Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
Dedicatio I: Dedicatoria
Prooemium I: Proemio
Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción
Quaestio I: De la generación sustancial
Articulus I: Qué es la generación comúnmente dicha y la generación propia de los vivientes
Articulus II: Con qué principios la filosofía alcanza que se da generación sustancial
Articulus III: En qué acción y mutación consiste la generación sustancial
Articulus IV: Cuál es el término formal, y cuál el adecuado de la generación sustancial
Articulus V: Cuál es el sujeto de la generación, y de su distinción de la creación
Articulus VI: Si en la generación sustancial se hace resolución de toda forma hasta la materia prima
Articulus VII: Cómo la última disposición se causa, o causa la generación sustancial
Quaestio II: De la corrupción
Articulus I: Cómo difiere la corrupción en razón de mutación de la generación y de la aniquilación
Articulus II: Si la corrupción y la generación son la misma acción, en razón de la cual la generación de uno es corrupción de otro
Articulus III: Si la corrupción es natural y por sí intentada por la naturaleza
Quaestio III: De la alteración en común
Articulus I: Qué es la alteración y cuántupla
Articulus II: A qué especies de cualidad se da por sí la alteración
Articulus III: Si la alteración es un solo movimiento y continuo
Quaestio IV: De la intensión y remisión
Articulus I: Qué es la intensión y remisión, y en qué formas se encuentra
Generalmente hablando todo aumento o decremento se dice cantidad, en cualquier cosa que acontezca, por el hecho de que aquello que a nosotros es más sensible y manifiesto en los aumentos de las cosas, es la cantidad. De triple modo, en cambio, puede encontrarse esta razón de cantidad en las cualidades o formas: De un modo por extensión en el sujeto; y esto solamente conviene a las cualidades, que inheren en sujeto que tiene partes cuantitativas, así como cuando la blancura se difunde por algún sujeto y crece en él, porque está en varios sujetos, y de este modo se dice cualidad grande o cuanta por accidente por la cantidad del sujeto. De otro modo se atribuyen cantidad o magnitud a la cualidad por parte del objeto, acerca del cual se versa, así como conviene a los hábitos del intelecto o de la voluntad, que se versan acerca de algunos objetos y a veces varios, a veces menos comprenden, y según esto se dicen extenderse o aumentarse en orden a los objetos. Y esta se llama extensión virtual o cantidad de virtud, por el hecho de que grande virtud se dice por orden al objeto o peso, que puede llevar. De tercer modo se dice cantidad o magnitud de la cualidad según participación de mayor perfección según más y menos, y esto pertenece a la intensión y remisión, de lo cual puede verse S. Tomás en la q. 1. de Virtut. art. 11. ad 10.1
De esta, pues, intensión dos cosas suponemos en el presente artículo y la otra, que es más difícil, disputamos.
Primero suponemos que se da tal incremento de intensión y decremento de remisión, lo cual pertenece a la cuestión, si es. Esto, en cambio, consta de la misma experiencia. Pues vemos las cualidades crecer o decrecer según más o menos, lo cual no puede reducirse a las otras dos extensiones o magnitudes dichas. Pues vemos el calor o la blancura o la luz a veces ser más perfecta y mayor, no porque ocupe más partes del sujeto, sino las mismas, ni porque el sujeto sea más denso o más raro, puesto que en el mismo aire la luz del sol es más perfecta que la de la luna, permaneciendo la misma rareza del aire; y así este aumento no pertenece a la cantidad de extensión formal. De modo semejante ni pertenece a la extensión virtual, porque la luz y el calor y semejantes cualidades no tienen diversos objetos, acerca de los cuales se versen, sino sujetos, que informan. Resta, pues, que sea cantidad y aumento de intensión según más y menos.
Segundo suponemos la definición de intensión, lo cual pertenece a la cuestión, qué es. Puede, en cambio, definirse la intensión, que es «movimiento de ser o estado más imperfecto de la misma cualidad a más perfecto permaneciendo el mismo sujeto sensible»; la remisión, en cambio, al contrario «de más perfecto a más imperfecto». Así transmite el Mag. Báñez2 q. 2. de Alterat. Y se dice «de ser o estado más imperfecto», para que la definición abstraiga de toda opinión, si se haga la intensión según diversos grados o diversos modos o diversa participación en el ser, de las cuales después diremos. Se dice, en cambio, „movimiento”, que es género a la alteración y consiguientemente a la intensión. Pero porque no toda intensión se hace por alteración propiamente dicha, como en las cualidades espirituales, por ello usamos el nombre general de movimiento. Y se excluye también por esto la adquisición de nuevo estado en alguna cualidad o forma no por movimiento, sino por alguna elevación o modo de operar diverso, así como la caridad, que está en la vía, muda el estado en la patria, no por mayor intensión y movimiento, sino por nueva aprehensión del objeto claramente visto. Finalmente se significa la distinción de la intensión de la simple alteración por esto, que sea de la misma cualidad a estado o ser más perfecto, porque la alteración simple produce la misma cualidad primero y por sí, no en cambio solamente estado o ser más perfecto de ella.
Inquirimos, en cambio, cuáles formas sean capaces de este incremento y magnitud según más y menos, que es la intensión y remisión? Y esta dificultad por algunas conclusiones ha de resolverse.
Digo primero: La sustancia es incapaz de aumento de intensión, y de modo semejante la cantidad y la relación.
La sentencia es expresa del Filósofo, y la siguen comúnmente todos sus intérpretes. Pues en el cap. de la Sustancia3 se pone entre sus propiedades no recibir más y menos. Y de la cantidad lo mismo enseña en el cap. de la Cantidad.4 Y de la relación también enseña,5 que no recibe más y menos a menos que en razón de su fundamento, así como es más intensa la semejanza, cuando la conveniencia de los extremos es mayor, aunque las formas mismas o las cosas menos sean intensas en sí, y así se sigue la intensión de la relación a la intensión del fundamento próximo, no remoto.
El fundamento de esta conclusión en común puede tomarse, porque a estos tres predicamentos primero y por sí no se da movimiento estrictamente dicho, a saber, el que se hace según latitud positiva, la intensión, en cambio, es movimiento. Que si algún movimiento se da, es según extensión, como en la aumentación de la cantidad. Pues la sustancia consta hacerse por mutación, y no por movimiento, puesto que no se hace del mismo sujeto sensible, sino de la materia prima. De modo semejante la cantidad cuando primero se produce, se sigue a la misma generación sin otro movimiento. Cuando, en cambio, después se extiende, admite movimiento de aumentación, pero no de alteración e intensión. De donde una parte de cantidad añadida a otra no hace grado más perfecto, sino extensión de la misma perfección; hace, en efecto, mayor, no mejor. Y esto principalmente, porque las especies de cantidad se varían esencialmente según diversa terminación, como es patente en los números y figuras, en el bicúbito y tricúbito etc. Luego de su razón es la indivisibilidad o terminación, luego no admiten en la misma especie latitud. A la relación, finalmente, no se da por sí movimiento, como en el 5. de los Físicos se dice y allí probamos en la q. 19.,6 solamente, en efecto, la relación resulta puesto el fundamento, no a ella se da movimiento, y así no tiene intensión por sí primero, sino si tiene, es consecuida del fundamento.
Segundo en particular se toma el fundamento del D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1., porque a saber la forma, de la cual se toma la especie de la cosa, que actualiza, no puede no consistir en indivisible, y consiguientemente no recibir más ni menos. Si, en efecto, aquello que constituye la especie, tuviera latitud, o toda aquella latitud se requeriría a constituir la especie, o sin toda podría constituirse la especie, aunque algo de ella faltara. Si lo primero, no se salva la divisibilidad en tal forma, puesto que no se constituye la especie por la misma su latitud, sino por la totalidad y consumación de ella, lo cual ciertamente dice indivisibilidad; el último, en efecto, siempre es indivisible. Si lo segundo, luego sin alguna parte de aquella latitud se salva la especie, y así aquello, sin lo cual se salva, no pertenece a la constitución de la especie, ni es predicado quiditativo, puesto que sin él la quididad se salva.
De lo cual se deduce que la forma sustancial no recibe más y menos, porque por sí intrínsecamente se ordena a constituir la especie sustancial de la cosa, de la cual es forma. Y aunque la cualidad y otros accidentes también tengan su especie y esencia, sin embargo aquellas formas no se ordenan a constituir la especie de su sujeto, que informan, sino suponen constituida, y así por sí primero no constituyen la especie de aquel, en el cual están. La forma sustancial, en cambio, constituye por sí primero la especie de aquel, en el cual está, y por esto la forma sustancial tiene repugnancia con la intensión o recepción de más y menos. No, en cambio, de esta parte lo tiene la forma accidental, aunque, para que de hecho la intensión le convenga, se requieran varias otras condiciones; pero basta por ahora, que la forma sustancial en aquello, en lo cual se encuentra, da especie esencial y por sí, la forma accidental, en cambio, no, sino supone la especie constituida. De donde significativamente el D. Tomás en el lugar citado no dijo por ello que la forma sustancial no recibe más y menos, porque tiene especie o da aquella de cualquier modo, sino porque el participante tal forma tiene especie según ella misma. Por lo cual ha de mirarse al oficio, que ejerce la forma en su participante o en su sujeto, en el cual se recibe. Si, en efecto, el sujeto así mira alguna forma, que por ella tiene su especie y su constitutivo, tal forma en tal participante no recibe más y menos. Las otras formas, en cambio, que así adviene al sujeto, que por ellas el participante no tenga especie, sino más bien adviene a la especie constituida, de esta parte no repugna que tengan alguna latitud en tal sujeto, no obstante que tengan alguna especie, pero no constituyente el mismo sujeto, en el cual se participan; y por ello de tal participación en el sujeto no repugna tener latitud según más y menos.
Que si digas: Pues toda especie consiste en algún indivisible; son, en efecto, las especies como los números, que por cualquier añadido o sustraído se varían: Se responde que otra cosa es que la especie cuanto a su constitución consista en indivisible, otra cosa que por él mismo se constituya el mismo sujeto participante tal forma, o que la misma indivisibilidad sea otra cosa que predicado de los constitutivos de tal especie. Esto, en efecto, no se encuentra en toda especie, y por ello no todas repugnan a la divisibilidad y latitud, que tienen en la participación del sujeto, aunque se diga que cualquier especie consiste en indivisible por la integridad, que requiere, de todos los predicados esenciales a su constitución. No, sin embargo, toda especie excluye la divisibilidad por parte de la participación del sujeto, de donde se toma la latitud de intensión, como diremos inmediatamente.
Digo segundo: En sola la cualidad se encuentra la intensión, no sin embargo en toda especie de cualidad.
Y ciertamente hablando de la intensión física, que es especie de alteración, no hay duda, que así como la alteración no se da a menos que en el predicamento de cualidad, así ni la intensión, su especie. Pero sin embargo para que alguno no diga que la intensión puede encontrarse en las espirituales, y no solamente en la alteración, por ello más generalmente ha de probarse la conclusión. Y imprimis que en este predicamento se encuentre intensión al menos cuanto a algunas de sus especies, de ningún modo puede dudarse, puesto que se apoya en manifiesta experiencia, así como vemos el calor a veces más intensificarse, a veces remitirse. Y lo mismo es de otras primeras cualidades y de cualidades medias, como el color, la rareza y densidad y semejantes.
Discurriendo, en cambio, por las especies de este predicamento, que son capaces de intensión no solamente alterativa (esta, en efecto, se reduce a sola la tercera especie así como la misma alteración), sino también comúnmente dicha, consta imprimis que el hábito y la disposición es capaz de intensión, porque los hábitos de las virtudes a veces son más fervientes, a veces más remisos, y de modo semejante la ciencia a veces es más profunda y eficaz, a veces más obtusa. No solamente según extensión a diversas conclusiones, sino acerca de la misma verdad puede darse mayor claridad y resolución a sus principios, lo cual pertenece a mayor intensión, y así se denomina alguno más sabio o más virtuoso. Y esto también se extiende a los hábitos sobrenaturales, así como de la caridad se dice a Filip. 1.:7 «Oro para que vuestra caridad abunde más y más». Apoc. último:8 «El que es justo, justifíquese todavía». Y finalmente en la justicia acepta crecer a los santificados define el Concilio de Trento ses. 6. cap. 10.
Lo que atañe a la segunda especie, algunos estiman no recibir más y menos, como el intelecto y la voluntad, la potencia visiva etc., porque son propias pasiones e inmediatamente se siguen a la esencia de la cosa por dimanación, no en cambio por movimiento y según contrariedad de latitud convienen al sujeto. Lo opuesto tiene el Mag. Báñez en el 1. de la Generación cap. 4. q. 3. concl. última, y pone ejemplo en la potencia visiva, que consta recibir más y menos, y ahora ser de vista más aguda, ahora más hebetada. Ciertamente el águila ve más intensamente que el hombre, y entre los hombres algunos mejor y más fuertemente que otros, e incomparablemente verán más agudamente los ojos del mismo hombre después de la resurrección que ahora. Ni obsta que sean propias pasiones del alma, porque también el calor y la sequedad y otras primeras cualidades son propiedades de los elementos, y sin embargo reciben más y menos. Cayetano en la 1. 2. q. 52. art. 1. al fin,9 media vía incede y dice que las potencias naturales, que se siguen inmutablemente a las sustancias, no se intensifican, así como ni las mismas sustancias; las que, en cambio, no se siguen inmutablemente, sino dependientemente de alguna alteración, como lo duro y lo blando y otras semejantes, no conviene que reciban más y menos. Y porque las potencias afijadas a órganos corpóreos dependen de cualidades alterativas, por las cuales los órganos se temperan, por ello parece que aquellas pueden recibir más y menos, así como la potencia visiva puede ser más aguda y de modo semejante el oído etc. Y parece esta sentencia bastante razonable. No, en efecto, hay razón, por qué no reciban más y menos estas potencias, que de cualidades primeras o alteración dependen, principalmente puesto que la experiencia sufraga, que en ellas siente intensión y remisión, como en la potencia visiva y blanda y dura y otras consta. Ni obsta que por generación instantánea se hacen, porque también algunas que instantáneamente se hacen, pueden intensificarse, como la luz y los actos espirituales del intelecto y de la voluntad. Que, en cambio, algunas potencias no se intensifiquen, por ello es, como dice Cayetano,10 porque inmutablemente se siguen a alguna naturaleza, es decir, independientemente de cualidades alterativas. Y principalmente las que a alguno convienen según el último grado constitutivo de la naturaleza, como el intelecto y la voluntad al grado racional, no reciben más y menos, porque el mismo grado dice cierta ultimación. Así, pues, no ha de regularse esto por esto, que alguna cualidad sea propia pasión o no, sino por esto, que alguna indivisible sea de la razón de alguna forma o no sea, como arriba insinuamos. Y así porque ciertas potencias son inmediatamente consecuídas a la sustancia e independientes de alguna alteración, por ello algunas no reciben latitud según más y menos, otras, en cambio, que no así inmediatamente se siguen, ni independientes son de alguna alteración y primeras cualidades, reciben más y menos en razón de ellas.
Lo que atañe a la tercera especie de cualidad, no ha de dudarse que en ella pueda encontrarse intensión y esta físicamente alterativa, puesto que en la tercera especie de cualidad, como probamos en la cuestión precedente, se encuentra propiamente alteración física, y consiguientemente intensión puede encontrarse, que es su especie, y esto también al sentido es patente por el calor y el frío y otras cualidades sensibles, que a esta especie pertenecen.
Finalmente en la cuarta especie de cualidad no se encuentra movimiento de intensión, porque de la razón de la figura, que a tal especie pertenece, es la terminación de la cantidad, de la cual resulta, y esta se varía en especie por cualquier variedad de terminación hecha. La terminación, en cambio, según algo indivisible se hace, y así no se compatibiliza con latitud de intensión.
Digo último: Además de la intensión, que es movimiento según más y menos, y además de la extensión por partes cuantitativas del cuerpo se da también aumento extensivo en algunas cualidades, no según partes del sujeto, al cual inhiere, sino según objetos, que se alcanzan, porque son objetos inadecuados, y según que algún hábito alcanza diversos objetos, más se dice aumentarse extensivamente.
Así se toma del D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1. ad 2. y en la 2. 2. q. 24. art. 5., donde enseña que cierto hábito se aumenta por adición respecto de los objetos, así como la ciencia, que paulatinamente se aprende, se aumenta de nuevo acerca de diversas conclusiones, que antes no alcanzaba. Y este aumento no es intensión, porque no se versa acerca de la misma verdad, sino acerca de diversas. La intensión, en cambio, de la ciencia se hace por esto, que más clara y profundamente comprenda la misma verdad.
Acerca de este aumento extensivo nota tres proposiciones del D. Tomás: Primera, que tal aumento no acontece en todas las formas o cualidades, sino en aquellas, que se especifican por algo extrínseco o dicen orden a otro. Así enseña en la 1. 2. q. 52. art. 1. al fin del cuerpo.
Segunda es que ni en todos los hábitos que dicen orden al objeto especificante se encuentra este aumento. La caridad, en efecto, dice orden al objeto, ni sin embargo admite adición por aumento extensivo, como enseña S. Tomás en la 2. 2. q. 24. citada, por el hecho de que cualquier mínima caridad cumple toda la ley y a todas las tentaciones resiste, y así cualquiera alcanza todos los objetos, a saber, Dios y el prójimo; no, pues, se hace mayor por extensión a los objetos. La ciencia, en cambio, necesita esta extensión, porque por distintos medios procede a distintas conclusiones por probar, aunque todas estén coordinadas entre sí y bajo el mismo lumine y por ello al mismo hábito pertenecen, pero piden diversa explicación del objeto y distintas especies u ordenación de ellas, y distintos medios probativos, de lo cual más ampliamente dijimos en la Lógica q. 27. art. 2.11
Que si digas: Pues también las virtudes morales, aunque sean infusas, pueden tener nueva dificultad acerca de diversos objetos parciales, como en el lugar citado de la Lógica12 dijimos. Es más, de allí tomamos argumento para probar que la ciencia es hábito simple, aunque venza distintas dificultades inadecuadas. Luego falso e inconsecuentemente decimos en el presente que las virtudes morales no reciben adición, sino solamente la ciencia.
Se responde que, como dijimos en el lugar citado de la Lógica en la solución a la confirmación del primer argumento,13 las virtudes infusas, como la caridad y la fe, pueden tener diversa dificultad acerca de diversas materias, no por parte de la misma virtud, sino por parte del operante, que es dificultad accidental, y sin embargo única cualidad simple basta a superarlas. De modo semejante, pues, bastará en las ciencias a superar distintas dificultades acerca de distintas conclusiones, aunque requiera a ellas diversos motivos inadecuados, por el hecho de que se unen bajo la misma razón formal y lumine; están, en efecto, coordinados entre sí aquellos motivos, en cuanto uno se deduce de otro. Así, pues, se deduce eficaz argumento de semejante para probar que una cualidad bastará a alcanzar diversas conclusiones, aunque cualquiera tenga su prueba y motivo distinto y diversa dificultad por parte del mismo medio, y no solamente por parte del operante, porque todavía resta lugar a la unidad del hábito, porque se salva la principal razón, de donde se toma su unidad, a saber, la misma razón formal científica, bajo la cual todos aquellos motivos y pruebas se coordinan y contienen. De donde si no repugna que una cualidad alcance distintas materias y venza distintas dificultades por parte del operante, con tal que se conserve la misma razón formal, como es patente en las virtudes, también no repugnará permaneciendo la unidad de la razón formal, que la misma cualidad alcance diversas conclusiones y venza distintas dificultades que requieren distintos medios bajo la misma única razón formal y lumine ordenada.
Tercera proposición es que este aumento extensivo se dice por el D. Tomás hacerse por adición, por la cual se aumenta el hábito según sí, la intensión, en cambio, por radicación en el sujeto, y no por adición, no porque nueva cualidad se añada en el aumento extensivo (esto, en efecto, niega S. Tomás en la 1. 2. q. 54. art. 4.), sino porque se añade nuevo aumento objetivo, y porque el orden al objeto se dice convenir al hábito según sí, la participación, en cambio, y radicación de la intensión se haga por orden al sujeto en la sentencia del D. Tomás, por ello a distinguir un aumento de otro se dice aquel aumento hacerse por adición, este, en cambio, no, porque allí se añade nuevo objeto y nueva explicación del hábito a aquel, aquí, en cambio, no se añade nuevo sujeto, sino en el mismo se hace intensión, ni tampoco nueva entidad de cualidad, y así de ninguna parte se hace adición.
Se solucionan los argumentos.
Primero se argumenta: Porque no está que la intensión aumente la cualidad según más y menos, a menos que la misma especie y esencia de la cualidad se varíe; luego la razón de intensión explicada es nula. El antecedente se prueba, porque aquello, en lo cual la cualidad se hace más y menos, es la misma propia razón y especie de la cualidad; las especies, en cambio, son como los números, de modo que por cualquier añadido o sustraído se varían.
Si se dijera hacerse la intensión por más y menos no en la misma razón esencial y específica, que consiste en indivisible, sino en algo extrínseco, como en adición de grado o entidad nueva o en mayor participación o radicación en el sujeto: Contra está, porque imprimis la intensión no puede hacerse por adición de nueva cualidad de la misma especie, como diremos en el artículo siguiente. Diversa, en cambio, participación en el sujeto y radicación no puede hacerse según algo accidental, sino según la misma esencia de la cualidad. Y lo opuesto dice el D. Tomás ser ignorancia de propia voz en la 2. 2. q. 24. art. 4. ad 3. y en la q. 1. de Virtut. art. 11.14 Luego en la misma esencia se hace variación por intensión. Luego, porque si la intensión no se hace según variación en la misma razón esencial o especie de la cualidad, sino en algo extrínseco o perteneciente a la individuación, se sigue que las formas sustanciales puedan intensificarse, porque puede salvarse la especie indivisible, que presta la forma con aumento según más y menos en algo extrínseco individual, como porque de modo más perfecto se unen al sujeto o son raíz de modo más perfecto de operar. ¿Por qué, pues, en ellas no habrá aumento de intensión?
Y el mismo argumento puede hacerse de la cantidad, porque según diverso modo de terminar el sujeto puede más perfecta e imperfectamente participarse en el sujeto de cierto modo extrínseco, y no perteneciente a la especie intrínseca. ¿Por qué, pues, no recibirá más y menos?
Se responde negando el antecedente. Y a la prueba se dice que por intensión no se varía la especie, sino el modo de la especie en actualizar el sujeto y más perfectamente reducirlo de potencia a acto, como en el artículo siguiente se dirá. Para, en cambio, que alguna adición o sustracción varíe la especie de alguna forma, debe añadir o sustraer algún predicado quiditativo o modo de tales predicados intrínseco y esencialmente requerido, no en cambio añadir o quitar solamente algún modo de diversa participación en el sujeto o adición de nueva entidad como integral, así como vemos en la sustancia material varias o menos partes integrales añadirse o sustraerse sin variación de especie.
A la primera réplica se dice no hacerse la intensión por adición de nueva entidad, sino por mayor radicación en el sujeto, como diremos en el artículo siguiente. Dice, en cambio, el D. Tomás ignorar la propia voz, quienes dicen aumentarse la forma por radicación en el sujeto, y no según esencia, porque la radicación misma entendían no pertenecer a la entidad del accidente, puesto que sin embargo la entidad del accidente de sí postula inherir y participarse en el sujeto, y así más radicarse sin duda involucra la entidad misma. Y así dice el D. Tomás en el lugar citado de la 2. 2., que nada otra cosa es aumentarse ella misma según esencia, que más inerse al sujeto, lo cual es más radicarse ella. De lo cual más en el art. 3.
A la segunda réplica se responde obstaculizar a la forma sustancial, para que no se intensifique, porque no tiene latitud y contrariedad, por la cual sea capaz de movimiento y consiguientemente de intensión, como ya arriba15 se dijo. Y aunque la especie indivisible de la forma pueda estar con aumento divisible según más y menos, esto sin embargo en la forma sustancial no tiene lugar, porque no solamente en sí tiene especie, sino constituye su compuesto, que informa en especie. De donde ni por parte de su especie ni por parte de su participación y del sujeto participante funda latitud, sino si de algún modo se varía, toda la especie se varía en sí y en la participación del sujeto. De otro modo es en el accidente, por cuya participación el sujeto mismo no se constituye en su especie esencial, sino constituido se supone, de donde de esta parte no se impide la forma accidental intensificarse y remitirse. Ni sin embargo de ello se sigue que todas las formas accidentales puedan intensificarse o remitirse, si no tienen otras condiciones, como contrariedad o latitud, de modo que la indivisibilidad en la constitución de ellas no sea intrínseca y de su razón, así como en constituyendo especies de cantidad arriba16 advertimos, y en otras especies de cualidad carentes de latitud e incluyendo indivisibilidad.17
Que si digas a Aristóteles en el 8. de la Metafísica texto 10.18 y a S. Tomás allí lect. 3.19 decir que la materia quizá recibe más y menos, responde el D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1. esto entenderse de la materia según disposiciones materiales, no según su sustancia, según la cual compone con la forma especie indivisible de naturaleza.
Segundo objetarás: La cualidad según sí y antecedentemente al respecto al sujeto tiene contrariedad, v. g. con el frío, porque tiene contrariedad con aquel, que no mendiga del sujeto, sino donde hay contrariedad, hay máxima distancia, luego también hay latitud según más y menos, y consiguientemente intensión y remisión. Es más, esta contrariedad de las formas solamente es según grados, porque en grados remisos no se contrarían las cualidades, sino en intensos, en los cuales solamente no se compatibilizan. Luego no por orden al sujeto se dicen tener más y menos, sino según sí.
Asimismo si Dios separara la blancura de la nieve y la blancura del hombre, más perfecta sería aquella que esta, y no por radicación en el sujeto, porque fuera de él están, luego según sí; y así no repugnará a la sustancia tener intensión.
Finalmente, porque es la misma blancura en concreto y en abstracto, luego si en abstracto no se intensifica, ni en concreto, o al contrario si en concreto se intensifica, también en abstracto. Que si el accidente en concreto, como lo blanco, se tome no por la forma existente en el sujeto, sino por el compuesto del cuerpo y de la blancura, este no se intensifica, porque algo, que incluye, a saber, el cuerpo, no se intensifica.
Se responde que aunque algunas cualidades según sí funden contrariedad como entre forma y forma, y no solamente según participación del sujeto (aunque la contrariedad no pueda ejercerse a menos que en el sujeto, porque los contrarios en el mismo sujeto mutuamente se expellen), sin embargo la latitud y distancia según más y menos en la intensión de las formas no se toma según alguna contrariedad entre forma y forma, sino según la latitud de participación y radicación de la forma en el mismo sujeto. Y cuando se dice que donde hay máxima distancia, también hay latitud según más y menos, se responde que es según más y menos en diversas formas, que no son extremas, sino medias entre los extremos contrarios. Más, en cambio, y menos en la misma forma no funda contrariedad y distancia a menos que respecto del sujeto, en el cual se radica y se participa. Y así la contrariedad entre forma y forma, sea según máxima distancia sea según formas medias, conviene a las formas según sí, la distancia, en cambio, según más y menos en la misma forma no le conviene a menos que según diversa participación en el sujeto. La contrariedad, pues, entre forma y forma proviene de la misma naturaleza de tales formas, aunque requiera estado perfecto, para que la contrariedad se ejerza, lo cual no se hace a menos que en grados perfectos, porque los grados imperfectos se computan en el mismo sujeto, como más ampliamente diremos abajo en la q. 10.20
A aquello, en cambio, que se dice de la blancura del hombre y de la nieve separada, se responde que una de ellas será más intensa que la otra, no por mayor radicación actual en el sujeto, porque carecen, sino por la aptitudinal, que retienen, y el orden, que dicen al sujeto. Cuando, en cambio, el D. Tomás dice que la blancura separada tiene toda perfección posible y no puede intensificarse, habla de la blancura, si fuera subsistente y ni en acto ni en aptitud mirara al sujeto.
Finalmente a aquello que se dice de la blancura en abstracto y en concreto, decimos que es la misma forma, pero no en el mismo estado ni con el mismo respecto, porque en concreto mira al sujeto, en abstracto lo deja. De donde dice el D. Tomás en la 1. 2. q. 53. art. 2. ad 3., que la intensión y remisión se atribuye a los accidentes en concreto, y así no se dice más blancura, sino más blanco. Lo blanco, en cambio, por el compuesto no se intensifica en razón del todo, sino en razón de la parte, a saber, en razón de la forma como comunicable al sujeto.
Articulus II: Si la intensión se hace por adición de grado a grado o por mayor radicación en el sujeto
Convienen casi todos que a la intensión de la cualidad o se requiere o se sigue alguna mayor radicación en el sujeto, en cuanto la cualidad intensa es más firme y tenaz en el sujeto, y esto es radicación.
Por lo demás la dificultad es, si a esta firmeza, que también es aumento de la cualidad, se requiera adición de nueva entidad o forma al modo, por el cual se hace el aumento en la cantidad añadiendo nueva cantidad, o en cambio sin adición de nueva entidad por adición de nuevo modo se haga esta mayor radicación. Se hace de el mismo modo también hay dificultad, si sea nuevo modo que añade nueva fuerza informativa o razón formal de informar a la misma forma, o en cambio solamente se añada nuevo modo, que sea nueva explicación o aplicación de la misma forma sin adición de nueva razón formal. Y usamos el nombre „grado“ comúnmente en toda sentencia, porque ly grado no solamente significa diversa entidad superadita, sino también diverso modo. Y así generalmente la perfección de la intensión por el nombre de grado designamos, sea que se haga por adición de entidad y forma, sea por adición de modo, porque también diverso modo gradúa. De donde Cayetano, quien relegó la adición de la intensión en la 1. 2. q. 52. art. 2.,1 sin embargo no aborreció la expresión de grados, como allí mismo es patente § Ad evidentiam.
En esta, pues, parte las principales sentencias se reducen a dos: Primera, que la intensión se hace según adición de una cualidad a otra, la cual adición puesto que no corrompe la precedente, sino a ella se une y compone con ella, se tiene como cualidad parcial, y así imagina esta sentencia la intensión de la cualidad a modo de aumento de cantidad.
Segunda sentencia enseña que la intensión se hace sin adición de nueva cualidad o forma, sino por su misma mayor comunicación en el sujeto, que induce nueva terminación o modo en la cualidad.
La primera sentencia sigue Escoto en la 1. dist. 17. q. 5.,2 y de los recientes Fonseca,3 Suárez,4 Vázquez,5 Rubio,6 Granado7 y otros, a los cuales citan el Carmelitano aquí disp. 4. q. 8. § 1. La segunda sigue S. Tomás en la 1. dist. 17. q. 2. art. 2.8 y en la q. 1. de Virtut. art. 11.9 y en la 1. 2. q. 52. art. 2. y en la 2. 2. q. 24. art. 5., y comúnmente siguen todos los tomistas.
Por lo demás en ambas sentencias explicando se dividen varias otras sentencias. Pues acerca de la primera sentencia algunos estiman aquellas entidades parciales o grados, que constituyen la forma intensa, ser de la misma razón e igualdad, ni tener más el grado segundo o tercero que el primero, rendirse, en cambio, segundo, porque presupone el primero, al cual se superadita; y así de los restantes. Otros, en cambio, estiman aquellos grados ser de diversa razón, y el grado segundo no ser de la misma perfección e igualdad con el primero. Así el P. Suárez disp. 46. Metaph. sect. 1. desde n. 29. A estas se añaden indivisibles, que estos grados como partes unan, y de modo semejante en los mismos grados se da latitud según partes alícuotas finitas y según partes proporcionales en infinito. Y en una palabra, todas las cosas se consideran a modo de aumento en la cantidad. Hay, sin embargo, quienes admitan subordinación de estos grados entre sí, de modo que el segundo presuponga el primero y el tercero el segundo, por cierta subordinación natural y dependencia como de disposición material, y así tienen desigualdad individual, de lo cual puede verse Murcia disp. 2. de Alterat. q. 5. Omito aquella sentencia más antigua que Escoto, de la cual hace mención S. Tomás en el lugar citado de las Sentencias art. 1.10 y después siguió Durando en la 1. dist. 17. q. 7. n. 25. y otros, que la intensión produce nueva cualidad total destruyendo la antigua. Esta, en efecto, sentencia no pone la misma cualidad intensificarse y remitirse, sino diversa generarse y corromperse.
En la sentencia, en cambio, del D. Tomás explicando no poco también se trabaja acerca de aquello que se entiende por el nombre de radicación o mayor comunicación. Y comúnmente se entiende ser algún nuevo modo, pero mucho se dividen los autores en explicando, qué modo sea. Pues algunos ponen ser nuevo modo, que preste a la cualidad nueva fuerza de informar al sujeto como razón formal de comunicarse. Otros, en cambio, solamente ponen modo de nueva terminación o explicación de la forma en el sujeto, lo cual pertenece como a la unión y aplicación de ella misma. De donde algunos dijeron ser nueva unión o inherencia de la cualidad, otros nueva existencia, otros nueva reducción del sujeto de potencia a acto, y ser modo distinto de la inherencia y unión. Otros piensan consistir este modo en esto, que más se abata de la forma contraria, de modo que la misma forma más pura e impermixta permanezca. Y vuelve aquí la misma dificultad acerca de las sentencias precedentes, si a saber estos nuevos modos tengan entre sí alguna subordinación ni sean de la misma razón e igualdad, o en cambio todos sean iguales y solamente se diga segundo o tercero, porque presupone el anterior.
Digo, pues, primero: La intensión no se hace por adición de alguna nueva forma o cualidad, sea la que corrompa la pristina y produzca nueva, sea la que suponiendo la anterior otra produzca como parcial y a ella conjunta, que mayor efectúe.
Esta conclusión es expresa de Santo Tomás en los lugares recientemente alegados, donde de propósito trata esta cuestión y la resuelve. Y ciertamente la primera parte, que no se produzca forma, que corrompa la precedente, comúnmente por todos se admite, porque aquella cualidad precedente no puede destruirse por la superveniente, porque no le es contraria, sino de la misma especie ni de defecto del sujeto o de la causa conservante, porque permanecen, como suponemos, y porque de otro modo, como dijimos, no sería la intensión aumento y perfección de la misma cualidad, sino generación de nueva, así como no podría decirse aumentarse la cantidad, si se corrompiera la precedente y otra de nuevo se produjera.
La segunda, en cambio, parte, a saber, que no se haga en la intensión nueva parte de forma o cualidad, que se añada a la preexistente, manifiestamente es del D. Tomás. Y principalmente puede verse en el lugar citado de la 1. 2.11 solut. ad 2., donde dice «que la causa que aumenta el hábito hace ciertamente siempre algo en el sujeto, no en cambio nueva forma, sino hace que el sujeto más perfectamente participe la forma preexistente». Y ad 3. dice «que aquello que es menos cálido o blanco, no está en potencia a la forma, puesto que ya en acto tiene la forma, sino está en potencia al modo perfecto de participación, y esto se sigue por la acción del agente». Y en la 2. 2. q. 24. art. 5.: «la forma», dice, «ser mayor es más inerse al susceptible, no en cambio otra forma advenir; esto, en efecto, sería, si la forma tuviera alguna cantidad de sí misma, no por comparación al sujeto». Luego según el D. Tomás la mayor radicación en el sujeto no se funda en nueva entidad de la forma, sino en nuevo modo de participación de la forma. De donde no solamente niega Tomás hacerse la intensión por adición, para que no parezca poner distinción de formas, por el hecho de que a la intensión pertenece que la misma forma permanezca; sino ulteriormente se explicó el D. Tomás, que no se hace por adición la intensión, porque no se adquiere nueva forma, sino nuevo modo o participación de la forma. Luego siente absolutamente no hacerse la intensión por nueva entidad, sino por modo.
Ni obsta que algunos objetan haber dicho el D. Tomás ignorar la propia voz, quienes dicen intensificarse la cualidad según mayor radicación en el sujeto, y no según esencia. De lo cual infieren haber sentido el S. Doctor, que la intensión no se hace sin adición de entidad. Por lo demás el sentido del D. Tomás es clarísimo. Redarguye, en efecto, a aquellos, que querían intensificarse la cualidad en el sujeto sin esto, que intrínsecamente en sí se perfeccionara, sino solamente porque el sujeto diversamente se tuviera en participando la forma, la misma forma del todo invariada permaneciendo en sí misma, lo cual repugna, y es ignorar la propia voz. Ni, en efecto, la forma puede comunicarse al sujeto por sola denominación extrínseca, sino por intrínseca inmutación, puesto que se perfecciona la forma de la misma comunicación del sujeto, puesto que a esto intrínsecamente se ordena su esencia, para que informe al sujeto. De donde en el lugar citado de la 2. 2. art. 4. ad 3. después de que dijo el D. Tomás, que ignoran la propia voz, quienes dicen que la caridad no se aumenta según esencia, sino según radicación o fervor, subjunta: «Porque nada otra cosa es aumentarse ella según esencia, que más inerse en el sujeto, lo cual es más radicarse en el sujeto». Luego aumentarse según esencia no es en el D. Tomás aumentarse por adición, sino es lo mismo, que más radicarse e inerse al sujeto, lo cual no sin mutación de la misma entidad intrínsecamente se encuentra en la forma, por modo a saber a ella añadido.
Supuesto, pues, que esta es la sentencia de S. Tomás, resta transmitir el fundamento de esta verdad. A transmitir aquel, en cambio, supone S. Tomás como certísimo, que si el aumento de intensión se haga según adición de forma a forma, es imposible entender esto sin alguna distinción y número de forma a forma. Lo mismo, en efecto, a sí mismo añadirse no puede, y la misma separación de grados, cuando la cualidad se remite y pierde aquellos, manifiestamente muestra distinción alguna de aquello que se pierde, y de aquello que permanece.
Supuesto lo cual dos cosas hay, que en la sentencia del D. Tomás rinden incomposible la intensión por adición de cualidad a cualidad:
Primero, porque según el mismo D. Tomás no pueden dos accidentes solamente distintos en número y de la misma especie recibirse en la misma parte e indivisible sujeto, como mostraremos abajo en la q. 9.12 Si, en cambio, la intensión se hiciera por adición de nueva cualidad de la misma especie, necesariamente recibiría el mismo sujeto diversos en número accidentes, por el hecho de que cualquiera de estas cualidades, si sola se toma y sin conjunción con otra, es suficiente para hacer un individuo de accidente, como es patente, cuando antes de la adición permanecía la cualidad en el sujeto individuada sin aquella nueva parte superadita. Aquello, pues, que después se superadita, de sí también individuarse postula de tal sujeto así como la precedente. Luego ya suficientemente pueden dos accidentes individuarse de la misma parte del sujeto; por accidente, en cambio, es que se conjuguen en uno. Y en esto se funda aquello que el D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 2.13 cita del Filósofo en el 4. de los Físicos texto 84.,14 que no puede la intensión hacerse por adición, «porque de lo cálido se hace más cálido sin nada añadido en el sujeto cálido». Reputa, en efecto, el D. Tomás por lo mismo, que se añada calor y que se añada lo cálido, por el hecho de que el calor no puede añadirse, a menos que se añada distinto sujeto, del cual se individúa; y así lo mismo es añadirse calor y añadirse lo cálido. Pero de esto abajo ha de tratarse en la dicha q. 9.;15 por ello en el presente no conviene expenderlo.
El segundo, pues, principio en la doctrina del D. Tomás es porque ninguna forma puede tener cantidad y partes a menos que por orden al sujeto y por accidente, no en cambio por sí, porque de otro modo sería compuesta de varias partes, y así no sería pura forma, sino algo constituido y compuesto, lo cual es contra la razón de la forma, que debe ser algo simple y parte componiente, no en cambio cosa compuesta. Si, en cambio, la forma adveniente no compone con la precedente ni constituye uno por sí, solamente será la cualidad intensa uno por accidente, es decir, varias cualidades remisas en el mismo sujeto constituidas. De donde no sería así una cualidad intensa como remisa, ni el movimiento de intensión sería acerca de la misma cualidad, que más o menos fuera tal, sino acerca de diversas. Y ulteriormente la cualidad operativa (así como el calor) cuando fuera intensa, no podría con única operación operar, sino debería hacer varias operaciones, porque no procedería de única cualidad, sino de varias, y así el que hace acto de cualidad intenso, haría varios actos, y no uno, porque procedería de varias formas remisas, de las cuales cualquiera tendría su operación, lo cual todas las cosas son muy absurdas e inconvenientes.
Si, pues, varias partes componen una cualidad, o son partes integrantes de ella o esenciales. Esenciales ser no pueden, tanto porque sin cualquiera de ellas se salva la esencia de la cualidad, como es patente en la cualidad remisa; tanto porque las partes esenciales si componen uno por sí, tiene la otra tenerse como materia, la otra como forma, o como potencia y acto. Aquellas, en cambio, partes o grados se tienen como formas, porque informan al sujeto. No, en cambio, una se tiene como materia, la otra como forma, o como potencia y acto, de otro modo la cualidad informaría a la cualidad como forma a la materia, ni aquella, que se tuviera como materia, sería activa y operativa por sí, sino solamente cuando tuviera su acto, por el cual informara, puesto que sin embargo vemos que tanto la parte remisa del calor, que parece ser materia, como la intensa, que parece ser forma, son operativas y actuales. Partes, en cambio, integrales ser no pueden, tanto porque la forma de aquellas partes no puede ser compuesta, porque de la razón de la forma es que sea principio del compuesto, no en cambio principiado y compuesto, sino principio simple; tanto también porque especialmente repugna a la forma o cualidad la composición de partes integrantes, las partes integrantes son materiales y en razón de materia convienen, como abajo diremos en la q. 9.,16 por el hecho de que las partes integrales convienen en la forma y difieren según cantidad, puesto que sin cualquiera de ellas se salva la quididad y sustancia de la cosa, y así la adición de parte integral no hace adición de forma. Puesto, en cambio, que la forma es aquello, por lo cual algo se constituye como principio, la adición de forma por modo de parte integral no añade razón de forma, sino más bien materializa la misma forma y multiplica según algo material, no formal. Y así no hace la forma más perfecta y más tal en razón de forma, lo cual pertenece a la intensión, sino materialmente multiplicada, lo cual pertenece a la extensión. Ni puede decirse que sean partes integrales similitudinariamente al modo, por el cual en las virtudes se asignan partes integrales por el D. Tomás y los teólogos en la 2. 2. q. 48. y q. 128. y q. 143. En efecto, estas partes integrales no intensifican las virtudes, sino importan ciertas condiciones o disposiciones o hábitos adjuntos a la virtud más principal, que dan diversas operaciones. Y estas también en la virtud remisa pueden encontrarse así como la temperancia tiene honestidad y verecundia, la fortaleza confianza y magnificencia, la prudencia memoria y docilidad, aunque sean remisas. La cualidad, en cambio, intensa y remisa no así difieren, sino que ambas tienen la misma razón de actividad u operación, aunque no el mismo modo de perfección, no sin embargo una se tiene como condición o disposición a la otra.
Finalmente se prueba la conclusión, porque la multiplicación de entidades, cuanto menor fuera, tanto es más conveniente a la naturaleza. Si, pues, no fuera imposible ni inconveniente, que sin adición de forma y entidad nueva se haga la intensión, tal adición no habrá de ponerse. Que, en cambio, esto no sea imposible, ni inconveniente, se probará más ampliamente en la conclusión siguiente, donde mostraremos poder hacerse más perfecta unión de alguna forma sin adición de nueva entidad, y esto más explica la unidad y simplicidad de la forma, porque cuanto menor se hace la adición, tanto es más simple en entidad, aunque sea múltiple en virtud. Pertenece, en cambio, a la razón de intensión, que permaneciendo la misma forma se haga más perfecta y virtuosa; luego si esto puede hacerse por mayor comunicación de sí al sujeto sin adición de nueva entidad, más conveniente será esto a la naturaleza de la intensión.
Digo segundo: La intensión no se hace por adición de algún nuevo modo que preste a la forma nueva fuerza informativa o nueva razón formal de informar, sino nueva explicación de la misma forma en el sujeto, quitando la confusión y potencialidad de ella misma y reduciéndola a mayor unidad y más subyugando el sujeto a tal forma. De esto, en cambio, se sigue que, si tuviere contrario, expella aquel; no sin embargo en esto formalmente consiste la intensión.
Así se toma del D. Tomás en la 1. dist. 17. q. 2. art. 2. ad 3.,17 donde dice «que no es de la razón de intensión de alguna cualidad, que sea por remoción del contrario, sino esto acontece a la cualidad, según que está en sujeto participante el contrario. Sino que esto es de necesidad de la intensión, que la cualidad se eduque de lo imperfecto a lo perfecto, así como es patente en lo diáfano, en el cual nada es contrario a la luz, que puede el lumen intensificarse según incremento de la virtud dominante. Esta, en cambio, imperfección es de la potencialidad de la misma naturaleza, que se sujeta a la perfección y al acto. Puesto que, en efecto, toda potencia receptiva a muchas cosas se tiene, según esta multitud de ella misma es disímil al principio agente, que está terminado a un solo acto. Y según que esta conjunción de potencialidad más se sujeta al acto, más perfecto se perfecciona el acto y el mismo perfecto más se efectúa uno y más se asimila al principio agente». Así el D. Tomás, quien también en la 2. 2. q. 24. art. 5. en el cuerpo y ad 3. explica esta intensión hacerse por esto, que el sujeto más se reduzca en acto, y por esto, que la forma más inhiere al sujeto, y que hacerse mayor la misma forma es más inerse al susceptible, no en cambio otra forma advenir.
Para que el fundamento de esta conclusión se transmita y explique, dos cosas han de hacerse: Primero, mostrar que no repugna que la unión y comunicación de la forma al sujeto tenga latitud y pueda variarse sin esto, que se añada nueva entidad de la forma; segundo, que este modo no deba añadir nueva fuerza informativa, sino nuevo modo de comunicación y unión.
Lo primero consta de algunos ejemplos. Pues vemos que la misma cantidad sin adición de partes y cantidad nueva puede mudar la terminación y modo de existir en el sujeto, como abajo diremos en la q. 7.,18 así como se hace en la rarefacción y condensación. De modo semejante la forma sustancial del alma sin adición de nueva entidad puede de diverso modo explicarse y unirse a la materia adveniente por nutrición, y en una parte prestar un efecto, en otra otro, como en el ojo da potencia de ver, en la mano de tocar, y puede privarse de un efecto, y no de otro, y de nuevo aquel efecto, que perdió, prestar, si la materia debidamente se dispone. De modo semejante, pues, no repugnará que la misma cualidad de diverso modo actualice al sujeto por comunicación de sí y de diverso modo explique sus efectos en la materia según la latitud, que tiene. Cuyo signo es la misma contrariedad de las formas, que puede más perfectamente o imperfectamente quitarse. Así, pues, no repugna que toda la forma se comunique al sujeto, sino no totalmente y según todo modo o efecto, que puede a él prestar, y así más o menos asimilar a sí el sujeto y reducir su potencialidad a la unidad de actualidad, así como también todo Dios se ve por cualquier beato, pero no totalmente, y por ello puede de diverso modo unirse y comunicarse sin adición de entidad por mayor explicación de lo mismo. De modo semejante en la gracia vemos que unida a un sujeto explica algún efecto, v. g. hacer hijo adoptivo, que en otro sujeto como en Cristo por incapacidad de la persona no puede hacer. Y la especie visible en el aire no rinde informado al sujeto representativamente e intencionalmente, sino solamente entitativamente, en el ojo, en cambio, también intencionalmente informa sin ninguna adición de entidad. Y muchos otros ejemplos semejantes se suplen, que manifiestamente muestran que la misma forma sin adición entitativa puede explicar diversos efectos formales o el mismo de diverso modo por diversa disposición del sujeto, que diversamente se sujeta a la forma. Es más, añado que, aunque la intensión se hiciera por adición de forma a forma, todavía sería necesario variarse la unión, puesto que cuando crece una parte a otra parte y de ambas se hace una forma, no puede aquella unión, que antes unía y solamente modificaba la forma antecedente, modificar y afectar aquella nueva forma, que de ambas se confla. Luego conviene que se dé nueva unión, así como también nueva forma se confla, a menos que quizá se diga permanecer varias uniones parciales de diversas partes de la misma forma, lo cual sin embargo no quita que se dé única total, que de todas se confla, así como se da única forma, que de todas aquellas partes se hace. La unión, en cambio, corresponde a la forma; luego así como la forma total es diversa, así conviene que tal unión se varíe.
Lo segundo, en cambio, se explica, porque en defendiendo la sentencia del D. Tomás hay dos modos de decir. Algunos, en efecto, ponen producirse por intensión nuevo modo, que no solamente se tiene por parte de la unión, sino también por parte de la misma forma o principio informativo, de modo que añada a ella nueva actualidad y fuerza de informar más perfectamente que sin aquel modo. Y este modo distinguen de la misma unión y de la existencia e inherencia y lo llaman aquel modo de radicación. Y el fundamento es porque ninguna forma puede prestar efecto formal más perfecto, a menos que en sí misma y como principio quo sea más perfecta y actual, sea entitativamente sea modalmente. Luego además de la unión conviene que la forma misma se rinda más perfecta y actual por modo, que a la misma forma dé fuerza y actualidad de informar.
Otros, en cambio, dicen que el modo, que de nuevo se produce o resulta por intensión, no añade algo de actualidad y razón informativa a la misma forma, sino solamente se tiene por parte de la unión y explicación de ella misma en el sujeto.
El primer modo de decir no es tan conveniente ni perfectamente parece salvar el sentido del D. Tomás, sino parece por parte relapsar en la sentencia impugnada de adición de entidad a la forma, que se intensifica, para que más intensa se rinda. En efecto, si la misma forma cuando se rinde más intensa, recibe mayor fuerza informativa como razón formal, luego recibe adición de forma, puesto que la fuerza informativa no es algo superadito a la forma, sino la misma entidad y actualidad de la forma. No, en efecto, la forma informa y causa su efecto formal por algo superadito, así como el eficiente por virtud superadita efectúa, sino por comunicación de su actualidad y entidad causa formalmente. Luego lo mismo es recibir mayor fuerza de informar, que recibir nueva actualidad o entidad de la forma. Y esto es lo que la sentencia opuesta dice, a saber, hacerse la intensión por adición de forma o entidad.
Y se confirma, porque aquel modo no puede perfeccionar la fuerza de informar, que estaba en la cualidad remisa, añadiendo a ella virtud informativa accidental y distinta de la entidad de la forma; ni, en efecto, la forma causa a menos que por comunicación de sí, no por virtud añadida como eficiente, luego por esto, que aquel modo se tiene como forma o razón formal que da efecto formal de intensión, puesto que sin embargo la forma remisa da efecto real por alguna realidad, lo cual no puede estar, puesto que la forma intensa toda es cualidad simple, no en parte cualidad, en parte modo, y los efectos correspondientes a la forma como intensa son reales, no solamente modales, así como que sea disposición a la forma sustancial, que mayores efectos opere etc. Luego corresponden a principio real, no modal.
Finalmente, si la intensión en razón de intensión de la forma es modo, puesto que no hay mayor razón de este grado que de aquel, todos, en efecto, los grados por intensión crecen, se sigue que todo grado principalmente cierto y alícuoto será efecto formal de algún modo, y lo restante además de todos los grados será efecto de la entidad de la forma. ¿Qué, en cambio, es aquello que resta además de todos los grados en la cualidad? Ciertamente nada.
De modo semejante en esta sentencia la forma no se intensifica según la misma razón formal, sino un efecto formal de ella será real y como esencial, proveniente de la entidad real de la forma, otro modal y no entitativo, a saber, el que pertenece al aumento; y así no son efectos formales de la misma del todo razón ni se dirá propiamente intensificarse la forma, porque no se perfecciona en la misma razón formal anterior, como es real, sino otra recibe de nuevo, que sea modal. Por lo cual esta sentencia no mucho se aleja de aquella, que pone partes entitativas según adición de grado a grado, puesto que admite que la forma que da efecto formal remiso no tiene en sí suficiencia cuanto a la misma fuerza de la forma o razón formal de prestar efecto intenso, como se tiene por parte de la forma, sino necesita adición de nueva razón formal, aunque ponga aquella en nuevo modo, no en nueva entidad de la forma.
Si, en cambio, aquel modo se ponga como condición, no como razón formal informante, tal modo no puede distinguirse de la inherencia o comunicación de la forma, porque la condición requerida no puede ser otra cosa que aplicación o conjunción al paciente, por la cual aquella forma se explica y comunica al sujeto de modo más perfecto, y antes toda aquella forma y principio formal en el sujeto estaba, pero no totalmente. Luego el modo, que después se adquiere, no pertenece a la fuerza informativa y nueva razón formal de la misma forma, sino a nuevo modo, que sea condición como comunicación o aplicación de nuevo de aquella forma, que no solamente esté toda en el sujeto, sino totalmente y de modo más perfecto, sin la cual condición o aplicación de la forma no da aquel efecto más perfecto, que entitativo ciertamente es así como el efecto formal remiso, y antes se prehabía en la forma, porque toda allí estaba, pero no se explica totalmente en el sujeto.
Y así se entiende la mente del D. Tomás, quien perpetuamente explica la intensión de la forma por nueva explicación de ella misma en el sujeto, no por adición de nueva fuerza informativa. Dice, en efecto, que la intensión se hace por esto, que el sujeto más y más se termine por aquella forma y «más participe aquella y adquiera modo perfecto de participación», como en la 1. 2. q. 52. art. 2.; «y por esto, que el sujeto más se rinda en acto de la misma cualidad», como en la q. 1. de Virtut. art. 11.;19 «y por esto, que la forma más se eduque de lo imperfecto a lo perfecto», como en la 1. dist. 17. citada;20 «y por esto, que la cualidad más inhiere al sujeto y se radique», en la 2. 2. q. 24. art. 4. ad 3. Las cuales locuciones indican algún modo aplicante diversamente la forma al sujeto, no que dé nueva fuerza informativa y mude la razón formal.
Que si preguntes: Cómo esta unión se mude por intensión no añadida nueva razón formal informativa, de modo que aquel modo sea nueva unión y nueva existencia e inherencia de la forma en el sujeto: Se responde que la unión de la forma con el sujeto se requiere a dos cosas: Primero, para que se constituya uno de la forma y del sujeto; segundo, para que mediante tal unión y conjunción la forma tenga ser en el sujeto, porque de aquel depende en el existir.
Cuanto a esto segundo no se añade nueva existencia a la misma cualidad, porque no se añade nueva entidad, sino toda la entidad de la forma ya se prehabía en el sujeto, y consiguientemente toda la existencia, porque la existencia se sigue a la misma entidad como producida fuera de las causas. De donde puesto que en nuestra sentencia toda la entidad de la forma está en el sujeto, aunque no esté totalmente, consiguientemente también si crece por intensión, no se muda la existencia, puesto que no se muda la entidad, y así cuanto a esto no se muda la unión o inherencia en razón de medio que da existencia a la entidad de la forma.
Cuanto, en cambio, a la unidad, que hace la forma con el sujeto, en esto crece la misma unión o se perfecciona, o más bien la forma, que por nueva acción se inmuta, para que afecte al sujeto, por el hecho de que el sujeto está en cierta potencialidad e indeterminación a muchas cosas, y según aquella puede sujetarse a diversas formas o a la misma forma no de único solamente modo e indivisible, sino o más confusamente y potencialmente o más actualmente y determinadamente según reducción a mayor unidad y semejanza con la forma. Y así explica el D. Tomás en aquella dist. 17. citada esta radicación por mayor reducción a la unidad y a diverso modo de terminar la disimilitud o confusión y potencialidad del sujeto a la actualidad y unidad de la forma. Y esto suficientemente se hace por la misma unión o inherencia, porque a la unión pertenece hacer unidad y quitar la confusión o potencialidad a muchas cosas, que es opuesta a la unidad. Luego entonces perfectamente se comunica la forma al sujeto, cuando perfecta fuere esta unidad por la misma unión. Y esto es más radicarse, es decir, más sujetar a sí la potencialidad del sujeto, y su indeterminación o confusión a mayor unidad reducir a modo de raíz de árbol, que cuanto más penetra en la tierra, tanto más firme rinde al árbol.
Pero dirás: La unión, como dijimos en la q. 6. de los Físicos,21 no es modo mediando entre la forma y el sujeto; luego si mayor intensión consiste en mayor unión y aquella no es modo, la intensión no se hará por adición de modo, puesto que sin embargo S. Tomás expresamente admite modo en la intensión, como es patente en la 1. 2. q. 52. art. 2. ad 2.
Respóndase que la unión en nuestra sentencia no es modo como razón y medio formal de unir, porque la forma, que según sí es acto, según sí tiene razón formal de hacer unidad, sea accidental sea sustancial, según que la misma forma fuere. Y así porque la unidad, que resulta, no es modal, sino sustancial o accidental, por ello ni la razón formal ni el medio de unir es modo, sino la forma misma. No negamos, sin embargo, encontrarse algún modo en la unión antecedente o subsecuente, en cuanto los extremos deben inmutarse o al menos uno de los extremos, para que se una y dependiente se haga y a la unidad con el sujeto se inmute. La misma también inmutación pasivamente permanente en el mismo extremo unido es modo subsecuente a la unión, lo cual más pertenece a la dependencia o estado, que recibe de fuerza de la unión la forma, que a la razón formal o medio de unir; pertenece, sin embargo, a la intensión, porque la intensión más presta estado a la forma en comunicándose, que fuerza formal de informar.
Articulus III: Se expiden los argumentos contra la sentencia propuesta
Muchos intentan aducir al D. Tomás a la sentencia contraria, y principalmente se fundan en aquella autoridad, que ya arriba explicamos, cuando dice en la 2. 2. q. 24. art. 4. ad 3., en la q. 1. de Virtut. art. 11.1 que ignoran la propia voz, quienes dicen intensificarse la cualidad por radicación, y no según esencia. Luego quiere S. Tomás que la intensión se haga por adición de entidad, no en cambio por sola radicación. Pero ya esta autoridad arriba2 explicamos, y de ella ha de verse el D. Tomás en el Quodlib. 9. art. 13.,3 donde dice: «Cuando decimos aumentarse la caridad según esencia, se denota aumento del sujeto, para que sea el sentido, la misma esencia de la caridad se aumenta, así como cuando decimos que lo blanco se aumenta según su esencia, no en cambio se designa la forma especificante el movimiento, para que sea el sentido, se aumenta según esencia, es decir, su aumento es movimiento en el ser o en la esencia; y así se dice ser el aumento según cantidad». He aquí cómo el Divino Tomás interpreta qué sea aumentarse según esencia, no ciertamente por adición de nueva entidad, como si el movimiento de aumento fuera a nueva entidad como a término, sino porque la misma esencia es la cosa, que se aumenta. Ni obsta que alguna vez niegue el D. Tomás aumentarse la caridad como sujeto de aumento; niega, en efecto, que la caridad se diga sujeto de aumento como de inherencia y como quod y sustentante, no sin embargo que se diga sujeto de modificación, porque la misma forma es, que de distinto modo se explica y comunica al sujeto, y así se modifica por la misma comunicación.
Menos obsta lo que se aduce del D. Tomás en la 3. p. q. 7. art. 12., donde expresamente admite darse grados en el calor, y consiguientemente la intensión se hará por adición de grado, no por radicación. Y finalmente se añade el testimonio del Filósofo en el 4. de los Físicos texto 84.,4 donde dice «que así como de lo cálido se hace frío y al contrario, porque la misma, que estaba en potencia, así también de lo cálido más cálido». Si, pues, equipara Aristóteles la educación de más cálido de menos a la misma educación de cálido de frío, así como esto se hace por producción de nueva entidad, así también aquello. Ni basta la educación de nuevo modo, porque esta no puede entenderse en formas reales a menos que por nueva entidad dependiente del sujeto. Luego donde se da mayor educación de la forma, se da también producción de entidad.
A estas cosas fácilmente se responde que en el primer lugar el D. Tomás no entiende por el nombre de grado nueva entidad añadida a la entidad precedente, sino nueva participación de la misma en el sujeto. Esto convenientemente se llama grado, porque así como el alma por grados, que tiene, de diverso modo se explica en la materia, permaneciendo la misma entidad, y no a todas las partes presta el mismo grado y efecto formal, así la cualidad de diverso modo explica su actualidad al sujeto; y diverso grado no es diversa entidad de la forma, sino la misma de diverso modo comunicándose y prestando efectos.
Al segundo lugar se dice que de menos cálido se hace más cálido, así como de frío cálido, no cuanto a la entidad producida, sino cuanto a la entidad de producir, porque en ambos lugares se hace algo de nuevo y se tiene término a quo y ad quem. Pero sin embargo cuando se hace cálido simplemente, se hace de potencia a cálido, cuando en cambio se hace más cálido de menos cálido, no está en potencia a la forma, sino al modo de participación de la forma, como dice S. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 2. ad 3. Que, en cambio, se dice no darse educación, a menos que sea producción, distingo: Educación de la forma cuanto a la entidad no es sin producción de entidad, concedo; educación de la forma cuanto a nueva explicación y modo de participación en el sujeto no es sin producción de entidad, niego. Solamente, en efecto, es mejoría de la forma educida y solamente producción de modo, no de entidad de la forma.
Segundo se argumenta por razón: Porque la intensión es movimiento realmente distinto de la primera producción de la cualidad y es verdadera alteración; luego debe producir realidad distinta de la primera cualidad, y no solamente algún modo, porque la alteración primero y por sí es a la cualidad, y no al modo, y porque la virtud intensa en razón de intensión tiene mayor virtud de producir que la no intensa, porque produce efectos más perfectos; el modo, en cambio, no es virtud ni produce efectos reales, que a él especialmente correspondan. Ni finalmente puede darse nuevo modo de inherencia o unión, a menos que se añada nueva entidad inherente, de otro modo la misma entidad con doble inherencia inheriría. Luego conviene que aquello que se añade, sea distinta entidad, así como es distinto movimiento. Donde, en cambio, los movimientos son realmente distintos, también los términos realmente deben ser distintos, de otro modo si fuera la misma entidad, también los movimientos entre sí se identificarían, porque las cosas que son las mismas realmente a un tercero, son las mismas entre sí.
Se confirma, porque de otro modo, si la intensión no produjera cualidad, sino modo, podría por sola producción de modo producirse la cualidad. Lo cual es patente, porque el movimiento de intensión no tiene mínimo, sino comienza según sucesión, no por primer mutado ser, sino por último no ser. Luego si por intensión no se produce entidad, sino modo, puede por intensión comenzar la cualidad del último no ser del grado, y así toda la cualidad comenzará por modos.
Se responde que la intensión es movimiento realmente distinto de la primera producción de la cualidad, puesto que puede de diverso agente y por diverso tiempo proceder. Y de modo semejante por sí se termina a la cualidad como verdadera alteración, no sin embargo a la cualidad absolutamente y entitativamente, sino a la cualidad bajo tal modo, a saber, como que ha de perfeccionarse y mejorarse, así como la transubstanciación es acción al cuerpo de Cristo, aunque no lo produzca absolutamente, sino bajo nuevo modo. Y en esto difiere la intensión de otros movimientos, porque en otros se adquiere algo distinto de aquello que inhería, como en la aumentación nueva parte, en el movimiento local nuevo dónde y lugar, en la cualidad, en cambio, aquello que antes inhería, se mejora y perfecciona. De donde no se requiere que produzca nueva forma, sino que alcance la misma bajo modo más perfecto. A esto, en cambio, para que los movimientos o acciones se distingan realmente, no se requiere que los términos sean realmente y entitativamente distintos, como materialmente, sino que basta que formalmente, de otro modo todo modo, que se produce en el sujeto, como la sesión, el dónde etc. no debería producirse por distinta acción real. Cuando, en cambio, se dice que cualesquiera cosas son las mismas a un tercero, son las mismas entre sí, imprimis se entiende cuando son las mismas a un tercero simultáneamente, y no por diverso tiempo. Luego, que sean las mismas a un tercero re y razón, es decir, bajo la misma razón y formalidad, no las mismas a un tercero como materialmente y según diversas formalidades, o según que algo es virtualmente múltiple, como entiende el D. Tomás en la 1. p. q. 28. art. 3., de otro modo tiene muchas instancias aquel axioma.
Que, en cambio, se añade que la cualidad intensa en razón de intensión tiene varios efectos reales, que corresponden a ella, en cuanto intensa, se responde que estos efectos no corresponden a la cualidad según sí, ni al solo modo de intensión superadito, sino a la misma entidad real de la forma, como subyace a tal modo. Y por ello para que alguna virtud o forma produzca nuevos efectos, no se requiere adición de entidad, sino que basta la misma entidad según diversa formalidad y comunicación de sí, así como la misma alma según el grado sensitivo produce diversos efectos reales que según el vegetativo, ni sin embargo requiere nueva entidad superadirse a aquellos, sino la misma de diverso modo comunicarse en la materia.
Que, en cambio, se dice que nueva inherencia postula nueva entidad, se responde que nueva inherencia de forma no prehabida en el sujeto postula también nueva entidad de la forma, de forma, en cambio, prehabida en el sujeto no postula nueva entidad, sino la misma de nuevo modo de participación comunicar al sujeto, y así no tanto da nueva inherencia absolutamente cuanto nueva inherencia de terminación, como en el último argumento se dirá.
A la confirmación se responde que si la intensión no encuentra cualidad en el sujeto, sino aquella primero produce, entonces no solamente produce modo, sino también entidad; si, en cambio, encuentra cualidad producida, solamente nuevo modo superadita, no nueva entidad, así como la transubstanciación del cuerpo de Cristo si no supusiera aquel en la naturaleza de las cosas, sustancialmente aquel produciría, ahora, en cambio, no lo produce, sino convierte el pan en aquel bajo nuevo modo.
Tercero se argumenta: Porque donde hay real separación, hay real distinción. Pero se separa un grado de otro, v. g. el segundo del tercero o del cuarto, como es patente en la remisión de la cualidad. Luego estos grados realmente se distinguen, y principalmente puesto que vemos que la continuación de la calefacción es semejante a la primera producción y de la misma especie, y verdadera y propia acción y mutación, luego postula término real y entidad; ni, en efecto, hay mutación sin novedad, ni acción sin término producido.
Se confirma, porque la actividad de la virtud del agente se hace mayor por adición de partes y multitud de forma, así como el hierro candente más activamente actúa que la llama de estopa; luego también la intensión se hace por adición de partes, puesto que aquella es intensión, que hace alguna virtud más activa.
Se responde que los grados nunca se separan de la cualidad, sino la cualidad de ellos, es decir, de cualquiera de ellos separadamente, aunque no de toda la colección, lo cual es signo de distinción modal, así como el cuerpo se separa de cualquier sitio o dónde, ningún dónde, en cambio, del cuerpo. — Que, en cambio, se dice de la continuación de la calefacción, se responde que se continúa en razón de la misma cualidad o forma participada, y así es acción de la misma razón con la primera producción de la cualidad. Es, sin embargo, diversa por parte del modo de participación; y a producir tal modo se requiere distinta acción y mutación real. Pues también los modos por real acción se producen, como dijimos, así como el dónde y el sitio y otros semejantes; y así tal mutación es con novedad de ser al menos en el modo, que es término producido.
A la confirmación diremos en la cuestión siguiente tratando de la acción y reacción5 y en la q. 7. tratando de la densidad,6 donde mostraremos que en razón de densidad o multitud de partes no se da mayor intensión de cualidad, a menos que con ocasión de aquellas partes el agente produzca cualidad más intensa. De sí, en efecto, la multitud de partes solamente conduce a las condiciones de actividad, a saber, para que más velozmente o con más perfecta aplicación el agente opere. Puestas, sin embargo, las cuales condiciones puede el agente producir cualidad más perfecta e intensa, como allí mismo más ampliamente diremos.
Cuarto se argumenta: Porque no puede la intensión hacerse según modo más perfecto de unión o inherencia; luego debe consistir en alguna adición de nueva entidad.
El antecedente se prueba, porque la unión e inherencia de la cualidad no es divisible, sino siempre la misma, porque naturalmente inhiere al sujeto, y así inhiere cuanto puede. De modo semejante toda inhiere y se une; luego no aparece cómo pueda crecer esta unión, principalmente cuando la entidad de la cualidad es indivisible, como la cualidad espiritual, y en el mismo sujeto indivisible se intensifica. Luego, porque en la misma remisión no aparece de quién se produzca aquella menor unión o radicación del calor. Pues cuando el calor como seis se remite hasta dos no hay de quién se produzca la unión del calor como dos. No del agente remitente, v. g. del agua que remite el calor, puesto que más bien es agente contrario, que no puede producir calor como dos. Ni de algún otro agente, v. g. del fuego o del aire, porque en aquella remisión no tienen influjo, si es el caso, que entonces no se dé fuego aproximado, sino solamente agua que remite. Y además, si cualquier modo gradual, v. g. como dos o como cuatro, fuera indivisible, entonces si se remite, o toda aquella unión perece o nada. Si toda perece, la remisión será corrupción, porque pereciendo toda la unión perece toda la forma unida. Si nada, es intenso.
Y se confirma, porque si la intensión consiste en mayor unión, luego la cualidad como intensa no podrá separarse del sujeto, puesto que permaneciendo la unión no puede separarse, sino removida. Luego si la intensión consiste en la unión como intensa, no podrá separarse, y así si Dios separara la blancura de la nieve y la blancura del hombre, aquella no sería más perfecta que esta.
Se responde que aquella unión tiene alguna latitud, así como arriba por varios ejemplos se mostró. Y cuando se dice que inhiere naturalmente, cuanto puede, distingo: cuanto puede según la exigencia del sujeto y disposición del agente, concedo; cuanto puede absolutamente de fuerza de la forma, niego. Y porque se exigen tales disposiciones, para que la cualidad intensa sea, por ello aquella unión natural siempre hace cuanto puede según la exigencia del sujeto y capacidad. Removidos, en cambio, todos los impedimentos y puesta la disposición requerida por parte del agente y del paciente, no está que la cualidad no se intensifique; y esta intensión entonces no se hace sin intrínseca perfección de la cualidad, porque el mismo orden de participación al sujeto así dispuesto es algo intrínseco a la cualidad.
A la otra parte del argumento, de quién se produzca el grado de remisión removido el agente intensificante, digo que procede de doble causa, una por accidente, a saber, del impediente aquel modo más perfecto e intenso de unión, en cuanto se rinde el sujeto indispuesto e inhábil, así como quien quita las disposiciones, para que el alma esté en el cuerpo, mata al hombre. Otra causa es por sí, a saber, la misma forma, de la cual emana aquel modo más remiso de fuerza de la acción anterior, por la cual fue unida al sujeto por el agente, del cual fue producida. La cual acción del producente aunque formalmente ahora no se dé, virtualmente, sin embargo, permanece permaneciendo la forma producida, de la cual fue término de ella. Talmente, en efecto, fue unida al sujeto con aquella más fuerte y perfecta unión, que virtualmente retiene la unión inferior y más remisa, si se quitan las disposiciones a la más perfecta, por el hecho de que lo menos perfecto virtualmente se contiene en lo más perfecto, así como si se quita el punto que termina la línea, resulta otro de fuerza de la producción anterior de la cantidad. Estos, en cambio, modos de intensión como ciertas terminaciones son, por las cuales la forma más termina y sujeta a sí la potencialidad del sujeto. Se determina, en cambio, para que resulte más bien este grado que aquel, v. g. como dos o como tres, según mayor o menor impedimento del agente opuesto y disposición del sujeto.
Finalmente, a aquello que se añade de aquel modo, si es indivisible, se responde que aquella unión es indivisible entitativamente, así como también la misma forma, divisible, en cambio, virtualmente, porque, como arriba7 dijimos, según la unidad, que hace la forma con el sujeto, y la actualidad, por la cual aquel reduce a su semejanza, tiene aquella unión crecer más y menos, por el hecho de que, aunque la forma esté toda unida, pero no totalmente. Y así bien está que entitativamente sea indivisible, respectivamente, en cambio, divisible o virtualmente, porque no bajo todo respecto y formalidad, por la cual puede participarse, la forma está unida, aunque toda unida esté, como inmediatamente más explicaremos en el argumento siguiente.
A la confirmación se responde que la cualidad intensa puede separarse, y se dirá intensa no en razón de la unión actual al sujeto (esta, en efecto, se destruye hecha la separación), sino en razón del orden y habitud al sujeto, al cual inerse pide no de cualquier modo, sino con tal o tal modo de participación, que pertenece a la intensión de la cualidad. De donde así como en el accidente separado no permanece la inherencia en acto, sino en aptitud, por la cual mira al sujeto, al cual se debe, y este respecto no está en potencia, sino en acto en el mismo accidente separado, aunque la inherencia misma no esté en acto, así permanece el respecto de tal o tal modo de inherencia, según el cual se hace la intensión. Y aunque en acto no tenga aquella unión, en acto, sin embargo, tiene el respecto y aptitud, para que así se una, y en razón de aquel se dice en acto intensa por orden al sujeto, no al cual en acto se une, sino que en acto mira, y que a él se debe, como a un acto de tal modo.
Último se argumenta: Porque por esto, que se haga la intensión por esta radicación, no evitamos los inconvenientes de la otra sentencia, que pone por adición de partes. Pues o ponemos varias uniones de la misma forma, que así se radica y explica en el sujeto, o única. Si varias, luego ya admitimos en el mismo sujeto varios modos distintos en número, lo cual en la otra sentencia intentamos evitar, para que no ponga varios accidentes distintos en número en el mismo sujeto. Si única, o es divisible o indivisible. Si indivisible, luego hecha la intensión o remisión, cualquier unión se corromperá, puesto que la intensión consiste en mayor unión y consiguientemente corrompe la menor. Y si es divisible, toda corrompe. Corrompida, en cambio, la unión se corrompe la forma unida, y así incidiremos en aquella sentencia, que decía hacerse la intensión por corrupción de una parte y adición de otra.
Y luego, si cualquier movimiento de intensión es indivisible, luego no puede terminar el movimiento de intensión, porque el movimiento no solamente requiere indivisibles, sino también partes, puesto que el movimiento es divisible.
Ni puede decirse que la unión entitativa es indivisible y virtualmente divisible. Pues puesto que la misma cualidad se dice intensificarse según modos, y no según entidad, y estos modos decimos ser uniones, luego en ellos mismos debemos poner divisibilidad y latitud. Si, en cambio, ponemos que entitativamente son indivisibles y virtualmente divisibles, de nuevo restará otro modo de tal unión, por el cual se rinda divisible, y de aquel de nuevo se hará el mismo argumento, si sea divisible o indivisible, y así en infinito. Si, en cambio, se diga ser la unión divisible por partes, cae el fundamento de nuestra sentencia. Ya, en efecto, ponemos partes en la unión, y así si en ella no repugna no obstante su individuación en la misma parte del sujeto, ¿por qué repugnará darse diversas partes de cualidad en la misma parte del sujeto? Es más, de aquí se deduce argumento contra nuestra sentencia, porque por el movimiento de intensión no solamente se adquieren indivisibles, sino también partes según distancia y latitud, que tiene. Después, pues, de que adquirió grado como dos v. g., inmediatamente después no puede adquirir algo indivisible, sino divisible. Aquello, pues, divisible o es parte de modo o de cualidad. Si de cualidad, tenemos lo intentado; si de modo, luego el modo es divisible y consiguientemente también las cosas unidas.
Se responde que la unión de la cualidad intensible es única y la misma entitativamente, así como también la misma forma unida, a la cual del todo se proporciona, ser, en cambio, divisible terminativamente y respectivamente, en cuanto hace mayor o menor unidad del sujeto con la forma, por el hecho de que más a ella se asimila y se quita la confusión de potencialidad, que está en el sujeto a varias cosas y se reduce a mayor sujeción a la misma forma, lo cual es hacer mayor unidad y conveniencia con ella.
Para, en efecto, como arriba8 dijimos, dos efectos sortea la forma de la unión: Primero es tener existencia dependientemente del sujeto, al cual se une; y cuanto a esto, como dijimos, no se varía la unión, porque la existencia se sigue a la misma entidad de la forma, cuya entidad indivisiblemente es la misma, como se dijo. Segundo efecto es hacer unidad y conveniencia con el sujeto; y en esto admite latitud, no en la misma entidad de la unión, que no se distingue de la forma, sino en la misma terminación y respecto de mayor conveniencia. Ni esto es dar modo de modo o proceder en infinito, sino la misma cualidad unida diversamente se perfecciona en la unidad, que hace la unión cuanto a su terminación, por la cual se hace mayor conveniencia de ella con el sujeto reduciendo la confusión de potencialidad a la unidad de la forma. Y así no resta otro modo de unión, sino otro efecto de la misma unión según diversa terminación al sujeto y diversa unidad, que hace con aquel. Y en esta terminación o efecto de participación y conveniencia aquella unión es divisible; y esto es virtualmente ser divisible, es decir, en razón del efecto y terminación, entitativamente, en cambio, ser divisible, es decir, por parte de la entidad o forma unida. En estos, en cambio, efectos o terminaciones no hay que dar varios simultáneamente en el sujeto, sino sucesivamente, porque, cuando se intensifica la cualidad, se destruye la terminación precedente del grado remiso, y se adquiere nueva, que es más perfecta y contiene toda la razón del grado precedente, así como la figura tetrágono contiene el trígono, es decir, la figura de seis ángulos la figura de tres, y así como en la cantidad cuando crece, se destruye la terminación precedente y se induce nueva, no en cambio dos terminaciones son simultáneas ni dos figuras. Y así nunca se salva que dos modos o dos terminaciones solamente distintas en número sean simultáneos en la misma parte del sujeto.
A la instancia, que se hace por parte del movimiento de intensión, se responde que aunque cualquier terminación gradual sea indivisible, sin embargo entre una terminación y otra se da tránsito por modo de latitud y distancia en el hacerse, no porque sean partes de cualidad que han de adquirirse entre modo y modo, sino porque el mismo modo, que se adquiere, mientras está en el hacerse, es por modo divisible, mientras está en el hecho de ser, es por modo indivisible, así como en el movimiento local el mutado ser es indivisible, y entre dos mutados ser no se dan partes permanentes, sino flujo y hacerse, que por el mutado ser se termina y constituye en el hecho de ser; ni, en efecto, se procede de un indivisible a otro inmediatamente, sino mediante flujo y hacerse, que tiene latitud que ha de vencerse. Por lo cual no conviene al movimiento sea local sea de alteración asignar varias uniones parciales ni varias partes de cualidad permanentes y en el hecho de ser simultáneamente, sino solamente en el hacerse y tendencia, por la cual de un término y mutado ser se transita a otro por flujo y tendencia. Y cuando se da alteración en la cualidad de un extremo a otro o de cualidad de una especie a otra y se transita por diversas especies medias, entre cualquier especie media se da movimiento, y sin embargo no se adquieren partes intermedias, sino de una especie se hace tránsito a otra. El medio, en cambio, no es alguna especie parcial, que allí se encuentre, sino el mismo hacerse de la cualidad y flujo tendente de un extremo a otro es la latitud misma que ha de vencerse por el movimiento, porque entre cualquier hecho ser se da hacerse. Si, pues, no es necesario en la intensión señalar indivisibles y partes entitativas permanentes, de las cuales una se añada a otra y componga con otra, sino que basta darse tránsito sucesivo y flujo o hacerse de una terminación a otra, así como cuando en la cantidad se quita una superficie terminante y se transita a otra, inmediatamente después no se encuentra terminación, puesto que inmediatamente después se sigue parte, sino se encuentra tendencia a la terminación, es decir, a otra superficie. Las cosas, en cambio, que por los autores de la sentencia opuesta se dicen de partes permanentes de cualidad e indivisibles que las unen, es hacer la cualidad como continuo, y a modo de aumento extensivo de cantidad, así como dijo el D. Tomás imaginar aquellos, quienes piensan aumentarse la cualidad por adición, en la 1. dist. 17. q. 2. art. 2.9