Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber III

Francesco Silvestri

Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber III

Francesco Silvestri (1474–1528)

Commentaria in Summam contra Gentiles

First published 1926

In Book III of the Commentaria in Summam contra Gentiles, Francesco Silvestri of Ferrara (Ferrariensis) expounds Aquinas's account of providence, human happiness, moral action, and divine grace. The commentary accompanies the Leonine text in volume XIV (1926). The present digital edition includes the Latin text and an English translation.


Prooemium

Caput I: Quod Omne Agens Agit propter Finem

Caput II: Quod Omne Agens Agit propter Bonum

Caput III: Quod Malum est Praeter Intentionem in Rebus

Caput IV: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum non Sit Praeter Intentionem

Caput V: Solutio Rationum Praemissarum

I bis. Puestas las objeciones contra la determinación hecha antes, pasa el Santo Tomás a su solución, por su orden .

Para la solución de la primera razón, sin embargo, antepone cuatro cosas.

La primera es que la razón de mal en alguna substancia está en la privación estricta y propiamente tomada, es decir, la de aquello que es nato para tener y debe tener, mas no en la privación de aquello que no es nato para tener o no debe tener: así, para el hombre es un mal no tener manos, mas no no tener alas, o no tener cabellos rubios.

La segunda es que la privación de la forma, comparada con la materia, no es mal de ésta, sino que sí es mal de la naturaleza de la cual es forma: así, la privación de la forma del fuego es mal del fuego, mas no de la materia. Porque, aunque la materia sea nata para tener todas las formas, ninguna, sin embargo, le es debida, ya que sin cualquiera de ellas puede estar en acto perfecta; pero cada una de ellas es debida a alguno de los compuestos de la materia.

La tercera es que, como ni las privaciones ni los hábitos y formas se dicen ser sino según que están en un sujeto, si la privación es mal por comparación con el sujeto en que está, será un mal simpliciter; y si no, será un mal no simpliciter, sino de algo.

La cuarta es que el mal de la acción es la privación del orden o de la conmensuración debida en la acción, cuando y según que debe inherir. Y tal privación es simpliciter mal: porque a toda acción le es debido algún orden y alguna conmensuración.

II. Para evidencia de lo primero y segundo dicho, adviértase que se dice debido a alguien aquello que se requiere para su integridad y perfección, de modo que sin ello no se dice perfecto según su especie en la naturaleza. Y esto puede pertenecer tanto a la esencia de la substancia como también a algún complemento y perfección accidental: pues al hombre le es debido tener alma racional; y tener manos, si ha de decirse hombre perfecto en la naturaleza. Y por eso la privación de esto se dice mal del hombre: pues el hombre carente de manos es imperfecto, y así se dice que algún mal está en él.

  1. Para evidencia de lo tercero dicho, ha de considerarse que, como la forma tiene razón de bien en cuanto da el esse, como se dice en la Prima, qu. v , la privación a ella opuesta tiene razón de mal en cuanto quita algún esse. Por eso, para ver cómo el que un sujeto esté bajo privación es un mal simpliciter o no simpliciter, hay que atender al modo como la forma y la privación se han con el esse mismo. Por ello el Santo Tomás, para mostrar cómo se dice algo mal simpliciter, toma el modo de ser de la privación y del hábito a ella opuesto.

Porque, en efecto, la forma a la que se opone la privación, como tal, y la privación no tienen esse sino en un sujeto, hablando con sano sentido de la privación, —pues se dice que tiene esse en el sujeto porque niega al sujeto la forma y el esse, y no porque ella propiamente tenga esse; ya que la privación, incluso comúnmente tomada, es carencia de forma en algún sujeto—, por eso, según cómo se halle de diverso modo respecto del sujeto, así de diverso modo el que el sujeto esté bajo tal privación es mal. Cuando, en efecto, priva al sujeto en que está de la forma debida a ese sujeto, entonces es mal del sujeto; y por eso es mal, absolutamente hablando, que el sujeto esté bajo tal privación, así como, absolutamente hablando y sin otra adición, es mal que el hombre no tenga mano, pues carecer de mano es mal en comparación con el hombre. Cuando, en cambio, no priva al sujeto de la forma a él debida, entonces no es mal simpliciter que el sujeto esté bajo tal privación, ya que esa privación no es mal en cuanto se compara con aquel sujeto: pues se dice mal de algo simpliciter aquello que, comparado con él mismo, es mal, mas no lo que es mal comparado con otro; así también se dice bien de algo simpliciter aquello que es bueno en comparación con él, mas no lo que es bueno sólo en comparación con otro. Puede, sin embargo, ser mal de algo: así, como carecer de la forma substancial del aire no es mal de la materia, pues no quita la forma debida a la materia, según lo predicho, que la materia carezca de la forma del aire no es absolutamente un mal, sino que es mal del aire, porque por el hecho de que la materia no tiene la forma del aire se quita la naturaleza del aire.

III. Supuestas estas cosas, responde el Santo Tomás a la objeción hecha . En cuanto, en efecto, a las cosas naturales, se dice primero que no todo lo que es fuera de la intención es casual y en los casos menos numerosos. Pues la corrupción natural y alguna privación, que están fuera de la intención del generante, siguen siempre a la generación; aunque la privación a veces no sea un mal simpliciter, sino de algo, como se ha dicho.

Se dice segundo que no es universalmente verdadero que el mal sea en la mayoría de los casos. Pues la privación que priva al generado de algo debido es simpliciter un mal y casual, como cuando nacen partos monstruosos: pues esto no se sigue necesariamente de aquello que se intenta, sino que le repugna.

Se dice tercero que el mal de la acción se sigue del defecto de la virtud activa, y está fuera de la intención del agente que tiene virtud defectiva. Mas no es casual cuando el agente, o siempre o frecuentemente, padece tal defecto, porque se sigue necesariamente de un agente así deficiente; y es casual cuando tal defecto rara vez acompaña al agente.

  1. En cuanto a las cosas voluntarias, se dice primero que a veces el mal no es casual y a veces sí lo es. Cuando, en efecto, el bien particular que se intenta en la acción tiene unida privación del bien según la razón, o siempre o frecuentemente, como a la delectación intentada por el uso de la mujer de otro le está unida la inordenación del adulterio, el mal no se sigue casualmente; cuando, en cambio, el pecado se sigue en los casos menos numerosos, el mal es casual: como cuando alguien, arrojando algo a un ave, mata a un hombre.

Se dice segundo que, por eso, se intentan en la mayoría de los casos bienes de esta clase a los cuales se siguen privaciones del bien de la razón, porque más viven según el sentido, ya que lo sensible particular, en lo que está la operación, nos es más manifiesto y mueve más eficazmente; pero a más bienes sensibles sigue la privación del bien según la razón.

IV. Para evidencia de lo que aquí se dice, a fin de saber cuándo el mal acaece en la mayoría o en los casos menos numerosos, primero hay que ver cómo esto se da en las cosas naturales; segundo, cómo en las voluntarias .

En cuanto a lo primero, hay que saber, por la doctrina del Santo Tomás Prima, q. LXIII, a. 9, ad 1; Pot., q. III, a. 6, ad 5; II Sent., d. I, q. 1, a. 1, ad 3, y d. XXXIV, a. 3, ad 2, que en las cosas naturales el mal puede considerarse o respecto de toda la naturaleza, o respecto de alguna especie determinada en la naturaleza. Sea considerado el mal de uno u otro modo, está en los casos menos numerosos. Respecto, en efecto, de toda la naturaleza, es evidente: porque está sólo en las cosas corruptibles, las cuales, si se consideran bajo la razón de cantidad continua, son mucho menores que los cuerpos celestes; pues todos los cuerpos corruptibles tomados juntos son de mucho menor cantidad que los cuerpos celestes. Respecto también de la especie determinada es evidente: porque la acción acaece siempre según la naturaleza, a no ser que se impida; y rara vez acaece el impedimento. De donde vemos que los monstruos acaecen en la naturaleza por la parte menor.

Hábase atención, sin embargo, a que, aunque el defecto de la naturaleza y de sus operaciones acaezca por la parte menor en toda una especie, en algún singular, no obstante, puede acaecer el defecto de la acción por la parte mayor, por defecto de la virtud o del instrumento: como aparece en el cojo y en el que genera hijos monstruosos por la parte mayor. Y en este sentido se entiende lo que dice en este lugar el Santo Tomás: que el mal sigue siempre o frecuentemente en las cosas naturales al agente, es decir, al singular, que o siempre o frecuentemente padece defecto de virtud.

V. En cuanto a lo segundo , se dice primero que en los ángeles el mal fue en los casos menos numerosos. Porque por la parte mayor siguió la operación según la conveniencia de la naturaleza, la cual en ellos es sólo una e intelectual: así como también la acción natural por la parte mayor sigue según la naturaleza.

  1. Se dice segundo que en los hombres, considerada toda la naturaleza de la especie en cuanto a los factibles, el mal está en los casos menos numerosos: porque el arte opera al modo de la naturaleza, y así falla en los casos menos numerosos, como la naturaleza.

Mas en cuanto a los agibles y morales, el mal está en la mayoría de los casos. Porque, como lo sensible particular se multiplica más, es noto a más y mueve más que lo delectable según la razón, siguen más los delectables según el sentido, que por la parte mayor tienen unida privación del bien de la razón. Por lo cual en ellos está el mal del hombre en cuanto es hombre, ya que el hombre es hombre por la razón y, en consecuencia, le es debido al hombre, en cuanto es hombre, obrar según la razón. Y en este sentido se entiende lo que dice Aristóteles en el libro II de los Tópicos, que el mal acae en la mayoría de los casos; y lo que en este lugar dice el Santo Tomás: que la razón por la cual más intentan bienes aquellos a los que se unen privaciones del bien de la razón es que más viven según el sentido

  1. Se dice tercero que, considerado un individuo y singular, si en él está la voluntad perfectada por hábitos de virtudes, el mal acae en los casos menos numerosos: porque el hábito inclina al modo de la naturaleza, que falla en los casos menos numerosos. Mas si la voluntad está deformada por hábitos de vicios, el mal acae en la mayoría de los casos: porque por hábitos de esta clase el hombre se conforma con los brutos, que por la parte mayor siguen el ímpetu de la naturaleza, como dice Boecio en el libro IV de la Consolación, prosa 3. Y así, como las operaciones que proceden del hábito de un vicio son mal del hombre en cuanto es hombre, por contrariar a la razón, se sigue que tal obra mal por la parte mayor. Si también la voluntad no está perfectada por hábito alguno, ya que, como tal, se tiene respecto de lo indiferente, y los males acaecen de más modos que los bienes, se inclina en más casos al mal que a aquello que es perfecta y totalmente bueno; supuesto, además, que la naturaleza esté viciada por el pecado.

  2. Se dice cuarto, según la mente del Santo Tomás en De Potentia, lugar alegado, que, aunque el mal, tanto de naturaleza como de costumbre, comparando los efectos con la causa común, acaezca a veces por la parte mayor, sea considerada la naturaleza en universal o en algún agente singular; si, sin embargo, los efectos se comparan con sus causas propias, nunca se halla el mal sino en los casos menos numerosos. Aunque, en efecto, el parto monstruoso, comparado con la virtud generativa, sea absolutamente un cierto mal de la naturaleza, en cuanto no sigue el orden de la naturaleza; comparado, sin embargo, con la virtud generativa deficiente de tal modo, no es mal, ya que es según la inclinación de su propio principio; mas el parto no monstruoso será mal de esa virtud así deficiente, porque acae fuera de su inclinación. Y como aquello acae raramente, se sigue que el efecto propio de esa causa falla por la parte menor, y así por la parte menor acae el mal, comparado con su causa propia. Semejantemente, la operación acerca de lo delectable según el sentido, comparada con el hombre absolutamente, es mala; comparada, sin embargo, con el apetito sensible y la naturaleza sensitiva, que es su causa propia, se halla buena, ya que es según la inclinación de tal naturaleza; así como también en los brutos que siguen el apetito sensible es buena. Por eso, en operaciones de esta clase acerca de lo sensible, en cuanto se refieren a la naturaleza sensitiva y al apetito sensible, el mal está en los casos menos numerosos, porque por la parte mayor convienen con el apetito sensible; aunque, en cuanto se refieren a la razón y al apetito racional, o al hombre absolutamente, por la parte mayor en ellas hay mal; según cuyo sentido arriba hemos hablado.

De esto es claro el entendimiento de lo que dice en este lugar el Santo Tomás, es decir, que el mal acae siempre o frecuentemente en las operaciones que provienen de un agente deficiente, cuando tales defectos siguen siempre o frecuentemente a la virtud del agente. Pues esto se entiende comparando la misma acción con la virtud del agente absolutamente, p. ej., el movimiento con la virtud motiva: porque entonces, si el defecto la acompaña por la parte mayor, se seguirá el mal de la acción por la parte mayor. Mas si la comparación de la acción se hiciera con la virtud en cuanto está bajo tal defecto, del modo como es causa propia de la acción deficiente, entonces tal acción no será mala como carente del orden debido: pues, en cuanto le proviene de una causa así deficiente, no le es debido tener la perfección de la que carece; así como tampoco es mal para el hombre carecer de la perfección de las alas, ya que tener alas no es debido a la integridad del hombre.

  1. Ha de atenderse, sin embargo, a que en toda esta digresión hablamos del mal simpliciter, según el sentido que el Santo Tomás aquí ha explicado, mas no del mal de otra cosa sólo . Porque si habláramos de mal de esta clase, a toda acción, tanto natural como voluntaria, sigue el mal por la parte mayor. Pues a la operación buena moralmente y según la razón la acompaña la privación del bien delectable según el sentido, la cual privación es mal del apetito sensitivo; y a la generación de la forma introducida la acompaña la privación de la forma desechada, la cual es mal de la naturaleza corrompida. Por eso dijo el Santo Tomás que el mal, así tomado, es decir, o siempre o por la parte mayor acae en las acciones, y no acae en los casos menos numerosos y por azar.

VI. A la segunda objeción se responde negando la consecuencia: porque el mal es voluntario y a la vez está fuera de la intención. Pues la intención es sólo del último fin, al que alguien quiere por sí; mas la voluntad es también de aquello que alguien quiere por otro, aun cuando simpliciter no lo quiera. Se muestra esto con el ejemplo del que arroja mercancías al mar causa de la salvación, donde la proyección de las mercancías es querida per accidens. Y semejantemente se dice que la malicia es querida no per se, sino per accidens: como cuando alguien quiere por un bien sensible la acción inordenada.

  1. Ha de atenderse, acerca de esta respuesta, que el Santo Tomás hace diferencia entre la intención de algo y su volición. Pues la voluntad y el apetito intentan aquello hacia lo que se inclinan por sí: porque la intención propiamente es acto del apetito acerca del fin; mas el fin, como tal, es querido por sí. Pero la volición es no sólo de aquello que queremos por sí, sino también de aquello que queremos por otro: así como queremos la salud y la medicina. Decir, por tanto, que el mal o la malicia no es intentado, sino que está fuera de la intención, y que sin embargo es querido per accidens, es decir que no es querido por sí, sino que sin embargo es querido por otro.

  2. Adviértase segundo que lo querido per accidens puede tomarse de dos maneras. De una, que escapa totalmente a la cognición del que quiere, y sin embargo está unido a lo querido per se: así, el que quiere beber lo dulce, ignorando que aquello sea veneno, se dice querer el veneno per accidens. Y tal se dice querido per accidens omnímodamente. — De otra, porque cae ciertamente bajo la cognición del que quiere, pero no lo quiere sino en cuanto quiere algún bien al que está unido; antes bien, si pudiera separar lo uno de lo otro, querría lo uno sin lo otro: así aquél que quiere arrojar las mercancías al mar causa de su salvación no quiere la proyección de las mercancías sino porque quiere su salvación, la cual no puede conseguir sin la pérdida de las mercancías; y si pudiera conseguir la salvación sin daño de las mercancías, no querría su pérdida.

Luego el mal nunca es querido por sí. Pero a veces es querido per accidens omnímodamente: así, cuando alguien quiere arrojar la flecha a un lugar por donde no suelen pasar los hombres, si acaece que, arrojando la flecha, mate a un hombre, se dice que quiso la muerte del hombre per accidens omnímodamente y de ningún modo per se, ni, digo, primero, ni secundariamente por otro. — A veces, en cambio, no es querido per accidens omnímodamente, como si no fuera conocida la fealdad y desorden del acto querido: sino que es querido per accidens en cuanto per accidens se distingue contra lo primero y per se, que es lo mismo que por otro; así, cuando alguien quiere conseguir la delectación que está en el adulterio, conociendo que le está unida la privación del orden de la justicia, quiere esa desordenación por la delectación, en cuanto quiere la delectación a la cual necesariamente está unido aquel mal, y más quiere incurrir en aquel mal que carecer de tal delectación. Y en este sentido dice el Filósofo que la malicia y el pecado a veces son voluntarios. Pues no sólo es voluntario aquello que queremos por sí mismo, sino también aquello que queremos por otro, aunque tomado en sí no fuera voluntario, como se dice en Iª IIae, q. VI, a. 6. Y por esto, como se dice en las Qq. de Malo, qu. 1, a. 3, ad 15, no se excusa el hombre en casos de esta clase del pecado, aunque el mal no sea intentado por sí: porque para que el mal le sea imputado basta que sea querido por otro, aunque no sea querido por sí.

Pero lo que dije, que la muerte del hombre por el arrojamiento de la flecha es querida per accidens omnímodamente por quien no considera que aquello debe acaecer, no contradice lo que dice el Santo Tomás en Malo, q. 1, a. 3, ad 15, a saber: mientras algún accidente se une al efecto en los casos menos numerosos y raramente, no es necesario que el agente que intenta el efecto per se intente de algún modo el efecto per accidens. Pues el Santo Tomás toma allí el efecto intentado per accidens cuando es intentado con cognición; mas no se dice intentado per accidens aquello que se une a lo intentado per se aunque no se conozca que está unido a su intento per se.

VII. A la tercera objeción responde que la privación no es intentada per se y por separado de la forma, sino per accidens, en cuanto se une a la forma, que es fin de la generación, así como la corrupción va siempre unida a la generación. Se declara con el ejemplo de la corrupción del agua y la generación del aire.

  1. Acerca de esta respuesta hay dos cosas que advertir. La primera es que intentio algunas veces se toma propiamente, y así es sólo acerca de aquello que es fin y está per se intentado; algunas veces, en cambio, se toma por la inclinación del apetito hacia cualquier cosa. Como, pues, aquí se dice que la naturaleza intenta ambos a la vez, es decir, el fin de la generación y el fin de la corrupción, la intención se toma comúnmente, mas no propiamente. Aunque sea un solo y mismo acto aquél por el cual algo se inclina hacia el fin y hacia lo que es para el fin, como tal, sin embargo, aquél se dice intención respecto del fin, mas no respecto de lo ordenado al fin. De donde no hay contradicción en las palabras del Santo Tomás, cuando en la respuesta precedente dijo que el mal no es intentado, sino sólo querido, y aquí en cambio dice que la privación, que es un cierto mal, es intentada juntamente con la forma: pues allí tomó la intención propiamente, aquí en cambio comúnmente. — O bien podemos decir que el mal no puede ser intentado por un acto propio terminado a él; pero sí puede ser intentado por un acto que termina en el bien al que el mal está unido.

  2. Adviértase segundo que tanto la naturaleza particular generante y corruptora como la universal intentan primero y per se la generación y la forma del generado; per accidens, en cambio, intentan la corrupción y la privación de la forma precedente en la materia, porque no puede haber generación sino por desechamiento de la forma precedente. Pues el aire obrando sobre el agua, y semejantemente la virtud celeste, intentan la generación del aire, como aquí se dice, absoluta y simpliciter; la corrupción del agua, en cambio, no la intentan sino porque va necesariamente unida a la generación del aire: pues si la naturaleza pudiera generar el aire sin corrupción de la otra naturaleza, lo haría. Por esto dice el Santo Tomás que la naturaleza no intenta el fin de la corrupción por separado del fin de la generación, sino que intenta ambos a la vez. — Que, sin embargo, el Santo Tomás diga a veces que la corrupción está en la intención de la naturaleza universal, pero es contra la naturaleza particular, ha de entenderse de la naturaleza particular que es corrompida: porque ni per se ni per accidens la naturaleza, en cuanto alcanza por la razón de su forma, intenta su propia corrupción. Mas no se entiende de la naturaleza que corrompe otra naturaleza mientras genera a sí semejante: tal, en efecto, como se ha dicho, con la generación intenta per accidens la corrupción, así como la naturaleza universal.

VIII. De estas respuestas deduce el Santo Tomás que es manifiesto que el mal simpliciter está omnímodamente fuera de la intención en las obras de la naturaleza; mas el mal no simpliciter, sino de algo, es intentado por la naturaleza según el accidente.

Para el entendimiento de lo que ha sido dicho, adviértase, por la doctrina del Santo Tomás en el Cuarto, d. xxxvi, q. 1, a. 1, ad 2, que es doble la intención de la naturaleza: una primera, otra segunda. La primera intención es la inclinación de la naturaleza absolutamente hacia lo semejante y conforme a sí según toda su perfección; la segunda, en cambio, es hacia lo semejante a sí en cuanto puede hacerse, supuesto que la primera intención se frustre: así también en las cosas del arte la primera intención del artífice es hacer, de la materia supuesta, una obra conforme al arte por todas sus partes; la segunda, en cambio, es, supuesto que no pueda conseguirse lo primero intentado, hacer de la misma materia algo semejante al arte en cuanto puede. Luego la corrupción y todo defecto están contra la primera intención de la naturaleza: porque la naturaleza con la primera intención intenta el esse y la perfección. Hay, sin embargo, algún defecto de la segunda intención de la naturaleza. Cuando, en efecto, la naturaleza no puede conducir el efecto a mayor perfección, induce al menor: así cuando no puede hacer el macho, hace la hembra, la cual es un macho ocasionado (mas occasionatus), como se dice en el libro XVI de Animalibus. Que, pues, el Santo Tomás diga que el mal simpliciter está omnímodamente fuera de la intención en las obras de la naturaleza, como los partos monstruosos, ha de entenderse de que está fuera de la primera intención de la naturaleza; mas no de que esté fuera de la segunda intención.

Caput VI: Quod Malum non est Aliqua Essentia

Caput VII: Rationes Quibus Videtur Probari quod Malum Sit Natura vel Res Aliqua

Caput VIII: Solutio Rationum Praemissarum

Caput IX: Quod Causa Mali est Bonum

Caput X: Quod Malum Fundatur in Bono

Caput XI: Quod Malum non Totaliter Consumit Bonum

Caput XII: Quod Malum Habet Aliquo Modo Causam

Caput XIII: Quod Malum est Causa per Accidens

Caput XIV: Quod non est Summum Malum

Caput XV: Quod Finis Cuiuslibet Rei est Bonum

Caput XVI: Quod Omnia Ordinantur in Unum Finem, qui est Deus

Caput XVII: Quomodo Deus Sit Finis Rerum

Caput XVIII: Quod Omnia Intendunt Assimilari Deo

Caput XIX: Quomodo Res Imitentur Divinam Bonitatem

Caput XX: Quod Res Intendunt Naturaliter Assimilari Deo in Hoc quod est Causa

Caput XXI: Quomodo Diversimode Res Ordinantur in Suos Fines

Caput XXII: Quod Motus Caeli est a Principio Intellectivo

Caput XXIII: Quomodo Appetunt Bonum Etiam quae Cognitione Carent

Caput XXIV: Quod Intelligere Deum est Finis Omnis Intellectualis Substantiae

Caput XXV: Utrum Felicitas Consistat in Actu Voluntatis

Caput XXVI: Quod Felicitas Humana non Consistit in Delectationibus Carnalibus

Caput XXVII: Quod Felicitas non Consistit in Honoribus

Caput XXVIII: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Gloria

Caput XXIX: Quod Felicitas Hominis non Consistit in Divitiis

Caput XXX: Quod Felicitas non Consistit in Potentia Mundana

Caput XXXI: Quod Felicitas non Consistit in Bonis Corporis

Caput XXXII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Sensu

Caput XXXIII: Quod Ultima Hominis Felicitas non Consistit in Actibus Virtutum Moralium

Caput XXXIV: Quod Ultima Felicitas non Sit in Actu Prudentiae

Caput XXXV: Quod Felicitas non Consistit in Operatione Artis

Caput XXXVI: Quod Ultima Felicitas Hominis Consistit in Contemplatione Dei

Caput XXXVII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Communiter Habetur a Pluribus

Caput XXXVIII: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae Habetur per Demonstrationem

Caput XXXIX: Quod Felicitas Humana non Consistit in Cognitione Dei quae est per Fidem

Caput XL: Utrum in Hac Vita Homo Possit Intelligere Substantias Separatas per Studium et Inquisitionem Scientiarum Speculativarum

Caput XLI: Quod non Possumus in Hac Vita Cognoscere Substantias Separatas sicut Ponit Alexander

Caput XLII: Quod non Possumus in Hac Vita Intelligere Substantias Separatas sicut Ponit Averroes

Caput XLIII: Quod Ultima Felicitas Hominis non Consistit in Cognitione Substantiarum Separatarum Qualem Praedictae Opiniones Fingunt

Caput XLIV: Quod non Possumus in Hac Vita Intelligere Substantias Separatas

Caput XLV: Quod Anima in Hac Vita non Intelligit Seipsam per Seipsam

Caput XLVI: Quod non Possumus in Hac Vita Videre Deum per Essentiam

Caput XLVII: Quod Ultima Hominis Felicitas non Sit in Hac Vita

Caput XLVIII: Quod Substantiae Separatae non Vident Deum per Essentiam ex Hoc quod Cognoscunt eum per Suam Essentiam

Caput XLIX: Quod in Naturali Cognitione Quam Habent Substantiae Separatae de Deo non Quiescit Earum Naturale Desiderium

Caput L: Quomodo Deus per Essentiam Videatur

Caput LI: Quod Nulla Creata Substantia Potest Sua Naturali Virtute Pervenire ad Videndum Deum per Essentiam

Caput LII: Quod Intellectus Creatus Indiget Aliqua Influentia Divini Luminis ad Hoc ut Deum per Essentiam Videat

Caput LIII: Rationes Quibus Videtur Probari quod Deus non Possit Videri per Essentiam, et Solutiones Earum

Caput LIV: Quod Intellectus Creatus non Comprehendit Divinam Substantiam

Caput LV: Quod Nullus Intellectus Creatus, Videndo Deum, Videt Omnia quae in Eo Videri Possunt

Caput LVI: Quod Omnis Intellectus, Cuiuscumque Gradus, Particeps esse Potest Divinae Visionis

Caput LVII: Quod Unus Alio Perfectius Deum Videre Potest

Caput LVIII: Quomodo Videntes Divinam Substantiam Omnia Vident

Caput LIX: Quod Videntes Deum Omnia Simul Vident in Ipso

Caput LX: Quod per Visionem Dei Aliquis Fit Particeps Vitae Aeternae

Caput LXI: Quod Videntes Deum in Perpetuum eum Videbunt

Caput LXII: Qualiter in Illa Ultima Felicitate Omne Desiderium Hominis Completur

Caput LXIII: Quod Deus Sua Providentia Gubernat Res

Caput LXIV: Quod Deus Conservat Res in esse

Caput LXV: Quod Nihil Dat esse Nisi Inquantum Agit in Virtute Divina

Caput LXVI: Quod Deus est Causa Operandi Omnibus Operantibus

Caput LXVII: Quod Deus est Ubique

Caput LXVIII: De Opinione Eorum qui Rebus Naturalibus Proprias Subtrahunt Actiones

Caput LXIX: Quomodo Idem Effectus Sit a Deo et a Natura Agente

Caput LXX: Quod Divina Providentia non Excludit Totaliter Malum a Rebus

Caput LXXI: Quod Divina Providentia non Excludit Contingentiam a Rebus

Caput LXXII: Quod Divina Providentia non Excludit Arbitrii Libertatem

Caput LXXIII: Quod Divina Providentia non Excludit Fortunam et Casum

Caput LXXIV: Quod Providentia Dei Sit Singularium Contingentium

Caput LXXV: Quod Providentia Dei Sit Omnium Singularium Immediate

Caput LXXVI: Quod Executio Divinae Providentiae Fit Mediantibus Causis Secundis

Caput LXXVII: Quod Mediantibus Creaturis Intellectualibus Aliae Creaturae Reguntur a Deo

Caput LXXVIII: Quod Substantiae Intellectivae Inferiores Reguntur per Superiores

Caput LXXIX: De Ordinatione Angelorum ad Invicem

Caput LXXX: De Ordinatione Hominum ad Invicem et ad Alia

Caput LXXXI: Quod Inferiora Corpora Reguntur a Deo per Corpora Caelestia

Caput LXXXII: Epilogus Praedictorum

Caput LXXXIII: Quod Corpora Caelestia non Imprimant in Intellectus Nostros

Caput LXXXIV: Quod Corpora Caelestia non sunt Causae Voluntatum et Electionum Nostrarum

Caput LXXXV: Quod Corporales Effectus in Istis Inferioribus non Sequuntur ex Necessitate a Corporibus Caelestibus

Caput LXXXVI: Quod Motus Caelestis Corporis non Sit Causa Electionum Nostrarum ex Virtute Animae Moventis, ut Quidam Dicunt

Caput LXXXVII: Quod Substantiae Separatae Creatae non Possunt esse Causa Directe Electionum et Voluntatum Nostrarum, sed Solus Deus

Caput LXXXVIII: Quod Motus Voluntatis Causatur a Deo, et non Solum Potentia Voluntatis

Caput LXXXIX: Quod Electiones et Voluntates Humanae Subduntur Divinae Providentiae

Caput XC: Quomodo Res Humanae ad Superiores Causas Reducantur

Caput XCI: Quomodo Dicitur Aliquis Bene Fortunatus, et Quomodo Adiuvatur Homo ex Superioribus Causis

Caput XCII: De Fato: an Sit, et Quid Sit

Caput XCIII: De Certitudine Divinae Providentiae

Caput XCIV: Quod Immobilitas Divinae Providentiae Utilitatem Orationis non Excludit

Caput XCV: Quod Deus non Omnes Orationes Exaudit

Caput XCVI: Quomodo Dispositio Providentiae Habeat Rationem

Caput XCVII: Quomodo Deus Possit Facere Praeter Ordinem Suae Providentiae, et Quomodo non

Caput XCVIII: Quod Deus Potest Operari Praeter Ordinem Rebus Inditum, Producendo Effectus absque Causis Proximis

Caput XCIX: Quod Ea quae Deus Facit Praeter Naturae Ordinem non sunt contra Naturam

Caput C: De Miraculis

Caput CI: Quod Solus Deus Facit Miracula

Caput CII: Quod Substantiae Spirituales Aliqua Mirabilia Operantur, quae tamen non sunt Vere Miracula

Caput CIII: Quod Opera Magorum non sunt Solum ex Impressione Caelestium Corporum

Caput CIV: Unde Magorum Operationes Efficaciam Habeant

Caput CV: Quod Substantia Intellectualis quae Praestat Efficaciam Magicis Operibus, non est Bona secundum Virtutem

Caput CVI: Quod Substantia Intellectualis Cuius Auxilio Magicae Artes Utuntur, non est Mala secundum Suam Naturam

Caput CVII: Rationes Quibus Probari Videtur quod in Daemonibus non Possit esse Peccatum

Caput CVIII: Quod in Daemonibus Possit esse Peccatum, et Qualiter

Caput CIX: Solutio Praemissarum Rationum

Caput CX: Quod Speciali Quadam Ratione Creaturae Rationales Divinae Providentiae Subduntur

Caput CXI: Quod Creaturae Rationales Gubernantur propter Seipsas, Aliae Vero in Ordine ad Eas

Caput CXII: Quod Rationalis Creatura Dirigitur a Deo ad Suos Actus non Solum secundum Ordinem ad Speciem, sed Etiam secundum quod Congruit Individuo

Caput CXIII: Quod Divinitus Hominibus Leges Dantur

Caput CXIV: Quod Lex Divina Principaliter Hominem Ordinat in Deum

Caput CXV: Quod Finis Legis Divinae est Dilectio Dei

Caput CXVI: Quod Divina Lege Ordinamur ad Dilectionem Proximi

Caput CXVII: Quod per Divinam Legem Homines ad Rectam Fidem Obligantur

Caput CXVIII: Quod per Quaedam Sensibilia Mens Nostra Dirigitur in Deum

Caput CXIX: Quod Latriae Cultus Soli Deo est Exhibendus

Caput CXX: Quod Divina Lex Ordinat Hominem secundum Rationem circa Corporalia et Sensibilia

Caput CXXI: Qua Ratione Fornicatio Simplex secundum Legem Divinam Sit Peccatum: et quod Matrimonium Sit Naturale

Caput CXXII: Quod Matrimonium Debet esse Indivisibile

Caput CXXIII: Quod Matrimonium Debeat esse Unius ad Unam

Caput CXXIV: Quod Matrimonium non Debet Fieri inter Propinquos

Caput CXXV: Quod non Omnis Carnalis Commixtio est Peccatum

Caput CXXVI: Quod Nullus Cibi Usus est Peccatum secundum se

Caput CXXVII: Quomodo secundum Legem Dei Homo Ordinatur ad Proximum

Caput CXXVIII: Quod in Actibus Humanis sunt Aliqua Recta secundum Naturam, et non Solum Quasi Lege Posita

Caput CXXIX: De Consiliis quae Dantur in Lege Divina

Caput CXXX: De Errore Impugnantium Voluntariam Paupertatem

Caput CXXXI: De Modis Vivendi Eorum qui Voluntariam Paupertatem Sequuntur

Caput CXXXII: Quomodo Paupertas Sit Bona

Caput CXXXIII: Solutio Rationum Supra Inductarum contra Paupertatem

Caput CXXXIV: Solutio Eorum quae Obiiciebantur contra Diversos Modos Vivendi Eorum qui Assumunt Voluntariam Paupertatem

Caput CXXXV: De Errore Eorum qui Perpetuam Continentiam Impugnant

Caput CXXXVI: Contra eos qui Matrimonium Virginitati Aequabant

Caput CXXXVII: Contra Eos qui Vota Impugnant

Caput CXXXVIII: Quod neque Merita neque Peccata Sint Paria

Caput CXXXIX: Quod Actus Hominis Puniuntur vel Praemiantur a Deo

Caput CXL: De Differentia et Ordine Poenarum

Caput CXLI: Quod non Omnia Praemia et Poenae sunt Aequales

Caput CXLII: De Poena quae Debetur Peccato Mortali et Veniali per Respectum ad Ultimum Finem

Caput CXLIII: Quod per Peccatum Mortale Ultimo Fine Aliquis in Aeternum Privatur

Caput CXLIV: Quod Peccata Puniuntur Etiam per Experientiam Alicuius Nocivi

Caput CXLV: Quod Iudicibus Licet Poenas Inferre

Caput CXLVI: Quod Homo Indiget Divino Auxilio ad Beatitudinem Consequendam

Caput CXLVII: Quod per Auxilium Divinae Gratiae Homo non Cogitur ad Virtutem

Caput CXLVIII: Quod Divinum Auxilium Homo Promereri non Potest

Caput CXLIX: Quod Praedictum Auxilium Gratia Nominatur. et Quid Sit Gratia Gratum Faciens

Caput CL: Quod Gratia Gratum Faciens Causat in Nobis Dilectionem Dei

Caput CLI: Quod Divina Gratia Causat in Nobis Fidem

Caput CLII: Quod Divina Gratia Causat in Nobis Spem

Caput CLIII: De Donis Gratiae Gratis Datae. in Quo de Divinationibus Daemonum

Caput CLIV: Quod Homo Indiget Divino Auxilio ad Perseverandum in Bono

Caput CLV: Quod Ille qui Decidit a Gratia per Peccatum, Potest Iterum per Gratiam Reparari

Caput CLVI: Quod Homo a Peccato Liberari non Potest Nisi per Gratiam

Caput CLVII: Qualiter Homo a Peccato Liberatur

Caput CLVIII: Quod Rationabiliter Homini Imputatur si ad Deum non Convertatur, Quamvis Hoc sine Gratia non Possit

Caput CLIX: Quod Homo in Peccato Existens sine Gratia Peccatum Vitare non Potest

Caput CLX: Quod Deus Aliquos a Peccato Liberat, et Aliquos in Peccato Relinquit

Caput CLXI: Quod Deus Nemini est Causa Peccandi

Caput CLXII: De Praedestinatione, Reprobatione, et Electione Divina

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