Laches
Plato (428–347 BC)
Plato's Laches in the Greek text edited by John Burnet.
Section 178
Section 179
Section 180
Section 181
Section 182
Section 183
Section 184
Section 185
Section 186
Section 187
Section 188
Section 189
Section 190
[190] Si sabemos con certeza que los ojos se hacen mejores comunicándoles la vista y podemos comunicársela, es claro que conoceremos lo que es la vista y sabremos lo que debe hacerse para procurarla; en lugar de que si no sabemos lo que es la vista o el oído, en vano intentaremos ser buenos médicos para los ojos y para los oídos, ni dar buenos consejos sobre el medio mejor de oír y de ver.
Lisímaco: Dices verdad, Sócrates.
Sócrates: Nuestros dos amigos ¿no nos han llamado aquí, Laques, para deliberar con nosotros, acerca de qué manera [277] se podrá hacer nacer la virtud en el alma de sus hijos y hacerles mejores?
Laques: Eso es.
Sócrates: Es preciso ante todo, que sepamos lo que es la virtud; porque si la ignoramos ¿seremos capaces de dar consejos sobre los medios de adquirirla?
Laques: De ninguna manera, Sócrates.
Sócrates: ¿Supondremos, Laques, que sabemos lo que es?
Laques: Lo suponemos.
Sócrates: Pero cuando sabemos lo que es una cosa, ¿no podemos decirla?
Laques: ¿Cómo no hemos de poder?
Sócrates: Pero, Laques, no examinemos ahora lo que es la virtud en general, porque seria una discusión demasiado larga; contentémonos con examinar si tenemos todos los datos para conocer bien algunas de sus partes; el examen será más fácil y más corto.
Laques: Así lo quiero yo, Sócrates, puesto que es esa tu opinión.
Sócrates: ¿Pero qué parte de la virtud escogeremos? Sin duda la que parece ser el único objeto de la esgrima, porque el común de las gentes cree que este arte conduce directamente al valor.
Laques: Así lo cree en efecto. [278]
Sócrates: Tratemos por lo pronto, Laques, de definir con exactitud lo que es el valor; después examinaremos los medios de comunicarle a estos jóvenes, en cuanto sea posible, ya sea por el hábito, ya por el estudio. ¿Di, pues, qué es el valor?
Laques: En verdad, Sócrates, me preguntas una cosa que no ofrece dificultad. El hombre que guarda su puesto en una batalla, que no huye, que rechaza al enemigo; he aquí un hombre valiente.
Sócrates: Muy bien, Laques, pero quizá por haberme explicado mal, has respondido a una cosa distinta de la que yo te pregunté.
Laques: ¿Cómo? Sócrates.