Alcibiades 2
Plato (428–347 BC)
Plato's Alcibiades 2 in the Greek text edited by John Burnet.
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[150] Hay, pues, grandes trazas de que los dioses y los hombres sensatos honran ante todo la justicia y la sabiduría. Ahora bien; verdaderamente justos y verdaderamente sabios no [61] son más que aquellos, que en sus palabras y en sus acciones saben cumplir con lo que deben a los dioses y a los hombres. Tendría gusto en saber qué piensas sobre esto.
Alcibíades: Yo, Sócrates, no puedo menos de conformar mi modo de pensar con el tuyo y con el del dios. ¿Sería razonable que fuese yo a contradecir sus oráculos?
Sócrates: ¿No recuerdas haberme dicho, que temías mucho pedir a los dioses males, sin tú conocerlo y creyendo pedirles bienes?
Alcibíades: Me acuerdo.
Sócrates: Ya ves que no puedes ir con seguridad a suplicar al dios; porque podría suceder que, al oírte blasfemar, desechase tu sacrificio, y que te enviase una cosa muy distinta de la que le hubieres pedido. Yo hallo que vale más que te mantengas quieto, porque no creo que la exaltación actual de tu espíritu, que es el nombre más digno que puede darse a la locura, te permita servirte de la oración de los lacedemonios. Por esta razón, debes esperar a que alguno te enseñe la conducta que debes observar con los dioses y con los hombres.
Alcibíades: ¿Y cuándo llegará ese tiempo, Sócrates, y quién será el que me instruya? ¡Con cuánto placer lo veré!
Sócrates: Lo hará el que vela por ti. Pero me parece que así como en Homero Minerva disipa la nube que cubría los ojos de Diomedes, a fin de que pudiese conocer si era un dios o un hombre1, lo mismo es preciso que aquel disipe las tinieblas que envuelven tu alma, para ponerte en estado de discernir el bien del mal; porque al presente no me parece que estás en estado de hacerlo. [62]
Alcibíades: Que disipe esas tinieblas y todo lo que guste; cualquiera que sea ese hombre, por mi parte estoy dispuesto a obedecerle sin restricción, con tal que me haga yo mejor.