Laches
Plato (428–347 BC)
Plato's Laches in the Greek text edited by John Burnet.
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Section 193
[193] Sócrates: Pero un médico, por ejemplo, tiene a su hijo único o cualquiera otra persona enferma de una inflamación del pulmón; este hijo le persigue y le pide de comer y beber; el médico, lejos de dejarse llevar, sufre con paciencia sus lamentos: ¿le daremos el nombre de valiente?
Laques: Tampoco es ese valor, a mi parecer.
Sócrates: En la guerra, he aquí un hombre, que está en esta disposición de alma de que hablamos; quiere mantenerse firme, y sosteniendo su valor con su prudencia, le hace ver ésta que será bien pronto socorrido; que sus enemigos son mucho más débiles, y que él tiene la ventaja del terreno; este bravo, que es tan prudente, ¿te parece más valiente que su enemigo que le espera a pie firme?
Laques: No, sin duda; este último es el valiente, Sócrates.
Sócrates: Sin embargo, el valor de este último es menos prudente que el del primero. [283]
Laques: Eso es cierto.
Sócrates: Se sigue de aquí, que un soldado de caballería, que en un combate pruebe valor, fiado en la destreza con que maneja el caballo, será menos valiente que el que esté privado de esta ventaja.
Laques: Sí, seguramente.
Sócrates: ¿Dirás lo mismo de un arquero, de un hondero y de todos los demás, cuya firmeza esté sostenida por su habilidad?
Laques: Sin dificultad.
Sócrates: Y los que, sin haber aprendido nunca el oficio de buzos, tuviesen el valor de sumergirse en el agua ¿te parecerían más valientes que los buzos de oficio?
Laques: ¿Quién podría sostener lo contrario? Sócrates.
Sócrates: Nadie seguramente, conforme a tus principios.
Laques: Sí, esos son mis principios en efecto.
Sócrates: ¿De manera, Laques, que estas gentes, que no tienen ninguna experiencia, se arrojan al peligro mucho más imprudentemente que los que se exponen con alguna razón?
Laques: Sí, sin duda.
Sócrates: Pero la audacia insensata y la paciencia irracional nos parecieron antes vergonzosas y perjudiciales. [284]
Laques: Eso es cierto.
Sócrates: Y el valor nos ha parecido una cosa bella.
Laques: Convengo en ello.
Sócrates: Pues bien, ahora sucede todo lo contrario; damos el nombre de valor a una audacia insensata.
Laques: Lo confieso.
Sócrates: ¿Y crees que obramos bien?
Laques: No, ¡por Júpiter! Sócrates.
Sócrates: De modo, Laques, que, por tu propia confesión, ni tú ni yo nos ajustamos al tono dórico, porque nuestras acciones no corresponden a nuestras palabras. Al ver nuestras acciones, yo creo que se diría que nosotros tenemos valor; pero oyendo nuestras palabras, bien pronto se mudaría de opinión.
Laques: Tienes razón.
Sócrates: ¡Pero qué! ¿tienes por prudente que permanezcamos en este estado?
Laques: Te aseguro que no.
Sócrates: ¿Quieres que nos conformemos por un momento con la definición que hemos dado?
Laques: ¿Qué definición? [285]