
Sócrates: Dime, te lo suplico, Nicias, o más bien dinos, porque hablo también por Laques; ¿sostienes que el valor es la ciencia de las cosas que deben temerse y de las cosas que no deben temerse?
Nicias: Sí, lo sostengo.
Sócrates: Sostienes igualmente, que esta ciencia no es dada a toda clase de gentes, puesto que no es conocida ni por los médicos, ni por los adivinos, que, por consiguiente, no pueden ser valientes, si no han adquirido esta ciencia. ¿No es esto lo que dices?
Nicias: Sí, sin duda.
Sócrates: No se puede aplicar aquí el proverbio: una jabalina [291] comprendería esto; y la jabalina no es valiente.
Nicias: No, seguramente.
Sócrates: De aquí se infiere, Nicias, que estás persuadido de que la jabalina de Acromion1 no ha sido valiente. No lo digo de burlas, sino muy de veras; es de necesidad que el que habla como tú no admita ningún género de valor en las bestias, o que conceda inteligencia a los leones, a los leopardos, a los jabalís, para que sepan muchas cosas que la mayor parte de los hombres ignoran, a causa de su mucha dificultad. también es preciso, que el que sostiene que el valor es lo que tú dices, sostenga igualmente que los leones, los toros, los zorros, están dotados de valor, tanto los unos como los otros.