Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber IV
Francesco Silvestri (1474–1528)
Commentaria in Summam contra Gentiles
First published 1918
In Book IV of the Commentaria in Summam contra Gentiles, Francesco Silvestri of Ferrara (Ferrariensis) examines Aquinas's treatment of revealed mysteries: the Trinity, the Incarnation, the sacraments, and the resurrection. The commentary accompanies the Leonine text in volume XV (1930). The present digital edition includes the Latin text and an English translation.
Prooemium
Caput I: Quod sit generatio, paternitas et filiatio in divinis
Caput II: Quod filius Dei sit Deus
Caput III: Quid opinatus sit Photinus de filio Dei, et eius improbatio
Caput IV: Opinio Sabellii de filio Dei, et eius improbatio
Caput V: De opinione Arii circa filium Dei
Caput VI: Improbatio opinionis Arii de filio Dei
Caput VII: Solutio ad auctoritates quas Arius pro se inducebat
Caput VIII: Solutio ad auctoritates Photini et Sabellii
Caput IX: Rationes contra generationem et processionem divinam
Caput X: Quomodo accipienda sit generatio in divinis, et quae de filio Dei dicuntur in Scripturis
Caput XI: Quomodo filius Dei dicatur Dei sapientia
Caput XII: Quod non est nisi unus filius in divinis
Caput XIII: Solutio ad rationes supra inductas contra generationem divinam
Caput XIV: De spiritu sancto, quod sit in divinis
Caput XV: Rationes ex quibus aliqui spiritum sanctum existimaverunt esse creaturam
Caput XVI: Quod spiritus sanctus sit verus Deus
Caput XVII: Quod spiritus sanctus sit subsistens persona
Caput XVIII: Quomodo intelligenda sunt quae de spiritu sancto dicuntur
Caput XIX: De effectibus attributis spiritui sancto in Scripturis respectu totius creaturae
Caput XX: De effectibus attributis spiritui sancto in sacra Scriptura respectu rationalis creaturae, quantum ad ea quae Deus nobis largitur
Así como muestra Santo Tomás que los efectos divinos que convienen a toda la criatura se atribuyen convenientemente en la Sagrada Escritura al Espíritu Santo1, así quiere mostrar que también los efectos concedidos particularmente a la criatura racional se le atribuyen convenientemente2. Y primero muestra esto de aquellos efectos que Dios otorga a la criatura racional; segundo, de los efectos con los que el Espíritu Santo la mueve hacia Dios, en el capítulo siguiente.
I. En cuanto a lo primero, muestra primero que la caridad se nos da por el Espíritu Santo, y que también el mismo Espíritu Santo es dado. Y lo prueba así: por el hecho de que somos asimilados de algún modo a la perfección divina, se dice que esa perfección nos es dada por Dios; así, la sabiduría nos es donada por Dios en cuanto de algún modo nos asimilamos a la sabiduría divina. Por tanto, por el hecho de que, amando a Dios, nos asimilamos al amor con que Dios se ama a sí mismo, que es el Espíritu Santo, se dice que nos es dado el Espíritu. — Se confirma con la autoridad del Apóstol, Rom. v, La caridad de Dios etc.
Hay que advertir que Santo Tomás no quiere mostrar con esto que la misma divina persona en sí misma se nos da —pues eso lo mostrará más abajo3—, sino que quiere manifestar el modo de hablar de la Escritura cuando dice que el Espíritu Santo nos es dado. Se entiende, en efecto, según su semejanza. Pues así como, cuando se nos da alguna perfección que es semejanza de la sabiduría divina, se dice que se nos da la sabiduría divina, así, cuando se nos da la caridad, con la que amamos a Dios, que es cierta semejanza del amor divino y del Espíritu Santo, con el cual Dios se ama a sí mismo, se dice que se nos da el amor divino y el Espíritu Santo.
- Para mayor declaración, nota Santo Tomás que aquello que de Dios hay en nosotros se reduce a Dios tanto como a causa eficiente como a causa ejemplar. Lo primero es en cuanto por la virtud divina operativa se efectúa algo en nosotros. Lo segundo, en cuanto aquello que de Dios hay en nosotros imita de algún modo a Dios. De donde se infiere que, puesto que la virtud de todas las personas divinas es la misma, es necesario que aquello que Dios efectúa en nosotros sea de todas las personas divinas a la vez efectivamente. Sin embargo, la palabra de sabiduría, enviada a nosotros por Dios, por la que conocemos a Dios, es propiamente representativa del Hijo; y el amor con que amamos a Dios es propiamente representativo del Espíritu Santo; es decir, aquello se refiere al Hijo como a causa ejemplar, y esto al Espíritu Santo. Y así, la caridad en nosotros, aunque es efecto de toda la Trinidad, se dice sin embargo que está en nosotros de un modo especial por el Espíritu Santo, es decir, como por causa ejemplar, porque el amor creado tiene semejanza con el Espíritu Santo por razón de su procesión, en cuanto procede como amor.
II. Muestra en segundo lugar Santo Tomás que es necesario que el Espíritu Santo esté en nosotros mientras la caridad esté en nosotros. Se prueba. La caridad está en nosotros por el Espíritu Santo, y por él se mantiene en el ser. Luego etc. — Se prueba el antecedente en cuanto a la segunda parte, porque los efectos divinos no sólo empiezan a ser por la operación divina, sino que también se mantienen en el ser. — Pero la consecuencia se prueba porque, como el operante y lo operado en acto tienen que estar simultáneamente, nada puede operar donde no está. Y así es necesario que, dondequiera que hay algún efecto de Dios, allí esté también el mismo Dios efector. — Se confirma con la autoridad del Apóstol, I Cor. iv, No sabéis etc.
III. Muestra en tercer lugar que por el Espíritu Santo habitan también en nosotros el Padre y el Hijo, y que nosotros también estamos en Dios. Lo primero se muestra porque por el Espíritu Santo somos constituidos amadores de Dios. Pero todo lo amado, en cuanto tal, está en el amante, como se mostró más arriba4. — Se confirma con la autoridad de Ioan. xiv, A él etc.; y I Ioan. iii, En esto etc.
Lo segundo se muestra porque Dios ama máximamente a quienes constituye como amadores suyos por el Espíritu Santo: Proverb. viii, Yo amo a los etc.; y I Ioan. iv, No como si nosotros etc. Pero todo lo amado está en el amante.
Se confirma ambas partes a la vez con la autoridad de I Ioan. iv, El que permanece etc.
IV. Muestra en cuarto lugar que convenientemente por el Espíritu Santo se dicen revelados a los hombres los secretos. Se prueba, porque por él somos constituidos amigos de Dios. Pero es propio de la amistad que alguien revele sus secretos al amigo, ya que la amistad une los afectos y hace casi un solo corazón. De donde también el Señor, Ioan. xv, Ya no diré etc. — Se confirma con la autoridad del Apóstol, I Cor. II, Está escrito etc.
De esto sigue que convenientemente también el hombre habla por el Espíritu Santo los misterios divinos, como se dice en I Cor. xiv, Matth. x, y II Pet. I, y también en el Símbolo: porque de las cosas que el hombre conoce se forma su palabra.
V. Muestra en quinto lugar que convenientemente se dice que todos los dones de Dios nos son donados por el Espíritu Santo, según aquello de I Cor. XII, A uno se le da etc. Se prueba, porque la unidad de afecto entre amigos exige que comunique al amigo lo que tiene; de donde se pone como propio de la amistad querer y hacer el bien al amigo. Por eso en I Ioan. III se dice que quien tuviere sustancia etc. Pero esto tiene lugar máximamente en Dios, cuyo querer es eficaz para obrar.
Muestra en sexto lugar que por el Espíritu Santo somos configurados con Dios; somos hechos aptos para obrar bien; y se nos prepara el camino hacia la beatitud; lo cual nos insinúa el Apóstol en II Cor. I, Dios nos ungió etc.; y Ephes. I, Sellados etc. Se prueba, porque para que el hombre llegue a la beatitud de la fruición divina, que es propia de Dios según la naturaleza, es necesario que se asimile a Dios por perfecciones espirituales, que obre según ellas, y finalmente alcance la predicha beatitud. Se declara con el ejemplo del cuerpo que llega al lugar del fuego. Pero los dones espirituales se nos dan por el Espíritu Santo.
Muestra en séptimo lugar que convenientemente se atribuye al Espíritu Santo la adopción de hijos de Dios: según Rom. VIII, Recibisteis etc. Se prueba, porque de la benevolencia que alguien tiene hacia otro acontece que lo adopte para sí como hijo.
Muestra en octavo lugar que por el Espíritu Santo nos son remitidos los pecados por Dios: Ioan. xx; y Matth. XII. Se prueba, porque por el hecho de que alguien es constituido amigo de otro, se elimina toda ofensa, ya que la amistad se contrapone a la ofensa; de donde Proverb. x, Todos los delitos. Pero por el Espíritu Santo somos constituidos amigos de Dios.
De esto sigue que se dice que por el Espíritu Santo somos renovados y purificados, o lavados: en el Salmo, Enviad el Espíritu etc.; y Ephes. IV, Renovaos etc.; y Isaías IV, Si lavare etc.