Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber III
Francesco Silvestri (1474–1528)
Commentaria in Summam contra Gentiles
First published 1926
In Book III of the Commentaria in Summam contra Gentiles, Francesco Silvestri of Ferrara (Ferrariensis) expounds Aquinas's account of providence, human happiness, moral action, and divine grace. The commentary accompanies the Leonine text in volume XIV (1926). The present digital edition includes the Latin text and an English translation.
Prooemium
Caput I: Quod Omne Agens Agit propter Finem
Caput II: Quod Omne Agens Agit propter Bonum
Caput III: Quod Malum est Praeter Intentionem in Rebus
Caput IV: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum non Sit Praeter Intentionem
Caput V: Solutio Rationum Praemissarum
Caput VI: Quod Malum non est Aliqua Essentia
Caput VII: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum Sit Natura vel Res Aliqua
Caput VIII: Solutio Rationum Praemissarum
Caput IX: Quod Causa Mali est Bonum
Caput X: Quod Malum Fundatur in Bono
Caput XI: Quod Malum non Totaliter Consumit Bonum
Caput XII: Quod Malum Habet Aliquo Modo Causam
Caput XIII: Quod Malum est Causa per Accidens
Caput XIV: Quod non est Summum Malum
Caput XV: Quod Finis Cuiuslibet Rei est Bonum
Caput XVI: Quod Omnia Ordinantur in Unum Finem, qui est Deus
Caput XVII: Quomodo Deus Sit Finis Rerum
Caput XVIII: Quod Omnia Intendunt Assimilari Deo
Caput XIX: Quomodo Res Imitentur Divinam Bonitatem
Caput XX: Quod Res Intendunt Naturaliter Assimilari Deo in Hoc quod est Causa
Caput XXI: Quomodo Diversimode Res Ordinantur in Suos Fines
Caput XXII: Quod Motus Caeli est a Principio Intellectivo
Caput XXIII: Quomodo Appetunt Bonum Etiam quae Cognitione Carent
Caput XXIV: Quod Intelligere Deum est Finis Omnis Intellectualis Substantiae
Caput XXV: Utrum Felicitas Consistat in Actu Voluntatis
Caput XXVI: Quod Felicitas Humana non Consistit in Delectationibus Carnalibus
Caput XXVII: Quod Felicitas non Consistit in Honoribus
Caput XXVIII: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Gloria
Caput XXIX: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Divitiis
Caput XXX: Quod Felicitas non Consistit in Potentia Mundana
Caput XXXI: Quod Felicitas non Consistit in Bonis Corporis
Caput XXXII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Sensu
Caput XXXIII: Quod Ultima Hominis Felicitas non Consistit in Actibus Virtutum Moralium
Caput XXXIV: Quod Ultima Felicitas non Sit in Actu Prudentiae
Caput XXXV: Quod Felicitas non Consistit in Operatione Artis
Caput XXXVI: Quod Ultima Felicitas Hominis Consistit in Contemplatione Dei
Caput XXXVII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Communiter Habetur a Pluribus
Caput XXXVIII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Habetur per Demonstrationem
Caput XXXIX: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae est per Fidem
Caput XL: Utrum in Hac Vita Homo Possit Intelligere Substantias Separatas per Studium et Inquisitionem Scientiarum Speculativarum
Caput XLI: Quod non Possumus in Hac Vita Cognoscere Substantias Separatas sicut Ponit Alexander
Caput XLII: Quod non Possumus in Hac Vita Intelligere Substantias Separatas sicut Ponit Averroes
Tras la opinión de Avempace y de Alejandro, viene a ser refutada la opinión de Averroes 1. Por eso Santo Tomás, primero, explica la misma opinión; segundo, la refuta 2.
I. En cuanto a lo primero, dice que, como la máxima dificultad en la opinión de Alejandro proviene de que pone el entendimiento posible en hábito totalmente corruptible, Averroes tuvo por hallada una vía más fácil para mostrar que nosotros a veces entendemos las substancias separadas, por el hecho de que pone el entendimiento posible incorruptible, y separado de nosotros según el esse separado, así como el entendimiento agente.
Y así dijo primero, en III de Anima, comm. 36, que el entendimiento agente se comporta respecto de los principios naturalmente conocidos por nosotros, o como el agente respecto del instrumento, o como la forma respecto de la materia: porque hacer las cosas entendidas en acto es acción tanto del entendimiento en hábito como del entendimiento agente; pero una sola acción no es de dos, a no ser que uno de ellos se compare con el otro como agente con instrumento, o como forma con materia.
Para manifestación de la primera proposición, nota que el entendimiento en hábito, con el que entendemos, no sólo tiene esta acción que es entender, sino también la que es hacer las cosas entendidas en acto. Lo cual declara, porque por el mismo entendimiento en hábito, en cuanto a los primeros principios, éstos se hacen entendidos en acto sólo por el entendimiento agente, y las otras cosas las adquirimos por el estudio. Pero aunque ambas acciones convengan al entendimiento en hábito, sin embargo hacer las cosas entendidas en acto notifica más el entendimiento en hábito que el entender: porque es primero hacer las cosas entendidas en acto que entender.
Dijo segundo, que de este modo se compara el entendimiento agente a los primeros inteligibles especulativos como la forma a la materia. Pues, como el entendimiento posible, según él, es substancia separada, entiende al entendimiento agente y a las otras substancias separadas, y también los primeros inteligibles especulativos. Por eso es necesario que sea sujeto de ambos. Pero las cosas que convienen en un mismo sujeto y tienen orden entre sí, como tienen los inteligibles especulativos y el entendimiento agente, que los hace entendidos en acto, uno de ellos es como forma del otro: como es patente en la luz respecto del color, ambos de los cuales se reciben en lo diáfano. De donde se sigue que, como los inteligibles especulativos se nos copulan por los fantasmas, también el entendimiento agente se copula a nosotros, en cuanto es forma de ellos.
Dijo tercero, que según que los inteligibles especulativos se copulen a nosotros en potencia, o en acto completo, o en parte en acto y en parte en potencia, así proporcionalmente también el entendimiento agente se copula a nosotros. De donde, cuantos más entendimientos en acto hayan sido hechos en nosotros, tanto más perfectamente se continua el entendimiento agente con nosotros. Pero el movimiento perfecto 3 para esta continuación se hace por el estudio en las ciencias especulativas: y para este progreso se ayudan los hombres, así como en las ciencias especulativas.
Dijo cuarto que, cuando todos los entendimientos en potencia hayan sido hechos en nosotros en acto, entonces el entendimiento agente se copulará perfectamente a nosotros como forma; y entonces por él mismo entenderemos las substancias separadas, como ahora perfectamente entendemos por el entendimiento en hábito. Y ésta será la última felicidad del hombre, en la cual el hombre será como un cierto Dios.
II. En torno a la primera afirmación de Averroes, hay que considerar primero que, cuando dos concurren con cierto orden a una misma operación, de modo que a uno le convenga la operación por el otro, es necesario que uno se compare con el otro o como agente principal con instrumento, como el artífice en el corte se comporta respecto de la sierra; o como la forma respecto de la materia, como en la calefacción el calor respecto del fuego. Conviénense, empero, estos dos modos, como dice Santo Tomás en la Primera Parte, q. lxxxviii, a. 1, porque en ambos casos uno se compara con el otro como la perfección con lo perfectible, y como el acto con la potencia. Por tanto, como el entendimiento agente y el entendimiento en hábito convienen en una operación, la cual es comunicada al entendimiento en hábito por el entendimiento agente, es necesario que el entendimiento agente se compare al entendimiento en hábito por alguno de aquellos dos modos. Y aunque se compare por ambos modos, dejado sin embargo el primero, Averroes prosigue el segundo, como más servicial a su intento y más congruente con su posición, juzgando que tanto el entendimiento agente como el entendimiento en hábito se reciben en el entendimiento posible: pues las cosas que convienen en un mismo sujeto como ordenadas a una operación que también conviene a aquel sujeto, se dicen con más propiedad comportarse como forma y materia, que como agente principal e instrumento; aunque también esto puede decirse de ellos verdaderamente a veces.
Pero no apruebo la interpretación de ciertos averroístas que dicen que, en el principio, el entendimiento agente es agente respecto del entendimiento especulativo, y el entendimiento en hábito es respecto del mismo instrumento; y que, al final, uno es como forma, el otro como materia. Pues Averroes asigna la razón por la que uno es como forma y el otro como materia, a saber, que esa acción que es hacer los inteligibles especulativos en acto es acción de ambos. Pero consta que esa acción conviene a éstos en el principio de la generación del hábito especulativo respecto de nosotros. Luego este respecto de la forma a la materia no les conviene sólo al final, sino también al principio.
- Hay que atender segundo, cuando se dice que al entendimiento en hábito le conviene hacer las cosas inteligibles en acto y entender, que por el entendimiento en hábito podemos entender dos cosas: a saber, o el hábito de los primeros principios solamente, de modo que se distinga del hábito de las conclusiones deducidas de los primeros principios, que entre Averroes se llama entendimiento especulativo; o el hábito que comprende todos los entendimientos hechos, tanto los primeros como los secundarios. Del primer modo no parece ser tomado por Averroes. Pues como el entender se hace con cierta recepción de lo entendido en acto, por razón de la cual dice Averroes, III de Anima, comm. 36 4, que es acción del género de la pasión; el entender no convenirá a aquel hábito de los primeros principios, ni por razón de los mismos principios, ni por razón del entendimiento agente, del cual son instrumento; y así no podrá decirse del entendimiento en hábito que le convengan ambas acciones.
Tómase, pues, del segundo modo. Pues claramente de aquí consta que ambas acciones convienen al entendimiento en hábito: por razón, sin embargo, de cosas diversas que en él se incluyen. Le conviene a él, en cuanto versa sobre los primeros principios, el hacer las cosas entendidas en acto en virtud del entendimiento agente, del cual son como instrumentos y como materia: pues tal acción conviene primero al entendimiento agente; pero a los mismos primeros principios por razón del entendimiento agente, en cuanto que de ellos, naturalmente conocidos por nosotros por el entendimiento agente, por el estudio y el ejercicio se nos hacen notorias las otras cosas. De donde Santo Tomás, según la mente de Averroes, dice que hacer los inteligibles secundarios en acto es acción del entendimiento en hábito en cuanto a los primeros principios, y del entendimiento agente: como si dijera: Es acción del entendimiento en hábito, no en cuanto a todo lo que está contenido bajo él, sino sólo por razón de los primeros principios.
Pero la otra acción, que es entender aquellas cosas que por nuestro estudio y voluntad han sido hechas entendidas en acto, como son las intenciones de las cosas materiales, conviene a este entendimiento en cuanto versa sobre los mismos inteligibles secundarios, pero por razón del entendimiento posible. Pues así como el entendimiento agente es el primero al que conviene hacer las cosas entendidas en acto, así el entendimiento posible es el primero al que conviene recibirlas y entenderlas.
- Hay que atender tercero, cuando dice Averroes, según la mente de Alejandro 5, que hacer las cosas entendidas en acto es antes que entender, y por eso notifica más el entendimiento en hábito, que aquí podemos entender una triple prioridad: a saber, la prioridad de nobleza; la prioridad de presuposición; y la prioridad de apropiación. Pues por todos estos modos puede verificarse que hacer las cosas entendidas en acto es antes que entender, en tanto que entender se dice la recepción de lo entendido en acto. Es anterior por nobleza: porque, como dice Averroes 6, aquello es del género de la acción, esto en cambio del género de la pasión; pero consta que obrar es más noble que recibir, al menos respecto de uno y lo mismo. Es también anterior naturalmente, como presupuesto del otro: pues antes entendemos que las cosas sean hechas entendidas en acto que ser recibidas. Es también anterior según la apropiación: porque esto es propio del entendimiento, mas no aquello; porque hacer las cosas entendidas en acto no conviene a ninguna virtud animal, ni tampoco proporcionalmente; pero recibir las cosas entendidas en acto conviene también al sentido proporcionalmente, pues también el sentido recibe lo sentido en acto.
Por estas prioridades, se dice convenientemente que la naturaleza del entendimiento en hábito se notifica con mayor propiedad por aquello que es hacer las cosas entendidas en acto, que por aquello que es entender. Pues la naturaleza de algo se notifica con mayor propiedad por su operación propia, más digna y naturalmente anterior, que por la que es común a él y a otros, menos digna y posterior.
- Hay que atender cuarto, cuando dice Santo Tomás que los primeros inteligibles son el inicio del entendimiento en hábito, que esto puede entenderse de dos maneras. De un modo, como el inicio de una cosa se dice su primera parte. Pues así consta que los primeros inteligibles son el inicio del entendimiento en hábito: porque primero, sólo por el entendimiento agente, se hacen entendidos en acto los mismos primeros inteligibles; después, por el entendimiento agente juntamente con los primeros inteligibles, se hacen otros entendimientos, que adquirimos por el estudio y el ejercicio. — De otro modo, como el inicio de una cosa se dice su causa efectiva. Y así también los primeros principios son el inicio del entendimiento en hábito en cuanto a los inteligibles secundarios: pues son su causa. — Por ambas cosas Aristóteles llamó entendimiento al hábito de los primeros principios, en cuanto se distingue del hábito de los otros, ora como la primera parte respecto de la segunda, ora como la causa respecto del efecto: a saber, porque de él se origina toda nuestra cognición intelectiva, así como de la virtud intelectiva.
III. En torno a la segunda afirmación de Averroes 7, hay que atender que, para que el entendimiento posible entienda algo esencialmente, es necesario que de él mismo y de lo inteligible se haga uno, como muchas veces, según la mente de Aristóteles, se ha dicho arriba 8. Pero esto no puede ser sino o que lo mismo inteligible sea totalmente idéntico al que entiende; o que sea recibido en el mismo entendimiento. Por eso Averroes, juzgando que el entendimiento agente es una substancia separada de la materia y entendida en acto per se, y distinta del entendimiento posible; del hecho de que el entendimiento posible entiende al entendimiento agente, concluye que el entendimiento posible es sujeto del entendimiento agente, como de los demás entendimientos.
- Pero se presenta una duda en torno a lo que se dice, que el entendimiento posible es sujeto del entendimiento en hábito. Pues lo contrario parece decirlo Averroes en III de Anima, comentario 20 9, donde quiere que los hábitos de las ciencias están en la virtud cogitativa como en sujeto: lo cual también Santo Tomás, en el segundo Libro 10, adujo según la mente de Averroes.
Se responde que no se toman por lo mismo el hábito de ciencia que está en la cogitativa, según el Comentador; y el entendimiento en hábito, que él pone en el entendimiento posible. Pues por el hábito de ciencia que está en la cogitativa entiende cierta disposición y habilitad, causada por el estudio y el ejercicio en la cogitativa, por la cual el hombre está dispuesto fácil y prontamente a la copulación con el entendimiento posible, como es patente en el comentario alegado. Pero por el entendimiento en hábito entiende los mismos inteligibles, o las mismas intenciones y semejanzas de los inteligibles, que se ponen en el entendimiento posible, y se copulan a nosotros por los fantasmas.
IV. En torno a la última afirmación 11, cuando dice Averroes que en la perfecta copulación del entendimiento agente con el hombre, el hombre será como Dios, advierte que de dos maneras podemos interpretar esta semejanza. Primero, que sea semejanza en orden a la cognición de las substancias inmateriales solamente, y máximamente del mismo Dios. Y entonces el sentido es que el hombre último feliz es como Dios, porque así como Dios conoce perfectamente las substancias separadas, y en especial a sí mismo, en lo cual consiste su beatitud, así también el hombre, cuando haya sido perfectamente copulado con el entendimiento agente, entenderá las substancias separadas y a Dios.
Del segundo modo, puede importarse la semejanza en orden a la universalidad de los entes y de los cognoscibles. Pues así como Dios contiene en sí las perfecciones de todas las cosas y conoce todas las cosas, así también el hombre, cuando todos los inteligibles y el entendimiento agente le hayan sido perfectamente copulados, será todas las cosas inteligiblemente, y conocerá todas las cosas.
Las demás cosas que se tocan en torno a esta opinión, fueron explicadas en el segundo Libro 12.
V. Pero contra la misma opinión arguye de muchos modos Santo Tomás 13: porque procede suponiendo muchas cosas que en lo anterior están improbadas.
Primero. Este fundamento, a saber, que el entendimiento posible sea substancia separada, fue refutado arriba. Luego, por ese fundamento no es necesario que sea sujeto de las substancias separadas, como arguye esta opinión.
Se confirma. Porque parece conforme a Aristóteles que sea sujeto sólo de las cosas que se hacen entendidas en acto: cuando dice que es aquello por lo cual todas las cosas se hacen.
Advierte que las substancias separadas son ciertamente entendidas en acto, porque son totalmente abstractas de la materia. Pero esto les conviene por naturaleza, no por la acción del entendimiento agente. Por eso no tienen que ser recibidas en el entendimiento posible: cuyo es recibir sólo aquellas cosas que por el entendimiento agente se hacen entendidas en acto.
VI. Segundo. El entendimiento agente no es substancia separada, sino parte del alma, a la cual Aristóteles atribuye esta operación, a saber, hacer las cosas entendidas en acto, la cual está en nuestro poder. Luego no es necesario que el entender por él sea para nosotros causa de que podamos entender las substancias separadas. — Se prueba la consecuencia. Porque de otro modo siempre las entenderíamos.
- Hay que advertir primero que, según la posición predicha, toda la razón por la que podemos entender las substancias separadas es porque el entendimiento agente puede continuarse con nosotros, cuyo es entender las substancias separadas, y que por su perfecta continuación con nosotros las entenderemos. Pero si ponemos que el entendimiento agente es parte del alma, se sigue que está siempre unido a nosotros según su esencia. Por eso deduce muy bien Santo Tomás que por él entendamos siempre las substancias separadas.
Pero si alguien dijera que, aunque el entendimiento agente sea parte del alma, y por consiguiente esté siempre unido a nosotros según la substancia, sin embargo no está siempre unido a nosotros según toda su acción y virtud, sino sólo entonces cuando el entendimiento posible haya sido perfecto con todos los entendimientos en acto; por eso no se sigue que el hombre entienda siempre las substancias separadas: — esto nada es. Porque no se pone, según la predicha posición, que se requieran entendimientos en acto continuados con nosotros para que entendamos las substancias separadas, sino porque son medio y disposición para que el entendimiento agente se nos copule según su substancia: pues entonces por él podemos entender las substancias separadas. Luego, según Averroes, sólo la unión de la substancia del entendimiento agente con nosotros es causa de que entendamos las substancias separadas: pues la unión según la acción y la virtud de entender las substancias separadas sigue a la copulación de su substancia con nosotros. Luego, si hubiéramos puesto que no se requiere ninguna disposición adquirida para que la substancia del entendimiento agente se nos una, sino que está siempre unido a nosotros naturalmente, en cuanto es parte del alma; se sigue que siempre por él entendamos las substancias separadas.
- En torno a aquello que dice Santo Tomás, que Aristóteles atribuye al entendimiento agente esta operación que es hacer las cosas inteligibles en acto, la cual operación está en nuestro poder, hay que advertir que por el entendimiento en acto pueden significarse dos cosas: a saber, o la misma sola especie inteligible causada en el entendimiento posible; o cualquier entendimiento que termina el acto de entender. Por el entendimiento en acto, pues, no ha de tomarse en este lugar cualquier objeto que termina el acto de entender: porque hacer esto pertenece al entendimiento posible y al hábito de los primeros principios, según que el entendimiento forma el concepto de la quididad de la cosa, o llega por discurso a la cognición actual de aquello que sólo en potencia conocía. Pero han de tomarse las especies inteligibles: pues éstas las causa el mismo entendimiento agente en el entendimiento posible, juntamente con el fantasma, inmediatamente. Y se dice que esto está en nuestro poder, porque está en nuestro poder fantasear, y así ordenar los fantasmas en la imaginación de modo que sean instrumento conveniente del entendimiento agente para causar semejante especie: pues no cualesquiera fantasmas confusos y desordenados son su instrumento conveniente.
VII. Tercero. Según esta posición, ni el entendimiento agente ni el entendimiento posible se copulan con nosotros sino por las especies hechas entendidas en acto. Las cosas entendidas en acto no se copulan a nosotros sino por los fantasmas. Los fantasmas, según Aristóteles, se comportan respecto del entendimiento posible como los colores respecto de la vista; respecto del agente como los colores respecto de la luz. Luego no puede atribuirse al hombre la acción del entendimiento posible, para que entienda las substancias separadas 14: ni la acción del entendimiento agente, para que haga las cosas entendidas en acto. — Se prueba la consecuencia. Porque consta que a la piedra, en la cual está el color (así como los fantasmas en el hombre), no puede atribuirse la acción de la vista, para que vea; ni la acción de la luz, para que ilumine.
VIII. Cuarto. Según esta posición, el entendimiento agente no puede ser forma en nosotros sino según que en su acción comunican los inteligibles especulativos. Pero en esta operación que es entender las substancias separadas no pueden comunicar: puesto que son especies de las cosas sensibles. Luego etc. — La mayor consta. Porque el entendimiento agente no se pone continuarse con nosotros como forma sino por aquello de que es forma de los entendimientos especulativos. De éstos también se pone forma por aquello de que de ellos y del entendimiento agente es la misma acción, a saber, hacer las cosas entendidas en acto.
Advierte que esta razón tiene por fundamento que, como dos acciones convienen al entendimiento en hábito, como arriba 15 fue mostrado; así como el entendimiento agente no se pone forma de los entendimientos especulativos en cuanto a los primeros inteligibles, sino en cuanto la acción del entendimiento agente que es hacer las cosas entendidas en acto es también acción de los mismos entendimientos; así tampoco debe ponerse forma de ellos en cuanto a los segundos inteligibles, a los cuales conviene otra acción, que es entender (es a saber, del modo en que ellos se dicen entender: porque el entendimiento posible y el hombre por ellos entiende), sino porque la acción del entendimiento agente que es entender las substancias separadas es también acción de ellos. Lo cual no es, porque tales inteligibles secundarios son especies de las cosas sensibles, pero de las quididades sensibles no pueden conocerse las substancias separadas, como contra Avempace fue mostrado 16: se sigue que el entendimiento agente no puede ser forma de ellos; y por consiguiente tampoco forma en nosotros. Y así consta que esta posición, que pone que podemos entender las substancias separadas por aquello de que el entendimiento agente se continua con nosotros como forma, es vana y frívola.
IX. Quinto. De otro modo se compara el entendimiento agente con los inteligibles especulativos, de los cuales es factivo; y de otro con las substancias separadas, de las cuales es sólo intelectivo; según la posición de Averroes. Luego no es necesario que, si se copula con nosotros por aquello de que es factivo de ellos, se copule también según que es cognoscitivo de los separados: sino que es una decepción per accidens.
Advierte que en esta argumentación: El entendimiento agente se une a nosotros como forma por aquello de que es factivo de los inteligibles especulativos. Pero él mismo entiende las substancias separadas. Luego también de este modo se copula a nosotros, se comete manifiestamente, como dice Santo Tomás, la decepción y falacia del accidente: pues de aquello de que el entendimiento agente y el hombre están de algún modo unidos, se arguye como si estuvieran unidos de todos modos, en lo cual se comete la falacia del accidente. De donde, supuesta la opinión del Comentador de que el entendimiento agente es substancia separada, se responde a aquella menor, El entendimiento agente entiende las substancias separadas, que le acontece al entendimiento agente entender las substancias separadas según que se une a nosotros, porque aquello le conviene a él, no según que se copula a nosotros, sino según que está separado de nosotros: como acontece al animal ser género en cuanto es idéntico al hombre, aunque verdaderamente el animal sea género.
X. Sexto. Por el entendimiento agente podemos entender las substancias separadas en cuanto él mismo se hace forma en nosotros. Luego el hombre puede esto desde el principio. Pero esta posición no dice esto. Luego etc. — Se prueba la consecuencia. Porque se hace forma en nosotros también por los primeros inteligibles especulativos: (Suple) los cuales nos son innatos desde el principio.
Si se dijera que el entendimiento agente no se hace perfectamente forma por ciertos inteligibles especulativos, para que por él podamos entender las substancias separadas, sino por todos: en contra. Esto no es sino porque los mismos inteligibles especulativos no igualan la virtud del entendimiento agente en entendiendo las substancias separadas. Pero tampoco todos juntos igualan aquella perfección: puesto que no son inteligibles sino porque han sido hechos entendidos, pero aquéllas en cambio son inteligibles según su naturaleza. Luego etc.
Advierte que esta razón supone que el entendimiento agente, según la predicha posición, no se hace forma en nosotros sino porque se hace forma de los entendimientos especulativos; y que éstos no se hacen forma suya sino porque comunican en la acción que es entender las substancias separadas, como en la cuarta razón fue mostrado 17. Pues así consta que o desde el principio podemos entender las substancias separadas, porque desde el principio están en nosotros los primeros inteligibles naturalmente notos, por mediación de los cuales el entendimiento agente se hace forma en nosotros. O, si esto no puede ser, porque los primeros inteligibles, como no igualan la virtud del entendimiento agente, no pueden comunicar en aquella operación, se sigue que nunca podemos aquello: porque ni tampoco todos los que han sido hechos entendidos pueden comunicar en aquella operación, puesto que ni tampoco todos aquéllos juntos tomados igualan la virtud del entendimiento agente.