Alcibiades 2
Plato (428–347 BC)
Plato's Alcibiades 2 in the Greek text edited by John Burnet.
Section 138
Section 139
Section 140
[140] Sócrates: ¿Y toda enfermedad te parece un mal de ojos?
Alcibíades: No, en verdad. Pero no veo lo que pruebas con eso.
Sócrates: Si quieres seguirme, lo encontraremos quizá buscándolo juntos1. [44]
Alcibíades: Te sigo, Sócrates, en cuanto me es posible.
Sócrates: ¿No estamos conformes en que todo mal de ojos es una enfermedad, pero que no toda enfermedad es el mal de ojos?
Alcibíades: Estamos conformes.
Sócrates: Y con razón, a mi parecer, porque todos los que tienen fiebre están enfermos, pero no todos los que están enfermos tienen fiebre, gota o mal de ojos. Indudablemente estas son enfermedades, pero a juicio de los hombres, que llamamos médicos, difieren por la manera de curarlas; porque no son todas semejantes, ni las tratan del mismo modo, sino a cada una según su naturaleza propia, y sin embargo, todas son enfermedades. Otra pregunta aún: hay muchas clases de artesanos; ¿no es así?
Alcibíades: Sí.
Sócrates: Hay zapateros, arquitectos, estatuarios y otros infinitos, que no hay necesidad de nombrar. Entre ellos están repartidas las diferentes secciones de las artes; todos son artesanos pero no son todos arquitectos, zapateros o estatuarios, por más que en conjunto sean todos artesanos.
Alcibíades: No, ciertamente.
Sócrates: En la misma forma los hombres se han repartido la locura. Al punto más alto de la locura nosotros llamamos delirio, y en un grado menor, tan pronto estupidez como imbecilidad. Pero los que quieren emplear palabras decorosas llaman a los hombres que deliran exaltados, y a los imbéciles o estúpidos hombres sencillos; para otros [45] son gente sin malicia, sin experiencia, niños. Si buscas, encontrarás aún otros nombres; pero en fin estas no son más que otras tantas especies de locura, que difieren como un arte difiere de otro arte y una enfermedad de otra enfermedad. ¿No lo crees tú así?
Alcibíades: Sin duda.
Sócrates: Volvamos a nuestro punto de partida. Nuestro primer propósito era el distinguir los insensatos de los hombres sensatos, porque estamos de acuerdo en que hay hombres sensatos e insensatos; ¿no es así?
Alcibíades: Sí, estamos de acuerdo en eso.
Sócrates: Los hombres sensatos ¿no son, en tu opinión, los que saben lo que se debe hacer y decir?
Alcibíades: Sí.
Sócrates: ¿Y los insensatos los que no saben ni lo uno ni lo otro?
Alcibíades: Los mismos.