Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
Dedicatio I: Dedicatoria
Prooemium I: Proemio
Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción
Quaestio I: De la generación sustancial
Articulus I: Qué es la generación comúnmente dicha y la generación propia de los vivientes
Articulus II: Con qué principios la filosofía alcanza que se da generación sustancial
Articulus III: En qué acción y mutación consiste la generación sustancial
Articulus IV: Cuál es el término formal, y cuál el adecuado de la generación sustancial
Articulus V: Cuál es el sujeto de la generación, y de su distinción de la creación
Articulus VI: Si en la generación sustancial se hace resolución de toda forma hasta la materia prima
Articulus VII: Cómo la última disposición se causa, o causa la generación sustancial
Quaestio II: De la corrupción
Articulus I: Cómo difiere la corrupción en razón de mutación de la generación y de la aniquilación
Articulus II: Si la corrupción y la generación son la misma acción, en razón de la cual la generación de uno es corrupción de otro
Articulus III: Si la corrupción es natural y por sí intentada por la naturaleza
Quaestio III: De la alteración en común
Articulus I: Qué es la alteración y cuántupla
Articulus II: A qué especies de cualidad se da por sí la alteración
Articulus III: Si la alteración es un solo movimiento y continuo
Quaestio IV: De la intensión y remisión
Articulus I: Qué es la intensión y remisión, y en qué formas se encuentra
Generalmente hablando todo aumento o decremento se dice cantidad, en cualquier cosa que acontezca, por el hecho de que aquello que a nosotros es más sensible y manifiesto en los aumentos de las cosas, es la cantidad. De triple modo, en cambio, puede encontrarse esta razón de cantidad en las cualidades o formas: De un modo por extensión en el sujeto; y esto solamente conviene a las cualidades, que inheren en sujeto que tiene partes cuantitativas, así como cuando la blancura se difunde por algún sujeto y crece en él, porque está en varios sujetos, y de este modo se dice cualidad grande o cuanta por accidente por la cantidad del sujeto. De otro modo se atribuyen cantidad o magnitud a la cualidad por parte del objeto, acerca del cual se versa, así como conviene a los hábitos del intelecto o de la voluntad, que se versan acerca de algunos objetos y a veces varios, a veces menos comprenden, y según esto se dicen extenderse o aumentarse en orden a los objetos. Y esta se llama extensión virtual o cantidad de virtud, por el hecho de que grande virtud se dice por orden al objeto o peso, que puede llevar. De tercer modo se dice cantidad o magnitud de la cualidad según participación de mayor perfección según más y menos, y esto pertenece a la intensión y remisión, de lo cual puede verse S. Tomás en la q. 1. de Virtut. art. 11. ad 10.1
De esta, pues, intensión dos cosas suponemos en el presente artículo y la otra, que es más difícil, disputamos.
Primero suponemos que se da tal incremento de intensión y decremento de remisión, lo cual pertenece a la cuestión, si es. Esto, en cambio, consta de la misma experiencia. Pues vemos las cualidades crecer o decrecer según más o menos, lo cual no puede reducirse a las otras dos extensiones o magnitudes dichas. Pues vemos el calor o la blancura o la luz a veces ser más perfecta y mayor, no porque ocupe más partes del sujeto, sino las mismas, ni porque el sujeto sea más denso o más raro, puesto que en el mismo aire la luz del sol es más perfecta que la de la luna, permaneciendo la misma rareza del aire; y así este aumento no pertenece a la cantidad de extensión formal. De modo semejante ni pertenece a la extensión virtual, porque la luz y el calor y semejantes cualidades no tienen diversos objetos, acerca de los cuales se versen, sino sujetos, que informan. Resta, pues, que sea cantidad y aumento de intensión según más y menos.
Segundo suponemos la definición de intensión, lo cual pertenece a la cuestión, qué es. Puede, en cambio, definirse la intensión, que es «movimiento de ser o estado más imperfecto de la misma cualidad a más perfecto permaneciendo el mismo sujeto sensible»; la remisión, en cambio, al contrario «de más perfecto a más imperfecto». Así transmite el Mag. Báñez2 q. 2. de Alterat. Y se dice «de ser o estado más imperfecto», para que la definición abstraiga de toda opinión, si se haga la intensión según diversos grados o diversos modos o diversa participación en el ser, de las cuales después diremos. Se dice, en cambio, „movimiento”, que es género a la alteración y consiguientemente a la intensión. Pero porque no toda intensión se hace por alteración propiamente dicha, como en las cualidades espirituales, por ello usamos el nombre general de movimiento. Y se excluye también por esto la adquisición de nuevo estado en alguna cualidad o forma no por movimiento, sino por alguna elevación o modo de operar diverso, así como la caridad, que está en la vía, muda el estado en la patria, no por mayor intensión y movimiento, sino por nueva aprehensión del objeto claramente visto. Finalmente se significa la distinción de la intensión de la simple alteración por esto, que sea de la misma cualidad a estado o ser más perfecto, porque la alteración simple produce la misma cualidad primero y por sí, no en cambio solamente estado o ser más perfecto de ella.
Inquirimos, en cambio, cuáles formas sean capaces de este incremento y magnitud según más y menos, que es la intensión y remisión? Y esta dificultad por algunas conclusiones ha de resolverse.
Digo primero: La sustancia es incapaz de aumento de intensión, y de modo semejante la cantidad y la relación.
La sentencia es expresa del Filósofo, y la siguen comúnmente todos sus intérpretes. Pues en el cap. de la Sustancia3 se pone entre sus propiedades no recibir más y menos. Y de la cantidad lo mismo enseña en el cap. de la Cantidad.4 Y de la relación también enseña,5 que no recibe más y menos a menos que en razón de su fundamento, así como es más intensa la semejanza, cuando la conveniencia de los extremos es mayor, aunque las formas mismas o las cosas menos sean intensas en sí, y así se sigue la intensión de la relación a la intensión del fundamento próximo, no remoto.
El fundamento de esta conclusión en común puede tomarse, porque a estos tres predicamentos primero y por sí no se da movimiento estrictamente dicho, a saber, el que se hace según latitud positiva, la intensión, en cambio, es movimiento. Que si algún movimiento se da, es según extensión, como en la aumentación de la cantidad. Pues la sustancia consta hacerse por mutación, y no por movimiento, puesto que no se hace del mismo sujeto sensible, sino de la materia prima. De modo semejante la cantidad cuando primero se produce, se sigue a la misma generación sin otro movimiento. Cuando, en cambio, después se extiende, admite movimiento de aumentación, pero no de alteración e intensión. De donde una parte de cantidad añadida a otra no hace grado más perfecto, sino extensión de la misma perfección; hace, en efecto, mayor, no mejor. Y esto principalmente, porque las especies de cantidad se varían esencialmente según diversa terminación, como es patente en los números y figuras, en el bicúbito y tricúbito etc. Luego de su razón es la indivisibilidad o terminación, luego no admiten en la misma especie latitud. A la relación, finalmente, no se da por sí movimiento, como en el 5. de los Físicos se dice y allí probamos en la q. 19.,6 solamente, en efecto, la relación resulta puesto el fundamento, no a ella se da movimiento, y así no tiene intensión por sí primero, sino si tiene, es consecuida del fundamento.
Segundo en particular se toma el fundamento del D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1., porque a saber la forma, de la cual se toma la especie de la cosa, que actualiza, no puede no consistir en indivisible, y consiguientemente no recibir más ni menos. Si, en efecto, aquello que constituye la especie, tuviera latitud, o toda aquella latitud se requeriría a constituir la especie, o sin toda podría constituirse la especie, aunque algo de ella faltara. Si lo primero, no se salva la divisibilidad en tal forma, puesto que no se constituye la especie por la misma su latitud, sino por la totalidad y consumación de ella, lo cual ciertamente dice indivisibilidad; el último, en efecto, siempre es indivisible. Si lo segundo, luego sin alguna parte de aquella latitud se salva la especie, y así aquello, sin lo cual se salva, no pertenece a la constitución de la especie, ni es predicado quiditativo, puesto que sin él la quididad se salva.
De lo cual se deduce que la forma sustancial no recibe más y menos, porque por sí intrínsecamente se ordena a constituir la especie sustancial de la cosa, de la cual es forma. Y aunque la cualidad y otros accidentes también tengan su especie y esencia, sin embargo aquellas formas no se ordenan a constituir la especie de su sujeto, que informan, sino suponen constituida, y así por sí primero no constituyen la especie de aquel, en el cual están. La forma sustancial, en cambio, constituye por sí primero la especie de aquel, en el cual está, y por esto la forma sustancial tiene repugnancia con la intensión o recepción de más y menos. No, en cambio, de esta parte lo tiene la forma accidental, aunque, para que de hecho la intensión le convenga, se requieran varias otras condiciones; pero basta por ahora, que la forma sustancial en aquello, en lo cual se encuentra, da especie esencial y por sí, la forma accidental, en cambio, no, sino supone la especie constituida. De donde significativamente el D. Tomás en el lugar citado no dijo por ello que la forma sustancial no recibe más y menos, porque tiene especie o da aquella de cualquier modo, sino porque el participante tal forma tiene especie según ella misma. Por lo cual ha de mirarse al oficio, que ejerce la forma en su participante o en su sujeto, en el cual se recibe. Si, en efecto, el sujeto así mira alguna forma, que por ella tiene su especie y su constitutivo, tal forma en tal participante no recibe más y menos. Las otras formas, en cambio, que así adviene al sujeto, que por ellas el participante no tenga especie, sino más bien adviene a la especie constituida, de esta parte no repugna que tengan alguna latitud en tal sujeto, no obstante que tengan alguna especie, pero no constituyente el mismo sujeto, en el cual se participan; y por ello de tal participación en el sujeto no repugna tener latitud según más y menos.
Que si digas: Pues toda especie consiste en algún indivisible; son, en efecto, las especies como los números, que por cualquier añadido o sustraído se varían: Se responde que otra cosa es que la especie cuanto a su constitución consista en indivisible, otra cosa que por él mismo se constituya el mismo sujeto participante tal forma, o que la misma indivisibilidad sea otra cosa que predicado de los constitutivos de tal especie. Esto, en efecto, no se encuentra en toda especie, y por ello no todas repugnan a la divisibilidad y latitud, que tienen en la participación del sujeto, aunque se diga que cualquier especie consiste en indivisible por la integridad, que requiere, de todos los predicados esenciales a su constitución. No, sin embargo, toda especie excluye la divisibilidad por parte de la participación del sujeto, de donde se toma la latitud de intensión, como diremos inmediatamente.
Digo segundo: En sola la cualidad se encuentra la intensión, no sin embargo en toda especie de cualidad.
Y ciertamente hablando de la intensión física, que es especie de alteración, no hay duda, que así como la alteración no se da a menos que en el predicamento de cualidad, así ni la intensión, su especie. Pero sin embargo para que alguno no diga que la intensión puede encontrarse en las espirituales, y no solamente en la alteración, por ello más generalmente ha de probarse la conclusión. Y imprimis que en este predicamento se encuentre intensión al menos cuanto a algunas de sus especies, de ningún modo puede dudarse, puesto que se apoya en manifiesta experiencia, así como vemos el calor a veces más intensificarse, a veces remitirse. Y lo mismo es de otras primeras cualidades y de cualidades medias, como el color, la rareza y densidad y semejantes.
Discurriendo, en cambio, por las especies de este predicamento, que son capaces de intensión no solamente alterativa (esta, en efecto, se reduce a sola la tercera especie así como la misma alteración), sino también comúnmente dicha, consta imprimis que el hábito y la disposición es capaz de intensión, porque los hábitos de las virtudes a veces son más fervientes, a veces más remisos, y de modo semejante la ciencia a veces es más profunda y eficaz, a veces más obtusa. No solamente según extensión a diversas conclusiones, sino acerca de la misma verdad puede darse mayor claridad y resolución a sus principios, lo cual pertenece a mayor intensión, y así se denomina alguno más sabio o más virtuoso. Y esto también se extiende a los hábitos sobrenaturales, así como de la caridad se dice a Filip. 1.:7 «Oro para que vuestra caridad abunde más y más». Apoc. último:8 «El que es justo, justifíquese todavía». Y finalmente en la justicia acepta crecer a los santificados define el Concilio de Trento ses. 6. cap. 10.
Lo que atañe a la segunda especie, algunos estiman no recibir más y menos, como el intelecto y la voluntad, la potencia visiva etc., porque son propias pasiones e inmediatamente se siguen a la esencia de la cosa por dimanación, no en cambio por movimiento y según contrariedad de latitud convienen al sujeto. Lo opuesto tiene el Mag. Báñez en el 1. de la Generación cap. 4. q. 3. concl. última, y pone ejemplo en la potencia visiva, que consta recibir más y menos, y ahora ser de vista más aguda, ahora más hebetada. Ciertamente el águila ve más intensamente que el hombre, y entre los hombres algunos mejor y más fuertemente que otros, e incomparablemente verán más agudamente los ojos del mismo hombre después de la resurrección que ahora. Ni obsta que sean propias pasiones del alma, porque también el calor y la sequedad y otras primeras cualidades son propiedades de los elementos, y sin embargo reciben más y menos. Cayetano en la 1. 2. q. 52. art. 1. al fin,9 media vía incede y dice que las potencias naturales, que se siguen inmutablemente a las sustancias, no se intensifican, así como ni las mismas sustancias; las que, en cambio, no se siguen inmutablemente, sino dependientemente de alguna alteración, como lo duro y lo blando y otras semejantes, no conviene que reciban más y menos. Y porque las potencias afijadas a órganos corpóreos dependen de cualidades alterativas, por las cuales los órganos se temperan, por ello parece que aquellas pueden recibir más y menos, así como la potencia visiva puede ser más aguda y de modo semejante el oído etc. Y parece esta sentencia bastante razonable. No, en efecto, hay razón, por qué no reciban más y menos estas potencias, que de cualidades primeras o alteración dependen, principalmente puesto que la experiencia sufraga, que en ellas siente intensión y remisión, como en la potencia visiva y blanda y dura y otras consta. Ni obsta que por generación instantánea se hacen, porque también algunas que instantáneamente se hacen, pueden intensificarse, como la luz y los actos espirituales del intelecto y de la voluntad. Que, en cambio, algunas potencias no se intensifiquen, por ello es, como dice Cayetano,10 porque inmutablemente se siguen a alguna naturaleza, es decir, independientemente de cualidades alterativas. Y principalmente las que a alguno convienen según el último grado constitutivo de la naturaleza, como el intelecto y la voluntad al grado racional, no reciben más y menos, porque el mismo grado dice cierta ultimación. Así, pues, no ha de regularse esto por esto, que alguna cualidad sea propia pasión o no, sino por esto, que alguna indivisible sea de la razón de alguna forma o no sea, como arriba insinuamos. Y así porque ciertas potencias son inmediatamente consecuídas a la sustancia e independientes de alguna alteración, por ello algunas no reciben latitud según más y menos, otras, en cambio, que no así inmediatamente se siguen, ni independientes son de alguna alteración y primeras cualidades, reciben más y menos en razón de ellas.
Lo que atañe a la tercera especie de cualidad, no ha de dudarse que en ella pueda encontrarse intensión y esta físicamente alterativa, puesto que en la tercera especie de cualidad, como probamos en la cuestión precedente, se encuentra propiamente alteración física, y consiguientemente intensión puede encontrarse, que es su especie, y esto también al sentido es patente por el calor y el frío y otras cualidades sensibles, que a esta especie pertenecen.
Finalmente en la cuarta especie de cualidad no se encuentra movimiento de intensión, porque de la razón de la figura, que a tal especie pertenece, es la terminación de la cantidad, de la cual resulta, y esta se varía en especie por cualquier variedad de terminación hecha. La terminación, en cambio, según algo indivisible se hace, y así no se compatibiliza con latitud de intensión.
Digo último: Además de la intensión, que es movimiento según más y menos, y además de la extensión por partes cuantitativas del cuerpo se da también aumento extensivo en algunas cualidades, no según partes del sujeto, al cual inhiere, sino según objetos, que se alcanzan, porque son objetos inadecuados, y según que algún hábito alcanza diversos objetos, más se dice aumentarse extensivamente.
Así se toma del D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1. ad 2. y en la 2. 2. q. 24. art. 5., donde enseña que cierto hábito se aumenta por adición respecto de los objetos, así como la ciencia, que paulatinamente se aprende, se aumenta de nuevo acerca de diversas conclusiones, que antes no alcanzaba. Y este aumento no es intensión, porque no se versa acerca de la misma verdad, sino acerca de diversas. La intensión, en cambio, de la ciencia se hace por esto, que más clara y profundamente comprenda la misma verdad.
Acerca de este aumento extensivo nota tres proposiciones del D. Tomás: Primera, que tal aumento no acontece en todas las formas o cualidades, sino en aquellas, que se especifican por algo extrínseco o dicen orden a otro. Así enseña en la 1. 2. q. 52. art. 1. al fin del cuerpo.
Segunda es que ni en todos los hábitos que dicen orden al objeto especificante se encuentra este aumento. La caridad, en efecto, dice orden al objeto, ni sin embargo admite adición por aumento extensivo, como enseña S. Tomás en la 2. 2. q. 24. citada, por el hecho de que cualquier mínima caridad cumple toda la ley y a todas las tentaciones resiste, y así cualquiera alcanza todos los objetos, a saber, Dios y el prójimo; no, pues, se hace mayor por extensión a los objetos. La ciencia, en cambio, necesita esta extensión, porque por distintos medios procede a distintas conclusiones por probar, aunque todas estén coordinadas entre sí y bajo el mismo lumine y por ello al mismo hábito pertenecen, pero piden diversa explicación del objeto y distintas especies u ordenación de ellas, y distintos medios probativos, de lo cual más ampliamente dijimos en la Lógica q. 27. art. 2.11
Que si digas: Pues también las virtudes morales, aunque sean infusas, pueden tener nueva dificultad acerca de diversos objetos parciales, como en el lugar citado de la Lógica12 dijimos. Es más, de allí tomamos argumento para probar que la ciencia es hábito simple, aunque venza distintas dificultades inadecuadas. Luego falso e inconsecuentemente decimos en el presente que las virtudes morales no reciben adición, sino solamente la ciencia.
Se responde que, como dijimos en el lugar citado de la Lógica en la solución a la confirmación del primer argumento,13 las virtudes infusas, como la caridad y la fe, pueden tener diversa dificultad acerca de diversas materias, no por parte de la misma virtud, sino por parte del operante, que es dificultad accidental, y sin embargo única cualidad simple basta a superarlas. De modo semejante, pues, bastará en las ciencias a superar distintas dificultades acerca de distintas conclusiones, aunque requiera a ellas diversos motivos inadecuados, por el hecho de que se unen bajo la misma razón formal y lumine; están, en efecto, coordinados entre sí aquellos motivos, en cuanto uno se deduce de otro. Así, pues, se deduce eficaz argumento de semejante para probar que una cualidad bastará a alcanzar diversas conclusiones, aunque cualquiera tenga su prueba y motivo distinto y diversa dificultad por parte del mismo medio, y no solamente por parte del operante, porque todavía resta lugar a la unidad del hábito, porque se salva la principal razón, de donde se toma su unidad, a saber, la misma razón formal científica, bajo la cual todos aquellos motivos y pruebas se coordinan y contienen. De donde si no repugna que una cualidad alcance distintas materias y venza distintas dificultades por parte del operante, con tal que se conserve la misma razón formal, como es patente en las virtudes, también no repugnará permaneciendo la unidad de la razón formal, que la misma cualidad alcance diversas conclusiones y venza distintas dificultades que requieren distintos medios bajo la misma única razón formal y lumine ordenada.
Tercera proposición es que este aumento extensivo se dice por el D. Tomás hacerse por adición, por la cual se aumenta el hábito según sí, la intensión, en cambio, por radicación en el sujeto, y no por adición, no porque nueva cualidad se añada en el aumento extensivo (esto, en efecto, niega S. Tomás en la 1. 2. q. 54. art. 4.), sino porque se añade nuevo aumento objetivo, y porque el orden al objeto se dice convenir al hábito según sí, la participación, en cambio, y radicación de la intensión se haga por orden al sujeto en la sentencia del D. Tomás, por ello a distinguir un aumento de otro se dice aquel aumento hacerse por adición, este, en cambio, no, porque allí se añade nuevo objeto y nueva explicación del hábito a aquel, aquí, en cambio, no se añade nuevo sujeto, sino en el mismo se hace intensión, ni tampoco nueva entidad de cualidad, y así de ninguna parte se hace adición.
Se solucionan los argumentos.
Primero se argumenta: Porque no está que la intensión aumente la cualidad según más y menos, a menos que la misma especie y esencia de la cualidad se varíe; luego la razón de intensión explicada es nula. El antecedente se prueba, porque aquello, en lo cual la cualidad se hace más y menos, es la misma propia razón y especie de la cualidad; las especies, en cambio, son como los números, de modo que por cualquier añadido o sustraído se varían.
Si se dijera hacerse la intensión por más y menos no en la misma razón esencial y específica, que consiste en indivisible, sino en algo extrínseco, como en adición de grado o entidad nueva o en mayor participación o radicación en el sujeto: Contra está, porque imprimis la intensión no puede hacerse por adición de nueva cualidad de la misma especie, como diremos en el artículo siguiente. Diversa, en cambio, participación en el sujeto y radicación no puede hacerse según algo accidental, sino según la misma esencia de la cualidad. Y lo opuesto dice el D. Tomás ser ignorancia de propia voz en la 2. 2. q. 24. art. 4. ad 3. y en la q. 1. de Virtut. art. 11.14 Luego en la misma esencia se hace variación por intensión. Luego, porque si la intensión no se hace según variación en la misma razón esencial o especie de la cualidad, sino en algo extrínseco o perteneciente a la individuación, se sigue que las formas sustanciales puedan intensificarse, porque puede salvarse la especie indivisible, que presta la forma con aumento según más y menos en algo extrínseco individual, como porque de modo más perfecto se unen al sujeto o son raíz de modo más perfecto de operar. ¿Por qué, pues, en ellas no habrá aumento de intensión?
Y el mismo argumento puede hacerse de la cantidad, porque según diverso modo de terminar el sujeto puede más perfecta e imperfectamente participarse en el sujeto de cierto modo extrínseco, y no perteneciente a la especie intrínseca. ¿Por qué, pues, no recibirá más y menos?
Se responde negando el antecedente. Y a la prueba se dice que por intensión no se varía la especie, sino el modo de la especie en actualizar el sujeto y más perfectamente reducirlo de potencia a acto, como en el artículo siguiente se dirá. Para, en cambio, que alguna adición o sustracción varíe la especie de alguna forma, debe añadir o sustraer algún predicado quiditativo o modo de tales predicados intrínseco y esencialmente requerido, no en cambio añadir o quitar solamente algún modo de diversa participación en el sujeto o adición de nueva entidad como integral, así como vemos en la sustancia material varias o menos partes integrales añadirse o sustraerse sin variación de especie.
A la primera réplica se dice no hacerse la intensión por adición de nueva entidad, sino por mayor radicación en el sujeto, como diremos en el artículo siguiente. Dice, en cambio, el D. Tomás ignorar la propia voz, quienes dicen aumentarse la forma por radicación en el sujeto, y no según esencia, porque la radicación misma entendían no pertenecer a la entidad del accidente, puesto que sin embargo la entidad del accidente de sí postula inherir y participarse en el sujeto, y así más radicarse sin duda involucra la entidad misma. Y así dice el D. Tomás en el lugar citado de la 2. 2., que nada otra cosa es aumentarse ella misma según esencia, que más inerse al sujeto, lo cual es más radicarse ella. De lo cual más en el art. 3.
A la segunda réplica se responde obstaculizar a la forma sustancial, para que no se intensifique, porque no tiene latitud y contrariedad, por la cual sea capaz de movimiento y consiguientemente de intensión, como ya arriba15 se dijo. Y aunque la especie indivisible de la forma pueda estar con aumento divisible según más y menos, esto sin embargo en la forma sustancial no tiene lugar, porque no solamente en sí tiene especie, sino constituye su compuesto, que informa en especie. De donde ni por parte de su especie ni por parte de su participación y del sujeto participante funda latitud, sino si de algún modo se varía, toda la especie se varía en sí y en la participación del sujeto. De otro modo es en el accidente, por cuya participación el sujeto mismo no se constituye en su especie esencial, sino constituido se supone, de donde de esta parte no se impide la forma accidental intensificarse y remitirse. Ni sin embargo de ello se sigue que todas las formas accidentales puedan intensificarse o remitirse, si no tienen otras condiciones, como contrariedad o latitud, de modo que la indivisibilidad en la constitución de ellas no sea intrínseca y de su razón, así como en constituyendo especies de cantidad arriba16 advertimos, y en otras especies de cualidad carentes de latitud e incluyendo indivisibilidad.17
Que si digas a Aristóteles en el 8. de la Metafísica texto 10.18 y a S. Tomás allí lect. 3.19 decir que la materia quizá recibe más y menos, responde el D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1. esto entenderse de la materia según disposiciones materiales, no según su sustancia, según la cual compone con la forma especie indivisible de naturaleza.
Segundo objetarás: La cualidad según sí y antecedentemente al respecto al sujeto tiene contrariedad, v. g. con el frío, porque tiene contrariedad con aquel, que no mendiga del sujeto, sino donde hay contrariedad, hay máxima distancia, luego también hay latitud según más y menos, y consiguientemente intensión y remisión. Es más, esta contrariedad de las formas solamente es según grados, porque en grados remisos no se contrarían las cualidades, sino en intensos, en los cuales solamente no se compatibilizan. Luego no por orden al sujeto se dicen tener más y menos, sino según sí.
Asimismo si Dios separara la blancura de la nieve y la blancura del hombre, más perfecta sería aquella que esta, y no por radicación en el sujeto, porque fuera de él están, luego según sí; y así no repugnará a la sustancia tener intensión.
Finalmente, porque es la misma blancura en concreto y en abstracto, luego si en abstracto no se intensifica, ni en concreto, o al contrario si en concreto se intensifica, también en abstracto. Que si el accidente en concreto, como lo blanco, se tome no por la forma existente en el sujeto, sino por el compuesto del cuerpo y de la blancura, este no se intensifica, porque algo, que incluye, a saber, el cuerpo, no se intensifica.
Se responde que aunque algunas cualidades según sí funden contrariedad como entre forma y forma, y no solamente según participación del sujeto (aunque la contrariedad no pueda ejercerse a menos que en el sujeto, porque los contrarios en el mismo sujeto mutuamente se expellen), sin embargo la latitud y distancia según más y menos en la intensión de las formas no se toma según alguna contrariedad entre forma y forma, sino según la latitud de participación y radicación de la forma en el mismo sujeto. Y cuando se dice que donde hay máxima distancia, también hay latitud según más y menos, se responde que es según más y menos en diversas formas, que no son extremas, sino medias entre los extremos contrarios. Más, en cambio, y menos en la misma forma no funda contrariedad y distancia a menos que respecto del sujeto, en el cual se radica y se participa. Y así la contrariedad entre forma y forma, sea según máxima distancia sea según formas medias, conviene a las formas según sí, la distancia, en cambio, según más y menos en la misma forma no le conviene a menos que según diversa participación en el sujeto. La contrariedad, pues, entre forma y forma proviene de la misma naturaleza de tales formas, aunque requiera estado perfecto, para que la contrariedad se ejerza, lo cual no se hace a menos que en grados perfectos, porque los grados imperfectos se computan en el mismo sujeto, como más ampliamente diremos abajo en la q. 10.20
A aquello, en cambio, que se dice de la blancura del hombre y de la nieve separada, se responde que una de ellas será más intensa que la otra, no por mayor radicación actual en el sujeto, porque carecen, sino por la aptitudinal, que retienen, y el orden, que dicen al sujeto. Cuando, en cambio, el D. Tomás dice que la blancura separada tiene toda perfección posible y no puede intensificarse, habla de la blancura, si fuera subsistente y ni en acto ni en aptitud mirara al sujeto.
Finalmente a aquello que se dice de la blancura en abstracto y en concreto, decimos que es la misma forma, pero no en el mismo estado ni con el mismo respecto, porque en concreto mira al sujeto, en abstracto lo deja. De donde dice el D. Tomás en la 1. 2. q. 53. art. 2. ad 3., que la intensión y remisión se atribuye a los accidentes en concreto, y así no se dice más blancura, sino más blanco. Lo blanco, en cambio, por el compuesto no se intensifica en razón del todo, sino en razón de la parte, a saber, en razón de la forma como comunicable al sujeto.