Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber III

Francesco Silvestri

Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber III

Francesco Silvestri (1474–1528)

Commentaria in Summam contra Gentiles

First published 1926

In Book III of the Commentaria in Summam contra Gentiles, Francesco Silvestri of Ferrara (Ferrariensis) expounds Aquinas's account of providence, human happiness, moral action, and divine grace. The commentary accompanies the Leonine text in volume XIV (1926). The present digital edition includes the Latin text and an English translation.


Prooemium

Caput I: Quod Omne Agens Agit propter Finem

Caput II: Quod Omne Agens Agit propter Bonum

Caput III: Quod Malum est Praeter Intentionem in Rebus

Caput IV: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum non Sit Praeter Intentionem

Caput V: Solutio Rationum Praemissarum

Caput VI: Quod Malum non est Aliqua Essentia

Caput VII: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum Sit Natura vel Res Aliqua

Caput VIII: Solutio Rationum Praemissarum

Caput IX: Quod Causa Mali est Bonum

Caput X: Quod Malum Fundatur in Bono

Caput XI: Quod Malum non Totaliter Consumit Bonum

Caput XII: Quod Malum Habet Aliquo Modo Causam

Caput XIII: Quod Malum est Causa per Accidens

Caput XIV: Quod non est Summum Malum

Caput XV: Quod Finis Cuiuslibet Rei est Bonum

Caput XVI: Quod Omnia Ordinantur in Unum Finem, qui est Deus

Caput XVII: Quomodo Deus Sit Finis Rerum

Caput XVIII: Quod Omnia Intendunt Assimilari Deo

Después de que Santo Tomás mostró que Dios es el fin de todas las cosas que ha de ser alcanzado por cada cosa, quiere ahora mostrar que el último fin de las cosas es asimilarse a Dios . En torno a esto hace dos cosas: primero, muestra lo propuesto; segundo, remueve algunas dudas, cap. XXIV.

En torno a lo primero hace dos cosas: primero, muestra que todas las cosas se esfuerzan por asimilarse a Dios en cuanto a la bondad; segundo, que se esfuerzan por asimilarse a Él en cuanto a la causalidad, cap. XXI.

En torno a lo primero hace dos cosas: primero, muestra que todas las cosas se esfuerzan por asimilarse a Dios en cuanto a la bondad; segundo, muestra que, sin embargo, todas las cosas deficient de la bondad divina, en el capítulo siguiente.

I. En torno a lo primero se propone esta conclusión: El último fin de las cosas creadas es asimilarse a Dios.

Y se argumenta primero así. Las cosas tienden a Dios como al último fin para alcanzar su bondad. Luego se esfuerzan por asimilarse a Dios como a último fin. — Se prueba la consecuencia. Porque las cosas creadas, por el hecho de que adquieren la bondad divina, quedan constituidas semejantes a Dios.

Nótese que Santo Tomás toma el antecedente del capítulo precedente. Puesto que allí se mostró, en la última razón, que las cosas se ordenan a Dios como a su fin para alcanzarlo a su modo; pero el fin no es apetecido sino en cuanto tiene razón de bien: se sigue que las cosas tienden al mismo Dios como a último fin para alcanzar su bondad.

Segundo. Dios es tal fin de las cosas que es también su primer agente. Luego etc. — Se prueba la consecuencia. Porque el agente se dice fin del efecto en cuanto el efecto tiende a la semejanza del agente. Cuya señal es que la forma del generado es fin de la generación .

Debe advertirse que la forma del generado, puesto que es semejante a la forma del generante, puede considerarse de dos maneras: de un modo, absolutamente y según sí; de otro modo, como semejante a la forma del generante. Del primer modo no tiene que sea su fin, es decir, fin principalmente intencionado de la generación tal como egresa del generante, sino del segundo modo: como quiere Santo Tomás en Prima, q. xliv, a. 4, ad 2. Pero por el hecho de que la forma del generado, que es semejante a la forma del generante, así considerada, sea fin de la generación, se argumenta manifiestamente que el generante y agente se esfuerza por comunicarse a sí mismo según cierta semejanza. Y en consecuencia, si el agente se pone como fin de su efecto, esto será en cuanto el mismo efecto tiende a la semejanza del agente mediante la aceptación de una forma semejante a la forma del mismo agente. Por eso Santo Tomás, para mostrar que el agente se dice fin del efecto en cuanto el efecto tiende a la semejanza del agente, adujo como señal que la forma del generado es fin de la generación.

Tercio . Según esto todas las cosas tienen el ser en cuanto se asimilan a Dios, que es el esse subsistens. Luego todas apetecen como a último fin asimilarse a Dios. — Se prueba la consecuencia. Porque todas las cosas apetecen naturalmente el ser. Lo cual es patente, porque a los que las corrompen resisten naturalmente; y tienden allí donde han de conservarse.

II. En torno a esta proposición, Todas las cosas apetecen naturalmente el ser, se duda. Pues algunos parecen apetecer no ser: como es patente en los que voluntariamente se dan muerte. Y en los condenados, de los cuales se dice en Apoc. ix , Desearán los hombres morir, y huirá de ellos la muerte, aparece el deseo de no ser. Luego no parece verdadero que todas las cosas apetezcan naturalmente el ser: pues el apetito no puede dirigirse a lo opuesto de lo que naturalmente es apetecido.

III. Para la evidencia de esta dificultad, que ciertamente no es pequeña, primero hay que declarar cómo puede ser apetecido el no ser; después hay que responder a la duda .

Debe saberse, pues, primero que, como nada tiene razón de apetecible sino por razón del bien, el ser no tiene que sea apetecido sino en cuanto tiene razón de bien. Pero como se dice en Prima, q. v, a. 1; y Verit., q. xxi, a. 5; y q. xxii, a. 1, ad 7, según el ser substancial no se dice algo simpliciter y absolutamente bueno, sino sólo secundum quid; según las perfecciones sobreañadidas, en cambio, se dice simpliciter bueno. De lo cual se sigue que el ser substancial es apetecible simpliciter y absolutamente si está unido a las debidas perfecciones; pero tomado per se es apetecible sólo secundum quid. Se sigue también que el mismo ser humano, unido a la privación de las debidas perfecciones, que es el ser en tristezas o en maldad, o sea miseria , es simpliciter y absolutamente malo, como se dice en Verit., q. xxii, en el lugar alegado, como opuesto al bien simpliciter, aunque secundum quid sea bueno. Y por eso debe huirse simpliciter, aunque sea secundum quid apetecible. De donde dice el Filósofo en IX Ethic. , que a todos les es deleitable el ser, pero no hay que tomar una vida mala y corrompida, y la que está en tristezas.

  1. En segundo lugar debe atenderse, por la doctrina de Santo Tomás en aquella respuesta ad 7, que, como carecer del mal es un bien, como se dice en V Ethicorum , al apetecer es de la misma razón el ser bueno y el ser ablativo y corruptivo del mal. Semejantemente, al huir y detestar es de la misma razón el ser malo y el ser corruptivo del bien. Pues así como se apetece el bien, así se apetece la ablación y remoción del mal; y así como alguien huye y detesta el mal, así huye y detesta la remoción o corrupción del bien. De donde también aquí se dice que los corruptibles naturalmente resisten a los que los corrompen. De lo cual se infiere que el no ser, en cuanto remueve el mal, tiene razón de bien y es apetecible; pero en cuanto remueve el bien, no es bueno, sino que tiene razón de mal, y consecuentemente no es apetecible, sino de huir y detestar. De donde, puesto que el ser con miseria y tristezas, que es el ser unido a la privación de las debidas perfecciones, es simpliciter malo y de huir, aunque secundum quid sea bueno, es decir, por razón del mismo ser; el no ser, en cuanto es ablativo y remueve la vida mísera y penal, es simpliciter bueno, y hablando simpliciter y absolutamente, es elegible; aunque sea malo secundum quid y de huirse secundum quid, en cuanto quita el ser substancial. Pero porque el ser, considerado según sí, es un cierto bien, el no ser, en cuanto quita el ser, es malo y de huir.

Por esto se hace patente el sentido de lo que se dice en la Prima Parte, q. v, a. 2, ad 3; y en IV Sent., d. l, q. ii, a. 1 , cuando se dice que el no ser según sí no es apetecible, sino que es apetecible per accidens en cuanto es ablativo de la vida penal y mísera. Se entiende, en efecto, que el mismo no ser considerado solitariamente y según su propia razón, en cuanto es pura negación del ser, no es apetecible, puesto que no tiene razón alguna de bien, sino que es sólo privación y remoción del bien: pero según que a su razón va unida esta razón, a saber, que es ablativo de la vida mísera y penal, así es apetecible, porque bajo esa razón tiene razón de bien, como quedó patente.

  1. En tercer lugar debe atenderse que apetecer el no ser puede ser a veces según la recta razón, y a veces contra la recta razón. Si, en efecto, el mal que alguien huye, y que por el no ser es removido, es en verdad simpliciter malo, y de huir simpliciter y absolutamente, como es el mal y la miseria de los condenados, puede apetecerse según la recta razón el no ser, en cuanto es ablativo y remueve tal mal. Y esto parece intentar Santo Tomás en IV Sent., en el lugar prealegado. Puesto que, al decir, respondiendo a la cuestión que planteó, si los condenados pueden apetecer el no ser según la recta razón y deliberativa, que pueden elegir el no ser según la razón deliberativa, porque esto es para ellos mejor que el ser, es patente que habla de la recta razón: de otro modo no satisfaría lo preguntado.

Pero si no es simpliciter y absolutamente malo, como absolutamente de huir, sino sólo según la falsa estimación de alguno, entonces no puede apetecerse según la recta razón el no ser en cuanto remueve tal mal. Pues quien por la pérdida del dinero se ahorca, elige el no ser, pero no según la recta razón: porque éste estima que la carencia de dineros es un mal simpliciter y el sumo mal absolutamente de huir, por cuanto constituye el último fin en la posesión del dinero; y sin embargo en verdad no es así. Semejantemente sucede con los otros que por falsa estimación de algún mal apetecen el no ser.

  1. Se tiene, pues, de lo dicho, primero, que el no ser, per se y solitariamente considerado, no es apetecible: porque de ningún modo es bien.

Se tiene, segundo, que el no ser es apetecible per accidens, en cuanto remueve algún mal: porque así es un bien per accidens, es decir, por razón de la remoción del mal, la cual remoción del mal es un cierto bien.

Se tiene, tercero, que el no ser, en cuanto remueve el mal, es apetecible según la recta razón si el mal del cual es remoto es simpliciter malo y absolutamente de huir, como es el pecado y la pena de los condenados.

Se tiene, cuarto, que, si el mal que por el no ser es quitado no es simpliciter malo ni absolutamente de huir, como es la pérdida de los dineros, así el no ser, en cuanto remueve tal mal, no es según la recta razón elegible.

V. Pero de lo dicho resulta una duda. Pues parece que de ningún modo puede el no ser ser más apetecido que el ser bajo cualquier mal. Porque aquello es más apetecible que más tiene de la razón de bien. Pero el ser en tristezas o miseria tiene algo de la razón de bien: pues incluye el mismo ser substancial, que es algún bien. Pero el no ser absolutamente, bajo cualquier razón que se considere, no tiene razón alguna de bien, porque no pone ningún ser. Luego es más de elegir el ser bajo la miseria que absolutamente no ser. Y por consiguiente de ningún modo debe apetecerse el no ser.

Se confirma también por la autoridad de Agustín, en De Libero Arbitrio . Dice, en efecto: Considera cuánto bien es el ser, que quieren tanto los bienaventurados como los miserables. Pues mayor es ser y ser mísero, que absolutamente no ser.

  1. Para remover esta dificultad debe considerarse que, puesto que el no ser, bajo cualquier razón negativa considerado, como tal, no tiene razón de bien ni de apetecible, por cuanto la razón del bien se funda en el ser; es necesario, para que él, considerado bajo razón negativa, tenga razón de bien, que se resuelva en algún ser y bien, por razón del cual él sea bien y apetecible. Y por eso dice Santo Tomás, en la Prima Parte, en el lugar prealegado , que el no ser no es bien y apetecible sino per accidens, es decir, en cuanto es apetecido cierto ser del cual el hombre no consiente ser privado. En efecto, cuatro cosas concurren en el mismo apetito del no ser: la primera es algún ser y bien apetecido, por ejemplo la felicidad; la segunda es el mal por el cual se es privado de tal ser, por ejemplo la miseria; la tercera es la remoción de tal mal, por ejemplo de la miseria; la cuarta es el no ser, que es apetecido en cuanto con él está la remoción de tal mal. El no ser, pues, en cuanto remueve el mal, tiene razón de bien y de apetecible: pero esto le conviene originariamente por razón de aquel ser que es primeramente apetecido, que es bien per se y apetecible. De donde, aunque el absolutamente no ser, como tal, no sea bien y apetecible; y el ser bajo la miseria tenga algo de bondad: sin embargo el no ser, en cuanto remueve el mal, incluye algún bien, por razón del cual la remoción del mal se apetece fundamental y originariamente.

  2. A la duda, pues, se niega que el ser bajo miseria y tristezas tenga más de la razón de bien que el no ser en cuanto remueve la miseria. En prueba de ello, se niega que el no ser, en cuanto remueve la miseria, no tenga razón alguna de bien ni diga ningún ser. Aunque, en efecto, el no ser por razón de la negación, en cuanto es precisamente negación, no ponga ningún ser, fundamentalmente, sin embargo, y radicalmente pone algún ser, por ejemplo la felicidad, por razón de la cual se repele el ser bajo la miseria, y se apetece el no ser como remueve la vida mísera. Por lo cual dice Santo Tomás en el Cuarto, ubi supra , que el no ser, aunque sea máximamente malo en cuanto priva del ser, sin embargo es un valiosísimo bien en cuanto priva de la miseria, que es el máximo de los males. De donde aquello que dijo nuestro Salvador, Matth. xxvi , de Judas, Le hubiera sido mejor a aquel hombre no haber nacido, se entiende que el mismo no ser de Judas le hubiera sido per accidens mejor que el ser, es decir, por razón del mal que por el no ser hubiera sido removido si no hubiera nacido; cuya remoción del mal, ciertamente, es máximamente de apetecer, en cuanto el mismo mal, a saber, la eterna condenación, se opone a la felicidad, que es máximamente apetecible. — Este dicho del Salvador tiene también otras exposiciones, pero de ellas nada al propósito.

A Agustín se responde primero, por la doctrina de Santo Tomás en el Cuarto, en el lugar alegado , que entiende que el no ser no puede ser elegido per se, sino sólo per accidens del modo dicho.

Se responde segundo, que mayor es el ser y ser mísero que absolutamente no ser, si el no ser se toma per se, es decir, por sola la negación del ser. Pero si se co-entiende con tal no ser la amoción del mal opuesto a aquel bien que es origen y fundamento del apetecer el no ser, así el absolutamente no ser es mayor y más apetecible, por razón de aquel ser que es raíz y fundamento de la apetición de este modo.

VI. Pero queda aún una duda. Pues según esta respuesta, no se apetece la remoción del mal que concomita el no ser, sino porque se apetece el bien que a aquel mal se opone. Pero esto no parece verdadero en el que apetece el no ser. Porque todo ser accidental presupone el ser substancial; y removido el ser substancial, todo otro ser es removido. Luego, si alguno apetece el no ser en la naturaleza de las cosas, no apetece ningún otro ser, por razón del cual apetezca el no ser. Luego es falso que el no ser absolutamente incluya algún ser por razón del cual se apetece el no ser.

Se responde que no decimos así que el no ser sea apetecible per accidens por razón de algún ser apetecido del cual el hombre no consiente ser privado, como se dice en la Prima Parte , como si el apetito se dirigiera a la simultánea posesión de ambos, es decir, que alguno apetezca que le convengan a la vez el absolutamente no ser y algún ser, pues esto sería apetecer contradictorios: sino que se entiende que algún ser que es amado, y del cual el hombre no consiente ser privado, es raíz y fundamento de por qué el no ser es apetecible. En efecto, por el hecho de que alguno ama sumamente la felicidad, detesta sumamente la miseria, por la cual es privado de la felicidad, y no consiente ser perpetuamente mísero y privado de la felicidad; y por eso, cuando ve que no puede evadir la miseria y la privación de la felicidad sino por el no ser, apetece el no ser, por el cual evada aquel mal que sumamente detesta. Y así es patente que el ser y el bien son la razón y fundamento de la apetición del no ser: pues el no ser es apetecible en cuanto remueve el mal; pero la remoción del mal es apetecible en cuanto el mismo mal es tenido en odio; pero el mal es tenido en odio por cuanto el bien opuesto es apetecido y amado. De donde hay ciertamente simultaneidad en la apetición del no ser y de la felicidad, pero no apetición de la simultaneidad de ellos.

VII. De éstos es patente lo que corresponde a la duda principal . Se dice, en efecto, que el dicho de Santo Tomás, que es también de Aristóteles, en IX Ethicorum, a saber, que todas las cosas apetecen naturalmente el ser, se entiende del ser completo con las perfecciones convenientes y debidas, como él mismo expone en IV Sent., en el lugar prealegado .

Se entiende también del apetito per se. A éste, sin embargo, no repugna que algunos apetezcan el no ser per accidens, en cuanto remueve el mal que priva del ser naturalmente deseado.

VII. Cuarto . Todas las criaturas son imágenes del primer agente, es decir, de Dios. Luego son tales para alcanzar su semejanza como para el último fin. — Se prueba el antecedente. Porque todo agente obra algo semejante a sí. — También se prueba la consecuencia. Porque para esto es constituida la imagen: para representar su ejemplar por la semejanza con él.

Quinto. En tanto algo participa del bien, en cuanto se asimila a la bondad primera, que es Dios. Luego todas las cosas por sus movimientos y acciones tienden a la semejanza divina. — Se prueba la consecuencia. Porque toda cosa por su movimiento o acción tiende a algún bien como a fin.

Debe advertirse, por la doctrina de Santo Tomás en Prima, q. vi, a. 4; y Verit. q. xxi, a 4, que las cosas no se dicen de este modo buenas en orden a Dios como si se denominaran buenas sólo por el respecto a la bondad divina, como la medicina se dice sana en orden a la salud del animal: sino porque tienen en sí mismas la bondad que es cierta semejanza de la bondad divina. De donde, cuando aquí se dice que en tanto algo participa del bien, en cuanto se asimila a la bondad primera, se entiende en este sentido: que cada cosa en tanto es buena, en cuanto tiene forma y bondad intrínseca que es cierta semejanza de la bondad divina.

Caput XIX: Quomodo Res Imitentur Divinam Bonitatem

Caput XX: Quod Res Intendunt Naturaliter Assimilari Deo in Hoc quod est Causa

Caput XXI: Quomodo Diversimode Res Ordinantur in Suos Fines

Caput XXII: Quod Motus Caeli est a Principio Intellectivo

Caput XXIII: Quomodo Appetunt Bonum Etiam quae Cognitione Carent

Caput XXIV: Quod Intelligere Deum est Finis Omnis Intellectualis Substantiae

Caput XXV: Utrum Felicitas Consistat in Actu Voluntatis

Caput XXVI: Quod Felicitas Humana non Consistit in Delectationibus Carnalibus

Caput XXVII: Quod Felicitas non Consistit in Honoribus

Caput XXVIII: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Gloria

Caput XXIX: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Divitiis

Caput XXX: Quod Felicitas non Consistit in Potentia Mundana

Caput XXXI: Quod Felicitas non Consistit in Bonis Corporis

Caput XXXII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Sensu

Caput XXXIII: Quod Ultima Hominis Felicitas non Consistit in Actibus Virtutum Moralium

Caput XXXIV: Quod Ultima Felicitas non Sit in Actu Prudentiae

Caput XXXV: Quod Felicitas non Consistit in Operatione Artis

Caput XXXVI: Quod Ultima Felicitas Hominis Consistit in Contemplatione Dei

Caput XXXVII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Communiter Habetur a Pluribus

Caput XXXVIII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Habetur per Demonstrationem

Caput XXXIX: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae est per Fidem

Caput XL: Utrum in Hac Vita Homo Possit Intelligere Substantias Separatas per Studium et Inquisitionem Scientiarum Speculativarum

Caput XLI: Quod non Possumus in Hac Vita Cognoscere Substantias Separatas sicut Ponit Alexander

Caput XLII: Quod non Possumus in Hac Vita Intelligere Substantias Separatas sicut Ponit Averroes

Caput XLIII: Quod Ultima Felicitas Hominis non Consistit in Cognitione Substantiarum Separatarum Qualem Praedictae Opiniones Fingunt

Caput XLIV: Quod non Possumus in Hac Vita Intelligere Substantias Separatas

Caput XLV: Quod Anima in Hac Vita non Intelligit Seipsam per Seipsam

Caput XLVI: Quod non Possumus in Hac Vita Videre Deum per Essentiam

Caput XLVII: Quod Ultima Hominis Felicitas non Sit in Hac Vita

Caput XLVIII: Quod Substantiae Separatae non Vident Deum per Essentiam ex Hoc quod Cognoscunt eum per Suam Essentiam

Caput XLIX: Quod in Naturali Cognitione Quam Habent Substantiae Separatae de Deo non Quiescit Earum Naturale Desiderium

Caput L: Quomodo Deus per Essentiam Videatur

Caput LI: Quod Nulla Creata Substantia Potest Sua Naturali Virtute Pervenire ad Videndum Deum per Essentiam

Caput LII: Quod Intellectus Creatus Indiget Aliqua Influentia Divini Luminis ad Hoc ut Deum per Essentiam Videat

Caput LIII: Rationes Quibus Videtur Probari quod Deus non Possit Videri per Essentiam, et Solutiones Earum

Caput LIV: Quod Intellectus Creatus non Comprehendit Divinam Substantiam

Caput LV: Quod Nullus Intellectus Creatus, Videndo Deum, Videt Omnia quae in Eo Videri Possunt

Caput LVI: Quod Omnis Intellectus, Cuiuscumque Gradus, Particeps esse Potest Divinae Visionis

Caput LVII: Quod Unus Alio Perfectius Deum Videre Potest

Caput LVIII: Quomodo Videntes Divinam Substantiam Omnia Vident

Caput LIX: Quod Videntes Deum Omnia Simul Vident in Ipso

Caput LX: Quod per Visionem Dei Aliquis Fit Particeps Vitae Aeternae

Caput LXI: Quod Videntes Deum in Perpetuum eum Videbunt

Caput LXII: Qualiter in Illa Ultima Felicitate Omne Desiderium Hominis Completur

Caput LXIII: Quod Deus Sua Providentia Gubernat Res

Caput LXIV: Quod Deus Conservat Res in esse

Caput LXV: Quod Nihil Dat esse Nisi Inquantum Agit in Virtute Divina

Caput LXVI: Quod Deus est Causa Operandi Omnibus Operantibus

Caput LXVII: Quod Deus est Ubique

Caput LXVIII: De Opinione Eorum qui Rebus Naturalibus Proprias Subtrahunt Actiones

Caput LXIX: Quomodo Idem Effectus Sit a Deo et a Natura Agente

Caput LXX: Quod Divina Providentia non Excludit Totaliter Malum a Rebus

Caput LXXI: Quod Divina Providentia non Excludit Contingentiam a Rebus

Caput LXXII: Quod Divina Providentia non Excludit Arbitrii Libertatem

Caput LXXIII: Quod Divina Providentia non Excludit Fortunam et Casum

Caput LXXIV: Quod Providentia Dei Sit Singularium Contingentium

Caput LXXV: Quod Providentia Dei Sit Omnium Singularium Immediate

Caput LXXVI: Quod Executio Divinae Providentiae Fit Mediantibus Causis Secundis

Caput LXXVII: Quod Mediantibus Creaturis Intellectualibus Aliae Creaturae Reguntur a Deo

Caput LXXVIII: Quod Substantiae Intellectivae Inferiores Reguntur per Superiores

Caput LXXIX: De Ordinatione Angelorum ad Invicem

Caput LXXX: De Ordinatione Hominum ad Invicem et ad Alia

Caput LXXXI: Quod Inferiora Corpora Reguntur a Deo per Corpora Caelestia

Caput LXXXII: Epilogus Praedictorum

Caput LXXXIII: Quod Corpora Caelestia non Imprimant in Intellectus Nostros

Caput LXXXIV: Quod Corpora Caelestia non sunt Causae Voluntatum et Electionum Nostrarum

Caput LXXXV: Quod Corporales Effectus in Istis Inferioribus non Sequuntur ex Necessitate a Corporibus Caelestibus

Caput LXXXVI: Quod Motus Caelestis Corporis non Sit Causa Electionum Nostrarum ex Virtute Animae Moventis, ut Quidam Dicunt

Caput LXXXVII: Quod Substantiae Separatae Creatae non Possunt esse Causa Directe Electionum et Voluntatum Nostrarum, sed Solus Deus

Caput LXXXVIII: Quod Motus Voluntatis Causatur a Deo, et non Solum Potentia Voluntatis

Caput LXXXIX: Quod Electiones et Voluntates Humanae Subduntur Divinae Providentiae

Caput XC: Quomodo Res Humanae ad Superiores Causas Reducantur

Caput XCI: Quomodo Dicitur Aliquis Bene Fortunatus, et Quomodo Adiuvatur Homo ex Superioribus Causis

Caput XCII: De Fato: an Sit, et Quid Sit

Caput XCIII: De Certitudine Divinae Providentiae

Caput XCIV: Quod Immobilitas Divinae Providentiae Utilitatem Orationis non Excludit

Caput XCV: Quod Deus non Omnes Orationes Exaudit

Caput XCVI: Quomodo Dispositio Providentiae Habeat Rationem

Caput XCVII: Quomodo Deus Possit Facere Praeter Ordinem Suae Providentiae, et Quomodo non

Caput XCVIII: Quod Deus Potest Operari Praeter Ordinem Rebus Inditum, Producendo Effectus absque Causis Proximis

Caput XCIX: Quod Ea quae Deus Facit Praeter Naturae Ordinem non sunt contra Naturam

Caput C: De Miraculis

Caput CI: Quod Solus Deus Facit Miracula

Caput CII: Quod Substantiae Spirituales Aliqua Mirabilia Operantur, quae tamen non sunt Vere Miracula

Caput CIII: Quod Opera Magorum non sunt Solum ex Impressione Caelestium Corporum

Caput CIV: Unde Magorum Operationes Efficaciam Habeant

Caput CV: Quod Substantia Intellectualis quae Praestat Efficaciam Magicis Operibus, non est Bona secundum Virtutem

Caput CVI: Quod Substantia Intellectualis Cuius Auxilio Magicae Artes Utuntur, non est Mala secundum Suam Naturam

Caput CVII: Rationes Quibus Probari Videtur quod in Daemonibus non Possit esse Peccatum

Caput CVIII: Quod in Daemonibus Possit esse Peccatum, et Qualiter

Caput CIX: Solutio Praemissarum Rationum

Caput CX: Quod Speciali Quadam Ratione Creaturae Rationales Divinae Providentiae Subduntur

Caput CXI: Quod Creaturae Rationales Gubernantur propter Seipsas, Aliae Vero in Ordine ad Eas

Caput CXII: Quod Rationalis Creatura Dirigitur a Deo ad Suos Actus non Solum secundum Ordinem ad Speciem, sed Etiam secundum quod Congruit Individuo

Caput CXIII: Quod Divinitus Hominibus Leges Dantur

Caput CXIV: Quod Lex Divina Principaliter Hominem Ordinat in Deum

Caput CXV: Quod Finis Legis Divinae est Dilectio Dei

Caput CXVI: Quod Divina Lege Ordinamur ad Dilectionem Proximi

Caput CXVII: Quod per Divinam Legem Homines ad Rectam Fidem Obligantur

Caput CXVIII: Quod per Quaedam Sensibilia Mens Nostra Dirigitur in Deum

Caput CXIX: Quod Latriae Cultus Soli Deo est Exhibendus

Caput CXX: Quod Divina Lex Ordinat Hominem secundum Rationem circa Corporalia et Sensibilia

Caput CXXI: Qua Ratione Fornicatio Simplex secundum Legem Divinam Sit Peccatum: et quod Matrimonium Sit Naturale

Caput CXXII: Quod Matrimonium Debet esse Indivisibile

Caput CXXIII: Quod Matrimonium Debeat esse Unius ad Unam

Caput CXXIV: Quod Matrimonium non Debet Fieri inter Propinquos

Caput CXXV: Quod non Omnis Carnalis Commixtio est Peccatum

Caput CXXVI: Quod Nullus Cibi Usus est Peccatum secundum se

Caput CXXVII: Quomodo secundum Legem Dei Homo Ordinatur ad Proximum

Caput CXXVIII: Quod in Actibus Humanis sunt Aliqua Recta secundum Naturam, et non Solum Quasi Lege Posita

Caput CXXIX: De Consiliis quae Dantur in Lege Divina

Caput CXXX: De Errore Impugnantium Voluntariam Paupertatem

Caput CXXXI: De Modis Vivendi Eorum qui Voluntariam Paupertatem Sequuntur

Caput CXXXII: Quomodo Paupertas Sit Bona

Caput CXXXIII: Solutio Rationum Supra Inductarum contra Paupertatem

Caput CXXXIV: Solutio Eorum quae Obiiciebantur contra Diversos Modos Vivendi Eorum qui Assumunt Voluntariam Paupertatem

Caput CXXXV: De Errore Eorum qui Perpetuam Continentiam Impugnant

Caput CXXXVI: Contra eos qui Matrimonium Virginitati Aequabant

Caput CXXXVII: Contra Eos qui Vota Impugnant

Caput CXXXVIII: Quod neque Merita neque Peccata Sint Paria

Caput CXXXIX: Quod Actus Hominis Puniuntur vel Praemiantur a Deo

Caput CXL: De Differentia et Ordine Poenarum

Caput CXLI: Quod non Omnia Praemia et Poenae sunt Aequales

Caput CXLII: De Poena quae Debetur Peccato Mortali et Veniali per Respectum ad Ultimum Finem

Caput CXLIII: Quod per Peccatum Mortale Ultimo Fine Aliquis in Aeternum Privatur

Caput CXLIV: Quod Peccata Puniuntur Etiam per Experientiam Alicuius Nocivi

Caput CXLV: Quod Iudicibus Licet Poenas Inferre

Caput CXLVI: Quod Homo Indiget Divino Auxilio ad Beatitudinem Consequendam

Caput CXLVII: Quod per Auxilium Divinae Gratiae Homo non Cogitur ad Virtutem

Caput CXLVIII: Quod Divinum Auxilium Homo Promereri non Potest

Caput CXLIX: Quod Praedictum Auxilium Gratia Nominatur. et Quid Sit Gratia Gratum Faciens

Caput CL: Quod Gratia Gratum Faciens Causat in Nobis Dilectionem Dei

Caput CLI: Quod Divina Gratia Causat in Nobis Fidem

Caput CLII: Quod Divina Gratia Causat in Nobis Spem

Caput CLIII: De Donis Gratiae Gratis Datae. in Quo de Divinationibus Daemonum

Caput CLIV: Quod Homo Indiget Divino Auxilio ad Perseverandum in Bono

Caput CLV: Quod Ille qui Decidit a Gratia per Peccatum, Potest Iterum per Gratiam Reparari

Caput CLVI: Quod Homo a Peccato Liberari non Potest Nisi per Gratiam

Caput CLVII: Qualiter Homo a Peccato Liberatur

Caput CLVIII: Quod Rationabiliter Homini Imputatur si ad Deum non Convertatur, Quamvis Hoc sine Gratia non Possit

Caput CLIX: Quod Homo in Peccato Existens sine Gratia Peccatum Vitare non Potest

Caput CLX: Quod Deus Aliquos a Peccato Liberat, et Aliquos in Peccato Relinquit

Caput CLXI: Quod Deus Nemini est Causa Peccandi

Caput CLXII: De Praedestinatione, Reprobatione, et Electione Divina

↑ Top of work