Euthyphro
Plato (428–347 BC)
Plato's Euthyphro in the Greek text edited by John Burnet, with Harold North Fowler's English translation.
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[12] Sócrates: ¿Todo lo que es justo te parece santo, o todo lo que es santo te parece justo? ¿O crees, que lo que es justo no es siempre santo, sino tan sólo que hay cosas justas que son santas y otras que no lo son?
Eutifrón: No puedo seguirte, Sócrates.
Sócrates: Sin embargo, tú tienes sobre mí dos ventajas muy grandes, la juventud y la habilidad. Pero, como te decía antes, confías demasiado en tu sabiduría. Te suplico, que deseches esa apatía, y que te apliques un momento; porque lo que yo te digo no es difícil de entender, no es más que lo contrario de lo que canta un poeta: ¿Por qué se tiene temor de celebrar a Júpiter que ha [30] creado todo? La vergüenza es siempre compañera del miedo. No estoy de acuerdo con este poeta; ¿quieres saber por qué?
Eutifrón: Sí, tú me obligas a decirlo.
Sócrates: No me parece del todo verdadero, que la vergüenza acompañe al miedo, porque se ven todos los días gentes que temen las enfermedades, la pobreza y otros muchos males, y sin embargo, no se avergüenzan de tener este temor. ¿No te parece que es así?
Eutifrón: Soy de tu dictamen.
Sócrates: Por lo contrario, el miedo sigue siempre a la vergüenza. ¿Hay hombre, que teniendo vergüenza de una acción fea, no tema al mismo tiempo la mala reputación que es su resultado?
Eutifrón: Cómo no ha de temer.
Sócrates: Por consiguiente no es cierto decir: La vergüenza es siempre compañera del miedo. Sino que es preciso decir: El miedo es siempre compañero de la vergüenza. Porque es falso que la vergüenza se encuentre donde quiera que esté el miedo. El miedo tiene más extensión que la vergüenza. En efecto, la vergüenza es una parte del miedo, como lo impar es una parte del número. Donde quiera que hay un número, no es precisión que en él se encuentre el impar, pero donde quiera que aparezca el impar hay un número. ¿Me entiendes ahora?
Eutifrón: Muy bien. [31]
Sócrates: Esto es precisamente lo que te pregunté antes: ¿si donde quiera que se encuentre lo justo allí está lo santo, y si donde quiera que se encuentre lo santo allí está lo justo? Parece que lo santo no se encuentra siempre con lo justo, porque lo santo es una parte de lo justo. ¿Sentaremos este principio, o eres tú de otra opinión?
Eutifrón: A mi parecer, este principio no puede ser combatido.
Sócrates: Ten en cuenta lo que voy a decirte; si lo santo es una parte de lo justo, es preciso averiguar qué parte de lo justo tiene lo santo, como si me preguntases, qué parte del número es el par, y cuál es este número, y yo te respondiese que es el que se divide en dos partes iguales y no desiguales. ¿No lo crees como yo?
Eutifrón: Sin duda.
Sócrates: Haz pues el ensayo de enseñarme a tu vez, qué parte de lo justo es lo santo a fin de que indique a Melito que ya no hay materia para acusarme de impiedad; a mí que tan perfectamente he aprendido de ti lo que es la piedad y la santidad y sus contrarias.
Eutifrón: Me parece a mí, Sócrates, que la piedad y la santidad son esta parte de lo justo, que corresponde al culto de los dioses, y que todo lo demás consiste en los cuidados y atenciones que los hombres se deben entre sí.