Commentaria in Summam contra Gentiles, Liber I
Francesco Silvestri (1474–1528)
Commentaria in Summam contra Gentiles
First published 1918
In Book I of the Commentaria in Summam contra Gentiles, Francesco Silvestri of Ferrara (Ferrariensis) expounds Aquinas's treatment of God and the divine attributes. His commentary proceeds through the arguments of the Summa contra Gentiles chapter by chapter. The present edition follows the commentary printed with the Leonine text in volume XIII (1918) and includes Latin, English, and Spanish texts.
Caput I: Quod sit officium sapientis
Caput II: Quae sit in hoc opere auctoris intentio
Caput III: Quis modus sit possibilis divinae veritatis manifestandae
Caput IV: Quod veritas divinorum ad quam naturalis ratio pertingit convenienter hominibus credenda proponitur
Caput V: Quod ea quae ratione investigari non possunt convenienter fide tenenda hominibus proponuntur
Caput VI: Quod assentire his quae sunt fidei non est levitatis quamvis supra rationem sint
Caput VII: Quod veritati fidei Christianae non contrariatur veritas rationis
Caput VIII: Qualiter se habeat humana ratio ad veritatem fidei
Caput IX: De ordine et modo procedendi in hoc opere
Caput X: De opinione dicentium quod Deum esse demonstrari non potest cum sit per se notum
Caput XI: Reprobatio praemissae opinionis et solutio rationum praemissarum
Caput XII: De opinione dicentium quod Deum esse demonstrari non potest sed sola fide tenetur
Caput XIII: Rationes ad probandum Deum esse
Caput XIV: Quod ad cognitionem Dei oportet uti via remotionis
Caput XV: Quod Deus sit aeternus
Caput XVI: Quod in Deo non est potentia passiva
Caput XVII: Quod in Deo non est materia
Caput XVIII: Quod in Deo nulla est compositio
Caput XIX: Quod in Deo nihil est violentum neque praeter naturam
Caput XX: Quod Deus non est corpus
Caput XXI: Quod Deus est sua essentia
Caput XXII: Quod in Deo idem est esse et essentia
Caput XXIII: Quod in Deo non est accidens
Caput XXIV: Quod divinum esse non potest designari per additionem alicuius differentiae substantialis
Caput XXV: Quod Deus non est in aliquo genere
Caput XXVI: Quod Deus non est esse formale omnium
Caput XXVII: Quod Deus non sit forma alicuius corporis
Caput XXVIII: De perfectione divina
Caput XXIX: De similitudine creaturarum
Caput XXX: Quae nomina de Deo possint praedicari
Caput XXXI: Quod divina perfectio et pluralitas nominum divinorum divinae simplicitati non repugnant
Caput XXXII: Quod nihil de Deo et rebus aliis univoce praedicatur
Caput XXXIII: Quod non omnia nomina dicuntur de Deo et creaturis pure aequivoce
Caput XXXIV: Quod ea quae dicuntur de Deo et creaturis dicuntur analogice
Caput XXXV: Quod plura nomina dicta de Deo non sunt synonyma
Caput XXXVI: Qualiter intellectus noster de Deo propositionem formet
Caput XXXVII: Quod Deus est bonus
Caput XXXVIII: Quod Deus est ipsa bonitas
Caput XXXIX: Quod in Deo non potest esse malum
Caput XL: Quod Deus est omnis boni bonum
Caput XLI: Quod Deus sit summum bonum
Caput XLII: Quod Deus est unus
Caput XLIII: Quod Deus est infinitus
Caput XLIV: Quod Deus est intelligens
Caput XLV: Quod intelligere Dei est sua essentia
Caput XLVI: Quod Deus per nihil aliud intelligit quam per suam essentiam
Caput XLVII: Quod Deus intelligit perfecte seipsum
Caput XLVIII: Quod Deus primo et per se solum seipsum cognoscit
Caput XLIX: Quod Deus cognoscit alia a se
Caput L: Quod Deus habet propriam cognitionem de omnibus rebus
Caput LI: Rationes ad inquirendum qualiter multitudo intellectorum sit in intellectu divino
Caput LII: Solutio praemissae dubitationis
Caput LIII: Qualiter divina essentia una et simplex sit propria similitudo omnium intelligibilium
Caput LIV: Quod Deus omnia simul intelligit
Caput LV: Quod cognitio Dei non est habitualis
Caput LVI: Quod cognitio Dei non est discursiva
Caput LVII: Quod Deus non intelligit componendo et dividendo
En cuarto lugar, demuestra que el entendimiento divino no entiende a modo de composición y división 1.
I. Y argumenta primero así. Todo lo conoce conociendo su esencia. Pero a su propia esencia no la conoce componiendo y dividiendo, puesto que en ella no hay composición alguna. Luego, etc.
Advierte, según la doctrina de Santo Tomás en la Primera Parte, q. LXXXV, 5, ad 3, que a la composición y división del entendimiento debe corresponder alguna composición por parte de la cosa: ya sea de materia y forma, ya de sustancia y accidente, ya de cualquier otro modo. Pero yo entiendo que esto conviene a la cosa o bien según sí misma y por su naturaleza, o bien según está en nuestro concepto. En efecto, no se requiere que la misma cosa de la cual se forma la composición y división tenga en sí misma alguna composición; de lo contrario, todas las proposiciones que formamos acerca de Dios serían falsas, puesto que en Él no hay composición alguna; sino que se requiere que al menos en el entendimiento tenga cierta multiplicidad. Y así, la esencia divina tiene composición y multiplicidad según que de ella formamos muchos conceptos. Pero como esto acontece por la imperfección de nuestro entendimiento, que no puede comprenderla tal como es en sí, por eso, donde el entendimiento es adecuado a ella, cual es el entendimiento divino, en ella no hay composición ni siquiera según que es entendida, pues no es concebida bajo muchos conceptos. Por lo cual es conocida sin composición por tal entendimiento. Por esto, pues, dijo Santo Tomás que Dios, al conocer su esencia, no la compone porque ella no es compuesta, a saber, en sí misma; y añadió también que se conoce a sí mismo tal como es, para mostrar que tampoco según que es entendida por sí mismo tiene composición. Y así, entendiéndola, no la compone en ningún aspecto, pues debe corresponder a la composición del entendimiento alguna composición por parte de la cosa según alguno de aquellos dos modos.
II. En segundo lugar. Si compusiera y dividiera, no consideraría todas las cosas de un solo golpe de vista, sino por separado. — Se prueba la consecuencia. Porque aquello que se compone y se divide es naturalmente apto para ser considerado por separado. En efecto, si, conocido qué es la cosa, se conociera inmediatamente qué le inhiere o no le inhiere, no habría necesidad de la composición y la división.
Debe advertirse, como se expone en la Primera Parte, q. LXXXV 2 y LVIII 3, que nuestro entendimiento conoce componiendo y dividiendo porque, al proceder de la potencia al acto, no tiene de inmediato un conocimiento perfecto de la cosa, sino que primero conoce la quididad de la cosa y, después, las pasiones y relaciones que la circundan; de donde es necesario que una lo que conoció por separado, componiendo o dividiendo, para tener un conocimiento perfecto de la cosa. Pero si, aprehendida la quididad, viera simultáneamente en ella lo que le es inherente o no le es inherente, no necesitaría de la composición, porque tendría de inmediato un conocimiento perfecto de la cosa. Lo cual ciertamente ocurre en el entendimiento divino, que aprehende con un único acto todo lo que puede ser o no ser en la cosa.
Tercero. En Dios no puede haber prioridad ni posterioridad. Por lo tanto, no hay en Él composición. — Se prueba la consecuencia. Porque la composición y la división son posteriores en consideración a aquello que es el quid de una cosa.
Advierte que esta razón difiere de la precedente: porque aquella procedía del orden de las cosas conocidas simples; esta, en cambio, del orden de los mismos conocimientos, digo del conocimiento simple y del compuesto.
Cuarto. En el intelecto divino no hay nada por accidente. Por tanto, en él no hay composición ni división. — Se prueba la consecuencia. Porque en el conocimiento de lo que la cosa es, el intelecto no se engaña sino por accidente, mientras que en torno a la composición y a la división sí se engaña: así como también el sentido no se engaña respecto de los sensibles propios, pero bien puede engañarse en lo demás.
Adviértase que el fundamento de esta razón es que en el entendimiento divino no puede entenderse composición y división sino del modo en que en el entendimiento que conoce lo que la cosa es puede hallarse: porque el entendimiento divino es simplemente entendimiento, y conoce todas las cosas del modo en que nuestro entendimiento conoce lo que la cosa es, como se dijo arriba 4. Y porque en el conocimiento de lo que la cosa es, en cuanto tal, no se mezcla composición sino por accidente, razón por la cual también en él puede haber falsedad; por eso tampoco de este modo puede haber composición en el entendimiento divino, en el cual nada hay por accidente.
Quinto. Se seguiría que el entendimiento divino es compuesto. — Se prueba la consecuencia. Porque la composición formada por el entendimiento existe en el entendimiento, no en la cosa que está fuera del entendimiento, aunque en la cosa le corresponda algo, como dijimos arriba 5 Si, pues, el entendimiento divino compone, habrá en él una forma distinta de él mismo. Y así habrá en él alguna composición.
Sexto. Si así es, entonces el entender de Dios no es uno solo. Luego su esencia no es una sola: puesto que su operación es su esencia. — Se prueba la primera consecuencia. Porque el entendimiento que compone y divide juzga cosas diversas según composiciones diversas. En efecto, la composición del entendimiento no excede los términos de la composición: pues en la composición por la cual el entendimiento juzga que el hombre es animal, no juzga que el triángulo sea figura.
Adviértase que bajo el nombre de composición a veces se significa la misma operación del entendimiento; a veces el concepto producido por esa operación. Aquí, sin embargo, se toma por la misma operación. Es cierto, en efecto, que tal operación no excede el término por ella producido: así como ninguna otra operación excede su término. Y por eso, si el término de una composición es "el hombre ser animal", y nada más representa en la realidad, no podrá aquella operación extenderse al juicio de otra cosa.
III. Pero como alguien podría deducir que Dios no conoce los enunciados, porque no compone, Santo Tomás elimina esto, diciendo que de lo dicho no se sigue tal cosa. Pues, aunque Dios no componga ni divida, sin embargo conoce la composición de todas las cosas: por cuanto su esencia es el ejemplar único y simple de todos los entes múltiples y compuestos, tanto según la cosa como según la razón.
Pero aquí surge una duda. Pues los entes de razón no tienen ningún esse, sino que solo son conocidos. Por tanto, mediante la esencia divina no se conoce la composición de la razón. En efecto, la esencia divina no es el ejemplar de entes que no tienen esse ni pueden tenerlo.
Se responde, y se dice en primer lugar, que por composición de la razón Santo Tomás no entiende la composición que sea ente de razón en cuanto el ente de razón se distingue contra el ente real, sino la composición y el concepto complejo formado por el entendimiento y la razón, el cual es ente real, aunque distinto contra el ente natural, que fuera del entendimiento es representado por él mismo.
Se dice en segundo lugar, que la esencia divina es también, de algún modo, ejemplar del ente de razón, por aquella parte en que participa de algún modo el esse.
Se confirma, por último, tanto la conclusión como el sentido de la conclusión por la autoridad de Isaías 55, donde se dice: Porque mis pensamientos etc., si bien se dice en el Salmo: El Señor conoce los pensamientos de los hombres. — Asimismo, de Dionisio, capítulo VII de los Nombres Divinos.