Alcibiades 1
Plato (428–347 BC)
Plato's Alcibiades 1 in the Greek text edited by John Burnet.
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[124] Creo que la sorpresa de la reina sería mucho mayor, y nos preguntaría: ¿en qué se fía ese joven? y si nosotros le respondiéramos: en su belleza, en su talle, en su riqueza y en las dotes de su espíritu, ¿no es cierto que nos tendría por locos, si fijaba su atención en la superioridad [164] de estos datos respecto de ella misma? Pero sin subir tan alto, creo, que Lampito, hija de Leoliquidas, mujer de Arquidamo y madre de Agis, que son todos de casta real en Lacedemonia, no se sorprendería menos, si se le dijese, que mal educado como has sido, deseas ponerte a la cabeza de los atenienses para hacer la guerra a su hijo. ¡Ah! ¿y no sería una vergüenza, que mujeres, y mujeres de nuestros enemigos, sepan mejor que nosotros mismos las cualidades que deberíamos tener para hacerles la guerra? Así, mi querido Alcibiades, sigue mis consejos, y obedece al precepto que está escrito en el frontispicio del templo de Delfos: Conócete a ti mismo, porque los enemigos con quienes te las has de haber son tales, como yo los represento y no como tú te imaginas. El único medio de vencerlos es la aplicación y la habilidad; si renuncias a estas cualidades necesarias, renuncia también a la gloria fuera y dentro de tu país, gloria a que has aspirado con más ardor que otro alguno.
Alcibiades: Puedes explicarme, Sócrates, ¿cuál es el cuidado que debo tomar de mí mismo? porque me hablas, lo confieso, con más sinceridad que ningún otro.
Sócrates: Sin duda puedo hacerlo; pero no es esto útil a ti sólo. Juntos debemos buscar los medios de hacernos mejores, que yo no tengo menos necesidad que tú, yo que sobre ti tengo sólo una ventaja.
Alcibiades: ¿Cuál es esa ventaja?
Sócrates: Que mi tutor es mejor y más sabio que Pericles, que es el tuyo.
Alcibiades: ¿Quién es ese tutor? [165]
Sócrates: El Dios que hasta hoy no me ha permitido hablarte; siguiendo sus aspiraciones, sólo mediando yo puedes conseguir la gloria, como antes te dije.
Alcibiades: ¿Te burlas, Sócrates?
Sócrates: Quizá; pero siempre es una verdad que tenemos una necesidad muy grande de mirar por nosotros mismos, como la tienen todos los hombres, y nosotros dos más que ninguno.
Alcibiades: Sí, Sócrates, cuando menos por lo que a mí toca.
Sócrates: Y lo mismo me sucede a mí.
Alcibiades: ¿Qué haremos, pues?
Sócrates: Este es el momento, querido mío, en que es preciso quitar la pereza y la desidia.
Alcibiades: Convengo en ello.
Sócrates: Veamos y examinemos juntos lo que intentamos. Dime, ¿no queremos hacernos muy buenos?
Alcibiades: Sí.
Sócrates: ¿En qué clase de virtud?
Alcibiades: En la virtud que constituye la bondad del hombre.
Sócrates: ¿Y quién es el hombre bueno?
Alcibiades: El que lo es para los negocios. [166]
Sócrates: ¿Para qué negocios? ¿Para los de equitación?
Alcibiades: No.
Sócrates: Porque eso corresponde a los picadores.
Alcibiades: Sí.