Alcibiades 1
Plato (428–347 BC)
Plato's Alcibiades 1 in the Greek text edited by John Burnet.
Section 103
Section 104
Section 105
Section 106
Section 107
Section 108
Section 109
Section 110
[110] Sócrates: Muy bien. Pero podrías señalarme precisamente ese [131] tiempo, en que has creído que ignorabas lo que es justo e injusto. Veamos; ¿fue el año pasado cuando empezaste a hacer tus indagaciones porque lo ignorabas? ¿O creías saberlo? Di la verdad para que no hablemos en vano.
Alcibiades: El año pasado creía saberlo.
Sócrates: ¿Hace tres, cuatro, cinco, no lo creías lo mismo?
Alcibiades: Lo mismo.
Sócrates: Antes de este tiempo tú eras un niño; ¿no es así?
Alcibiades: Sí.
Sócrates: ¿Y en ese mismo tiempo de tu infancia, estoy seguro de que creías saberlo?
Alcibiades: ¿Cómo dices que estás seguro?
Sócrates: Porque durante tu infancia, en casa de tus maestros y en todas partes; en medio de tus juegos de dados o cualquier otro, te he visto muchas veces no dudar sobre la decisión de lo justo y de lo injusto, y decir con tono firme y seguro a cualquiera de tus camaradas, que era un pícaro, que era injusto, que te hacia una injusticia; ¿no es cierto esto?
Alcibiades: ¿Qué debía hacer, a juicio tuyo, cuando se me hacía alguna injusticia?
Sócrates: ¿Quieres decir, lo que debías hacer, ignorando o sabiendo que lo que te se hacía era una injusticia?
Alcibiades: Pero yo no lo ignoraba; antes bien, reconocía perfectamente que se me hacía una injusticia. [132]
Sócrates: Ya ves por esto que, cuando no eras más que un niño, creías conocer ya lo justo y lo injusto.
Alcibiades: Creía conocerlo y lo conocía.
Sócrates: ¿En qué época fue el descubrimiento? porque no fue cuando ya creías saberlo.
Alcibiades: No, sin duda.
Sócrates: ¿En qué tiempo creías tú ignorarlo? Míralo, hecha cuentas; tengo mucho miedo que no des con ese tiempo.
Alcibiades: En verdad, Sócrates, no puedo decírtelo.
Sócrates: ¿Por consiguiente, tú no has encontrado por ti mismo esta ciencia de lo justo y de lo injusto?
Alcibiades: Así parece.
Sócrates: Pero confesaste antes que no la has aprendido de los demás; y si no la has encontrado por ti mismo ni la has aprendido de los demás, ¿cómo la sabes? ¿De dónde te ha venido?
Alcibiades: Pero quizá me engañé, cuando te dije que no la había aprendido por mí mismo.
Sócrates: Pues entonces, ¿cómo la has aprendido por ti mismo?
Alcibiades: Creo, que la he aprendido como los demás.
Sócrates: ¿Otra vez volvemos a empezar? ¿de quién la has aprendido? habla. [133]
Alcibiades: Del pueblo.
Sócrates: Mal maestro me citas.
Alcibiades: ¡Qué! ¿el pueblo no es capaz de enseñarla?
Sócrates: ¡Bien libre está! si no es capaz de enseñar a juzgar bien sobre las jugadas de un tablero1, ¿cómo ha de enseñar lo que es justo o injusto, que es mucho más difícil? ¿no lo crees tú como yo?
Alcibiades: Si, sin duda.
Sócrates: ¿Y si no es capaz de enseñarte cosas de tan poca consecuencia, cómo te ha de enseñar las que son más importantes?
Alcibiades: Soy de tu dictamen; sin embargo, el pueblo es capaz de enseñar muchas cosas muy superiores a este juego.
Sócrates: ¿Cuáles?